sábado, 20 de marzo de 2021

 

Sábado 4 de Cuaresma

Jeremías 11,18-20



REFLEXIÓN

tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón

Se hace difícil y complejo arribar a un juicio que defina una comprensión correcta de una realidad concreta, por la masa de información que nos apabulla, acompañada del barullo emotivo de la impaciencia y la crispación.

Se requiere un auxilio y soporte espiritual para mantener la energía y el entusiasmo por las buenas obras salvíficas, porque merodea la desilusión y la amargura.

Un creyente apóstol requiere nutrirse del trato frecuente con la Palabra, para que el vigor del espíritu no decaiga, y se eleve por encima y más allá de la contradicción.

Por evangelio no nos está permitido pactar con la corrupción que provoca el escándalo, pero la algarabía mediática continua que revuelve la basura del escándalo, como una cortina de humo que busca opacar las buenas obras, no se debe ni cultivar ni fomentar.

El mercado que se mueve por la codicia de la ganancia, también maneja el conglomerado de medios de comunicación. No le interesa respetar cualquier fuerza que se oponga a su ambición.

No debe ser tampoco para silenciarlos, cegando la libertad de expresión e información, huyendo así de la crítica y la transparencia.

Queda entonces esforzarse por mantener la verdad evangélica, con serenidad y humildad, en la conciencia de que nos soporta y consuela el Señor.

veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

No es que podamos dejar de sentir deseos de venganza, sino que lo dejemos en manos del Señor. En su designio la queja será atendida a su tiempo, para su gloria.

Implica dejar nuestro encono, abandonar nuestro resentimiento, pero seguir suspirando por la satisfacción de la justicia.

Nosotros apasionados y con inclinación a la violencia, no somos aptos para el ejercicio de la justicia.

En el ascenso de la humanidad hoy, vemos la tendencia a buscar en representantes de la justicia. la atenciòn a la sed de venganza por parte de las víctimas. Y a éstas confiar, o al menos renunciar a hacerse justicia por sus manos.

Pero también vemos, que hay quienes no se controlan y actúan, ejecutando la venganza en nombre de una justicia, que resulta a su vez en injusticia, por apasionada y unilateral.

La lucha se inspira en Jesús, quien confió su causa al Padre, y el lo escuchó hasta su muerte, otorgándole el nombre sobre todo nombre. Por eso es Jesús nuestro paradigma de justicia.

Cuando Jesús vive esto, no hace fuerza en una posible venganza sino lo contrario, perdona porque no saben lo que hacen.

La maldad que nace del corazón humano no es irredimible, porque más bien es obcecación.

Si nos identificáramos con el justo y su justicia, no obraríamos el mal.

Salmo responsorial: 7



REFLEXIÓN

que no me atrapen como leones / y me desgarren sin remedio

Cuando sucede conocemos que es posible: el perjuicio y daño que infligen los que conspiran contra alguien.

En Jesús se muestra una concentración del destino de una víctima por la su aceptación de la voluntad del Padre.

En su caminar, en su oración para pedir por la confianza en el designio, se realizaron en su momento, y se mantienen ahora por su Espíritu a nombre de todas las víctimas. Aun de las que no son tan inocentes.

Júzgame, Señor, según mi justicia, / según la inocencia que hay en mí.

Porque la inocencia absoluta no parece darse y todos somos en alguna forma cómplices de la injusticia, por acción o por omisión.

En nosotros hay oscuridades, corrupciones, colaboración con el daño al bien común, aun en pequeña escala.

Cese la maldad de los culpables, / y apoya tú al inocente, / tú que sondeas el corazón y las entrañas, / tú, el Dios justo

La hipocresía que permite atacar sin sonrojarse por las propias falencias, se ha enseñoreado de nuestra tierra.

Tal parece que nuestra culpabilidad es de tal calibre, que no descansamos sin un chivo expiatorio, que cargue con ellas.

Como iglesia los creyentes del pueblo de Dios estamos en esa coyuntura: cargando con culpas, escándalos, divisiones que se nos echa en falta quizá como evidencia de la falsedad de nuestra fe.

Es importante que esa fe sea lúcida para lograr comprensión de lo que está en juego: el anti-reino incansablemente saboteando el reino.

Mi escudo es Dios, / que salva a los rectos de corazón

Por eso es importante la autocrítica veraz y honesta, como una muestra de la sinceridad y rectitud del corazón.

Es necesario desmontar nuestro sistema defensivo que nos hace mantenernos en pie por nosotros mismos, pero no está sostenido por la gloria de Dios.

Juan 7,40-53



REFLEXIÓN

Y así surgió entre la gente una discordia por su causa

Por lo tanto estamos advertidos sobre la dinámica existencial en la que nos hemos incluído voluntariamente por nuestro compromiso de fe: somos parte de una discordia por nuestra adhesión a Jesús de Nazareth.

