martes, 3 de noviembre de 2026

PALABRA COMENTADA


Martes 31 de tiempo ordinario

Filipenses 2, 5-11




COMENTARIO

 Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

Una traducción más literal del griego se traduciría como”En todo tengan o sean en uds. entrañables como Jesús” O: “tengan en uds. las entrañas que caracterizan a Jesús”.

La antropología subyacente en nuestro pensamiento occidental del siglo XXI adjudica a los sentimientos una gran carga favorable hasta el punto que algunos teóricos caracterizan nuestra época como emotivista.

Pero en el origen el genio de la cultura aramea a la que el evangelio deja asomar en su griego de uso común o koiné indica una cualidad de sentir que físicamente se ubica en la región cercana al diafragma y el corazón que quizás podemos traducir aproximadamente como afectarse o dejarse afectar.

Se trata de una experiencia que brota de lo profundo de la persona por la cual se identifica o se distancia de una persona, una idea o causa, una situación que lo saca de su indiferencia.

San Ignacio de Loyola en los ejercicios hace alusión a una experiencia de todo el hombre que puede asemejarse cuando describe un tipo de consolación que se piensa es de Dios nuestro Señor de tal manera que no puede dudar que sea de Él.

Cuántas veces en nuestra vida hemos llegado a ese punto, de tal manera que contamos con un criterio de seguimiento de la voluntad de Dios?

Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Pablo recoge este himno cantado entre cristianos que tempranamente expresaba la subjetivación de Jesús de Nazaret, como Hijo de Dios abajado (kenótico).

Pablo se afecta o abre sus entrañas al modo que Jesús para exhortar a que su comunidad se mantenga en una fe que abre sus entrañas como Jesús, para ser capaces de seguirse abajando por los demás.

Parece resonar aquellas palabras de Jesús que hablan del mayor amor que tiene el amigo que da la vida por los amigos.

Salmo responsorial: 21



COMENTARIO

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: / todo lo que hizo el Señor

Se trata de una revolución de la justicia, tal como la conocemos y la practicamos.

Para entrar en su comprensión plena hay que afectarse, abrir las entrañas en seguimiento del Jesús abajado.

Lucas 14, 15-24




COMENTARIO

Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: "Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos."

En esto consiste la justicia del reino: abrirse como festín a quienes menos dignidad tienen a los ojos del mundo.

Los que son como ellos tiene las entrañas preparadas para entender el sentido del reino como la dicha de un banquete que estrecha lazos entre los dispuestos a compartir.

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Martes 31 de tiempo ordinario

Filipenses 2, 5-11

Salmo responsorial: 21

Lucas 14, 15-24

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


 

De la homilía pronunciada por el papa Juan XXIII en la canonización de san Martín de Porres

(Día 6 de mayo de 1962: AAS 54 [1962], 306-309)

 

«MARTÍN DE LA CARIDAD»

 

Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida que podemos llegar a la salvación y a la santidad por el camino que nos enseñó Cristo Jesús: a saber, si, en primer lugar, amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y si, en segundo lugar, amamos al prójimo como a nosotros mismos.

 

Él sabía que Cristo Jesús padeció por nosotros y, cargado con nuestros pecados, subió al leño, y por esto tuvo un amor especial a Jesús crucificado, de tal modo que, al contemplar sus atroces sufrimientos, no podía evitar el derramar abundantes lágrimas. Tuvo también una singular devoción al santísimo sacramento de la eucaristía, al que dedicaba con frecuencia largas horas de oculta adoración ante el sagrario, deseando nutrirse de él con la máxima frecuencia que le era posible.

 

Además, san Martín, obedeciendo el mandato del divino Maestro, se ejercitaba intensamente en la caridad para con sus hermanos, caridad que era fruto de su fe íntegra y de su humildad. Amaba a sus prójimos, porque los consideraba verdaderos hijos de Dios y hermanos suyos; y los amaba aún más que a sí mismo, ya que, por su humildad, los tenía a todos por más justos y perfectos que él.

 

Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en retornar al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicinas a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores y a los negros y mulatos, que, por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo, el apelativo de «Martín de la caridad».

 

Este santo varón, que con sus palabras, ejemplos y virtudes impulsó a sus prójimos a una vida de piedad, también ahora goza de un poder admirable para elevar nuestras mentes a las cosas celestiales. No todos, por desgracia, son capaces de comprender estos bienes sobrenaturales, no todos los aprecian como es debido, al contrario, son muchos los que, enredados en sus vicios, los menosprecian, los desdeñan o los olvidan completamente. Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos la dulzura y felicidad que se encuentra en el seguimiento de Jesucristo y en la sumisión a sus divinos mandatos