miércoles, 31 de diciembre de 2025

PALABRA COMENTADA



 

día 7 de la octava de Navidad

1Juan 2,18-21



REFLEXIÓN

Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final

Es un momento final. Como muchos. Anticipo del final final.

Un día que artificialmente finaliza un periodo. Un momento que sirve de conclusión y relanzamiento. Un momento que quisiéramos contuviera la realización de las promesas no realizadas. O realizadas parcialmente.

Es el momento de la esperanza reafirmada en la intervención del Señor dueño de la historia y del designio. Es el abono al final completo: que deseamos feliz para siempre.

En este esjaton provisional gemimos y en nosotros el Espíritu, para vernos libres de la vanidad del mundo, enseñoreado por el pecado.

El gran pecado, el que sojuzga y domina, oprime y hace indignos. El que nos habla constantemente al oído del insomnio sobre la ineficacia de la gracia y el sin sentido aparente del designio.

La Tentación de apostasía es el gran pecado, la que figura la serpiente del Génesis 3 y que odia la creación oponiéndole el mundo.

Los mil artilugios a su servicio intentan desfigurar su obra.

Por eso en este esjaton parcial, debemos reflexionar sobre nuestra misión de restauración, en seguimiento del evangelio del Señor Jesús.

Llega el final del año. No es el momento final apocalíptico, sino convencional, para una región del planeta, y eso a diferentes horas según el meridiano geográfico.

Pero somos litúrgicos los seres humanos, aunque sea una liturgia laica, no religiosa.

Necesitamos fraccionar el tiempo, detenernos y celebrar, resumir, evaluar, balancear, ubicarnos dónde estamos.

Quizás esta necesidad antropológica de muchas culturas la podamos ver asumida en la Palabra cuando nos habla del momento final, del juicio, del día del Señor, del día que vuelva Jesús.

Se expresa un deseo humano pero una –según la fe- voluntad divina. Este proceso llegará a un fin.

Y parece que es inevitable pensar que un fin es la muerte individual, cuando los individuos dejan de actuar históricamente y su ausencia es motivo de duelo, unos más prolongados que otros.

Entonces en previsión de ese fin, colectivo e individual, cuando probablemente no tengamos la misma conciencia, ahora celebramos anticipadamente un cíclico fin, reflexionando en nuestra cosecha parcial.

La sucesión de instantes vividos a los que llamamos tiempo cronológico puede cortarse artificialmente, arbitrariamente cuandoquiera. Es nuestra potestad y libertad proceder así.

Lo hacemos por vivenciar un sentido unitario, global, un derrotero en un tiempo uniforme como el desierto o el océano, donde fácilmente nos desorientamos. Es nuestra brújula para el tiempo.

Son finales de periodos: semanas, meses, año que nos permiten recuperar memoria memorable, significativa y escudriñar lo posible del futuro.

Un anticristo es un falso mesías. Alguien o algo de quien se esperaba una salvación, pero resultó un fraude, un fiasco, un fracaso.

Reconocemos algo o alguien que describa esas condiciones? Probablemente se nos ocurren varios nombres, varias identidades, varios procesos.

En ese caso la lección que la Palabra nos induce y persuade es que un momento final llega a nuestra vida cuando una falsa esperanza cae.

Es posible que esto suceda hasta los más entregados a la Palabra, los cuales en su nombre habían discernido, sancionado, hasta santificado una causa, una persona. Pero no resultó según se esperaba.

Por eso la Palabra nos exhorta a guardarnos de falsas esperanzas y a poner nuestra confianza sólo en el Señor, el Trascendente.

Así hemos visto pasar de tiempo en tiempo varios anti-cristos: varios intentos de diferente tipo, para echar por tierra el reino de amor, justicia, verdad.

Convendría pues identificar cuál es es el anti-cristo más activo en nuestra existencia y dar gracias por la manera como el reino de Jesús ha ido superando la prueba: es lo que vale la pena.

Aunque se anunció uno han ido apareciendo muchos, porque el uno es figuración paradigmática de los muchos.

Y es que la última tentación  del gran pecado tiene su encarnación constante que fascina por su poder y eficacia según la carne.

Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros

Somos semillero para unos y otros Cristos y Anticristos. Jesús y Judas.

Está escrito y no debe haber sorpresas, aunque sí dolor.

El dolor que causa la actualidad de la traición al designio.

Late en nosotros la traición, crece como mala yerba junto con el maíz.

Y es nuestra tarea al servicio de la misión, auscultar constantemente el derrotero de la mala yerba para que no interfiera con el maíz.

Quizás no la podemos eliminar como sería nuestro gusto, para definir de una vez por todas los campos y la cosecha.

No nos toca sino trabajar sin descanso para vigilar que no se confundan y la siega se haga posible.

Puede ser que creamos y deseemos que alguien muy apreciado sea de los nuestros.

Pero no se puede forzar, sino que hay que respetar la libertad y responsabilidad personal.

Queda, eso sí, invitar y persuadir a ver sí se da la decisión favorable. Y orar insistentemente para que la decisión favorable permanezca, así como oramos por nosotros mismos para no desfallecer, mientras llega el gran final.

Jesús debió sufrir por la desviación del reino por parte de Judas. Era uno de los suyos. Alguien de confianza. Y lo tuvo que dejar partir para la traición del anti-reino.

Así nosotros a lo largo de nuestra vida vamos experimentando la vinculación con los que llamamos nuestros.

Y lloramos cuando llegamos a la conclusión que alguno termina por no serlo.

Porque la fidelidad absoluta nos la propone el Señor.

Estamos invitados a aceptar el Misterio del Señor, así como Él aceptó primero el nuestro.

Porque el Señor aceptó a Judas en su misterio y no sabemos si finalmente Judas lo aceptó a él.

En esto Jesús es nuestro Paradigma hermano, porque su muerte, aun rezumando desilusión de la misión a él encomendada por el Padre, siguió adelante en la aceptación del Misterio de su Designio.

Es quizá una conclusión de nuestro balance anual: estamos desilusionados de las expectativas no cumplidas, y de las esperanzas fallidas.

Pero seguimos invitados por el Misterio que nos aceptó y amó, a seguirlo aceptando y amando, hasta que el final absoluto llegue.

no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad

Ahora parece que conocemos una verdad mejor que antes, y que la mentira se reduce.

Es una responsabilidad creciente ante la conciencia, para tomar una responsable decisión.

Ahora se sabe mejor dónde ha estado la mala yerba y posiblemente dónde el maíz.

Por ahora no queda sino seguir de cerca el proceso esperando y creyendo en la intervención del Señor para un bien mejor, más integral.

Salmo responsorial: 95



REFLEXIÓN

Cantad al Señor un cántico nuevo

Se puede decir que la novedad viene del Espíritu del Señor, que inspira desde su Palabra nuevos enfoques, nuevos abordajes, inéditas reflexiones.

Es una fuente igual pero distinta. Un fenómeno de eterna juventud, que colma de energía la espera hasta que llegue el esponsal.

vitoreen los campos

Los sembrados, porque llega la mayor conciencia de la mala yerba y es posible alejar la confusión que dañaría la cosecha.

Delante del Señor, que ya llega

Aceptemos el Misterio del Señor. Aceptemos su llegar: cómo, dónde y cuándo sea.

regirá el orbe con justicia / y los pueblos con fidelidad

Al llegar a uno de los cortes del tiempo que solemos hacer, y al captar el sentido salvífico que la historia nos va entregando de parte del Señor, podemos confiadamente exclamar que seguirá rigiendo el Señor .

Cuando Ignacio de Loyola llega al final de sus ejercicios, que es un corte en el tiempo de cuatro semanas, impulsa a la contemplación para alcanzar amor.

Como si de ahí en adelante sólo una contemplación del conjunto y totalidad de la realidad circundante y posible, nos pudiera dar la clave del amor divino que pulsa en sus entrañas.

Cuando contemplamos es como si nos reclinaramos en el pecho del amado o amada, para dejarnos adormecer por los latidos de su corazón.

