sábado, 2 de marzo de 2024

PALABRA COMENTADA

PALABRA COMENTADA

 

Sábado 2 de Cuaresma

Miqueas 7,14-15.18-20



REFLEXIÓN

Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza

Los tonos y modalidades de petición sobre un nuevo sumo pontífice católico, que ha de ser elegido en un cónclave, pueden ser variados como una lista de deseos.

Delinean un perfil supuestamente apto y acorde para comprender el mundo, orgullosamente cambiante y progresista.

Pero desde una actitud de fe en el Señor y su designio del reino, nuestra oración deberá ser más bien asumir el liderazgo que emerge como pastor supremo con obediencia de fe, aunque no nos guste.

No es el carisma de la imagen lo que puede definir la realidad más conveniente, sino el carisma del Espíritu, que nos conduzca a la verdad completa, a través de la conversión sincera al evangelio.

Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad?

Una divinidad muy especial, no caprichosa como las de otros pueblos, que someten a sus fieles a la inestabilidad de su temperamento en el momento. 

Son los profetas, voz del Señor, quienes ponen ciertos acentos que semejan rasgos humanos temperamentales en la fidelidad amorosa del Señor. 

Se sujetó Él a nuestro lenguaje y pasión, para dar a entender su mensaje.

Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos

El Señor se compadece siempre, no para desviarse del designio del reino, sino para volvernos a convocar a él.

La comprensión a la que el mundo aspira no puede ser contraria al reino del Señor Jesús, que se orienta a la justicia, la paz, el amor de ágape.

Él hace que las cosas sean nuevas. 

Es nuestro corazón apegado el que envejece y se aferra a la memoria meramente histórica, aunque no salvífica.

El Espíritu que nos asiste a leer con fe la historia, sus acontecimientos y eventos, nos permite contemplar un hilo conductor salvífico.

También la Palabra que se expresa en nuestra pasión se ha cubierto de la sospecha, el miedo y el remordimiento de culpa, temiendo al Señor en vez de amarlo y descansar en su amor.

El efecto más profundo de la iniquidad del pecado es la duda, la inquietud, la incertidumbre, la paranoia sobre el amor y fidelidad del Señor.

Los ídolos que nos creamos a cada paso y en los que depositamos nuestro déficit de confianza, son pretensiones de la seguridad que no vivimos pero anhelamos.

Y no se nos dará falsa y fácil seguridad, sino la de la Palabra hecha carne, sangre e historia en Jesús de Nazareth.

Salmo responsorial: 102



REFLEXIÓN

Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios

El Espíritu nos ayuda a agradecer siempre los beneficios de tu amor por nosotros. 

Que sepamos hacer siempre memoria sobre cómo estás trabajando amorosamente por nosotros, tejiendo la salvación.

No olvidemos los beneficios del Señor, no porque necesite de nuestra memoria para seguir siendo, sino porque nos conviene tener memoria para seguir siendo. 

Los pueblos que pierden la memoria vuelven a los mismos vicios y errores.

El Espíritu en el salmo nos inspira memoria de los favores del Señor: ha estado de nuestro lado, ha dado respuesta a nuestra fragilidad.

Por lo tanto en vez de aferrarme al ídolo de mis manos, debo hacer memoria. 

El memorial perpetuo es Jesús de Nazareth.

Él perdona todas tus culpas / y cura todas tus enfermedades

él rescata tu vida de la fosa / y te colma de gracia y de ternura

La enfermedad y la fosa conjuntamente se mencionan como el final que no deseamos y resistimos.

La salud, la curación y el no permanecer en la fosa figuran como la antítesis de ese final: una realidad gloriosa, permanente, que se nos abre desde ahora.

Lo podemos contemplar si somos pobres y vivimos congruentes en la espera de la salvación, únicamente de su mano, en un sentido total, radical, absoluto, integral. 

Porque nuestros sueños en Él se transforman en realidades que ni reconocemos.

Jesús es el sí de este Señor de perdón y sanador. El Dios de la vida, y el Dios que es amor. 

Jesús en su carne inadvertida, con su atuendo campesino, su deambular sin reposo e infatigable, multiplicando gestos y palabras que buscan convencer.

