sábado, 4 de marzo de 2023

PALABRA COMENTADA

 

Sábado 1 de Cuaresma

Deuteronomio 26,16-19



REFLEXIÓN

Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos

Frente a nosotros la vida diaria cotidiana que se da hoy. El hoy es nuestro capital de trabajo e inversión único. Podrá haber temores pasados, expectativas futuras. En todas ellas el anti-reino se cuela para fastidiar el hoy.

Así que debo concienciar que hoy, todos los días hay un hoy, se da un mandato misión del Señor que no tiene que ver con sus intereses egoístas, sino con nuestros intereses de salvación. Los mandatos son para nuestra felicidad, renovados hoy.

Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma

No es el espíritu de los tiempos actuales guardar y cumplir preceptos con el corazón y el alma.

Lo que aparece mediáticamente es la protesta, la rebelión, el desafío contra toda autoridad instituida.

Está de alza el agnosticismo que equivale a proceder igual con la autoridad divina.

Es decir, si existe, no se puede saber ni conocer, porque cualquier representante institucional de una divinidad es sospechoso de corrupción.

Queda un vacío que hay que llenar, porque el corazón y el alma tienden a la obediencia, así sea en parte de su afectado corazón, por los repetidos infartos que aportan las circunstancias de la existencia.

No es verdad que seamos todo independencia, autonomía, autodeterminación, porque con frecuencia al deliberar, con lo que los determinismos nos dejan de libertad, miramos en todas direcciones para buscar una señal que nos ayude a decidir sin equivocarnos.

En esa búsqueda cualquier fuente parece adquirir sentido: horóscopos, esoterismo, ocultismo, religiones primitivas con pocas instituciones conocidas, el territorio quimérico de la inspiración u oráculo de la divinidad y otras.

Y así el tejido de la opinión común que fragua una identidad, se va deshilachando en diversidades de incomunicación: la babel rediviva. La muerte de la comunión.

Parece oportuno resaltar como cierta la Palabra sobre los preceptos y su obediencia o desobediencia. Una vía conduce a la vida, otra a la muerte.

Hoy te has comprometido a aceptar lo que el Señor te propone

Hoy también, el hoy de cada día, nos renovamos en la intención y voluntad de compromiso con el Señor y su mandato.

Eso sí podemos hacer: renovar diariamente el compromiso de aceptar su mandato.

Siempre y cuando no nos desanimemos por las infidelidades de ayer, y el pesimismo de mañana. Porque sólo tengo el hoy.

guardarás todos sus preceptos, que él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho

En la historia bíblica de Israel se dieron bendiciones y maldiciones, si así se pueden llamar sus logros y fracasos.

Pero es más complicado que eso, porque los inocentes que también contribuían con su rectitud a los logros, tomaban parejo en los fracasos. Y para ellos sólo hubo un consuelo: la Palabra que les ayudaba a reconciliarse con su situación crucificada, el gozo de entenderla y aceptarla en tales condiciones, y la promesa de un futuro mejor. Ellos aprendieron a seguir viviendo en rectitud, a pesar del abandono al que eran sometidos por las circunstancias adversas.

Y muchos aprendieron, nos lo pone la Palabra como ejemplo, a desvincular la voluntad salvífica del Señor de esas aciagas circunstancias.

Toda una conversión de una divinidad a otra.

Salmo responsorial: 118



REFLEXIÓN

Ojalá esté firme mi camino, / para cumplir tus consignas

El camino son las circunstancias que se van presentando en mi caminar. Su firmeza, como don del Señor, consiste en la favorabilidad para guardar los preceptos. No siempre es así. Y por eso necesitamos su favor para que en cualquier circunstancia estemos firmes.

Pero firme es también la calidad de nuestro caminar, cuando nuestra convicción se mantiene en la fidelidad a su voluntad.

Esa disposición interna también requiere su auxilio para que nuestra debilidad no prevalezca.

Quiero guardar tus leyes exactamente, / tú, no me abandones

No ser abandonados en el sentido que nos da la Palabra a los fracasos de la existencia, no obstante nuestra conducta obediente.

Nos enseña que siempre estamos lejos de ser perfectos como el Señor, pero que su misericordia nos ama como somos y nos perfecciona en la docilidad a su designio.

Mateo 5,43-48



REFLEXIÓN

Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen

Somos sacramentos del amor del Padre cuando llegamos al extremo del amor al enemigo. En esa coyuntura la cultura introyectada en nosotros, con sus valores de autoafirmación malentendida nos sugiere la revancha y el castigo a la insolencia.

Así que perdonar y amar al enemigo es más bravío que no hacerlo y desquitarse, porque voy en contra de mí mismo. Entonces acepto morir para dar vida.

Debo pues mirar de frente la humillación que sentiré por ser considerado tonto y débil, aun por los más allegados.