Jesús sigue siendo motivo de discordia, aun entre sus seguidores, por la pluralidad y diversidad de interpretaciones, que se originan entre los creyentes entre ellos  y los no creyentes.

Y seguimos en ella actualmente. Interpretamos la misma escritura y nos enfrentamos.

Y la interpretación autorizada del magisterio, no es muy escuchada ni seguida, en parte por el testimonio del mismo magisterio.

Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos

El sentido que le abre paso a la adhesión es el corazón creyente, no el estudio de la Ley. No sobra el estudio, pero sirve si el corazón cree. De lo contrario es letra muerta.

Por encima de la normativa, lo que toca nuestro corazón es la vulnerabilidad concreta de las personas, hombres y mujeres oprimidos por nuestra injusticia.

¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él?

El evangelio de Jesús se teme sobretodo, por los poderosos, por los que ejercen algún dominio. No deben temer los servidores, estén donde estén, igual hoy.

"¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?"

Aun con su tímida adhesión Nicodemo entró en el proceso de hacer justicia de Jesús. Su encuentro con él lo marcó para seguirlo, no obstante la prepotencia de los poderosos.

Es como una guerra de trincheras o posiciones ganadas. El proceso del Reino nos impele a avanzar, una vez hemos sido llamados.

Aferrarse al prejuicio más allá de lo razonable, es parte de la lógica de la ambición de poder. No perderlo es la consigna.

¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas?

Poco o nada sirve conocer la ley si el prejuicio emocional defensivo de interés egoísta ha tomado posesión de nuestro juicio.

Los ejercicios ignacianos buscan una depuración de esos juicios, apuntalados por afectaciones endurecidas por el ego y el tiempo, para captar una voluntad diferente y alternativa: la voluntad del Señor.

Es importante darnos un tiempo nuevo para ablandar y depurar esas rigideces afectivas, que influyen en el juicio. Es parte de la vigilancia, para mantener vivo el proceso de conversión en nuestra existencia.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1373231323104505862?s=20

BEATO CARLO

 De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del
Concilio Vaticano segundo
(Núms. 37-38)


QUE TODA LA ACTIVIDAD DEL HOMBRE SE PURIFIQUE EN EL MISTERIO PASCUAL

La sagrada Escritura, con la que está de acuerdo la experiencia de los siglos, enseña
a la familia humana que el progreso, que es un gran bien para el hombre, también
encierra un grave peligro, pues una vez turbada la jerarquía de valores y mezclado el bien
con el mal, no le queda al hombre o al grupo más que el interés propio, excluido el de los
demás.
De esta forma, el mundo deja de ser el espacio de una auténtica fraternidad, mientras
el creciente poder del hombre, por otro lado, amenaza con destruir al mismo género
humano.
Si alguno, por consiguiente, se pregunta de qué manera es posible superar esa mísera
condición, sepa que para el cristiano hay una respuesta: toda la actividad del hombre, que
por la soberbia y el desordenado amor propio se ve cada día en peligro, debe purificarse y
ser llevada a su perfección en la cruz y resurrección de Cristo.
Pues el hombre, redimido por Cristo y hecho nueva criatura en el Espíritu Santo,
puede y debe amar las cosas creadas por Dios. De Dios las recibe y, como procedentes
continuamente de la mano de Dios, las mira y las respeta.
Por ellas da gracias a su Benefactor y, al disfrutar de todo lo creado y hacer uso de
ello con pobreza y libertad de espíritu, llega a posesionarse verdaderamente del mundo,como quien no tiene nada, pero todo lo posee. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, yCristo de Dios.
La Palabra de Dios, por quien todo ha sido hecho, que se hizo carne y acampó en la
tierra de los hombres, penetró como hombre perfecto en la historia del mundo, tomándolaen sí y recapitulándola. Él es quien nos revela que Dios es amor y, al mismo tiempo, nosenseña que la ley fundamental de la perfección humana y, por consiguiente, de latransformación del mundo es el mandamiento nuevo del amor.
En consecuencia, a quienes creen en el amor divino les asegura que el camino del
amor está abierto para el hombre, y que el esfuerzo por restaurar una fraternidad
universal no es una utopía. Les advierte, al mismo tiempo, que esta caridad no se ha de
poner solamente en la realización de grandes cosas, sino, y principalmente, en las
circunstancias ordinarias de la vida.
Al admitir la muerte por todos nosotros, pecadores, el Señor nos enseña con su
ejemplo que hemos de llevar también la cruz, que la carne y el mundo cargan sobre los
hombros de quienes buscan la paz y la justicia.
Constituido Señor por su resurrección, Cristo, a quien se ha dado todo poder en el
cielo y en la tierra, obra ya en los corazones de los hombres por la virtud de su Espíritu,no sólo excitando en ellos la sed de la vida futura, sino animando, purificando yrobusteciendo asimismo los generosos deseos con que la familia humana se esfuerza porhumanizar su propia vida y someter toda la tierra a este fin.
Pero son diversos los dones del Espíritu: mientras llama a unos para que den abierto
testimonio con su deseo de la patria celeste y lo conserven vivo en la familia humana, aotros los llama para que se entreguen al servicio temporal de los hombres, preparando así,
con este ministerio, la materia del reino celeste.
A todos, sin embargo, los libera para que, abnegado el amor propio y empleado todo
el esfuerzo terreno en la vida humana, dilaten su preocupación hacia los tiempos futuros,
cuando la humanidad entera llegará a ser una oblación acepta a Dios.

