sábado, 2 de mayo de 2026

PALABRA COMENTADA



 

Sábado 4 de Pascua

Hechos 13,44-52



REFLEXIÓN

Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo

Envidia, irritación, zelo hace referencia a un ardor producido por algo bueno o  malo.  En este caso se puede tomar en ambos sentidos: judíos con zelo porque la herejía toma cuerpo. O judíos con envidia, porque la palabra de la secta cristiana es escuchada por más y más gente.

Es interesante que hoy otros movimientos religiosos reunan más gente entusiasta que los católicos en sus iglesias.

Una señal? De pérdida o de convergencia? según el dicho de Jesús: si no está contra él, está a favor de él?

En algunas cárceles la presencia de los hermanos evangélicos es más ostensible que la de los católicos.

Habría que dar gracias a Dios porque el consuelo y re-socialización que aportan  llega a gente que padece en el purgatorio del abandono y la violencia.

Algunos líderes religiosos en nuestra ciudad secular convocan más gente que algunos políticos, sean de partidos o de causas.

Y aunque siempre es posible encontrar algún defecto o falla en tales manifestaciones, como los recursos que se invierten, y el poco resultado aparente para el cambio de la injusticia en la sociedad, e incluso la tacha de culto a la personalidad, lo cierto es que en el fondo se siente la envidia porque congregan más personas y con menos apelaciones a promesas que se sabe no cumplirán.

El creyente honesto tiene una fe sensible para responder al llamado de la voz que le ofrece bienes imperecederos.

Algo de este sabiduría debía impregnar a los votantes en los ejercicios de elecciones que buscan la democracia: moverse por bienes verdaderos y no por probadas falsas promesas.

pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles

Los obstáculos de la vida corriente dan pie a  nuevos derroteros.

Quizás se podría echar en cara a estos misioneros que dejaron muy pronto, y sin insistir, a los judíos, para evitarse problemas.

Pero incluso a través de esa limitación de la estrategia misionera, va haciendo el Señor su gesta de salvación.

Nos podemos quedar discutiendo hasta el infinito la mejor alternativa. Los hechos imponen los caminos que hay que saber escuchar.

Son los cambios que sobrevienen tumultuosa y vertiginosamente como las protestas de masas en varios países cansados de regímenes autoritarios y estrechez económica.

Los gentiles seguirán siendo los de fuera, los excluídos por muchos motivos alegados, pero que tienen en común el no sentarse a la mesa oficial de la salvación.

Una preocupación ronda a las religiones instituídas e históricas: podrán prevalecer? Nadie lo sabe. Pero debemos pensar que la sal al perder el sabor no sirve sino para pisotearla.

Así nos lo ha mandado el Señor: "Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra."

El evangelio del Reino de Dios nos sensibiliza a las necesidades de todos, creyentes o no creyentes, por amor a su salvación integral.

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron

Esta aporía de la pre-destinación, puede llevar a la actitud de indiferencia: Dios siempre salva y por tanto no hay para qué esforzarse.

Pero el mensaje total de la escritura y la palabra de Dios insiste en la responsabilidad y colaboración humana al designio de Dios con perseverancia.

Ese énfasis es más importante que la constatación que algunos se salvan y otros no.

provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio

No por ser judíos conspiran, sino por ser humanos. Así nos empuja el zelo fundamentalista.

Porque la incidencia o lobbyng puede dar pie a cosas buenas, pero también a injusticias. La difamación, la mentira repetida, la desconfianza sembrada, la ingobernabilidad fomentada, pueden estar al servicio del anti-reino.

Salmo responsorial: 97



REFLEXIÓN

revela a las naciones su justicia: / se acordó de su misericordia y su fidelidad

La justicia de Dios parece sorpresiva porque no coincide ni complace nuestro Ego y sus planes egoístas.

La casa de Israel es ahora casa de gentiles. La victoria del Señor, su justicia, su misericordia y fidelidad viene en los hechos que se van dando y configurando una nueva realidad.

se acordó de su misericordia y su fidelidad / en favor de la casa de Israel

Porque las casas son como los gobiernos, que tienen una misión de orden, que permita convivir en un marco de bien común.

Que en los tiempos actuales se dé esa bendición parece cada vez más improbable, porque ningún gobierno se ve libre de tal crítica que lo hace tambalear.

No son santos pero no siempre es verdad toda la corrupción que les atribuye la oposición desplazada del poder y sus auxiliares.

Juan 14,7-14



REFLEXIÓN

"Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto."

Qué tan revelador es Jesús de Nazareth? Cuán efectiva es su revelación del Padre?

No nos sirven los criterios que se suceden entre nosotros para evaluar, medir, ponderar las realidades y proceso exitosos y el porcentaje de logro.

Tal escrutinio es una incógnita, que se despeja parcialmente en ciertas coyunturas por la gracia del Señor, pero no está en nuestras manos administrarla.