Los cristianos de la comunidad de Mateo sentían y vivían la persecución en varios sentidos. Ellos eran los más apegados y parecidos a los judíos, en sus costumbres y prácticas. No entendían que en su comunidad latía algo nuevo y que la persecución por aceptar a Jesús de Nazaret era el síntoma doloroso del alumbramiento a una novedad.

Sus perseguidores eran más que victimarios, eran sus parteros. Maduraban la separación y el destete de la comunidad mateana de su matriz judío palestina.

que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Su guía buscaba alentarlos a convertirse aún más, para ser como el Padre que no discrimina.

¿qué premio tendréis?

Lo que viene en nuestro auxilio para fortalecernos es el convencimiento del reconocimiento que nos hará el Señor. Humillarnos al amar al enemigo es depositar un tesoro donde no se perderá: en el Señor.

La sicología actual diría que eran unos infantiles buscando premios. Pero tener acceso a la comunión con el Padre no es poca cosa, aunque no seamos tan adultos y maduros como para no buscarla.

sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto

Es nuestra marca e identidad. Pertenecemos a una familia que busca tener la calidad del Padre, así como Jesús lo hace

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BEATO CARLO


 
De la Constitución pastoral Gáudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núms.9-10)
 
LOS INTERROGANTES MAS PROFUNDOS DEL HOMBRE

 

El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarlo o salvarlo. Por ello se interroga a sí mismo.

 En realidad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano.

 Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de creatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior.

 Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no es raro que haga lo que no quiere y deje de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad.

 Son muchísimos los que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Muchos piensan hallar su descanso en una interpretación de la realidad, propuesta de múltiples maneras.

 Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos.

 Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la audacia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo.

 Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?

 Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que haya de encontrar la salvación.

 Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se hallan en su Señor y Maestro.

 Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre.


viernes, 3 de marzo de 2023

PALABRA COMENTADA

 

Viernes 1 de Cuaresma

Ezequiel 18,21-28



REFLEXIÓN

Si el malvado(rasha:impío) se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá.

No se exalta al criminal, ni al pecador, sino su conversión. Y lo que muestran los evangelios: es a pecadores condenados por la sociedad, por incurrir en una situación o coyuntura pecaminosa, sin considerar la potencialidad de conversión que tiene, a lo largo de su existencia.

El juicio final corresponde a Dios. A nosotros nos corresponde la conversión, para vivir definitivamente.

Nuestro asunto es la conversión. De eso trata la buena nueva: hay oportunidad para la conversión y para la vida, aunque seamos malvados.

¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor-, y no que se convierta de su conducta y que viva?

Su designio es que todos vivamos, cuando nos convirtamos del pecado por pecadores.

Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá.

Tan generoso con unos: el malvado que se convierte. Y aparentemente tan mezquino con otros: el justo que peca.

Entre los humanos tenemos ejemplo de ambos en algunas oportunidades. Por ejemplo cuando alguien obra mal, clamamos por una segunda oportunidad para él o ella.

Y cuando alguien obra mal, también clamamos por su extinción prácticamente, como el caso reciente de los curas pederastas.

Pero Jesús de Nazaret va más lejos y habla de setenta veces siete otorgar el perdón al hermano. Lo cual debe reflejar el perdón del Padre.

Esto fundamenta la esperanza en una instancia que no es apasionada e interesada como nosotros sino más justa, que sabe cómo regenerarnos.

Porque no somos ni permanecemos justos por herencia ni títulos ganados, sino por la justicia que constantemente actuamos, y por la conversión que nos devuelve la justicia del Señor, su justificación.

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida.

No se descarta que el Señor no tenga nada que hacer frente a nuestra decisión y responsabilidad de darnos a nosotros la vida o la muerte, según la justicia o iniquidad con la que obramos.

Salmo responsorial: 129



REFLEXIÓN

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

La existencia, las circunstancias de la vida, lo que va aconteciendo nos va ubicando, en diferentes periodos de maduración, en coyunturas de hondura, desde las cuales clamamos.

Nos la pasamos clamando, pero no siempre ni a la primera, con total hondura. Por que este clamor es la aceptación de que el Señor es único, el único. Es la vida, de sentido y significado, que eventualmente se desdibuja.

Nos recomienda el evangelio entrar en lo secreto para orar. Allí donde se mueven los pensamientos más íntimos, los anhelos más apegados, en la fibra del alma, y lo recóndito del corazón.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / y así infundes respeto

El fondo del clamor: la conciencia de nuestra distancia, de nuestro desvío, de haber dañado la relación más fundamental de la existencia. Pero también, en paradoja, la vivencia de que no tenemos dónde más ir.

de ti procede el perdón, / y así infundes respeto.