viernes, 19 de marzo de 2021

PALABRA COMENTADA

 

San José

2Samuel 7,4-5a.12-14a.16



REFLEXIÓN

"Ve y dile a mi siervo David:

Según la biblia “Dios Habla Hoy”, antes de este pasaje el Señor se manifestaba a través de instrumentos para descifrar el futuro como el efod, tumim y urim

Ahora a través del profeta Natán, tal como se había hecho anteriormente por medio de otros profetas.

Los medios utilizados por los sacerdotes de los santuarios son dejados de lado.

La voz del Señor es libre y se presenta sin consultar previamente ni pedir permiso. Muestra una iniciativa autónoma que se expresa en diversos medios.

Al creyente se se le pide una disponibilidad para la escucha, no sólo en cuanto a la docilidad del corazón sino también en cuanto a la apertura a los medios que elija el Señor para comunicarse.

Es algo que atrae la atención: cómo el Señor se comunica con los protagonistas de una historia, en este caso David. Usa a otros que se convierten en su voz.

Sin embargo el protagonista queda a merced del mensajero, para entender el dicho del Señor.

Es un orden de cosas que debe tener algún sentido. Quizás porque no hay peor juez que el que tiene parte, intereses que cuidar y no es enteramente objetivo, incluso para ir contra sus intereses.

afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza.

Puede considerarse también un texto político además de teológico, en la medida que una casa reinante, la de David, se muestra consolidada según Dios, como su voluntad. Dicho de otro modo: para el creyente la dinastía davídica es lo mejor que le pudo pasar como bendición a Israel.

Nosotros tendemos a tomar esta bendición como eterna. Pero andando el tiempo esta consolidación fracasará, y se dividirá en dos reinos.

Para los que sustentan la bendición en la casa real de David y sus descendientes, Judá es la continuación y no Israel, reino del Norte. Sin embargo en su existencia más inestable este reino del Norte también tuvo voz de Dios en los profetas que le fueron enviados.

Pero para el Israel-Judá, que resta después de la prueba del destierro, la dinastía de la bendición seguirá siendo la de David y sus descendientes.

Por eso al redactor de Mateo le interesa hacer ver que a través de José, padre de Jesús, se da la línea de esa bendición davídica. Lo que avalaría ser llamado hijo de David.

Esa es una contribución al cambio hacia la justicia y un nuevo orden social: la paternidad-maternidad.

Es una construcción silenciosa de nutrición, actitudes, valores, visión y misión que se realiza silenciosamente, hasta el tuétano y las entrañas de cualquier ser humano.

Sabemos de su importancia por la disfunción que trae como consecuencia sicópatas y malhechores. Y por los frutos logrados de personas maduras y sensatas que contribuyen al bien común.

La paternidad como extensión de la construcción milenaria que el Padre ejerce con nosotros y nos mantiene como administradores del mundo y su progresivo cambio hacia algo mejor.

construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre

Vamos construyendo un reino, un orden en el que los seres humanos estrenaremos una novedad que ya se ha concretado en Jesús crucificado, muerto y resucitado, y que desde el final de la historia nos atrae para la consumación.

Yo seré para él padre, y él será para mí hijo

Es su designio: ser nuestro Padre.

Salmo responsorial: 88



REFLEXIÓN

anunciaré tu fidelidad por todas las edades

Por haber sido Padre y seguirlo siendo.

"Tu misericordia es un edificio eterno, / más que el cielo has afianzado tu fidelidad."

Misericordia eterna, vulnerabilidad permanente, Dios amor. El desafío es conciliar lo irreconciliable: el Señor en su amor fiel y nuestra libertad rebelde.

La rebeldía, tan valorada y alabada en nuestro tiempo, aunque no ha sido el único tiempo que la valora en el pasado, muestra la naturaleza humana en lo más propio: su propensión a la libertad, lo que no quiere decir libertad conquistada y plena.

Libertad humana troquelada en la plenitud del Señor que confunde su temporalidad histórica con la eternidad de la que proviene. Ese es su drama.

Él me invocará: "Tú eres mi padre, / mi Dios, mi Roca salvadora."

Los que echamos de menos un Padre perfecto, porque nuestra experiencia del que nos tocó y la paternidad que hemos ejercido, es limitada y defectuosa, anhelamos un encuentro con la paternidad de Dios.

Un encuentro acabado es nuestra esperanza, mientras se construye esa paternidad de su Reino, a travès de las edades.

