sábado, 9 de enero de 2021

PALABRA COMENTADA

 

Sábado Después de Epifanía

1Juan 5,14-21



REFLEXIÓN

si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha.

Es lo crucial: según su voluntad.

Alinearse con “hágamos tu voluntad” del Padrenuestro, que figura entre las primeras peticiones que nos recomienda Jesús al enseñar a sus discípulos a orar, parece sencillo, piadoso, normal.

Sin embargo esta alineación no siempre coincide con nosotros mismos, nuestro destino, nuestro sentido de vida, nuestras aspiraciones.

Nosotros somos para nosotros mismos nuestros propios adversarios, porque en muchas ocasiones, si lo advertimos, hemos anhelado lo que no nos convenía, y de concedérsenos nos hubiera llevado a peores momentos.

Y al contrario, cantidades de veces respiramos aliviados, constatando que a pesar de haber sido frustrados en nuestros deseos, la evolución de las cosas nos ha favorecido y librado.

Y se cumple aquello en que los amados del Señor, de los males reciben bienes.

Esta es la magia blanca vs. La magia negra: la que consiste en la acción del Espíritu a favor de sus creyentes, para protegerlos de un verdadero daño.

No se trata de la feria de los deseos irresponsables, como los cuentos de la lámpara de Aladino.

Deseamos y necesitamos que Él nos escuche, entendemos que está dispuesto a hacerlo siempre, pero nuestra actitud de fe es importante.

El proceso de oración Ignaciana, entre otros, concede enorme importancia a la colaboración humana, a la que compromete para ir purificando la intención del deseo o la necesidad, así en lo personal como en colectivo.

La purificación tiene sentido a la luz de las ciencias humanas, que nos indican la multiplicidad y polivalencia de las motivaciones de la conducta humana.

En esto cabe entonces la purificación para que avancemos más allá de nuestro propio amor, querer e interés.

Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte

Hay que matizar la presencia y persistencia del pecado en nuestra existencia humana, si damos fe a la revelación bíblica.

Nuestro tiempo ha reaccionado en contra de la omnipresencia pecaminosa en el conjunto de nuestra realidad humana, la cual hacía inclinarnos a una visión pesimista y derrotista.

Pero de paso está borrando la conciencia de pecado que permitiría reconocer la injusticia propia y reparar las víctimas.

Este difuminación está en la base de la poca estima por la vida humana que se ha instalado en nuestra civilización de la muerte.

Sin embargo no debemos vivir con la condenación a flor de labios como si la injusticia no pudiera ser reparada y la conversión de las conciencias no fuera posible.

Aparece una cierta gradación o gradualidad en el camino que lleva a la perdición.

Esto implica el proceso de lucha que entraña la existencia humana, la que hace su caminar en medio de decisiones que muchas veces conllevan injusticias.

Hay que preguntarse si todo pecado no denota algún género de injusticia.

sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero

No es lo mismo que el agnosticismo exprese una desconfianza de cualquier divinidad porque tendemos a idolizar, que decir la imposibilidad humana de conocer al verdadero Dios.

Contra esto últmo nos defiende la Palabra.

estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo

Hoy no está bien desentenderse de la búsqueda humana de la verdad que salva, por apoyarnos en sentido triunfalista, en nuestra fe católica en JesuCristo.

Porque está búsqueda merece respeto y comprensión, aunque sintamos que nuestra verdad es plena y no hemos de buscar más allá.

En esto hay un sentido de solidaridad que es una acción de gracias por habernos permitido encontrarlo, y un sentido de misión fraterna que promueve el encuentro plural e intercultural, para que todos seamos uno.

Salmo responsorial: 149



REFLEXIÓN

un cántico nuevo

Renovado, vuelto a cantar lo que siempre cantamos con nuevo sentido.

el Señor ama a su pueblo / y adorna con la victoria a los humildes

Lo importante no es el pecado sino el amor que hace todo bien y el perdón que nos recupera para el amor, si somos lo suficientemente humildes para aceptarlo.

Juan 3,22-30



REFLEXIÓN

"Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él."

Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar

Saber ubicarse en el plan de salvación y por ello ser feliz, es la gran sabiduría.