No lo impones por castigo y severidad. Sino por misericordia ganas nuestro respeto y glorificación.

Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra; / mi alma aguarda al Señor

Estamos esperando tu día, que es el de nuestra liberación.

De allí surge como manantial la fuerza para esperar. Porque la paciencia es una fuerza más que una pasividad.

Porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa

Tantos siglos de revelación de la Palabra a esto conspiran: al designio de misericordia.

Mateo 5,20-26



REFLEXIÓN

te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti

vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda

La reconciliación fraterna es una señal que nos damos, para para lograr entrar en la audiencia del Señor y ser escuchados en nuestra plegaria.

Nuestra oración se sitúa en la fraternidad, tal como lo dice el Padrenuestro: perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos…Así mostramos nuestra disposición a reconocer que somos hermanos y que Dios es padre de todos, y que reconocemos esa paternidad.

He aquí el sacramento y el signo de lo que encontramos en el Señor. Su misericordia está vinculada a nuestra capacidad de reconciliación. Nos los marca el Padrenuestro.

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BEATO CARLO


Padre -dice-, perdónalos. ¿Puede haber una oración que exprese mayor mansedumbre y amor?

 Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad
(Libro 3, cap. 5: PL 195, 582)
 
EL AMOR FRATERNO, A IMITACIÓN DE CRISTO

 

La perfección de la caridad consiste en el amor a los enemigos. A ello nada nos anima tanto como la consideración de aquella admirable paciencia con que el más bello de los hombres ofreció su rostro, lleno de hermosura, a los salivazos de los malvados; sus ojos, cuya mirada gobierna el universo, al velo con que se los taparon los inicuos; su espalda a los azotes; su cabeza, venerada por los principados y potestades, a la crueldad de las espinas; toda su persona a los oprobios e injurias; aquella admirable paciencia, finalmente, con que soportó la cruz, los clavos, la lanzada, la hiel y el vinagre, todo ello con dulzura, con mansedumbre, con serenidad. En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

 ¿Quién, al oír aquellas palabras, llenas de dulzura, de amor, de inmutable serenidad: Padre, perdónalos, no se decide al momento a amar de corazón a sus enemigos? Padre -dice-, perdónalos. ¿Puede haber una oración que exprese mayor mansedumbre y amor?

 Hizo más aún: le pareció poco orar; quiso también excusar. «Padre -dijo-, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Su pecado ciertamente es muy grande, pero su conocimiento de causa muy pequeño; por eso, Padre, perdónalos. Me crucifican, es verdad, pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Ellos me creen un transgresor de la ley, un usurpador de la divinidad, un seductor del pueblo. Les he ocultado mi faz, no han conocido mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

 Por tanto, que el amor del hombre a sí mismo no se deje corromper por las apetencias de la carne. Para no sucumbir a ellas, que tienda con todo su afecto a la mansedumbre de la carne del Señor. Más aún, para que repose de un modo más perfecto y suave en el gozo del amor fraterno, que estreche también a sus enemigos con los brazos de un amor verdadero.

 Y, para que este fuego divino no se enfríe por el impacto de las injurias, que mire siempre, con los ojos de su espíritu, la serena paciencia de su amado Señor y Salvador.


jueves, 2 de marzo de 2023

PALABRA COMENTADA

 

Jueves 1 de Cuaresma

Ester 14,1.3-5.12-14



REFLEXIÓN

temiendo el peligro inminente, acudió al Señor

El temor está de vuelta. Hace poco parecía un dogma la declaración, sobretodo sicológica sobre el temor, remordimiento y culpa. Eran signos inequívocos de trastorno e inmadurez. El imaginario sicoanalítico lo ponderaba como un estorbo para el crecimiento.

No sabemos si este tipo de influencias en la transmisión divulgada hayan hecho el efecto dañino de minusvalorar las personas y aumentar el trastorno sicótico, porque hoy parece que la vida humana en ciertas regiones no vale mucho, y segarlas no produce ni hipo.

Sin embargo se vuelve a apreciar que una dosis de remordimiento y culpa, de temor, ayuda a la prudencia, y en caso de falta, a la satisfacción del daño.

En las reglas para discernir espíritus de los ejercicios de San Ignacio de Loyola el temor y la culpa tienen valencias diferentes según su origen: buen y mal espíritu. Y según el contexto: de mal en peor bajando, o de bien en mejor subiendo. Bajando la ancha vía de la perdición, y subiendo la estrecha senda de la salvación. Imágenes clásicas para referirse al estilo de vida en el que sobretodo priman los intereses egoístas o al que invierte esfuerzos constantes en superar ese egoísmo.

Por lo tanto lo mejor es enfrentar el temor en el contexto de la misericordia del Padre, y orar por la sabiduría que nos da su Espíritu para conocer el signo y la solución al mismo.

Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido

El judaísmo creyente aseguraba y mantiene todavía una tradición sobre la maravilla de un Dios que que ha liberado y se mantiene dispuesto a seguir liberando.

Es una plataforma que sostiene un sentido de vida, una cierta felicidad espiritual, que nos ofrece un resguardo y consuelo en el malestar existencial ocasionado por los problemas.

Es cierto que otros no parecen necesitar ni echar de menos de tal tradición y sentido de fe.

Pero los que lo tenemos podemos gozarnos de un activo que es favorable, positivo y constructivo.

Salmo responsorial: 137



REFLEXIÓN

Te doy gracias, Señor, de todo corazón

Solo una convicción de fe basada en tal tradición tanto para judíos como para cristianos, hace posible entender que infantes puedan recibir algún sacramento, cuando no pueden aún discernir.

Lo contrario, si se elige, es como poner en paréntesis y suspenso la fe de vida corriente que empeñan sus padres en todo lo que hacen por la familia. De esa fe beben sin sentir esos infantes.

Daré gracias a tu nombre, / por tu misericordia y tu lealtad; / cuando te invoqué, me escuchaste, / acreciste el valor en mi alma

La bendición de mano del Señor nos provee de fortaleza y paciencia, entre otras cosas, para soportarnos en nuestra debilidad e inseguridad.

Mateo 7,7-12



REFLEXIÓN

quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre

En Jesús se nos fortalece esa tradición de la que brotará la confianza para orar y la esperanza para recibir.

Porque él vivió desde su infancia, un estilo de vida de fe que lo alentó posteriormente, a profundizar la relación con el Señor a quien llamó papito y en quien confió, hasta su trágico final.

Como el viento que empuja las velas de un navío, e incluso es factor determinante en una nave aérea moderna, facilitando o ralentando, así es el Espíritu que viene del Señor, dando paz y seguridad y paciencia en su designio.

si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos

Porque sólo el Padre es bueno y ni Jesús acepta ese apelativo. Así el contraste es mayor, ya que si somos imperfectos e incongruentes en alguna medida, pero cuando se trata de hijos y allegados accedemos a sus peticiones, cuanto más el Padre que no tiene sombra que opaque la bondad

dará cosas buenas a los que le piden

A quien lo pida aunque no sea bueno. En otra versión dará su Espíritu.

Porque es su Espíritu en su accionar en nosotros, quien nos ayuda a ver la acción del Padre en nuestras vidas como buena, y a satisfacer nuestro anhelo más profundo.

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BEATO CARLO



 De las Homilías de san Asterio de Amasea, obispo
(Homilía 13: PG 40, 355-358. 362)
 
IMITEMOS EL ESTILO DEL SEÑOR EN SU MANERA DE APACENTAR

 

Si queréis asemejaros a Dios, puesto que habéis sido hechos a su imagen, imitad su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, nombre que en sí mismo implica la bondad, imitad el amor de Cristo.

 Considerad las riquezas de su bondad, ya que, queriendo venir a los hombres haciéndose él mismo hombre, envió ante sí a Juan, como pregonero y ejemplo de penitencia, y, antes de Juan, a todos los profetas, los cuales exhortaban a los hombres a que se arrepintieran, a que volvieran a la vida, a que se enmendaran.

 Luego, al venir él en persona, clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. ¿Y cómo acogió a los que hicieron caso de esta invitación? Les concedió sin dificultad el perdón de sus pecados, al momento los libró de todo aquello que los agobiaba: el Hijo los santificó, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo fue sepultado en el agua bautismal y el hombre nuevo, regenerado, resplandeció por la gracia.

 ¿Qué se siguió de ahí? El que antes era enemigo se convirtió en amigo, el que era un extraño en hijo, el que era profano en sagrado y santo.

 Imitemos el estilo del Señor en su manera de apacentar; meditemos los evangelios y, viendo en ellos, como en un espejo, su ejemplo de diligencia y benignidad, aprenderemos a fondo estas virtudes.

 En ellos, en efecto, encontramos descrito, con un lenguaje parabólico y misterioso, a un hombre, pastor de cien ovejas, el cual, cuando una de las cien se separó del rebaño e iba errando descarriada, no se quedó con las demás que continuaban paciendo ordenadamente, sino que se marchó a buscar a la descarriada, atravesando valles y desfiladeros, subiendo montes altos y escarpados, pasando por desiertos, y así le fue siguiendo la pista con gran fatiga, hasta que la halló errante.

 Una vez hallada, no le dio de azotes, ni la hizo volver con prisas y a empujones al rebaño, sino que la cargó sobre sus hombros y, tratándola suavemente, la llevó al rebaño, con una alegría mayor por aquella sola que había encontrado que por la muchedumbre de las demás. Reflexionemos sobre el significado de este hecho, envuelto en la oscuridad de una semejanza. Esta oveja y este pastor no significan simplemente una oveja y un pastor cualquiera, sino algo más profundo.