Juan 1,1-18



REFLEXIÓN

 

En el principio ya existía la Palabra

La Palabra nos habla de sí misma y nos confiesa que siempre estuvo con nosotros, que nunca estuvimos solos.

Siempre fuimos humanidad acompañada.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho

Y cuando vemos algo hecho o buscamos hacer, nos damos cuenta que sin palabra no se puede hacer.

Así ha sido el Señor Dios haciendo con su Palabra.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió

Sólo somos testigos. El que no lo es, anticristo es. Usurpador de la Vida y Luz es.

El protagonismo y el hacerse el foco, son tentaciones de nuestro tiempo mediático, que conspiran contra el proceso de la Vida-Luz, y erigen ídolos y estrellas que terminan como los anticristos, destrozando esperanzas, y hundiendo ilusiones.

Por eso la Palabra nos dice en el primer mandamiento de la Alianza: no tendrás otro Dios más que yo. No tendrás ídolos, anticristos.

Por nuestra fe formamos parte de los que proferimos palabras de vida y luz. Y experimentamos el rechazo de las tinieblas.

Es un sino, un destino, un itinerario. Hay que hacerlo.

No era él la luz, sino testigo de la luz

Este es nuestro servicio: indicar la luz, contagiándonos de ella.

No podemos dar servicio a la luz si no somos luminosos y escondemos la fuente que nos ilumina.

Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció

El mundo-cultura es un campo de batalla en las  que las palabras-vida y luz confrontan las tinieblas. Por eso vamos con todo haciendo contra-cultura.

a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre

Si reemplazamos el nombre etiqueta por el nombre identidad es posible leer en este versículo que los que reciben la palabra de vida son capaces por su poder de llegar a hijos de Dios.

No hay límite, ni cultural, ni religioso, ni de ninguna clase o diferencia que pueda inhibir ese poder porque es el designio del Padre.

En cambio la aceptación de su Misterio cambia todo y hace posible la ilusión y la esperanza y el sueño más querido: ser hijo de Dios, ser como Dios.

La tentación primera realizada a la manera del Señor, y por sus caminos.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad

El autor nos entrega su testimonio de contra-cultura fraguado en la contemplación.

Ignacio nos alienta a la contemplación para colaborar con Jesús en la edificación del reino del Padre.

Porque contemplar es un ejercicio de acompañamiento cotidiano, que permite irse transformando en lo que se contempla.

Es el proceso apostólico al desarrollar la misión de servicio al designio del Padre.

la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo

Con Moisés supimos del primer mandamiento: no hacer ídolos. Con Jesús supimos de ser hijos de Dios.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer

Al final de nuestro momento final del año damos gracias al Padre en su Hijo Jesucristo y con el amparo de su madre María, porque ha intervenido en nuestra historia, llamándonos sin cesar a su servicio, para el designio de Dios. Rogamos nos siga acompañando. Nos acompañe Dios.

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día 7 de la octava de Navidad

1Juan 2,18-21

Salmo responsorial: 95

Juan 1,1-18

DOCTORES DE LA IGLESIA



 


31 DE DICIEMBRE

De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 6 En la Natividad del Señor, 2-3. 5: PL 54, 213-216)

EL NACIMIENTO DEL SEÑOR ES EL NACIMIENTO DE LA PAZ

Aunque el estado de infancia, que el Hijo de Dios asumió sin considerarlo impropio de su grandeza, se haya transformado ya en estado de varón perfecto y aunque, una vez consumado el triunfo de la pasión y resurrección, haya llegado a su fin todo lo que era propio del estado de anonadamiento, que el Señor aceptó por nosotros, sin embargo, la fiesta de la Natividad renueva para nosotros los comienzos sagrados de la vida de Jesús, nacido de la Virgen María; y, al adorar el nacimiento de nuestro Salvador, se nos invita a celebrar también nuestro propio nacimiento como cristianos.

La generación de Cristo, en efecto, es el origen del pueblo cristiano, ya que el nacimiento de la cabeza incluye en sí el nacimiento de todo el cuerpo.

Aunque cada uno de los que llama el Señor a formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión.