Permite desembarazarse de preocupaciones artificiales y artificiosas.

Da paso a una mayor concentración y eficacia.

Hace posible nuestra unificación e integración.

Repercute en comunidades fraternas de amor mutuo y solidaridad.

En un mundo como el nuestro en el que un valor supremo es el protagonismo y hacérse con el poder para dominar, incluso inconfesadamente, el testimonio vivencial y existencial de Juan Bautista es un testimonio del seguimiento de Jesús y de realización humana genuina.

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BEATO CARLO

 


Jn 4, 34Jesús les dijo: 

"Mi comida es hacer la voluntad del que Me envió y llevar a cabo Su obra" 

Mt 22,
34Los Fariseos se agruparon al oír que Jesús había dejado callados a los Saduceos. 
35Uno de ellos, intérprete de la Ley (experto en la Ley de Moisés), para poner a prueba a Jesús, Le preguntó:
 36"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la Ley?" 
37Y El le contestó: "AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZON, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. 
38"Este es el grande y primer mandamiento. 
39"Y el segundo es semejante a éste: AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO.
 40"De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas."



viernes, 8 de enero de 2021

PALABRA COMENTADA

 

Viernes Después de Epifanía

1Juan 5,5-13

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo.

Si aceptamos el testimonio humano, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Éste es el testimonio de Dios, un testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene dentro el testimonio. Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y éste es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.



REFLEXIÓN

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

La Palabra nos habla de éxito, logro, cumplimiento de metas con una clave: creer en Jesús de Nazareth como Hijo de Dios.

Se puede creer en él como un ser humano espectacular, pero no es suficiente, porque no ponemos nuestra confianza sin límites en nadie limitado.

Para que Jesús reúna las condiciones de lo ilimitado requiere ser reconocido como absoluto: el Hijo de Dios.

Juan, el nombre del autor de esta literatura que nos comunica la Palabra, vivió un desafío temprano para la comunidad de los creyentes.

Jesús tenía verdadera carne, pero no era Dios porque una carne corruptible no puede albergar la divinidad.

Era el prejuicio de la mentalidad griega con influjo platónico.

Pero también vivió otro desafío: su carne era aparente y por lo tanto no era un hombre de verdad, un ser humano. Era apariencia humana.

Ambas conclusiones venían del mismo prejuicio: supuestamente preservar la divinidad en su estatus.

Había que reforzar la fe centrada en Jesús de Nazareth, el hombre de carne y Espíritu, como Hijo de Dios, divino.

En nuestro tiempo como reacción a la insistencia de la espiritualidad medieval sobre la divinidad de Jesús y su alejamiento vivencial en nuestra espiritualidad actual, se insiste con vehemencia en Jesús de Nazareth como ser humano de carne y hueso, tal como nosotros. Eso ha sido bueno para equilibrar.

Como aun en lo bueno entra el mal espíritu disfrazado de luz, se ha llegado al extremo de dudar, omitir, aún negar a Jesús como Hijo de Dios. Su divinidad.

De ahí la importancia también hoy de la confesión que nos encomienda la Palabra.

En qué consistirá la transignificación de ciertas fórmulas, que tiempo antes no levantaban ninguna emoción? Así, creer en Jesús como Hijo de Dios, no tiene en este momento un énfasis vivencial o existencial relacionado con la ortodoxia, sino más bien con la convicción y esperanza del aporte definitivo, radical y fundamental de Jesús como Hijo de Dios para la viabilidad humana.

En Hijo de Dios más que un título, concentramos un clamor, el de los necesitados de efectiva salvación. No más salvación-espejismo, provisional, en forma de alivios y placebos.

En él, reconcido como vinculado inextricablemente a Dios como Padre, ponemos el deseo profundo, que es el índice vivencial de la precariedad, pero de la sublimidad humana.

En él con este reconocimiento, exclamamos que su realidad de Hijo nos provoca para que nos la juguemos totalmente hacia el rumbo que marca.

el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

No sólo como bautista. Sino también como mártir. Y aún así, sólo el Espíritu da testimonio. No se produce automáticamente: pueden haber muchos bautistas, muchos mártires, pero sin Espíritu, no hay verdad

Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo

Un simbolismo que apunta a la verdadera humanidad: agua y sangre, y a la verdadera divinidad: el Espíritu.