Entonces sólo nos queda fiarnos con fe razonable, no fanática, integrista o fundamentalista.

Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?

Una de la metas de la investigación sobre el Jesús histórico, que junta creyentes y agnósticos, es lograr el retrato genuino de Jesús, sin los adornos teológicos de los evangelios y la tradición.

Esa convivencia con el Jesús que debió ser no pasará de una hipótesis reconstructiva, en la cual no se puede fundar una fe inspirada por el Espíritu de Jesús.

Y si no se da con el Jesús Mesías, tampoco se dará con el Padre, al que Jesús revela, y menos con la salvación ofrecida en su designio.

El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras

Fiarnos de las obras del Padre que nos revela Jesús crucificado y resucitado.

el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores

Todos los seguidores de Jesús, gestamos al Padre en nuestro convivir. Haciendo el servicio a la obra del Señor, su Reino.

Obras, no portentos. Como muchos creyentes en la tradición han obrado obras del Señor, aunque no gocen de relumbrón, y con un impacto de bien que se sigue multiplicando.

lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo

Tal petición se origina en la experiencia que hacemos por fe en la revelación del Padre por Jesús en las obras de nuestra vida corriente.

Allí pedimos en su nombre para que Él nos lo conceda.

Las obras revelatorias del Padre en Jesús son las bienaventuranzas. Por eso acarrean bienaventuranza, gozo, felicidad.

Son la coyuntura propicia para pedir en nombre de Jesús glorificado.

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Sábado 4 de Pascua

Hechos 13,44-52

Salmo responsorial: 97

Juan 14,7-14

DOCTORES DE LA IGLESIA



 


De las disertaciones de san Atanasio, obispo
(Disertación sobre la encarnación del Verbo, 8-9: PG 25, 110-111)
LA ENCARNACIÓN DEL VERBO
El Verbo de Dios, incorpóreo e inmune de la corrupción y de la materia, vino al lugar donde habitamos, aunque nunca antes estuvo ausente, ya que nunca hubo parte alguna del mundo privada de su presencia, pues, por su unión con el Padre, lo llenaba todo en todas partes.
Pero vino por su benignidad, en el sentido de que se nos hizo visible. Compadecido de la debilidad de nuestra raza y conmovido por nuestro estado de corrupción, no toleró que la muerte dominara en nosotros ni que pereciera la creación, con lo que hubiera resultado inútil la obra de su Padre al crear al hombre, y por esto tomó para sí un cuerpo como el nuestro, ya que no se contentó con habitar en un cuerpo ni tampoco en hacerse simplemente visible. En efecto, si tan sólo hubiese pretendido hacerse visible, hubiera podido ciertamente asumir un cuerpo más excelente; pero él tomó nuestro mismo cuerpo.
En el seno de la Virgen, se construyó un templo, es decir, su cuerpo, y lo hizo su propio instrumento, en el que había de darse a conocer y habitar; de este modo, habiendo tomado un cuerpo semejante al de cualquiera de nosotros, ya que todos estaban sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó a la muerte por todos, ofreciéndolo al Padre con un amor sin límites; con ello, al morir en su persona todos los hombres, quedó sin vigor la ley de la corrupción que afectaba a todos, ya que agotó toda la eficacia de la muerte en el cuerpo del Señor, y así ya no le quedó fuerza alguna para ensañarse con los demás hombres, semejantes a él; con ello también, hizo de nuevo incorruptibles a los hombres, que habían caído en la corrupción, y los llamó de muerte a vida, consumiendo totalmente en ellos la muerte, con el cuerpo que había asumido y con el poder de su resurrección, del mismo modo que la paja es consumida por el fuego.
Por esta razón asumió un cuerpo mortal: para que este cuerpo, unido al Verbo que está por encima de todo, satisficiera por todos la deuda contraída con la muerte; para que, por el hecho de habitar el Verbo en él, no sucumbiera a la corrupción; y, finalmente, para que, en adelante, por el poder de la resurrección, se vieran ya todos libres de la corrupción.
De ahí que el cuerpo que él había tomado, al entregarlo a la muerte como una hostia y víctima limpia de toda mancha, alejó al momento la muerte de todos los hombres, a los que él se había asemejado, ya que se ofreció en lugar de ellos.
De este modo, el Verbo de Dios, superior a todo lo que existe, ofreciendo en sacrificio su cuerpo, templo e instrumento de su divinidad, pagó con su muerte la deuda que habíamos contraído, y, así, el Hijo de Dios, inmune a la corrupción, por la promesa de la resurrección, hizo partícipes de esta misma inmunidad a todos los hombres, con los que se había hecho una misma cosa por su cuerpo semejante al de ellos.
Es verdad, pues, que la corrupción de la muerte no tiene ya poder alguno sobre los hombres, gracias al Verbo, que habita entre ellos por su encarnación