El creyente que en cualquier parte del mundo es regenerado en Cristo se libra de la culpa original y, al renacer, se transforma en un hombre nuevo; en adelante ya no cuenta la generación carnal de sus padres, sino la generación por la que ha renacido del Salvador, que quiso hacerse Hijo del hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de Dios.

Pues, si él no hubiera descendido por su humildad hasta nosotros, jamás ninguno de nosotros, por sus propios méritos, hubiera podido llegar hasta él.

Por eso la misma grandeza del don que nos ha sido otorgado exige de nosotros una veneración proporcionada a la excelsitud de esta dádiva; así nos lo enseña el Apóstol, cuando dice: No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado; el mejor modo de ofrecer a Dios nuestro homenaje religioso es, sin duda, ofrecerle lo que él mismo nos ha dado.

Y ¿qué cosa mejor podríamos encontrar entre los dones divinos, para honrar la fiesta de hoy, que aquella paz que anunciaron los ángeles en el nacimiento del Señor?

En efecto, esta paz es la que engendra hijos de Dios, la que alimenta el amor, la que es madre de la unidad. Ella es descanso para los santos y tabernáculo donde moran los invitados al reino eterno. El fruto propio de esta paz es que se unan a Dios aquellos que el Señor ha segregado del mundo.

Por tanto, que quienes traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios, ofrezcan al Padre la concordia propia de los hijos que están animados por el deseo de la paz, y que todos los miembros de la familia de adopción vivan unidos en aquel que es el primogénito de la nueva creación, que no vino a hacer su propia voluntad, sino la voluntad de aquel que lo envió. Pues los que han sido adoptados por la gracia del Padre, para ser sus herederos, no son los que viven en medio de discordias y contiendas, sino los que tienen un único pensar y un mismo querer. Los que han sido llamados a reproducir la única imagen del Padre deben tener una sola alma.

Por ello el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz; como lo dice el Apóstol: Él es nuestra paz; él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, porque, tanto los judíos como los gentiles, por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu

REFLEXIÓN

Jesús es nuestra paz, y con Él recorremos mistagógicamente sus pasos históricos, desandando nuestro itinerario desviado en el principio. Por eso celebramos litúrgicamente, sacramentalmente los momentos de la vida de Jesús y sus seguidores, entre ellos su Madre y Padre. Así en cada hito depuramos y fortalecemos nuestra propia historia, porque la salvación va operando su sanación.

Sanamos en nuestra historia, la historia de todos, la historia de la red en la que nos imbricamos. Es el portento de la economía de gracia, que se distribuya equitativamente entre los participantes, no importa la diversidad que constituya su identidad.

martes, 30 de diciembre de 2025

PALABRA COMENTADA



 día 6 de la octava de Navidad

1Juan 2,12-17




REFLEXIÓN

se os han perdonado vuestros pecados

Si hemos sido perdonados, quiénes somos para negar el perdòn.

Será el perdón constante dañino para la dignificación de alguien?

No el perdón de los pecados porque ellos están dirigidos a la redención, que es decir renovación del espíritu, y no debe confundirse con un perdón sicológico, o manipulado, o arrebatado a quien está cansado de luchar.

El perdón de los pecados altera la propia memoria del mal recibido y alivia la sed de retaliación, dando paso a la buena fe y la esperanza en la conversión y transformación por el Espíritu del Señor.

No améis al mundo ni lo que hay en el mundo

No sabemos de cierto cuán efectivo en la gracia ha sido nuestro testimonio, para edificar la salvación de otra persona y la nuestra propia.

Si ya fuéramos conscientes de nuestra  debilidad, quizás no entendiéramos la debilidad de otros.

Pero podemos distinguir entre lo que no se justifica y lo que se compadece.

Si esta debilidad es cruz del Señor, Él seguirá dando energía, capacidad de aguante y amor discreto, para llegar hasta el final.

el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

El mundo es apasionamiento, aferramiento, apego a lo relativo en ficción de absoluto. La verdadera sabiduría que desciende de arriba consiste en amar al mundo en la verdad de su relatividad, guardando la libertad de los hijos de dios.

Salmo responsorial: 95




REFLEXIÓN

aclamad la gloria y el poder del Señor

No es el poder lo que se experimenta de Dios tantas veces.