Y éste es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo

La consecuencia definitiva de la divinidad de Jesús es que una carne humana logra traspasar la corruptibilidad y comunicar una vida que no termina, plena.

La resurrección de la carne de Jesús es el testimonio de Dios sobre su Jesús como su Hijo y el don de la vida definitiva en él.

Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna

Una convicción de fe en el nombre tiene la potencialidad de comunicarnos el gozo de la vida plena que no acaba.

Si en nuestra vida corriente experimentamos con mayor o menor frecuencia periodos de inconformidad e insatisfacción con nuestra vida, es porque en alguna forma percibimos espiritualmente que estamos teniendo acceso, por fe, a otra calidad de vida superior.

Y ese contraste nos conmociona.

Salmo responsorial: 147

Glorifica al Señor, Jerusalén; / alaba a tu Dios, Sión: / que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, / y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras, / te sacia con flor de harina. / Él envía su mensaje a la tierra, / y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob, / sus decretos y mandatos a Israel; / con ninguna nación obró así, / ni les dio a conocer sus mandatos



REFLEXIÓN

Glorifica al Señor, Jerusalén; / alaba a tu Dios, Sión:

Nuestra acción de gracias, por tanto, constituye nuestro primer deber vital en posesión de la vida que no acaba.

La acción de gracias es el gesto de la memoria que se recicla para dar profundidad y trascendencia a nuestra existencia.

Como la mesa compartida cuando comemos recicla nuestra memoria existencial de familia unida.

Lucas 5,12-16

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: "Señor, si quieres puedes limpiarme." Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: "Quiero, queda limpio." Y en seguida le dejó la lepra. Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: "Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste."

Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar.


 

REFLEXIÓN

"Señor, si quieres puedes limpiarme."

Podemos parafrasear cambiando el si condicional por el sí afirmativo: Sí quieres! Puedes limpiarme!

Disponibilidad para sanar es lo que emana Jesús. El “si quieres” es más un recurso para animarse a creer, que la negación potencial de la intención sanadora. La oración es para la fe su verdad salvadora, porque la ubica en la actitud de escucha y conversión.

"Quiero, queda limpio."

Así la voluntad de sanación por parte de Jesús es indubitable. No podemos ni debemos dudar de su inclinación y voluntad para otorgarnos calidad de vida.

"Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste."

Dado que entonces, llegar hasta el final con la sanación emprendida por fe, es un proceso que va más allá del momento inicial de la curación, y ese proceso no sería posible sin la colaboración del sanado y sus circunstancias, tenemos que abrirnos al sentido integral de la voluntad de sanación por parte de Jesús.

Es decir que sí seguro que Jesús me quiere sanar. Pero que debo disponerme a un proceso de conversión, para que tal sanación adquiera todo el sentido querido por Jesús.

Porque la sanación es un signo del reino de los cielos, del reino del Padre.

Pero él solía retirarse a despoblado para orar.

Se insiste en Lucas en la oración que hace Jesús.

Es la comprensión que tienen los creyentes de la primera comunidad, sobre la necesidad de ubicar el significado de las buenas obras, como servicio al reino y no como dominación de los hermanos.

Jesús no descuida cultivar la actitud de verdad salvadora, para dar vida al que necesita y cree.

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BEATO CARLO

 




La gloria de Dios consiste en que el hombre viva,
 y la vida del hombre consiste en la visión de Dios
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías
Libro 4, 20,5-7



jueves, 7 de enero de 2021

PALABRA COMENTADA

 

Jueves Después de Epifanía

1Juan 4,19-5,4

Queridos hermanos: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: "Amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él.

En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe

 


REFLEXIÓN

Si alguno dice: "Amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso

De ahí la importancia de amar al hermano, hasta dónde? Cómo saber que ese amor no lo ubica más en la inconsciencia e irresponsabilidad?

Es que amor no significa permisividad ni complacencia perpetua y acrítica.

quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve

se trata de un giro: no buscamos a Dios sino que respondemos su iniciativa de amor. Tampoco le respondemos en directo, sino a través del amor al hermano.