Romanos 4,13.16-18.22



REFLEXIÓN

como todo depende de la fe, todo es gracia

Gracia es la vivencia del modo propio de Dios, que se hace sentir en una libertad alejada de toda violencia, constricción o cálculo.

Es buena fe definitiva sin sombra de malicia.

En medio de la gracia nos apenamos de ser en otra forma. Nos avergonzamos de nuestra malicia.

así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros

Por eso los adúlteros y los bastardos son figuras que rompen con el esquema de la bondad atrapada y vinculada exclusivamente con la normalidad: la norma de la cultura.

Son las advertencias del Señor libre de la gracia, que su orden va más allá y por encima, y trastoca para perfeccionar nuestro ordenamiento degenerativo.

Abrahán creyó

Así Abraham entró en contacto con el Dios de la gracia, y se pudo hallar en su presencia.

El orden de la gracia tiene su propio sensor y potenciador: la fe.

Vivir de fe implica una discrepancia con todo orden que no sea de fe.

Una distancia dolorosa y gozosa.

Una visión para algunos, que aflige y motiva, y que en alguna forma debe ser significada, escenificada para llamar a la fe y que se siga haciendo comprensible.

Es un don que llevamos en vasos de barro.

Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre

José el papá designado de Jesús, según la Palabra, también asumió con fe su misión, porque era iniciativa de gracia del Señor, como también lo era la de su esposa María.

Debió sustentarse en esa fe para llevar adelante esa misión contra toda evidencia contraria de que Jesús era hijo de un padre  desconocido, pero por fe, del Espíritu Santo.

La fe nos hace tontos que negamos evidencias del mundo, para hacernos sabios con una sabiduría distinta. José como María son los maestros de sabiduría para Jesús.

Lucas 2,41-51ª



REFLEXIÓN

"Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados."

Es la cuota que deben pagar por su misión: la angustia, porque Jesús siendo hijo no es su hijo, sino que tiene un Padre y no alcanzan a descifrar a Jesús como hijo.

Hoy por hoy, hemos ido entendiendo que cada hijo tampoco es hijo sometido para siempre, sino que como ser humano tiene su propia misión, le duela a quien le duela.

Un conflicto que se vive en el espíritu cuando el creyente se entrega por fe. No todo es seguridad y gozo. El Señor como misterio se nos oculta y nos interpela en nuestra limitación, aun teniendo toda la mejor buena voluntad posible para seguirlo.

Su misterio se muestra en que nos experimentamos rebasados por el sentido del Designio en el que Él nos ha incluído.

Mateo 1,16.18-21.24ª



REFLEXIÓN

antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo

Por ese orden de gracia, el Señor pone en problema a sus elegidos

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto

Nuestro tiempo ha zarandeado el sentido del justo por la crítica nitzcheana.

Ya no se considera hoy una ecuación automática al justo o santo como un buenecito, inocentón, que no mata una mosca ni quiebra un plato.

Hoy nos atraen los anti-héroes, los no convencionales, los de la periferia, las minorías, los desinstalados, los rebeldes: todo lo que se oponga a la tradición y a su obediencia.

Esto para disipar la sospecha acerca del creyente que tiene fe por no poder hacer otra cosa. Porque es un perdedor, un invisible.

La Palabra nos muestra hoy a un invisible, justo, que padece por practicar la verdadera justicia: denunciar o no a su esposa circunstancialmente implicada en un posible adulterio.

Y decida repudiarla en secreto. No denunciarla. Quizá porque no ve claro que ella sea culpable o la ame tanto que no le quiere hacer daño.

Es toda una lección para nuestro clamor por la justicia, que no duda en poner una demanda ante los tribunales para que se nos indemnice el supuesto daño recibido.

Y así tuvo su propia parte en esta situación de gracia

En ellos se vivencia el paradigma que su hijo llevará a plenitud: crucificarse para morir y resucitar, como señal de un orden de gracia, de un orden o Reino de Dios.

tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados."

El justo José más bien, contra todo pronóstico mundano, recibe de Dios una misión realmente importante.

Es quien pone a Jesús su nombre. Un detalle de mucha significado en la cultura hebrea, para la cual nombrar, poner nombre, tiene que ver con la determinación y la configuración de la realidad nombrada.

Se le da a José una responsabilidad social insustituíble: formar históricamente junto con su mujer al Hijo de Dios, Jesús de Nazareth.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1372886725094219780?s=20

De él sabremos aprender si aplicamos en nuestra experiencia humana de cuidado a los demás ese espíritu de justicia.

no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo

Voz que no elimina sino que produndiza el itinerario de fe y sus consecuencias.

Cuando José se despertó

Actuó segùn lo soñado

…en conclusión:

Quién era José?un hombre de la antigua alianza a las puertas de la nueva, como Juan el bautista.

Un hombre que el Señor selecciona para una misión relacionada con su Hijo y su designio de amor que se entrega al mundo para darle vida.