 En estos ejemplos se esconde una enseñanza sagrada. En ellos se nos advierte que no tengamos nunca a nadie por perdido sin remedio y que, cuando alguien se halle en peligro, no seamos negligentes o remisos en prestarle ayuda, sino que a los que se han desviado de la recta conducta los volvamos al buen camino, nos alegremos de su vuelta y los agreguemos a la muchedumbre de los que viven recta y piadosamente.


miércoles, 1 de marzo de 2023

PALABRA COMENTADA

 

Miércoles 1 de Cuaresma

Jonás 3,1-10



REFLEXIÓN

Vino la palabra del Señor sobre Jonás

"¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!"

Uno es el origen, la autenticidad, la autoridad, la fuerza de la Palabra. Otro es el agente, la voz que se presta, el emisario, portavoz, o profeta que anuncia la misma.

Otro el contenido, el mensaje, el significado pertinente: aquí y ahora.

Esta conjunción de variables puede hacer todo el asunto muy complejo y demandar un prudente discernimiento.

Porque hoy, en la actualidad, se dan anuncios del fin del mundo que algunos atienden, y si suceden no se sabe, ni se nota, y más bien los agentes se desprestigian.

Quizás los significados de fin del mundo deban abrirse a otras denotaciones: fin del mundo físico o universo, fin de un orden conocido, fin de una hegemonía política, social o cultural.

En un sentido traslaticio se van dando en la historia varios fines del mundo: fin de la monarquía absoluta, fin de la esclavitud.

Pero serán fines en realidad o mutaciones? Una organización u orden puede finalizar tal y como está constituida, pero da paso a otra modalidad de poder, hasta peor. Así ha pasado con algunas revoluciones.

Pero la Palabra a través de su agente, cuando es auténtica, despierta una esperanza de cambio y concita una fe sólida, que afina la intuición, para un fin del mundo según el Espíritu.

que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos;

quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos

Porque no es magia, ni automatismo, ni se da por descontado que los gestos de conversión, son en realidad conversión auténtica. Incluso en ello debe intervenir su misericordia: en ablandar nuestro corazón.

Porque hoy como ayer para muchos, darle espacio al Señor en la consideración de los acontecimientos es una señal de fe débil, e interesada y hasta mágica.

Porque se sostiene una imagen de Dios que lo mantiene distante. Amoroso pero distante. No involucrado ni interviniente.

Hay una mala y defectuosa reflexión del Misterio y Trascendencia del Señor.

Porque quien parece distante también es cercano. Quien es misericordioso, también es exigente.

Jesús plasma con cercanía y proximidad únicas, este misterio del Padre.

Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños

Con el terremoto, maremoto y continuas réplicas en Japón, una de sus centrales nucleares ha estado en crisis. Tanto, que alguien ha denominado “apocalipsis” a esta crisis que puede ser de grandes proporciones.

Hay otras calamidades en otros lugares, y muchos ven la mano del ser humano detrás de ellas, en una u otra forma, por irresponsabilidad, ambición, codicia, injusticia.

Qué decimos los creyentes? O los que así nos consideramos? Somos creyentes para asumir estas realidades como señales para una conversión? Estamos a tiempo para ello? Será que la conversión deba ir más allá de la exclusiva actitud individual? Hacia una mayor equidad en las riquezas de los pueblos y sociedades?

vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Más que la Palabra en oráculo del profeta, este texto y libro es una narración o ficción de sabiduría sobre un tipo de profeta que no entiende el Misterio del Dios de Israel y termina aprendiéndolo.

Así es nuestra fe con esperanza, esperanza contra expectativa, que va domando nuestra rebeldía ante el Misterio del Padre, presente en nuestra historia, hasta que lo aprendemos a lidiar, soportar, tolerar y por fin amar.

En la narración de Jonás, que ubica su predicción en Nínive capital del Imperio Asirio, en su momento de poder imperial, hasta el rey termina convirtiéndose al Dios de Israel.

No hay trazas históricas de una tal conversión colectiva. Se trata de un sueño, de un deseo.

Pero es revolucionario para los tiempos en que Israel hace su reflexión sapiencial, dos o tres siglos antes de Cristo.

Porque habla del perdón infatigable de Dios, quien siempre apuesta por él y que éste alcanza también a los no israelitas, a los paganos, contra toda la opinión pública que condena a los gentiles impuros.

Jesús muestra en los evangelios ser sensible a estas proclividades del perdón y la apertura, porque las enfatiza en su predicación.