Se trata de una teología todavía novedosa, porque lo usual es que digamos que buscamos a Dios para encontrarlo y que mantengamos línea directa con él.

Por lo tanto debemos aplicar unos correctivos a nuestra fe en Dios.

Debemos agradecer y responder en acción de gracias, más que buscarlo afanosamente como si no lo pudiéramos encontrar. Ya Él nos encontró primero.

Tampoco la fe es un asunto de exclusividad privada íntima entre Dios y yo, sino de fraternidad con los hermanos y hermanas, para vivir la comunión con y en el Padre.

Porque Dios, lo sabemos por Jesús, es Padre.

Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él.

Parece que el hermano es el miembro de una fraternidad que forman los que creen en Jesús como Cristo. Porque se deben amar estos hermanos en virtud de que han nacido de Dios.

La pluralidad de religiones que buscan la salvación y no confiesan, al menos explícitamente a Jesús como Cristo, proponen al creyente cristiano un enigma: son hijos de Dios? Por lo tanto, deben o pueden ser amados como hijos de Dios?

Quisieramos armonizar estas realidades y la profunda intención salvífica de la palabra.

Nos negamos a aceptar que no son hijos de Dios quienes no creen en JesuCristo. Porque quisiéramos entender que creer implica una actitud abierta a la salvación, que reconocemos mediada por Jesucristo y su Espíritu, aunque no se le nombre explícitamente.

amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos

No puedo decir que amamos a Dios en plenitud, porque no cumplimos íntegramente todos sus mandamientos.

Pero nos consuela la inquietud por hacerlo y no hacer las paces con no hacerlo.

en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos

Guardar los mandamientos trata de lo mismo: de la fraternidad de los hijos de Dios, que se aman entre ellos y no se perjudican, ni se odian.

Si revisamos los mandamientos nos daremos cuenta que son indicativos de una convivencia social armónica, de paz, donde debe imperar el amor y respeto mutuos.

Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe

Recorramos la memoria de nuestra existencia para revivir los momentos de docilidad a los mandamientos y podremos asentir que sí se pueden guardar los mandamientos cuando la fe es viva.

En este esfuerzo por la regeneración, nos sostenemos desde la esperanza de que toda la secuela de nuestros pecados, y su consiguiente daño exponencial, como los intereses de usura, han de finalizar en algún momento.

Salmo responsorial: 71

Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud. R.

Él rescatará sus vidas de la violencia, / su sangre será preciosa a sus ojos. / Que recen por él continuamente / y lo bendigan todo el día. R.

Que su nombre sea eterno, / y su fama dure como el sol; / que él sea la bendición de todos los pueblos, / y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra

 


REFLEXIÓN

Él rescatará sus vidas de la violencia,

Vivir su orden, guardar sus mandamientos, ser leal a la fraternidad de hermanos y hermanas, es el mejor antídoto de todo tipo de violencia: familiar, laboral, social, política. Así la esclavitud de la usura, de los pobres endeudados.

Lucas 4,14-22ª

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor." Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios



REFLEXIÓN

entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados

Jesús tiene raíces en una cultura, que asume y respeta

encontró el pasaje donde estaba escrito

Y escucha con frecuencia a su Padre que lo envió a sus hermanos y hermanas, escudriñando su Palabra

"Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír."

Y la vive con una fe viva cada día como un hoy.

En los hombres y mujeres de fe que disciernen su existencia a la luz de la Palabra cada día, se da también el HOY, el tiempo pleno, el momento de impulso del buen espíritu.

El hoy es Jesús liberador. Y también su fe que encuentra en la palabra proclamada hoy, el Hoy del Kairós del Señor Liberador.