José como María, la madre, son sujetos cuya libertad se pone al servicio de Jesús y su misión del Reino del Padre.

Gente con un protagonismo moderado, pero calando hondamente en el hacerse de Jesús para Gloria del Padre y del humano.

José y María son los nodos del tejido social en los que anuda Jesús, para realizar su pertenencia a nuestra raza.

Dan su sangre y carne, su material genético, acumulado de generaciones, que cristaliza en este hombre de Nazaret llamado Jesús o Yeshua ben Jose.

José es el hombre que cubre a María contra la difamación y la muerte por aparente adulterio, al hallarse encinta antes de casarse con su desposado.

José es quien protege a Jesús contra las primeras acechanzas de los adversarios de su misión.

José es necesaria y especulativamente quien modela un ser humano digno, de acuerdo al perfil de esa sociedad para un hombre que valiera la pena y de acuerdo a lo cual Jesús se forma en su personalidad, su oficio y sus valores.

No es tan poca cosa José, no obstante las pocas líneas que lo presentan en nuestra saga bíblica.

SAN JOSE

 

José, el hombre más cercano a Jesús



Tarcisio Stramare O.S.J.

Transcrito para Aci Prensa por José Gálvez Krüger

La genealogía termina en San José, que vimos en en la historia sagrada el hombre más cercano a Cristo, término de toda elección y predestinación (cf. Rm 8.28ss).

La historia sagrada ha concedido un amplio espacio a Abrahám. Isaac, Jacob y Judá considerados como los “Padres” o los “Patriarcas del pueblo elegido. Pues la posición de José los supera a todos, porque él es justamente invocado en sus Letanías como “Lumen Partriarcarum”, el Esplendor de los Patriarcas”. Juan Pablo II en la Exhortación apostólica “Redemptoris Custos” afirma: “el hombre justo, que llevaba consigo todo el patrimonio de la Antigua Alianza, ha sido también introducido en el “comienzo” de la nueva y eterna alianza en Jesucristo” (n.32). Lo que significa que si por un lado reúne en sí todo el Antiguo Testamento, por otro lado se coloca claramente en el Nuevo, como su propio “comienzo”.

Con José, la genealogía humana de Jesús termina. Ya no está más escrito, como de todos sus antepasados, que él engendró”, porque la realidad ha superado infinitamente la promesa: la persona de Jesús, en efecto, preexiste en la eternidad, engendrada por el Padre antes de todos los siglos, como profesamos en el ”Credo”. Es perfectamente coherente con este dogma la afirmación de los evangelistas Mateo y Lucas acerca de la humanidad de Jesús, concebido por “obra del Espíritu Santo”. De este dato de facto viene la pregunta hecha por Jesús a los fariseos sobre su propio origen: ¿Por qué David llama al Mesías mi Señor? (Cf My 22, 41 ss).

Aunque José no engendra la existencia de la persona de Jesús, que es divina y eterna, se le reconoce su calidad de Patriarca y su nombre aparece en el árbol genealógico como un eslabón que no tiene sustitución: la supresión de su nombre consentiría, por sencilla coherencia, cancelar todos los otros nombres de la genealogía, incluidos a David y a Abraham.

La genealogía de Jesús es singular porque es la promesa misma de Dios, que se ha realizado de un modo singular en Jesús. En consecuencia, el título que autoriza a José a ocupar el lugar más importante en el árbol genealógico de Jesús es el hecho de ser “el esposo de María”, como el evangelista Mateo, para prevenir equívocos, subraya textualmente: “Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo” (1,16).

La Iglesia apostólica, autenticando la genealogía, no hace otra cosa que reconocer a José, esposo de María, el derecho que le compete sobre el hijo de ella, Jesús. Si a José ya le venían reconocido con pleno derecho los títulos de “hijo de David” y de “esposo de María, ¿cómo rehusarle aquel título supremo que procede de “padre de Jesús”? Si comparamos ahora los títulos de san José con los de los personajes más importantes de la historia, será fácil deducir que san José es entre todos la figura más insigne”.

Todo esto se deduce de la genealogía, en apariencia árida, pero densa de significado y de doctrina. Los cristianos desarrollando Isaías 11,1 (Saldrá un vástago del trono de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará”), han expresado su aprecio hacia los antepasados de Jesús representado en los libros o en las paredes de los templos la genealogía de Jesús y llamándola “Árbol de Jesé”, el nombre del Padre de David. Para subrayar la importancia reconocida a lo largo de los siglos a este tema, es útil llamar la atención sobre dos afamados Árboles de Jesé: el primero, un mosaico, está en la Basílica de la Natividad en Belén; el otro, un fresco, se encuentra en la Capilla Sixtina del Vaticano.