No está siempre acusando / ni guarda rencor perpetuo

Como el maligno que siempre acusa y culpa y amedentra.

Se muestra trascendente: distinto, único, irrepetible, respecto de nuestro modo humano de proceder.

Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles

El aliado de la identidad del Señor y su designio, su reinado de salvación y liberación, es la negación de toda realidad humana que pueda sustituirlo.

Es un ejercicio que puede parecer y sentirse caótico, que induce inestabilidad, pero abre el espíritu a realidades mayores, a dimensiones inéditas, que contrastan pero subliman toda la creación.

Por eso Jesús ni siquiera para sí aceptaba el título de bueno. Tal es la trascendencia del Señor, único en su bondad.

Esta expresión es una forma gráfica, una imagen de la originalidad irrepetible del Señor.

Lucas 15,1-3.11-32



REFLEXIÓN

solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos

Como hoy y como siempre Jesús de Nazareth goza de dos tipos de auditorio: los que se nutren de su Palabra y los que murmuran, resistiéndose.

Publicanos y pecadores eran entonces una clase social despreciada, en la parte inferior de la pirámide social.

Relacionarse con ellos, con la frecuencia que lo hacía Jesús, tal como lo mencionan los evangelios, era como una declaración pública de simpatizar o pertenecer a esa clase social.

Cómo podría aceptarse que desde ese estrato se dieran lecciones de moral, conocimiento y obediencia al Dios de Israel?

Ese Dios según las clases altas, cultas, apegadas a la santidad del templo y la sinagoga, se tenían por conocedores y adoradores del verdadero Dios.

Así la confrontación tenía un claro rasgo teológico: dos concepciones de Dios, que afectaban la praxis de la vida cotidiana.

Un auditorio inusitado e indeseable, que no lo prestigiaba precisamente como un maestro digno de respeto. 

Jesús hizo gala de gran libertad frente a las censuras sociales, y las castas. Era la gente a la que nadie les había ofrecido la oportunidad de conocer al Dios de Israel y su oferta de salvación. 

Para ellos Jesús era alguien fascinante en la dedicación ofrecida y tenían conciencia que no se lo merecían, no al menos por mérito social concedido por las elites.

"Ése acoge a los pecadores y come con ellos."

Pero no es que Jesús los desplazara o rechazara de su mesa y hospitalidad. 

Ellos se auto marginaban, porque los hería en su santidad y autoestima la compañía de esta hez social. 

Su gesto era una negativa a la fraternidad que Jesús pretendía.

y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente

Una mala cabeza, como tantos jóvenes que podemos encontrar en esta generación: viven al día, gastan lo que no tienen en placer y diversión. 

Su anhelo de autonomía es poder gastar sin restricción, en el consumismo que incita la economía del lucro.

y empezó él a pasar necesidad

En una ocasión de malestar se presentó para él una oportunidad de reflexionar y empezar a cambiar. Se abrió paso en sí su si mismo, su identidad auténtica.

Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros

La conversión del hijo arruinado, es por necesidad, porque activa la memoria de un hogar que abandonó, pero que satisfaría sus necesidades, aunque fuera como jornalero.

El pecador que hace conciencia de quién es él en cuanto pecador, inicialmente no reconoce en el Señor a su Padre, pero aspira a un rincón en su casa, en su providencia.

cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo

Igual la parábola podría titularse: el hijo sorprendido. 

Porque el amor, la ternura, la compasión y la generosidad del Padre exudan abundantes en su beso y abrazo. 

Para la elite que protegía y defendía celosamente el nombre de Dios, innombrable y sin imagen, exigente y minucioso tras la normativa cotidiana de la Torá, escuchar de un Dios Padre todo perdón y ternura, casi como si Él fuera el culpable, con un hijo pecador por su propia libertad y decisión, impuro cuidador de cerdos, licencioso e ingrato, era un escándalo, que se verá reflejado en el hijo mayor, quien no entiende al Padre.

Es un reencuentro de identidades: la del Padre que siempre lo fue, asomándose a ver si el hijo regresaba. La del hijo, cuya sorpresa es encontrar un amor de Padre, cuando esperaba al menos una amonestación.