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DOCTORES DE LA IGLESIA

 

7 de enero después del Domingo de Epifanía

San Pedro Crisólogo Sermón 160

Aunque en el mismo misterio del nacimiento del Señor se dieron insignes testimonios de su divinidad, sin embargo, la solemnidad que celebramos manifiesta y revela de diversas formas que Dios ha asumido un cuerpo humano, para que nuestra inteligencia, ofuscada por tantas obscuridades, no pierda por su ignorancia lo que por gracia ha merecido recibir y poseer. Pues el que por nosotros quiso nacer no quiso ser ignorado por nosotros; y por esto se manifestó de tal forma que el gran misterio de su bondad no fuera ocasión de un gran error. Hoy el mago encuentra llorando en la cuna a aquel que, resplandeciente, buscaba en las estrellas. Hoy el mago contempla claramente entre pañales a aquel que, encubierto, buscaba pacientemente en los astros. Hoy el mago discierne con profundo asombro lo que allí contempla: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, y Dios en el hombre; y a aquel que no puede ser encerrado en todo el universo incluido en un cuerpo de niño. Y, viendo, cree y no duda; y lo proclama con sus dones místicos: el incienso para Dios, el oro para el Rey, y la mirra para el que morirá. Hoy el gentil, que era el último, ha pasado a ser el primero, pues entonces la fe de los magos consagró la creencia de las naciones. Hoy Cristo ha entrado en el cauce del Jordán para lavar el pecado del mundo. El mismo Juan atestigua que Cristo ha venido para esto: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Hoy el siervo recibe al Señor, el hombre a Dios, Juan a Cristo; el que no puede dar el perdón recibe a quien se lo concederá.



REFLEXIÓN

Para la catequesis patrística, es evidente que los signos anuncian un cumplimiento, y casi automáticamente se debe dar una lectura de asentimiento a la divinidad en Jesús de Nazareth. Hoy no vivimos la lectura con esa ecuación o igualdad. Tenemos otra mentalidad en general poco dispuesta a ver amigablemente la divinidad, porque más bien hemos acumulado muchos reclamos, por los cuales no queremos darle entrada a su salvación prometida. La fe que opera esta visión requiere ser solicitada ferviente y humildemente para ser recuperada.

miércoles, 6 de enero de 2021

PALABRA COMENTADA

 

Miércoles Después de Epifanía

1Juan 4,11-18



REFLEXIÓN

si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros

El fundamento de la fraternidad es la convicción, más que un sentimiento, que todos somos amados de Dios.

Por eso dice el evangelio del mismo nombre, que Jesús dijo: que los reconozcan, que digan “Miren cómo se aman”.

La violencia fratricida, que consiste en guerras, feminicidios, infanticidios, homicidios, genocidios, suicidios, es como un torrente maligno con el que desayunamos cada mañana, a través de los medios de comunicación.

Es el anti-reino en constante asedio para desvirtuar esta convicción de amarnos unos a otros porque Dios nos ha amado.

La conversión evangélica a esta Palabra implica superar supuestas estrategias salvadoras de la violencia como son las ideologías: de género, sexuales, económicas, culturales, políticas y demás, las cuales se inspiran más en la revancha o el mesianismo, que en el amor compasivo mutuo de hermanos.

Un testimonio de verdadera estrategia a favor del reino se muestra en personas dedicadas al servicio de los más vulnerables, que no pueden reciprocar, porque en ellos se aprecia el amor fraterno, sin interés ni ambición ni retaliación.

Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud

La consigna diaria de nuestra oración inspirada en la Palabra deberá ser para recibir la gracia del amor en plenitud, que es la visibilización del Señor en forma de amor fraterno.

Un extremo al que se había llegado: amar a los otros sólo por Dios. Otro extremo al que hemos llegado: amar a los otros sólo por ellos.

En este extremo como en el otro, Dios queda fuera. Es un amor que distorsiona al Dios vivo.

En Jesús encontramos una integración resplandeciente del amor al Padre en la persona de los demás. Pero un amor libre, dispuesto a la compasión y a la interpelación.

Mantener la plenitud del amor a Dios en el amor a los demás pobres pecadores, es obra del Espíritu con el cual colaboramos.

Esta colaboración implica una sincera y constante autocrítica, una humilde aceptación de la sana crítica, una seguridad en el buen obrar bien intencionado.

en que nos ha dado de su Espíritu

Por eso nuestro diario vivir entraña una escucha alerta al movimiento del Espíritu en nosotros y nuestro entorno.

