miércoles, 14 de diciembre de 2022

PALABRA COMENTADA

 

Miércoles 3 semana de Adviento

Isaías 45,6-25



REFLEXIÓN

artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto.

No se acepta hoy que la definición del Señor contenga ser responsable de desgracias donde víctimas inocentes, como los niños, pierden la vida.

Se intenta explicar textos como éstos recurriendo a la mentalidad antigua que atribuye todo, lo bueno y lo malo, a la divinidad justa.

Hoy asumiendo la experiencia de daño sufrida por Jesús, hijo amado del Padre, asumimos ese daño como querido por Dios pero para nuestro bien, aunque no lo veamos. Así es el ejemplo de Jesús confiado hasta el final.

Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más

Con su ejemplo, Jesús nos ubica ante un Dios Padre único, de quien debemos esperar todo.

"Sólo el Señor tiene la justicia y el poder"

El profeta en su momento a los deportados a tierra extraña animaba a entregarse al Misterio único del Señor, y en él arrojar sus dudas, reclamos y vacilaciones que los ponia en el borde de la apostasía.

A él vendrán avergonzados los que se enardecían contra él

Porque el profeta intenta disuadirles de buscar otra alianza que no sea el Señor. Los exhorta a superar su rebeldía y confesarlo como el único Señor.

Salmo responsorial: 84



REFLEXIÓN

La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos

No vemos mucha justicia cumplida durante nuestra existencia y por eso el anhelo permanece en vigilia constante, conformándose ocasional y temporalmente con algún pequeño logro que le signifique a la esperanza un aliento para seguir hasta el final.

En realidad se trata con la liturgia renovable periodo tras periodo, con su rituales y símbolos, que parecen incansables en su gestión. Se trata- digo -de mantener la esperanza, para que no desfallezca, se desanime y dejemos de caminar. La liturgia y la Palabra es como una luz en la oscuridad del camino.

Lucas 7,19-23



REFLEXIÓN

Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar al Señor: "¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?"

Pudo ser que Juan quisiera para sí una confirmación de su fe en quien había señalado como más digno. Pero también que quisiera ayudar a los seguidores suyos a transferir su fe a Jesús y reconocerlo como único líder. Así evitaría que se dispersaran y perdieran. Actuaba como un maestro que ama y preserva a sus seguidores.

"Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído:

Y Jesús satisfizo a Juan,primero actuando y luego confirmándole que la era mesiánica ya estaba aquí con él, activa y en proceso.

“Y dichoso el que no se escandalice de mí"

Y ahora era su decisión y la de sus discípulos aceptarlo como único salvador.

Esta pregunta de Juan y la respuesta de Jesús, debiera resonar en nuestros oídos para escuchar y actuar hoy en día. Debiéramos reconocer los signos de la era mesiánica.

Y superar los anti-signos: las voces que descalifican el reino de los cielos presente, activo y en proceso, con sus malas nuevas constantes.

Las cuales sólo nos desaniman del bien, y nos deprimen para seguir caminando.

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DOCTORES DE LA IGLESIA

 


Viernes III

San Agustín Comentario sobre los salmos 37,13-14

Los gemidos de mi corazón eran como rugidos. Hay gemidos ocultos que nadie oye; en cambio, si la violencia del deseo que se apodera del corazón de un hombre es tan fuerte que su herida interior acaba por expresarse con una voz más clara, entonces se busca la causa; y uno piensa para sí: «Quizá gima por aquello, y quizá fue aquello lo que le sucedió». ¿Y quién lo puede entender como no sea aquel a cuya vista y a cuyos oídos llegaron los gemidos? Por eso dice que los gemidos de mi corazón eran como rugidos, porque los hombres, si por casualidad se paran a escuchar los gemidos de alguien, las más de las veces sólo oyen los gemidos exteriores; y en cambio no oyen los gemidos del corazón. ¿Y quién iba a poder interpretar la causa de sus gemidos? Añade por ello: Todo mi deseo está en tu presencia. Por tanto, no ante los hombres, que no son capaces de ver el corazón, sino que todo mi deseo está en tu presencia. Que tu deseo esté en su presencia; y el Padre, que ve en lo escondido, te atenderá. Tu deseo es tu oración; si el deseo es continuo, continua también es la oración. No en vano dijo el Apóstol: Orad sin cesar.

Teóricos del inconsciente identifican la energía inacabable del deseo, porque no se extingue, aunque pase por muchos objetos, como un caballo en carrera de salto. Tal calidad de inextinguible se toma por su intensidad, y dominio, como tortura y sufrimiento muchas veces, porque no deja de provocar gemidos y como el espejismo, corre de uno tras otro objetivo. Pero si ello mismo por la filiación es entregado al Padre como oración, también deja de extinguirse como un ruego sempiterno.

Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero
(Canciones 37, 4 Y 36, 13, declaración)
 
EL CONOCIMIENTO DEL MISTERIO ESCONDIDO EN CRISTO JESÚS

 

Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores Y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos, en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.

 Porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.

 ¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la cruz!

Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.

Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.