Es una manera de decir: lo de menos es lo que hiciste, lo importante es que has vuelto a ser mi hijo.

sin desobedecer nunca una orden tuya

Casi nos ponemos del lado del hijo mayor y nos sentimos escandalizados de este modo de actuar. 

Los sicólogos dirían hoy que este padre permisivo fomentaba acciones incorrectas en el hijo descarriado. 

Hasta se condenaría al Padre por ser un mal padre perdonador y cómplice del vicio del hijo.

Y precisamente la parábola quiere retar la lógica que establece parámetros al amor desbordante, loco si se quiere, del Padre.

deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado

El hijo mayor vivía con su padre pero no se sentía hijo.

Vivir como hijo con el Padre significa vivir su generosidad para todos sin miedo a perder nada.

En el hijo derrochador la impronta de su padre amoroso estaba profunda en su interior y posibilitó que recuperara la memoria salvífica.

La generosidad del Padre nos golpea el rostro porque debemos reconocer que no lo somos tanto, sino en algún grado mezquino, que medimos a Dios por nuestro rasero.

Habríamos de mostrar más humildad en romper los cercos que nos construimos y en donde nos afincamos, para vivir exclusivamente nuestra verdad de Dios y los demás.

Hay más alegría por la oveja perdida recobrada que por las cien que aguardan seguras en el rebaño.

El padre no niega razón a la indignación del otro hijo. Pero no se deja arrastrar por ella, porque la alegría es mayor y más importante. Y el Padre comprende al Hijo mayor y lo gana para su gozo. 

Porque los verdaderos hijos acaban entendiendo que todos somos familia y que el perdón es lo único que nos mantiene unidos.

Es lo que termina sugiriendo Jesús a la elite. En vez de acechar y andar celosos y escandalizados, alégrense que los distanciados, los excluidos, tienen su oportunidad.

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Miqueas 7,14-15.18-20

Salmo responsorial: 102

Lucas 15,1-3.11-32

DOCTORES DE LA IGLESIA

DOCTORES DE LA IGLESIA

 


San Ambrosio Huida del mundo 6,36; 7,44; 8,45; 9,52

Donde está el corazón del hombre allí está también su tesoro; pues el Señor no suele negar la dádiva buena a los que se la han pedido. Y ya que el Señor es bueno, y mucho más bueno todavía para con los que le son fieles, abracémonos a él, estemos de su parte con toda nuestra alma, con todo el corazón, con todo el empuje de que seamos capaces, para que permanezcamos en su luz, contemplemos su gloria y disfrutemos de la gracia del deleite sobrenatural. Elevemos, por tanto, nuestros espíritus hasta el Sumo bien, estemos en él y vivamos en él, unámonos a él, ya que su ser supera toda inteligencia y todo conocimiento, y goza de paz y tranquilidad perpetuas, una paz que supera también toda inteligencia y toda percepción. Éste es el bien que lo penetra todo, que hace que todos vivamos en él y dependamos de él, mientras que él no tiene nada sobre sí, sino que es divino; pues no hay nadie bueno, sino sólo Dios, y por lo tanto todo lo bueno, divino, y todo lo divino, bueno; por ello se dice: Abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente; pues por la bondad de Dios se nos otorgan efectivamente todos los bienes sin mezcla alguna de mal. Bienes que la Escritura promete a los fieles al decir: Lo sabroso de la tierra comeréis. 

REFLEXIÓN

Apegarnos al Sumo Bien resulta entonces la cima del ágape, el amor en sentido prístino y ejemplar, atracción de todo amor menos puro e imperfecto. Sólo Dios único Bueno lo puede atraer, desde unos bienes relativos y a medio hacer, entre los que nos ensayamos para amar hasta la cumbre. Amar así no es fácil, pero es posible con su ayuda, que no se niega jamás.

viernes, 1 de marzo de 2024

PALABRA COMENTADA

PALABRA COMENTADA

 

Viernes 2 de Cuaresma

Génesis 37,3-28



REFLEXIÓN

Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas

Algunos detalles de la historia prefiguran rasgos de Jesús de Nazareth: el amor de su Padre, el celo de los hermanos que desean matarlo, su venta a los de fuera, la capacidad soñadora o visionaria de José.

