sábado, 6 de junio de 2026

PALABRA COMENTADA

Sábado 9ª semana de tiempo ordinario

2Timoteo 4,1-8

proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir

la gente no soportará la doctrina sana

para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos

Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso

He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe

A pesar de mis incongruencias, ayúdame a mantener la fe hasta el final.

Salmo responsorial: 70

No me rechaces ahora en la vejez

Yo, en cambio, seguiré esperando,

LA PACIENCIA ES EL ANTICIPO DE LA SALVACIÓN

Marcos 12,38-44

devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos

se acercó una viuda pobre y echó dos reales

ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir

Miras la generosidad del corazón, pero también el alagartamiento de la ambición.Miras muy adentro y me avergüenzas porque escrutas mi insinceridad.

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Sábado 9ª semana de tiempo ordinario

2Timoteo 4,1-8

Salmo responsorial: 70

Marcos 12,38-44

DOCTORES DE LA IGLESIA



 
Sábado IX de Tiempor ordinario
De las Homilías de san Bernardo, abad, Sobre las excelencias de la Virgen Madre
(Homilía 2, 1-2. 4: Opera omnia, edición cisterciense, 4, [1966], 21-23)

PREPARADA POR EL ALTÍSIMO, DESIGNADA ANTICIPADAMENTE POR LOS PADRES ANTIGUOS

El único nacimiento digno de Dios era el procedente de la Virgen; asimismo, la dignidad de la Virgen demandaba que quien naciere de ella no fuere otro que el mismo Dios. Por esto el Hacedor del hombre, al hacerse hombre, naciendo de la raza humana, tuvo que elegir, mejor dicho, que formar para sí, entre todas, una madre tal cual él sabía que había de serle conveniente y agradable.

Quiso, pues, nacer de una virgen inmaculada, él, el inmaculado, que venía a limpiar las máculas de todos.

Quiso que su madre fuese humilde, ya que él, manso y humilde de corazón, había de dar a todos el ejemplo necesario y saludable de estas virtudes. Y el mismo que ya antes había inspirado a la Virgen el propósito de la virginidad y la había enriquecido con el don de la humildad le otorgó también el don de la maternidad divina.

De otro modo, ¿cómo el ángel hubiese podido saludarla después como llena de gracia, si hubiera habido en ella algo, por poco que fuese, que no poseyera por gracia? Así pues, la que había de concebir y dar a luz al Santo de los santos recibió el don de la virginidad para que fuese santa en el cuerpo, el don de la humildad para que fuese santa en el espíritu.

Así engalanada con las joyas de estas virtudes, resplandeciente con la doble hermosura de su alma y de su cuerpo, conocida en los cielos por su belleza y atractivo, la Virgen regia atrajo sobre sí las miradas de los que allí habitan, hasta el punto de enamorar al mismo Rey y de hacer venir al mensajero celestial.

Fue enviado el ángel, dice el Evangelio, a la Virgen. Virgen en su cuerpo, virgen en su alma, virgen por su decisión, virgen, finalmente, tal cual la describe el Apóstol, santa en el cuerpo y en el alma; no hallada recientemente y por casualidad, sino elegida desde la eternidad, predestinada y preparada por el Altísimo para él mismo, guardada por los ángeles, designada anticipadamente por los padres antiguos, prometida por los profetas