Era justo que en Belén, el lugar de nacimiento de Jesús, fueran recordados sus antepasados “según la carne”. Aproximadamente en el año 1100, sobre las dos paredes de la Basílica, el Árbol de Jesé se desarrollaba en dos ramas, que ilustraban respectivamente la genealogía de Lucas y la de Mateo. El visitante puede ver todavía las figuras de algunos descendientes de David; de san José ha quedado sólo la leyenda; “Ioseph virum Mariae”

En la capilla Sixtina el visitante encuentra el nombre de lso antepasados de Jesús en el centro de las “lunetas”, situadas bajo las historias bíblicas de la bóveda. También aquí Miguel Ángel ha querido “enmarcar” toda la historia bíblica del Antiguo Testamento en el Árbol de Jesé.

Sería hermoso que numerosos turistas, pero particularmente los peregrinos, conociera estos detalles para revivir con aquellos que nos han precedido la misma fe en la encarnación del Verbo, en la que san José ha tenido un rol determinante.

    jueves, 18 de marzo de 2021

    PALABRA COMENTADA

     

    Jueves 4 de Cuaresma

    Éxodo 32,7-14



    REFLEXIÓN

    el Señor dijo a Moisés: "Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto

    La Palabra también hace conciencia en el dirigente, para que no huya al monte de su responsabilidad, y enfrente la desviación del creyente.

    Pasaron los tiempos en que, por medio de la fuerza, se violentaba la conciencia humana para que creyera.

    Por eso el dirigente, colaborador del Señor en el Designio, como Moisés colaboró con Yavé para sacar al pueblo de Egipto, debe ir a su pueblo a hablarle a la conciencia, para convencerlos de volver.

    Nuestra oración constante deberá acompañarlos para que no desfallezcan en su misión, y nos quedemos huérfanos de pastores aptos.

    Se atribuye a Moisés haber sacado al pueblo de Egipto. Ahora no se afirma que es el Señor, como si fuera iniciativa propia de Moisés. este liderazgo con un pueblo que se ha pervertido.

    La perversión frecuente y constante del pueblo, no obstante los favores del Señor y los buenos oficios de los intermediarios, es un tema recurrente de la Palabra.

    Es una manera de subrayar la distancia en el comportamiento: uno fiel y el otro traicionero.

    Tales señalamientos son desesperantes porque no parece haber remedio permanente.

    Tampoco nosotros en la buena nueva somos muy diferentes como pueblo. Quizá ahora utilizamos más los atenuantes de la responsabilidad por infidelidad, pero la perversión se mantiene a escala global.

    Ha fracasado del todo el Señor? Es una victoria sólo para unos cuántos?

    Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:"Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto."

    Hoy seríamos comprensivos y tolerantes con este fenómeno del pueblo. Buscaríamos causas culturales, sociológicas, psicológicas, económicas y casi podríamos justificar esta desviación de la idolatría.

    Nos hemos vuelto permisivos frente a lo que está mal, y remisos frente a lo que está bien. Un buen trabajo del acusador.

    Sin embargo la palabra es incansable en su señalamiento y en esto también es eterna.

    Señala la idolatría como el fondo de las malas acciones: no tener fe auténtica en el el único Dios y Señor, como la causa profunda de todas las secuelas de perjuicios y males que nos azotan.

    Así la palabra de Dios nos ayuda a corregir nuestro astigmatismo, y hacer pleno el señalamiento de cuán decisivo es optar por una visión-acción de fe, esperanza y amor que descodifique las circunstancias, bajo la clave del primer y segundo mandamiento.

    ¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"

    Moisés se la devuelve. Se trata de una colaboración. Y no cabe una destrucción total. Sino el perdón.

    Interesante relación la de Moisés y su franqueza en el diálogo con Dios.

    Jesús al contrario, descarga a su Padre Dios de toda culpa y sospecha de malas intenciones, porque asume que es el único bueno.

    Es como si una revelación del Señor por la palabra, fuera superada por otra, debido a nuestro limitado entender.

    Una intercesión interesante de Moisés, quien busca hacer recapacitar a un Dios furioso.

    Voces que se alzan en medio del diálogo de la oración, quizás con interlocutores parciales y provisionales, mientras se va logrando la verdad completa: sólo Dios es bueno y no castiga, sino que ama sin violencia.

    Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo

    Los antropomorfismos sobre el Señor son extraños, aunque no escasos, en la Biblia.  No alejan sino acercan al Señor.

    No son al estilo griego que hacen los dioses con vicios humanos, como para cohonestar el propio modo de vida. Más bien dan una visión del hombre que contraría el estilo de los hombres.

    Aquí se trata de que Moisés convence a Dios para que se arrepienta de su ira. Lo ordinario en estos pueblos es una ira radical ante semejante tosudez y desviación.

    Esto abre espacio más bien, a un Dios misericordioso, paciente, que ama su proyecto aunque le fallen eventualmente sus elegidos.

    Y a una dirigencia que sabe soportar la tensión entre los intereses del Señor y las debilidades del pueblo que se desvía.

    Por eso tenemos santos y mártires, para que apoyados en su memoria, hagamos presente al Señor y a nosotros, que no todo está perdido.