Nuestro amor es en seguimiento de la iniciativa del Señor Jesús en cuyo Espíritu nos movemos y somos.

Es una iniciativa constante como un diálogo que se da frecuentemente. Se puede decir que es el sentido profundo de nuestra existencia, amanecer para seguir dialogando.

damos testimonio

Nuestra crítica ha llegado hasta el extremo de minusvalorar que alguien del nuevo testamento llegue a ser un testigo veraz, objetivo, capaz.

Más bien usamos la distancia cultural para descalificarlo, tomando sus aseveraciones como el fruto de la ingenuidad mitológica de su cultura.

Quien confiese

En nuestra mentalidad de especialización hemos llegado a desmembrar lo que se encontraba unido en totalidad operativa.

Así confesar hoy se vive como un asunto de palabra meramente.

En su contexto bíblico la confesión era existencial además de vivencial. Todo confesaba: palabra y acción, la pertenencia, la identidad, la intencionalidad. La definición se daba en el conjunto de la existencia.

Incluso hoy hemos llegado a dar más credibilidad a lo que no sabemos y decimos pero por lo que inconscientemente actuamos. Y así descartamos lo consciente y responsable.

hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Constantemente debemos acudir a este pensamiento de salud mental: conocer que Dios nos ama.

Es el salvavidas de muchos, para redimirse de unas fuerzas que tienden a la muerte por falta de amor.

Es el déficit que encontramos y clamamos en cantidad de situaciones familiares: no hay amor.

Es el caldo de cultivo del ateísmo operativo de muchos: el desamor recibido que obstaculiza la vivencia del amor del Señor.

Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él

Además de don es tarea. Por el amor se lucha desde el amor. O dicho en otra forma: porque luchamos, amamos. Y porque amamos, luchamos

quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

No temamos amar al hermano, porque genera violencia fratricida.

Toda forma de crimen es resultado del temor a perder en la guerra por el poder y el dominio.

Cuando nos amemos como hermanos y experimentemos al Señor y lo hagamos visible, nuestro amor será pleno y no temeremos porque habremos desistido del dominio sobre otros.

Leer esta palabra deja una impresión en el corazón: como de alivio, de consuelo, de ánimo y esperanza, de fortaleza, de aceptación y entrega.

Como si se nos diera una motivación para inflamar al resto de la humanidad con este amor aliciente, y como si con este mensaje fuera suficiente para cambiarlo todo.

Salmo responsorial: 71



REFLEXIÓN

para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud

Necesitamos multiplicar testimonios de ejercicio de servicio en vez de dominación para promover la fraternidad. El testimonio se reconoce en la rectitud con los vulnerables.

Él librará al pobre que clamaba, / al afligido que no tenía protector; / él se apiadará del pobre y del indigente, / y salvará la vida de los pobres.

Es una conducta concreta en el testimonio de los seguidores de Jesús.

Porque el poder que se pide para el líder es para hacer justicia a quien no tiene quien se la haga. En la medida que es un go´el(vengador de sangre) es un ungido.

Marcos 6,45-52

 


REFLEXIÒN

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar

Jesús hace vida la experiencia de la oración después de un servicio, quizá para que sus discípulos sepan salirse de la toxicidad del poder como dominio, capaz de alimentar mesiánicamente las multitudes.

Podemos sentir la necesidad de oración de Jesús, en un contexto de realización.

El acto de poder y servicio que acaba de realizar, lo ha hecho en nombre de su Padre a quien ha invocado.

Ahora se vuelve al Padre para agradecer que lo haya hecho. Y que él haya estado lo suficientemente conectado a su voluntad, que haya mediado la bendición de la multiplicación del pan, no por el prodigio, sin por haber alimentado a la multitud con hambre.

Y no sólo por haberlos alimentado, sino para que ellos puedan ir a a un sentido más profundo de fe, y contemplen en el pan recibido y en el hambre saciada, el amor de Dios, que cambia las realidades.

Los prodigios no tienen sentido sino al servicio de este mensaje.

Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario

Entró en la barca con ellos, y amainó el viento

Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.

Mientras Jesús continúa dando signos de servicio, su discípulos no alcanzan a descifrar que su maestro rehuya la dominación del poder que manifiesta.

