jueves, 13 de agosto de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Jueves 19ª semana de tiempo ordinario

Ezequiel 12, 1-12



REFLEXIÓN

vives en la casa rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; pues son casa rebelde.

Con la lectura del artículo sobre la delincuencia en Guatemala, de radio Nederland, puedo sentir la complejidad del mal de una casa rebelde. Y sentirme impotente e incapacitado como ser humano para remotar esa corriente maligna donde o te pliegas al soborno o te mueres tú o tus allegados.Es una ley de la selva brutal. Pero como un cáncer extendido.

Dedicarse entonces a lo sano para que no se contaminen? Trabajar en lo dañado para revertir el daño en lo posible? Ambas?

porque hago de ti una señal para la casa de Israel

El daño visibilizado en el profeta como un anuncio de lo que vendrá, para hacer reaccionar, como un aviso misericordioso. Una víctima propiciatoria de lo que se nos puede venir encima. Jesús en su vida y pasión también fue hasta lo último esa advertencia, de lo que el daño puede hacer. Y también cómo debe ser asumido.

Este oráculo contra Jerusalén va por el príncipe y por toda la casa de Israel que vive allí

Irán cautivos al destierro

Sobretodo es una señal para quienes pueden con sus decisiones revertir el daño.

Salmo responsorial: 77



REFLEXIÓN

fallaron como un arco engañoso

Abandonó

Sea que lo quiera directamente o lo permita, lo cierto es que en ciertas calamidades Dios se nos hace conocer en forma ambigua:castigo o identificación kenótica.

Mateo 18, 21-29



REFLEXIÓN

Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?". Jesús le contestó: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".

Señor R me victimiza con su trastorno, o malestar o torcedura o su misterio. Intento escapar, pero no parece posible. Es tú voluntad que permanezca? Debo ser más fuerte y enérgico en mi distanciamiento? Soy más bien un cómplice que una víctima?

El señor tuvo lástima de aquel empleado

Pero él se negó, y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía

"¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?".

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano"

Ayúdame a salir de esta locura si es tu voluntad y perdona mi desliz d ayer.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1557692438378151936?s=20&t=9zSOkYBsjr8CMBQhomrI6w

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Jueves 19ª semana de tiempo ordinario

Ezequiel 12, 1-12

Salmo responsorial: 77

Mateo 18, 21-29

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS



 

Del Tratado de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el perfecto modelo del cristiano
(PG 46, 259-262)

TENEMOS A CRISTO, QUE ES NUESTRA PAZ Y NUESTRA LUZ

Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Teniendo en cuenta que Cristo es la paz, mostraremos la autenticidad de nuestro nombre de cristianos si, con nuestra manera de vivir, ponemos de manifiesto la paz que reside en nosotros y que es el mismo Cristo. Él ha dado muerte a la enemistad, como dice el Apóstol. No permitamos, pues, de ningún modo que esta enemistad reviva en nosotros, antes demostremos que está del todo muerta. Dios, por nuestra salvación, le dio muerte de una manera admirable; ahora que yace bien muerta, no seamos nosotros quienes la resucitemos en perjuicio de nuestras almas, con nuestras iras y deseos de venganza.

Ya que tenemos a Cristo, que es la paz, nosotros también matemos la enemistad, de manera que nuestra vida sea una prolongación de la de Cristo, tal como lo conocemos por la fe. Del mismo modo que él, derribando la barrera de separación, de los dos pueblos creó en su persona un solo hombre, estableciendo la paz, así también nosotros atraigámonos la voluntad no sólo de los que nos atacan desde fuera, sino también de los que entre nosotros promueven sediciones, de modo que cese ya en nosotros esta oposición entre las tendencias de la carne y del espíritu, contrarias entre sí; procuremos, por el contrario, someter a la ley divina la prudencia de nuestra carne, y así, superada esta dualidad que hay en cada uno de nosotros, esforcémonos en reedificarnos a nosotros mismos, de manera que formemos un solo hombre, y tengamos paz en nosotros mismos.

La paz se define como la concordia entre las partes disidentes. Por esto, cuando cesa en nosotros esta guerra interna, propia de nuestra naturaleza, y conseguimos la paz, nos convertimos nosotros mismos en paz, y así demostramos en nuestra persona la veracidad y propiedad de este apelativo de Cristo.

Además, considerando que Cristo es la luz verdadera sin mezcla posible de error alguno, nos damos cuenta de que también nuestra vida ha de estar iluminada con los rayos de la luz verdadera. Los rayos del sol de justicia son las virtudes que de él emanan para iluminarnos, para que nos desnudemos de las obras de las tinieblas y andemos como en pleno día, con dignidad, y apartando de nosotros las ignominias que se cometen a escondidas y obrando en todo a plena luz, nos convirtamos también nosotros en luz y, según es propio de la luz, iluminemos a los demás con nuestras obras.

Y si tenemos en cuenta que Cristo es nuestra santificación, nos abstendremos de toda obra y pensamiento malo e impuro, con lo cual demostraremos que llevamos con sinceridad su mismo nombre, mostrando la eficacia de esta santificación no con palabras, sino con los actos de nuestra vida