viernes, 29 de mayo de 2026

PALABRA COMENTADA

Viernes 8 de tiempo ordinario

1Pedro 4,7-13

porque el amor cubre la multitud de los pecados

Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás

No es una cobertura mágica sino real, procesual, que deja su efecto en el tiempo, en la existencia. El amor fraterno o de ágape es el que debe incidir en toda forma de amor, porque mantiene la dignidad de las personas. Es el que llama a la colaboración, a la comunión o unión de voluntades. ASí va cubriendo conflictos y disensiones por causa de la injusticia.

Hoy en día son muchos los partidarios del amor libre, pero amor sexual. Es también criatura de Dios, donado al ser humanos para su crecimiento en todo sentido. Es cierto que puede empantanarse en un mero egoísmo en el que uno se sirve de otro para su placer. Pero lleva en sí el germen del ágape, y con vigilancia en su proceso puede conducir a la perfección. No es necesariamente desdeñable por un moralismo obtuso.

como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios

Porque en todo está derramada la gracia y bendición del Señor y nuestro servicio consiste en administrarla para que sea cada vez más fecunda.

Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo

Porque construímos el reino de Dios, el cuerpo de Cristo.

no os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba, como si os sucediera algo extraordinario. Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo

En el camino fraterno de seguimiento a Jesús de Nazaret poseemos una carta de navegación, una hoja de ruta:los escollos no son para extrañar, las penalidades del viaje no deben sorprendernos y siempre debe animarnos la gloria que está viniendo a nuestro encuentro hasta revelarse definitiva y totalmente.

Salmo responsorial: 95

Delante del Señor, que ya llega,

El sentido del apocalipsis cristiano es que el fin ya está aquí, activo. Como un volcán que en sus entrañas prepara su caldo hirviente que por etapas irá entregando al exterior.

En nuestro autoconocimiento debemos aprender las señales del fin, cuando de tiempo en tiempo va anunciando su llegada, hasta completarse.

Marcos 11,11-26

para ver si encontraba algo;

A sabiendas que no es el tiempo Jesús busca higos en el árbol.

"Nunca jamás como nadie de ti."

Un dicho a contrapelo de nuestra lógica, como otros atribuídos a Jesús.

La analogía con los actos proféticos de los profetas de Dios haría pensar en que se trata de un símbolo, un llamado o mensaje a sus discípulos, para que se abra un sentido nuevo en medio de su escándalo por esta maldición tan ocurrente.

Es un dicho que recuerda al discurso de parábolas que son dichas para que ni oigan ni entiendan.

Puede tratarse de una profecía ex eventu:una vez que se conoce el rechazo de los judíos a Jesús y su reconocimiento como Mesías, caen en cuenta que estaba escrito:como una higuera en su verdor, Jerusalén será maldita para no dejar frutos.

"¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblo"? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos."

No obstante su esplendor, el Templo se ha pervertido en su finalidad original, como tantas cosas desvíadas del propósito inicial del Señor.

El templo como la higuera no dará frutos ni cuando le toque.

A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: "Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado." Jesús contestó: "Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tírate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas."

La fe se necesita para secar la higuera en su lozanía. Para arrojar los corruptos del Templo.

La fe puede revertir todo esto y regenerar todo por la oración si perdona como el Padre perdona.

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Viernes 8 de tiempo ordinario

1Pedro 4,7-13

Salmo responsorial: 95

Marcos 11,11-26

DOCTORES DE LA IGLESIA



Viernes 7 de Tiempo ordinario

De los Comentarios de san Ambrosio, obispo, sobre los salmos
(Salmo 48, 13-14: CSEL 64, 367-368)


ÚNICO ES EL MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES, CRISTO JESÚS, HOMBRE TAMBIÉN ÉL

El hermano no rescata, un hombre rescatará; nadie puede rescatarse a sí mismo, ni dar a Dios un precio por su vida; esto es, ¿por qué habré de temer los días aciagos? ¿Qué habrá que pueda dañarme a mí, que no sólo no necesito quien me rescate, sino que soy yo quien rescato a todos? Si soy yo quien libero a los demás, ¿habré de temer por mí mismo? He aquí que haré algo nuevo, superior al mismo amor y piedad fraternos. Ningún hombre puede rescatar a su hermano, nacido del mismo seno materno; esto sólo puede hacerlo aquel hombre del que se halla escrito: el Señor les enviará un hombre que los salvará; aquel que afirmó de sí mismo: Pretendéis quitarme la vida, a mí, el hombre que os he manifestado la verdad

Pero, aunque es un hombre, ¿quién podrá conocerlo? ¿Y por qué nadie puede conocerlo? Porque, así como Dios es único, así también único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él.

Él es el único que puede rescatar al hombre, con un amor superior al de hermanos, ya que derrama su sangre por los extraños, cosa que nadie puede hacer por un hermano. Y así, para rescatarnos del pecado, no perdonó a su propio cuerpo, y se entregó a sí mismo como precio de rescate por todos, como atestigua su fidedigno apóstol Pablo, que dice: Digo la verdad, no miento.

Mas, ¿por qué sólo él rescata? Porque nadie puede igualar su afecto, que le lleva a entregar la vida por sus siervos; porque nadie puede igualar su inocencia, ya que todos estamos bajo pecado, todos sujetos a la caída de Adán. Sólo es designado como Redentor aquel que no podía estar sometido al pecado de origen. Por tanto, el hombre de que habla el salmo hemos de entenderlo referido al Señor Jesús, ya que él tomó la condición humana, para crucificar en su carne el pecado de todos y para borrar con su sangre el decreto condenatorio que pesaba sobre todos.

Pero quizá dirás: «¿Por qué se niega que el hermano rescatará, si él mismo dijo: Contaré tu fama a mis hermanos?» Es que él nos perdonó los pecados no en calidad de hermano nuestro, sino por la peculiar condición del hombre Cristo Jesús, en el que estaba Dios. Así, en efecto, está escrito: Dios reconciliaba consigo al mundo por medio de Cristo. En aquel Cristo Jesús, el único del que se ha dicho: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Por consiguiente, cuando habitó hecho carne entre nosotros, habitó no como hermano, sino como Señor.