Si confesáramos nuestra percepción dijéramos más bien, que Dios es experimentado como silente y renuente.

Pero nos sustentamos en una adhesión, una espera, una conformidad, una cierta serenidad que confia en que el Señor intervendrá, o que va interviniendo y que debemos estar abiertos a las señales, para cooperar.

Lucas 2,36-40




REFLEXIÓN

hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén

Era una liberación esperada como se daban las liberaciones sociales y políticas: por el esfuerzo de las armas y los ejércitos.

Pero anuncia un niño, algo desproporcionado a la expectativa, como respuesta.

Qué frustración, pero qué desafío a nuestra sabiduría. Se nos ofrece otra distinta.

se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba

Jesús es el maestro del camino al crecimiento y su madre es igualmente la maestra.

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6º día de la octava de Navidad

1Juan 2,12-17

Salmo responsorial: 95

Lucas 2,36-40

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS



 

 LA FAMILIA DE SAN  CARLO




Del Tratado de san Hipólito, presbítero, Refutación de todas las herejías
(Cap. 10, 33-34: PG 16, 3452-3453)

EL VERBO HECHO CARNE NOS DEIFICA

No fundamentamos nuestra fe en palabras vanas ni nos dejamos arrastrar por los impulsos del corazón ni nos seduce la suavidad de palabras persuasivas, sino que nuestra fe se apoya en las palabras pronunciadas por el poder divino.

Dios confió estas palabras al Verbo, y el Verbo las profirió para apartar al hombre de la desobediencia, no coaccionándolo por fuerza como si se tratara de un esclavo, sino llamándolo para que lo siguiera libre y voluntariamente.

Al fin de los tiempos el Padre envió al Verbo -pues ya no quería hablar por medio de los profetas ni ser anunciado en figuras-, ordenándole que se manifestara en forma visible, para que el mundo al verlo pudiera ser salvado.

Sabemos que este Verbo tomó un cuerpo de la Virgen y que hizo del hombre viejo una nueva creación. Sabemos que fue plasmado de nuestra misma substancia; porque si hubiera obrado de otro modo en vano nos mandaría que lo imitáramos como a un maestro.

En efecto, si este hombre hubiera sido formado de una substancia distinta de la nuestra, ¿cómo podría mandarme tales cosas a mí, que nací débil? ¿Cómo podríamos, en tal caso, decir que él es bueno y justo?

Para que no lo creyéramos diferente de nosotros, soportó fatigas, quiso tener hambre y no rehusó tener sed, tuvo necesidad de descanso, no rechazó los sufrimientos de la pasión, se sometió a la muerte y quiso manifestarnos su resurrección. En todo esto ofreció su humanidad como primicias, para que tú, en medio de los sufrimientos, no te desanimes, sino que, recordando tu condición de hombre, esperes recibir, también tú, lo que Dios quiso darle a él.

Cuando ya contemples a Dios tal cual es, tendrás un cuerpo inmortal e incorruptible, como el alma, y poseerás el reino de los cielos, tú, que, viviendo en la tierra, conociste al Rey celestial; participarás de la felicidad de Dios, serás coheredero de Cristo y ya no estarás sujeto a las pasiones ni a las enfermedades, porque habrás sido hecho semejante a Dios.

Todos los males que soportaste en cuanto hombre, Dios te los envió precisamente porque eres hombre; en cambio, todo aquello que es propio de Dios, él prometió dártelo cuando seas divinizado y alcances la inmortalidad. Conócete, pues, a ti mismo, reconociendo al Dios que te hizo; pues conocer a Dios y ser conocido por él corresponde a aquel que ha sido llamado por Dios.