    Yo debo aprender que primero nos desengañamos  y arrepentimos nosotros, que tú de la misericordia.

    Que de tu parte la intervención salvadora es permanente y definitiva en Jesús tu hijo.

    Que las voces contrarias son modos engañosos y acusadores, para hacernos desistir de la fe y esperanza en tu misericordia y amor solamente.

    Salmo responsorial: 105

    REFLEXIÓN

    cambiaron su gloria por la imagen

    Nuestra tendencia es cambiar la gloria del Señor por nuestras imágenes.

    Y es lo que Jesús nos enseña a pedir en primer lugar, porque nos afecta: santificado sea tu nombre.

    Este es un misterio tremendo, que nos enardece de rebeldía: tienen que ser las cosas así?

    Somos sujetos a la imagen, la necesitamos, porque la gloria de Dios a ratos no nos llega.

    La imagen de Jesús es su intervención definitiva: es la gloria en la imagen.

    Pero esta imagen se da en la fluidez del acontecimiento histórico y cultural.

    La solución no parece completa.

    O depende de nuestro empeño en hacerla funcionar como seguidores de Jesús: que resplandezca la gloria en la imagen, no obstante su precariedad histórica.

    Se olvidaron de Dios, su salvador, / que había hecho prodigios en Egipto,

    Tenemos una memoria frágil para recordar su gloria en los prodigios que nos prodiga.

    Requerimos su acción de gracias radical, que es Jesús.

    Moisés, su elegido, / se puso en la brecha frente a él

    Jesús no se muestra en la brecha contra la decisión de Dios, sino todo lo contrario.

    Se identifica con esa voluntad y proyecto, para que se transparente un Dios Padre, amoroso y paciente.

    El pastor en seguimiento del Maestro, debe vivir adicionalmente la cruz de la tensión, entre el celo por el Reino de Dios y la misericordia por la locura humana.

    Jesús pertenece a esa estirpe de hombres de la brecha, que se convencen por fe desde el Señor para seguir intentando.

    Moisés muestra que la gloria de Dios ha prendido en el ser humano, porque es capaz de volverse a Dios a favor de sus hermanos desmemoriados.

    Es como el que ya no ve las sombras de la caverna, sino mira la fuente de luz directamente: habla a la luz de los hombres, habla a los hombres de la luz. No siempre es aceptado. No siempre tiene éxito.

    Juan 5,31-47

    REFLEXIÓN

    el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado

    La contemplación que Juan evangelista hace de Jesús y su obra, ofrece la visión de una persona que se autoafirma en su misión, como originada en el Padre. Las obras que lleva a cabo son señales en esa dirección.

    Nuestra contemplación de fe se nutre de las señales que los enviados del Señor realizan como obras salvíficas.

    También de las que el pueblo creyente actúa como resultado de su obediencia de fe.

    La obediencia de fe en nuestro tiempo tiene un lenguaje de rebeldía, que puede mezclarse y confundirse con increencia.

    Nos corresponde discernir si se trata de un anhelo de una comprensión más actualizada de la buena nueva, o lo contrario: una rebeldía destructiva.

    Jesús es un hombre que pasó haciendo el bien con buenas obras: curaciones, revivificaciones, dando alimento, enseñando.

    No eran para su gloria, porque reconoce que son del Padre. Son para la nuestra, porque se trata de nuestro beneficio.

    Y así Jesús se muestra como presencia de la salvación del Señor y no como alguien de iniciativa propia y para sí.

    Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis

    Creer en Jesús es la clave para escuchar la voz de Dios y Señor Padre, ver su semblante y habitar en su palabra.

    Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida!

    Es importante sondear nuestro corazón tras la lectura orante de la Palabra para determinar si la clave Jesús de Nazareth nos produce vida: una calidad de vida que no se extingue.

    Por eso necesitamos las señales de las obras del Padre. Para saber si vivimos.

    No podemos empeñarnos en la Escritura, sin llegar a Jesús y creer en él. No se hacen vida sin esa fe.

    ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?

    Porque nuestro modo corriente de proceder es el de dejarnos seducir por las obras humanas hasta el desengaño.

    Porque en la imagen de Jesús llega la Gloria del Señor.

    Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?"

    Una materia pendiente entre nuestros hermanos judíos, masivamente separados.

    https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1372512777340919816?s=20

    DOCTORES DE LA IGLESIA

     

    Jueves IV semana de Cuaresma

    San León Magno Sermón de la pasión del Señor 15,3-4



    El verdadero venerador de la pasión del Señor tiene que contemplar de tal manera, con la mirada del corazón, a Jesús crucificado, que reconozca en él su propia carne.