Puede ser que la conversión no dure gran cosa. Pero se hace con buena voluntad y deseo sincero.

La debilidad dará al traste muchas veces los mejores deseos. Sin embargo lo que debe permanecer en pie es su misericordia eterna y nuestra fe en su asistencia permanente.

Salmo responsorial: 50



REFLEXIÓN

Misericordia, Dios mío, por tu bondad

renuévame por dentro con espíritu firme;

La firmeza que requerimos para avanzar, siquiera un milímetro en la dirección pertinente.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; / un corazón quebrantado y humillado, / tú no lo desprecias

En nuestro mundo se dan contrastes.

Unos que se sostienen en una opinión que condena a individuos y grupos, cuyas acciones son condenables y punibles.

Otros que lavan su imagen hasta el extremo de no admitir sus culpas, para no verse humillados y dar así la razón a sus oponentes.

Hay miedo a perdonar y a pedir perdón en casos concretos. Quizá en teoría pensemos que no es así.

Porque al hacerlo perdemos imagen, que en nuestro ethos epocal es más importante que la identidad.

Un fe sólida se construye sobre la muerte permanente de la propia iniquidad e injusticia. Sin ello no es posible un cambio verdadero.

Por el llanto y el arrepentimiento. Pero también porque preferimos otro enfoque, otra visión, otra lógica, otro Logos: Jesús, su crucifixión, muerte y resurrección.

Lucas 11,29-32



REFLEXIÓN

la gente se apiñaba alrededor de Jesús

En los evangelios se dan detalles descriptivos incidentales, que revelan en su brevedad, mucho sobre Jesús y su impacto en las personas.

A Jesús se lo comían vivo. Se esperaba mucho de él. Las gentes adherían a su persona, en su permanente necesidad de todo: enseñanza, pan, afecto, sanación.

Ha pasado esta vigencia de Jesús, ha expirado? Lo que nos entrega la comunidad de creyentes a través del tiempo no corresponde más a la descripción que ahora leemos? Aún es tiempo y es oportuno rodearlo con nuestros anhelos y sueños, y necesidades? Será entonces por eso menos valiosa y auténtica nuestra fe en él?

Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás

Mucho se le demandaba a Jesús de Nazaret con el apiñamiento alrededor suyo. Quizás hasta se oye con gusto, a pesar de no pretender cambiar en nada.

Sólo los que entran en el misterio pascual de Jesús: muerte y resurrección, logran entender y sumarse al verdadero cambio.

Sin embargo hay un caveat, cuidado. No toda adhesión es de buena ley, puede pervertirse, si echa fuera de sí la consideración de la crucifixión, muerte y resurrección del Señor Jesús.

En el Señor se da mucho más que el pan y el bienestar de este mundo. Su propuesta es una vida integral, trascendente, completa. Un morir, entregar una vida, para vivir otra mejor.

ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás

Nuestra dureza de corazón para convertirnos con la buena nueva del reino es demencial, cuasi patológica. Causa el asombro del mismo Jesús.

La resurrección de Jesús puede llegar a ser, cuando es creída, el sentido de la existencia humana y la entrada en el Misterio del Padre.

Apiñarse junto a Jesús y no cambiar de vida es un contrasentido, una perversión. Y no prevalecerá.

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BEATO CARLO


CRISTO HABITA EN EL CORAZÓN CIRCUNCIDADO POR LA ORACIÓN

De las Demostraciones de Afraates, obispo
(Demostración 11, Sobre la circuncisión, 11-12: PS 1, 498-503
 
LA CIRCUNCISIÓN DEL CORAZÓN

 

La ley y la alianza antiguas fueron totalmente cambiadas. Primeramente, el pacto con Adán fue sustituido por el de Noé; más tarde, el concertado con Abraham fue reformado por el de Moisés. Mas como la alianza mosaica no fue observada, al llegar la plenitud de los tiempos vino la nueva alianza, ésta ya definitiva. En efecto, el pacto con Adán se basaba en el mandato de no comer del árbol de la vida; el de Noé en el arco iris; el de Abraham, elegido por su fe, en la circuncisión, como sello característico de su descendencia; el de Moisés en el cordero pascual, propiciación para el pueblo.

 Todas estas alianzas eran diversas entre sí. Ahora bien, la circuncisión grata a los ojos de aquel de quien procedían todas estas alianzas es la que dice Jeremías: Circuncidad el prepucio de vuestros corazones. Pues si el pacto concertado por Dios con Abraham fue firme, también éste es firme e inmutable, y ninguna ley se le puede añadir, ya venga de los que están fuera de la ley, ya de los que están sometidos a la ley.