Si los más inmediatos colaboradores de Jesús debieron pasar por un proceso para desinstalar la dominación y convertirse en hermanos que se aman, nosotros también debemos asimilar que esta conversión requiere un proceso que puede tomar tiempo.

Y así somos: torpes para entender que sus prodigios están en función del servicio que quiere hacer a las vulnerabilidades humanas.

Pero en ellos invita a la contemplación del amor del Padre, en quien no hay temor.

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DOCTORES DE LA IGLESIA


 6 e enero
San León Magno Sermón en la Epifanía del Señor 3,1-3.5

La misericordiosa providencia de Dios, que ya había decidido venir en los últimos tiempos en ayuda del mundo que perecía, determinó de antemano la salvación de todos los pueblos en Cristo. De estos pueblos se trataba en la descendencia innumerable que fue en otro tiempo prometida al santo patriarca, Abrahán, descendencia que no sería engendrada por una semilla de carne, sino por la fecundidad de la fe, descendencia comparada a la multitud de las estrellas, para que de este modo el padre de todas las naciones esperara una posteridad no terrestre, sino celeste. Así pues, que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la bendición de la descendencia de Abrahán, a la cual renuncian los hijos según la carne. Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya solo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel. Instruidos en estos misterios de la gracia divina, queridos míos, celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquél en que comenzó la salvación de los paganos. Demos gracias al Dios misericordioso quien, según palabras del Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz; el nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido. Porque, como profetizó Isaías, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló.


REFLEXIÓN

Compartir la elección y la bendición con la universalidad de los pueblos, como un buen administrador, es la consigna de la Palabra de Dios, aunque hoy se haga énfasis en la dudosa plataforma de poder en la que se sustenta la ideología de la elección y se distribuye la salvación. El terreno está minada para todo tipo de pretensiones en favor o en contra de un elegido, de un Mesías, que muchos confesamos en Jesús de Nazareth. Por eso damos gracias por el peso favorable que aporta el don de la fe, para mantenernos en la enseñanza tradicional y resistir el veneno sofista de los discípulos de la serpiente del paraíso, envidiosa del don del salvación para la humanidad.

martes, 5 de enero de 2021

PALABRA COMENTADA

 

Martes Después de Epifanía

1Juan 4,7-10

amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados



REFLEXIÓN

el amor es de Dios

todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios

La definición que hacemos del amor humano hace énfasis en la carencia del mismo y es como un movimiento hacia la plenitud.

El amor que nos revela la Palabra es la plenitud que goza en darse y prodigarse incluso sin esperar recompensa o exclusividad.

Se trata de otra dimensión a la que se entiende como gracia y gratuidad, porque mira no a la necesidad sino a la donación libre.

Este es el amor que salvó al mundo con la donación del hijo amado. Y es el Amor que transforma el amor de humanos para hacerlo salvífico.

Así el que ama como Dios nos ha amado es de Dios.

Es un amor al que podemos acceder libremente y podemos aprender a expresar con coraje.

Una expresión en la que vislumbramos el poderío de este amor, es la donación que se hace la pareja enamorada y se prolonga en la existencia en mil detalles de la vida cotidiana. Aunque aspira a la correspondencia y reciprocidad no se estanca allí, sino que se esfuerza en la donación.

Podemos sentir en nosotros el flujo del amor salvífico cuando, a pesar de nuestra cerrazón egocéntrica volvemos a intentar la donación y la entrega.

Los enamoramientos fuera de las obligaciones convencionales de una unión, nos pueden incentivar a profundizar en el compromiso que una vez hicimos. Porque nos muestran que hay energía en nosotros para seguir amando.

Quien no ama no ha conocido(egno:llegar a conocer, aprender, realizar) a Dios, porque Dios es amor(agape:amor, benevolencia, buena voluntad, estima, preferencia moral).

Cuando el amor se expresa como justicia que busca el interés de los demás, es también una expresión amorosa, como la que se muestra en los gestos anónimos de la vida cotidiana.

Para muchos esta Palabra expresa la cumbre de la Revelación de la intimidad de Dios en favor de nosotros, y descifra el gesto último del crucificado: Jesús de Nazaret.