Se dice que alguien quiso liberar a los que veían sombras al fondo de la caverna de Platón, diciéndoles que eran sombras, y la realidad estaba a sus espaldas. 

La reacción fue asesinarlo: muerte al libertador.

Eco o no de un mito, éste es también un eco de realidades que se viven. Porque muchos que tienen sueños de cambio, visión de realidades diferentes a las vigentes, son amenazados y liquidados, ya que atentan contra la seguridad del presente en el actual orden de cosas.

Sin embargo el Señor para el proceso de realización de su designio, que es su sueño, nos sigue convocando y nos apoya en los riesgos.

Un educador también es un visionario, pero tiene en cuenta los sueños de sus educandos, para que tengan presente los elementos que pueden viabilizar su realización. 

Las resistencias que encuentra en muchos de sus aprendices es parte del proceso de aprender que los sueños también tienen un protocolo o procedimiento para llegar a ser verdad. Y esto puede impacientar y hasta irritar. En casos extremos hasta provocar violencia.

La antipatía que el Magisterio católico despierta en muchos, radica en algo así. Contraría la expectativa de los sueños de la gente, porque señala un protocolo para realizarse. No es que no acepte los sueños del mundo, sino que busca no se conviertan en pesadillas.

Éstos se llevaron a José a Egipto

Hacer la lectura de la Palabra en perspectiva, como seres temporales e históricos, permite contemplar la línea del designio del Señor, y cómo todos, aún con autonomía, convergemos en su logro salvífico.

Curiosamente Islámicos e Israelitas mantienen un debate sobre cuál es el pueblo de la promesa: si Ismael o Isaac, ambos hijos de Abraham.

En el relato intervienen los ismaelitas como medio para que José llegue a Egipto, lugar que resolverá la subsistencia de Israel y muchos pueblos, por medio de José.

El texto nos propone una Palabra de esperanza y confianza en la presencia del Señor en las diversas circunstancias históricas, que los hombre y mujeres experimentamos en conflicto.

Salmo responsorial: 104



REFLEXIÓN

 por delante había enviado a un hombre, / a José, vendido como esclavo

La potencialidad humana para recuperarse, crecer y lograr cosas relevantes de impacto para muchos es una lección de la historia, constante y frecuente.

Igual se da para logros positivos que para los negativos. 

Nos ayuda a respetar la riqueza y dignidad de todo hombre y mujer desde su origen y diversidad, por la capacidad que podrá desplegar en el futuro.

Y aun en la discapacidad se podrá contemplar la llamada del designio del Señor a cooperar con su solidaridad y ternura.

y la palabra del Señor lo acreditó.

La esperanza del Justo consiste en la acreditación de parte del Señor. Como Jesús de Nazaret cuando fue resucitado, mostrando el Padre su carácter de justo y enviado por Él.

Mateo 21,33-43.45-46



REFLEXIÓN

os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos

Una amenaza que pende sobre nuestra libertad humana: ser constructores del reino que produzca frutos para el Señor o perderlo.

Es una palabra que se mantiene abierta al futuro para ir concretando el reino histórico de Jesús con aquellos que son fieles.

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos

Más que nada una clase dirigente que se reproduce infinitamente, ocupada más bien en sus propios intereses, que en el servicio al designio. 

Son los que tienen más responsabilidad por su poder de decisión social. Pero nuestra decisión individual también puede serle cómplice y perpetuarlos.

El proceder del Padre no es vengativo. Es educativo hacia una conversión de las malas obras. Se busca un pueblo que sí cuide la viña y respete al hijo, desechando el anterior. Pero a la postre como dice Pablo, el desechado también tendrá su oportunidad.

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Génesis 37,3-28

Salmo responsorial: 104

Mateo 21,33-43.45-46

DOCTORES DE LA IGLESIA

BEATO CARLO


 Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
                          (Libro 4, 16, 2.5: SC 100, 564-572)


LA ALIANZA DEL SEÑOR


Moisés, en el Deuteronomio, dice al pueblo: El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb; no hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros. ¿Por qué no hizo la alianza con los padres? Porque la ley no fue instituida para los justos; los padres, en efecto, eran justos y tenían escrito en su interior el contenido del decálogo, amando a Dios, su Creador, y absteniéndose de toda injusticia contra el prójimo; por esto no necesitaron la conminación de una ley escrita, ya que llevaban en su corazón los mandatos de la ley.