 Dios, en efecto, dio a Moisés la ley con todas sus observancias y preceptos, mas, como ellos no la observaron, anuló la ley y sus preceptos; prometió que había de establecer una nueva alianza, la cual afirmó que sería distinta de la primera, por más que él mismo sea el autor de ambas. Y ésta es la alianza que prometió darnos: Todos me conocerán, desde el pequeño al grande. Y en esta alianza ya no existe la circuncisión carnal como signo de pertenencia a su pueblo.

 Sabemos con certeza, queridos hermanos, que Dios impuso, en las diversas generaciones, unas leyes, que estuvieron en vigor hasta que él quiso y que más tarde quedaron anuladas, tal como dice el Apóstol, a saber, que el reino de Dios subsistió antiguamente en multitud de semejanzas, según las diversas épocas.

 Ahora bien, nuestro Dios es veraz y sus preceptos son fidelísimos; por esto cada una de las alianzas fue en su tiempo firme y verdadera, y los circuncisos de corazón viven y son de nuevo circuncidados en el verdadero Jordán, que es el bautismo para el perdón de los pecados. Jesús, hijo de Nun, o sea Josué, circuncidó al pueblo por segunda vez con un cuchillo de piedra, cuando él y su pueblo atravesaron el Jordán; Jesús, nuestro salvador, circuncida por segunda vez, con la circuncisión del corazón, a todos los que creen en él y reciben el baño bautismal, los cuales son circuncidados con la espada, que es la palabra de Dios, más tajante que espada de dos filos.

 Jesús, hijo de Nun, introdujo al pueblo en la tierra prometida; Jesús, nuestro salvador, ha prometido la tierra de la vida a todos los que atraviesen el verdadero Jordán, crean y sean circuncidados en su corazón.

 Dichosos, pues, los que han sido circuncidados en el corazón y han renacido de las aguas de la segunda circuncisión; éstos recibirán la herencia junto con Abraham, guía fidedigno y padre de todos, ya que su fe le fue reputada como justicia.

REFLEXIÓN

Afraates "el Sabio" en las audiencias de Benedicto XVI

(Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles 14 de noviembre de 2007 en la que presentó del obispo Afraates el «Sabio», «uno de los personajes más importantes y, al mismo tiempo, más enigmáticos del cristianismo siríaco del siglo IV)

En nuestro viaje al mundo de los Padres de la Iglesia, hoy quisiera guiaros hacia una parte poco conocida de este universo de la fe, es decir, a los territorios en los que florecieron las Iglesias de lengua semítica, aún no influidas por el pensamiento griego. Esas Iglesias se desarrollaron a lo largo del siglo IV en Oriente Medio, desde Tierra Santa hasta el Líbano y Mesopotamia.

Durante aquel siglo, que fue un período de formación a nivel eclesial y literario, en dichas comunidades se manifestó el fenómeno ascético-monástico con características autóctonas, que no experimentaron la influencia del monaquismo egipcio. De este modo, las comunidades siríacas del siglo IV fueron una representación del mundo semítico del que salió la Biblia misma, y fueron expresión de un cristianismo cuya formulación teológica aún no había entrado en contacto con corrientes culturales diversas, sino que vivía de formas de pensamiento propias. Fueron Iglesias en las que el ascetismo bajo varias formas eremíticas (eremitas en el desierto, en las cuevas, recluidos y estilitas) y el monaquismo bajo formas de vida comunitaria desempeñaron un papel de vital importancia para el desarrollo del pensamiento teológico y espiritual.

Quisiera presentar este mundo a través de la gran figura de Afraates, conocido también con el sobrenombre de «Sabio», uno de los personajes más importantes y, al mismo tiempo, más enigmáticos del cristianismo siríaco del siglo IV.

Originario de la región de Nínive-Mosul, hoy Irak, vivió en la primera mitad del siglo IV. Tenemos pocas noticias sobre su vida; de todos modos, mantuvo relaciones estrechas con los ambientes ascético-monásticos de la Iglesia siríaca, sobre la que nos transmitió algunas noticias en su obra y a la cual dedicó parte de su reflexión. Según algunas fuentes, dirigió incluso un monasterio y, por último, fue consagrado obispo. Escribió veintitrés discursos conocidos con el nombre de «Exposiciones» o «Demostraciones», en los que trató diversos temas de vida cristiana, como la fe, el amor, el ayuno, la humildad, la oración, la misma vida ascética y también la relación entre judaísmo y cristianismo, entre Antiguo y Nuevo Testamento. Escribió con un estilo sencillo, con frases breves y con paralelismos a veces contrastantes; sin embargo, logró hacer una reflexión coherente, con un desarrollo bien articulado de los varios argumentos que afrontó.