En la mentalidad de Juan, en sus escritos, y aquí de manera nítida, la Revelación de la profundidad del Señor y Padre, que es amor, supera y deja atrás la Revelación de la Promesa en Moisés.

El gesto de Jesús entrega ese amor de Dios como su última Palabra. Ya no queda más para decir. La Promesa antigua se ha cumplido. Dudar del Dios amor y su enviado es imperdonable.

A los que mueve esta Revelación quedan en libertad como verdaderos hijos de expresar en su existencia diaria cómo ama el Padre.

Somos cómplices de la dificultad que experimenta el mundo de aceptar esta Revelación, por nuestro imperfecto ágape fraterno.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.

Este amor que vive en mí, será tanto más puro en la medida que trabaje por el bien ajeno sin búsqueda del propio, exclusivamente.

Las experiencias vividas entre personas concretas, han sido el don de Dios para aprender la entrega con menos cálculo, del propio amor querer e interés.

Cuando iniciamos nuestra carrera de amor, creemos que si nuestro pensamiento ha captado la sublimidad de su perfección, automáticamente se da la ejecución perfecta.

Y los tropiezos de la realidad nos desaniman para proseguir. Hasta que captamos que se trata de un proceso con señales de avance.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados

Es el paradigma de amor, que supera lo que se muestra en el Banquete de Platón.

Y cada vez que proclamamos con hechos y palabras que Jesucristo es el Hijo, víctima propicia por nuestros pecados, anunciamos el amor de Dios en nuestra carne y convencemos que la gracia vence al pecado.

Salmo responsorial: 71

Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud. R.

Que los montes traigan paz, / y los collados justicia; / que él defienda a los humildes del pueblo, / socorra a los hijos del pobre. R.

Que en sus días florezca la justicia / y la paz hasta que falte la luna; / que domine de mar a mar, / del Gran Río al confín de la tierra

 


REFLEXIÓN

Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes

En el depósito de la Revelación del Nuevo Testamento, se guarda la verdad que somos reyes para reinar con Jesús: pueblo de reyes.

Tal decir no tiene sentido fuera del que tiene el reinar en Jesús: rey de justicia.

Nuestra justicia tiene que ir más allá de la humana, legal, imperfecta.

Sin agape nuestra justicia es incompleta.

socorra a los hijos del pobre

Como pueblo de reyes reinamos al amar haciendo justicia al vulnerable.

Marcos 6,34-44

Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: "Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer." Él les replicó: "Dadles vosotros de comer." Ellos le preguntaron: "¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" Él les dijo: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." Cuando lo averiguaron le dijeron: "Cinco, y dos peces."

Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

 


REFLEXIÓN

Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor

Jesús hace algo más que enseñar con su lástima a los que necesitan. No se desentiende sino que atiende. No descansa.

Entrañas de misericordia y empatía para aquellos abandonados a su suerte que se sienten desamparados y faltos de salida para su miseria, de todo tipo, es lo que caracteriza el agape de Jesús.

En él la penuria humana de hombres, mujeres y niños es un combustible del fuego incesante que lo consume.

Así nos muestra que el agape de su Padre es como un horno de fundición para volcarse en la condición del hombre y el universo.

Nuestra diferencia con aquellos que creen en algún tipo de absoluto, es la naturaleza personal y amorosa de nuestro absoluto a quien llamamos Padre.

Nuestra fe no es filosófica, que llega a un principio rector por deducción. Sino teológica, que agradece la comunicación amorosa del Padre por medio de Jesús.

alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran.

No nos deja solos en la tarea de dar de comer sino que nos apoya con su bendición y multiplicación.

Hay una unión íntima entre la eucaristía y la búsqueda de alimento para los que necesitan. No se pueden desvincular.

El amor que llega a su plenitud, busca satisfacer el hambre de Dios y el hambre humana, sin buscar sus intereses: políticos, sociales, institucionales, de cualquier tipo.

Por eso es importante velar por la autonomía de los signos de este amor, para que promuevan la purificación de cualquier amor bastardo.

Debemos pasar del amor espúreo y egoísta, al de amor de hijos de Dios.

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