Pero al caer en olvido y extinguirse la justicia y el amor de Dios, durante la permanencia en Egipto, fue necesario que Dios, por su gran benevolencia hacia los hombres, se manifestara a sí mismo de palabra.

Con su poder sacó al pueblo de Egipto, para que el hombre volviera a ser discípulo y seguidor de Dios; y lo atemorizó con su palabra, para que no despreciara a su Hacedor.

Lo alimentó con el maná, alimento espiritual, como dice también Moisés en el Deuteronomio: Te alimentó con el maná, que no conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo se vive de pan, sino de cuanto sale de la boca de Dios.

Además, le ordenó el amor de Dios y la justicia para con el prójimo, para que no fuese injusto ni indigno de Dios, disponiendo así al hombre, por medio del decálogo, para su amistad y la concordia con el prójimo; todo ello en provecho del hombre, ya que Dios ninguna necesidad tiene del hombre.

Todo esto contribuía a la gloria del hombre, otorgándole la amistad con Dios, de la que estaba privado, sin que nada añadiera a Dios, ya que él no necesita del amor del hombre.

El hombre, en cambio, se hallaba privado de la gloria de Dios, que sólo podía obtener por la sumisión a él. Por esto Moisés decía también al pueblo: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra.

Y, queriendo disponer al hombre para esta vida, el Señor promulgó por sí mismo el decálogo, para todos sin distinción; y, con su venida en carne, este decálogo no fue abolido, sino que sigue en vigor, completado y aumentado. En cambio, no promulgó por sí mismo al pueblo los preceptos que implican servidumbre, sino que los promulgó por boca de Moisés, como afirma el mismo Moisés: En aquella ocasión el Señor me mandó que os enseñara, mandatos y decretos.

Aquellos preceptos, pues, que implicaban servidumbre y tenían el carácter de signo fueron eliminados por el nuevo Testamento de libertad; en cambio, los que eran de ley natural, liberadores y comunes a todo hombre, los completó y perfeccionó, dando a los hombres, con suma liberalidad y largueza, el conocimiento de Dios como Padre adoptivo, para que lo amasen de todo corazón y siguieran al que es su Palabra sin desviarse.

jueves, 29 de febrero de 2024

PALABRA COMENTADA

PALABRA COMENTADA

 

Jueves 2 de Cuaresma

Jeremías 17,5-10



REFLEXIÓN

Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor.

Una experiencia amarga, que debe hacerse antes que después en la vida, es la que se configura en la decepción específica de un ser humano sobre otro.

Se trata de una piedra para construir, no necesariamente de un derrumbe, aunque se siente como tal.

Cuando la carne débil es glorificada como un dios, produce un efecto subyugador que enamora y aliena. Despertar y mantener la lucidez frente a este deslumbramiento es una tarea tenaz, de mucha convicción.

En esa tarea contamos con el Espíritu que nos ilumina y despierta de la muerte, en la que nos vamos introduciendo.

La carne espiritual, como condensación de humanidad, del modo humano de ser y proceder, tiende a aliarse con la carne débil, esperando superar su congénita debilidad y volatilidad. 

El anhelo de no ser debilidad y vulnerabilidad, la lleva a odiar su estirpe o apegarse desordenadamente. 

La ascesis desencarnada, el odio fratricida, la lujuria y el erotismo pervertidos son géneros de ensayos de solución. 

Pero para unos en poco tiempo, para otros hasta entrada la vejez, cuando la carne se amustia, una experiencia va precipitando su esencia hasta volverla una frustrada convicción: la carne no salva al anhelo profundo de supervivencia, al gemido de ser más, inscrito en sus tuétanos.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto

Cuando el corazón se preserva con la Palabra es posible esquivar esa fascinación y mantener distancia prudencial de cualquier adoración de la carne.