Afraates era originario de una comunidad eclesial que se encontraba en la frontera entre el judaísmo y el cristianismo. Era una comunidad muy unida a la Iglesia madre de Jerusalén, y sus obispos eran elegidos tradicionalmente de entre los así llamados «familiares» de Santiago, el «hermano del Señor» (Cf. Marcos 6,3), es decir, eran personas con vínculos de sangre y de fe con la Iglesia jerosolimitana. La lengua de Afraates era el siríaco, por tanto, una lengua semítica como el hebraico del Antiguo Testamento y el aramaico hablado por el mismo Jesús. La comunidad eclesial en la que vivió Afraates era una comunidad que trataba de permanecer fiel a la tradición judeocristiana, de la que se sentía hija. Por eso, mantenía una relación estrecha con el mundo judío y con sus libros sagrados. Afraates se definía significativamente a sí mismo como «discípulo de la Sagrada Escritura» del Antiguo y del Nuevo Testamento («Exposición» 22, 26), que consideraba su única fuente de inspiración, recurriendo a ella tan a menudo hasta el punto de convertirla en el centro de su reflexión.

Los argumentos que Afraates desarrolló en sus «Exposiciones» son variados. Fiel a la tradición siríaca, presentó a menudo la salvación realizada por Cristo como una curación y, por consiguiente, a Cristo mismo como médico. En cambio, considera el pecado como una herida, que sólo la penitencia puede sanar: «Un hombre que ha sido herido en batalla —decía Afraates—, no se avergüenza de ponerse en las manos de un médico sabio (…); del mismo modo, quien ha sido herido por Satanás no debe avergonzarse de reconocer su culpa y alejarse de ella, pidiendo el remedio de la penitencia» («Exposición» 7, 3).

Otro aspecto importante de la obra de Afraates es su enseñanza sobre la oración y, en especial, sobre Cristo como maestro de oración. El cristiano reza siguiendo la enseñanza de Jesús y su ejemplo orante: «Nuestro Salvador ha enseñado a rezar diciendo así: “Ora en lo secreto a Quien está escondido, pero ve todo”; y también: “Entra en tu aposento y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6,6) (…). Lo que nuestro Salvador quiere mostrar es que Dios conoce los deseos y los pensamientos del corazón» («Exposición» 4, 10).

Para Afraates, la vida cristiana se centra en la imitación de Cristo, en tomar su yugo y en seguirlo por el camino del Evangelio. Una de las virtudes más convenientes para el discípulo de Cristo es la humildad. No es un aspecto secundario de la vida espiritual del cristiano: la naturaleza del hombre es humilde, y Dios la eleva a su misma gloria. La humildad —observó Afraates— no es un valor negativo: «Si la raíz del hombre está plantada en la tierra, sus frutos suben ante el Señor de la grandeza» («Exposición» 9, 14). Siendo humilde, incluso en la realidad terrena en la que vive, el cristiano puede entrar en relación con el Señor: «El humilde es humilde, pero su corazón se eleva a alturas excelsas. Los ojos de su rostro observan la tierra y los ojos de su mente la altura excelsa» («Exposición» 9, 2).

La visión del hombre y de su realidad corporal que tenía Afraates es muy positiva: el cuerpo humano, siguiendo el ejemplo de Cristo humilde, está llamado a la belleza, a la alegría y a la luz: «Dios se acerca al hombre que ama, y es justo amar la humildad y permanecer en la condición de humildad. Los humildes son sencillos, pacientes, amados, íntegros, rectos, expertos en el bien, prudentes, serenos, sabios, tranquilos, pacíficos, misericordiosos, dispuestos a convertirse, benévolos, profundos, ponderados, hermosos y deseables» («Exposición» 9, 14).

En Afraates la vida cristiana se presenta a menudo con una clara dimensión ascética y espiritual: la fe es su base, su fundamento; transforma al hombre en un templo donde habita Cristo mismo. Así pues, la fe hace posible una caridad sincera, que se expresa en el amor a Dios y al prójimo. Otro aspecto importante en Afraates es el ayuno, que interpretaba en sentido amplio. Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo y virgen, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedad de los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.

Queridos hermanos y hermanas, regresemos una vez más —para concluir— a la enseñanza de Afraates sobre la oración. Según este antiguo «Sabio», la oración se realiza cuando Cristo habita en el corazón del cristiano, y lo invita a un compromiso coherente de caridad con el prójimo. En efecto, escribió: «Consuela a los afligidos, visita a los enfermos, sé solícito con los pobres: esta es la oración. La oración es buena, y sus obras son hermosas. La oración es aceptada cuando consuela al prójimo. La oración es escuchada cuando en ella se encuentra también el perdón de las ofensas. La oración es fuerte cuando rebosa de la fuerza de Dios» («Exposición» 4, 14-16).

Con estas palabras, Afraates nos invita a una oración que se convierte en vida cristiana, en vida realizada, en vida impregnada de fe, de apertura a Dios y, así, de amor al prójimo.