Por tanto no discutáis entre vosotros ni dudéis en volver a él. Cristo es Dios por encima de todas las cosas; él quiso borrar el pecado de los hombres renovando al hombre viejo, que él había creado a su imagen desde el comienzo, manifestándote, de este modo, el amor que tiene por ti. Si obedeces sus mandatos y, por tu bondad, imitas al que es bueno, llegarás a ser semejante a él, y él te honrará; pues no es mezquino el Dios que te ha hecho dios para su gloria.

lunes, 29 de diciembre de 2025

PALABRA COMENTADA

 

5 día de la octava de Navidad

1Juan 2,3-11



REFLEXIÓN

Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él

Y cómo vivió Jesús? Tal es la importancia de escuchar sus testigos, que llegan a nosotros en la Palabra escrita de las Escrituras, arropadas por la comunidad de fe, a lo largo de la historia.

Es cierto que a estas alturas de la existencia cristiana hay una noticia, un conocimiento genérico, de cómo vivió Jesús.

Sin embargo ese mismo conocimientos nos debe empujar, como a muchas comunidades de hermanos creyentes antes que nosotros, a escudriñar más minuciosamente, detenidamente, intensamente, a esos testimonios.

Así es entendible que se prosiga profundizando en la Palabra y su comprensión, a la luz de las actuales circunstancias de la cultura.

Que se relean y comprendan a cabalidad las afirmaciones que se consagran en el credo que nos une en una sola confesión.

Que participemos con madurez y criterio en la celebración de los símbolos sacramentales que nos nutren en nuestro caminar.

Y que nos aboquemos a un mejor conocimiento de nuestra memoria histórica, como hermanos en la fe.

Esforzarnos por vivir como Jesús trata de un compromiso integral para toda la persona, para toda familia, para toda comunidad de fe.

Integral porque se busca nutrir y afectar nuestros saberes cognitivos, afectivos y de convivencia.

no os escribo un mandamiento nuevo

os escribo un mandamiento nuevo

Una paradoja y enigma cuestionante e inquietante: cómo un mandamiento es antiguo y es nuevo?

Diríamos con nuestra mentalidad occidental que es uno u otro. Pero la matriz cultural semítica resiste la conciliación de los opuestos, y así penetra con mayor amplitud en la complejidad de la realidad vital.

Sólo si asumimos y emprendemos, con espíritu nuevo, lo recibido desde antiguo, lograremos ir hasta el final de algo.

Nuestras generaciones actuales tienen verdadera alergia a la tradición, y se rehúsan tomarla en cuenta, a ella y a los encargados de transmitirlas.

Quizás el error es la ausencia de espíritu nuevo para asumir la novedad permanente de la tradición: Mis palabras no pasarán, dijo el Señor Jesús.

Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos

La fraternidad autocrítica que expone ante otros la atracción de la comunión solidaria, se nos presenta como el espíritu nuevo que logra reflotar la tradición.

Salmo responsorial: 95



REFLEXIÓN

 

Cantad al Señor un cántico nuevo

Cantemos lo que sea pero con espíritu nuevo, porque lo importante es el corazón gozoso que lo entona.

Como el ritual de año nuevo que recibimos con algazara, como una nueva oportunidad de lograr la antiguas metas incompletas.

Lucas 2,22-35



REFLEXIÓN

 

Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel

Simeón es transformado por el acontecimiento Jesús en símbolo de la tradición, que porta la promesa en el espíritu, que la asume con novedad, en una coyuntura histórica.

Si nuestra búsqueda creyente de vivir como Jesús se asume con la novedad del Espíritu, daremos con él en nuestro programa de profundización de los testimonios.

una espada te traspasará el alma

Hemos de ser conscientes, con la inspiración de María, la madre de Jesús, que tal búsqueda entraña la espada que atraviesa el alma.

Por eso tantos dejan de buscar vivir como Jesús, entre los candidatos a ser sus testigos. Estoy dispuesto o dispuesta?

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5 día de la octava de Navidad

1Juan 2,3-11

Conocer a Jesús es caminar como él en total entrega y sin hacer division

Salmo responsorial: 95

El cántico nuevo incluye a los gentiles, otros pueblos más allá de Israel

Lucas 2,22-35

Lucas altera los requisitos de la Ley para enfatizar en la presentación de Jesús, el Salvador dentro de la historia de salvación, haciendo el rol de María más profético que legal. Tal énfasis se explaya en el cántico profético de Simeón: salvación y sufrimiento, y en el de Ana, símbolo del pobre en Israel por ser viuda