Se da una lucha que puede ser muy larga y durar toda la vida. Una crucifixión de la carne para que resplandezca finalmente con la vida que no se corrompe.

Desengañados de nosotros mismos, y anhelantes de solidez, arribamos como olas en la arena, a la fe en el Señor. 

Nuestra ventaja es que Él lo sabe y su aceptación está ofrecida por su misericordia.

en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto

Los apegados al Señor son señales para tiempos de crisis, porque su lozanía y frescura anima a otros a seguir esperando, a confiar, a hacer la experiencia de confianza en el Señor, y así sentir la vida en la muerte.

Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones

Parece concurrir con el diagnóstico del emotivismo en nuestro tiempo. 

Hay que profundizar más en la facultad que más estabilidad da al hombre: la razón. 

Sin embargo hay que aceptar que también ella se enferma y contradice gravemente los intereses del corazón. 

Ver con los ojos del corazón parece desde la literatura antigua una sabiduría popular que es sinónimo de acierto. 

Pero parece que la palabra del Señor pone en cuestión esta sabiduría. Podríamos decir que en forma radical, no hay nada que no esté enfermo en el ser humano, hombre o mujer.

Se trata de una profecía sabia, que más que denunciar, alienta y persuade a un cambio de carril. Entender la veleidad del corazón y cuán enfermo puede ser persuade al desapego.

Por sus apegos y desapegos ciegos, miopes, estrábicos, astigmáticos, deformantes.

Nos hace caer una y otra vez. Es lábil al engaño del seductor. Es contradictorio e incongruente en sus filias y fobias.

Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones

Es nuestra última esperanza: alguien que nos ame tanto, más allá de nosotros mismos, que salve lo salvable porque sabe mirar nuestra hondura.

 

Salmo responsorial: 1



REFLEXIÓN

ni se sienta en la reunión de los cínicos(luts:desdeñoso, menospreciador)

La dificultad del momento, en la producción de una sinergia de comunicación que unifique la buena voluntad de hombres y mujeres, se encuentra en el lenguaje cínico, que puede o no, estar vinculado con el desdén de los valores tradicionales e institucionales.

Se trata de una secuela masificada y ya entrevista por algunos pensadores del ocaso del idealismo y del auge del materialismo.

Pero así como hay quienes pervirtieron el idealismo, por encubrir sus crímenes con la predicación de valores venerables, también encontramos materialistas, que recusan la transformación espiritual de la materia, para anclarse en el mero consumo placentero.

No hay posibilidad de sanar las patologías sino mediante una terapia curativa o preventiva. Sólo el discernimiento evangélico de la Palabra nos puede ayudar a amar con el corazón y la razón, esquivando sus desvíos y abismos.

sino que su gozo es la ley del Señor

Cuando entendemos ley como Palabra venida del Señor para nuestra vida verdadera, entonces salimos de la equivocidad de la norma que no da vida, sino que se la prestan.

da fruto en su sazón

Madurado con la brisa y el calor del sol del Espíritu que tiene su propio tiempo.

y cuanto emprende tiene buen fin

Lo cual no significa automáticamente que tenga éxito. Tener buen fin, como nos enseña Ignacio en las reglas de discernimiento, es iniciar, proseguir y terminar todo bien. 

Se trata de un proceso que hay que vigilar para que no sufra desviaciones.

Lucas 16,19-31



REFLEXIÓN

con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico

Se trata de un cuadro de miseria sobrecogedor como el de nuestros miserables en las ciudades de nuestro entorno.

Da una medida de tiempo próspero para algunos, que es gastada en la opulencia ofensiva contra la necesidad de otros.

Y un tiempo triste del sufrimiento por hambre, y una situación depresiva de miseria.

Estos tiempos, para nosotros eternos e insufribles, tienen límite. 

Las situaciones en sus predios son reversibles, y hasta por revolución o cambio sociopolítico, se puede dar la vuelta en contrario.

Hoy quizás por los medios de comunicación somos más conocedores de los tumultos de cambio que se están dando en el planeta. 

Se siente una impaciencia en progresión de avanzada: un hambre de cambio, resarcimiento, equidad y hasta desquite.