    REFLEXIÓN

    Una contemplación válida es aquella que promueve la identificación con la persona que sufre, como otro Jesús crucificado. Carne de mi carne, hueso de mis huesos, fue el resultado de la contemplación de Adán cuando le presentó Dios a Eva, tras el sueño en el que de una costilla fue formada. Allí se dio la identificación, con la otra, distinta de la serie de animales que le habían presentado antes. Y algo semejante , a la fusión de carnes, se le pronostica al hombre y la mujer que dejan su casa paterna, para poner su hogar propio aparte, desde donde seguirán el mandato de la reproducción. Con Jesús la identificación contemplativa es con todo el que sufre, más allá de cualquier división, porque han cesado las fronteras de genero, de generación, de etnia y cultura.

    Toda la tierra ha de estremecerse ante el suplicio del Redentor: las mentes infieles, duras como la piedra, han de romperse, y los que están en los sepulcros, quebradas las losas que los encierran, han de salir de sus moradas mortuorias. Que se aparezcan también ahora en la ciudad santa, esto es, en la Iglesia de Dios, como un anuncio de la resurrección futura, y lo que un día ha de realizarse en los cuerpos, efectúese ya ahora en los corazones.

    REFLEXIÓN

    Resucitar en los corazones es la esperanza de los que han perdido todo en las guerras de exterminio que se vienen dando por toda la tierra, en todos los rincones. No por ser de tal o cual lugar, lengua o cultura merecen nuestra identificación con su carne, sino por ser sufrientes, otros Cristos crucificados, unos mencionados colectivamente, alguno individualmente, otros absolutamente anónimos por parte de los medios que se interesan en visibilizarlos.

    A ninguno de los pecadores se le niega su parte en la cruz, ni existe nadie a quien no auxilie la oración de Cristo. Si ayudó incluso a sus verdugos ¿cómo no va a beneficiar a los que se convierten a él? Se eliminó la ignorancia, se suavizaron las dificultades, y la sangre de Cristo suprimió aquella espada de fuego que impedía la entrada en el paraíso de la vida. La obscuridad de la vieja noche cedió ante la luz verdadera. Se invita a todo el pueblo cristiano a disfrutar de las riquezas del paraíso, y a todos los bautizados se les abre la posibilidad de regresar a la patria perdida, a no ser que alguien se cierre a sí mismo aquel camino que quedó abierto, incluso, ante la fe del ladrón arrepentido.

    REFLEXIÓN

    El exclusivo club de los salvados no existe, no hay tal. El único que no entra es el que se auto excluye, e incluso él será entendido en su rechazo, de manera que la misericordia duerma a su puerta, como un fiel can.

    No dejemos, por tanto, que las preocupaciones y la soberbia de la vida presente se apoderen de nosotros, de modo que renunciemos al empeño de conformarnos a nuestro Redentor, a través de sus ejemplos, con todo el impulso de nuestro corazón.

    REFLEXIÓN

    Nuestra soberbia es tan refinada, fruto preciado del acusador, que brega a convencernos el inmerecido acceso al perdón, por el tamaño de la culpa. En eso toda culpa es un monstruo que e agiganta se se le alimenta con el resentimiento y la falsa vergüenza.

    Porque no dejó de hacer ni sufrir nada que fuera útil para nuestra salvación, para que la virtud que residía en la cabeza residiera también en el cuerpo. Y, en primer lugar, el hecho de que Dios acogiera nuestra condición humana, cuando la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» ¿a quién excluyó de su misericordia, sino al infiel ? ¿Y quién no tiene una naturaleza común con Cristo, con tal de que acoja al que a su vez lo ha asumido a él, puesto que fue regenerado por el mismo Espíritu por el que él fue concebido? Y además, ¿quién no reconocerá en él sus propias debilidades? ¿Quién dejará de advertir que el hecho de tomar alimento, buscar el descanso y el sueño, experimentar la solicitud de la tristeza y las lágrimas de la compasión, es fruto de la condición humana del Señor? Y como, desde antiguo, la condición humana esperaba ser sanada de sus heridas y purificada de sus pecados, el que era Unigénito Hijo de Dios quiso hacerse también hijo de hombre, para que no le faltara ni la realidad de la naturaleza humana, ni la plenitud de la naturaleza divina.

    REFLEXIÓN

    Quien llora como humano por la aflicción sufrida, entra en la humanidad de Jesús glorificada, que lo alcanza en su sufrimiento por padecerla. Hemos venido a ser de una carne consolada, perdonada, amada en su vulnerabilidad y por lo mismo salvada.

    Nuestro es lo que por tres días yació exánime en el sepulcro, y al tercer día resucitó; lo que ascendió sobre todas las alturas de los cielos hasta la diestra de la majestad paterna: para que también nosotros, si caminamos tras sus mandatos y no nos avergonzamos de reconocer lo que, en la humildad del cuerpo, tiene que ver con nuestra salvación, seamos llevados hasta la compañía de su gloria; puesto que habrá de cumplirse lo que manifiestamente proclamó: Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo.

    REFLEXIÓN

    Ponerse de su parte es ponerse de mi parte, en aquella humanidad que necesita misericordia