La impaciencia toma caracteres anárquicos que nos parecen abusivos, pero que deben ser ubicados en un contexto más amplio para entenderlos.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron.

La pastoral de la liberación, que dio pie a la teología del mismo nombre, reinterpretó los tiempos para el cambio. 

Se rebeló contra la anterior orientación que sostenía se debía pacientemente esperar y resignarse, para que en la eternidad se diera el cambio.

Fue una buena señal de los tiempos por parte del Espíritu del Señor. Nos despertó del conformismo, hasta de la crueldad e indolencia, con la que mirábamos el sufrimiento de colectividades, por hambre y violencia.

Esta tendencia oscureció y opacó algo que no ha sido retirado del anuncio de la Palabra y tiene significación aún: sí hay eternidad que signifique reversión definitiva de la injusticia y la iniquidad. Las luchas y logros temporales. no son la justicia eterna, por más que la anticipen y anuncien.

entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros

La distancia entre ricos y pobres, ocupa un lugar relevante en el evangelio de Jesús de Nazareth. No se reconcilian ni después de la muerte, según la parábola.

De aquí podemos sacar teorías sobre luchas de clases y revolución social, como auspiciadas por el mismo mensaje de Jesús.

"Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen."

Seguimos bajo este ámbito, porque la carne aun en procura de equidad es débil y el corazón humano, que alberga sentimientos de justicia, es volátil.

Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto

Pero hay otro método, el evangélico: escuchar la Palabra, para hacer caso de la resurrección de Jesús de Nazareth, cuyo camino no es el odio de clases, ni el caos social, aunque su mensaje no oculte la distancia infranqueable entre ricos y pobres.

Sería Lázaro resucitado una ocasión para que algunos escucharan? Y Jesús resucitado lo ha sido? 

No obstante poseer la convicción del Señor Jesús resucitado, y dar testimonio de ello, la comunidad en torno a Jesús vivo por el Espíritu, no dejó de seguir escuchando la ley y los profetas, con clave de Jesús.

Se pensará erróneamente, entonces, que Jesús, como muerto resucitado, cae bajo su propia sentencia sobre los que no escuchan, vean lo que vean y oigan lo que oigan. 

Lo cual sería desconocer la profundidad de la transformación humana que significó Jesús resucitado.

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Jeremías 17,5-10

Salmo responsorial: 1

Lucas 16,19-31

DOCTORES DE LA IGLESIA

DOCTORES DE LA IGLESIA

 


JUEVES II SEMANA DE CUARESMA

San Hilario Salmo 127,1-3

El temor, en efecto, se define como el estremecimiento de la debilidad humana que rechaza la idea de tener que soportar lo que no quiere que acontezca. Existe y se conmueve dentro de nosotros a causa de la conciencia de la culpa, del derecho del más fuerte, del ataque del más valiente, ante la enfermedad, ante la acometida de una fiera o el padecimiento de cualquier mal. Nadie nos enseña este temor, sino que nuestra frágil naturaleza nos lo pone delante. Tampoco aprendemos lo que hemos de temer, sino que son los mismos objetos del temor los que suscitan en nosotros el consentimiento del temor. En cambio, del temor del Señor así está escrito: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. De manera que el temor de Dios tiene que ser aprendido, puesto que se enseña. No se le encuentra en el terror, sino en el razonamiento doctrinal; ni brota de un estremecimiento natural, sino que es el resultado de la observancia de los mandamientos, de las obras de una vida inocente y del conocimiento de la verdad. Pues, para nosotros, el temor de Dios reside todo él en el amor, y su contenido es el ejercicio de la perfecta caridad: obedecer a sus consejos, atenerse a sus mandatos y confiar en sus promesas. 

REFLEXIÓN

Nuestro discurrir, entre conceptos, pensamientos y afectos, necesita escarbar y perforar sentidos de la expresión oral humana, porque se va cubriendo de capas, como la tierra se cubre de nuevas capas geológicas. Y la expresión temor de Dios es una que nos pone en la tarea de seleccionar el sentido más congruente con el conjunto del conocimiento teológico que nos transmite una Revelación del Dios misericordioso. Con este atributo debe ser matizado todo lo que digamos.