jueves, 1 de enero de 2026

PALABRA COMENTADA



  Santa María Madre de Dios

Números 6,22-27




REFLEXIÓN

"El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz"

En muchos sentidos el verdadero israelita encontró sentido a su condición de víctima, en tiempos bíblicos y aun ahora.

Es una condición por sí sola constitutiva de una plegaria permanente a favor de la paz.

Como ellos otros de fe cristiana y de otras creencias han confluído en la fraternidad de víctimas cuya suerte clama por la paz.

Hemos de hacer espacio en nuestra conciencia para contemplar el llamamiento del Señor desde las víctimas de todo tipo, diversidad y género. No cesan de aparecer.

Particularmente dolorosas y piedra de escándalo son aquellas que han sido abusadas por servidores del Señor cuando eran niños, y no encontraron la paz de la justicia en las autoridades, también ministros de Dios.

Una impunidad de los responsables de lo sacro, que no han sido dignos de lo Santo.

Que esta humillación que nos alcanza a todos los creyentes y hace retorcerse a nuestra fe, permita una purificación y nos haga más esforzados en el trabajo por la verdadera paz.

El Señor es como la madre que en la oscuridad, con su lámpara, se acerca al niño que llora aterrado por el miedo a la oscuridad, y lo calma al iluminar su rostro maternal sonriente y sereno.

Nuestro Dios, Padre de Jesús, quien lo acompañaba y acompaña en su misión, mantenía el rostro iluminado sobre él, y por eso se comportaba como un hijo confiado, a pesar de las adversidades.

No tiene comparación la vivencia del ser acompañado y precedido por el Espíritu del Señor en nuestro caminar.

En medio de las ansiedades, temores y crispaciones del mundo moderno, nos permite un ecosistema de paz y serenidad, de actitud positiva y constructiva, para seguir ejerciendo el ministerio de la Palabra, en favor de los hermanos.

Salmo responsorial: 66





REFLEXIÓN

El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros; / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación

Sobre todo por el conocer, que en la riqueza de la cultura bíblica, implica una confluencia de conocimientos: mente, corazón, conciencia.

Es decir: conocimiento íntegro, que no se queda en el mero decir, sino que procesa una congruencia en la vida, cada vez más entregada.

El Padre en su hijo quiere necesitarnos para darlo a conocer en la expresión de todo nuestro ser. Sin límites, sin cortapisas, sin inhibiciones.

Gálatas 4,4-7




REFLEXIÓN

nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar

Una persona, en el desarrollo de su misión, ha de expresar su fe, que es como una cosmovisión, en medio de las circunstancias que le toque vivir.

Unas lo marcarán más que otras, y le facilitarán o lo entorpecerán en su desarrollo.

Son desafíos para toda existencia humana y en orden a  superarlos contamos con la potencialidad del Espíritu.

Nacido bajo la cultura, para hacer contracultura, porque ha sido la estrategia del Señor en la historia salvífica: entrar en lo de ellos para salir con lo nuestro.

La impronta maternal nos induce en la cultura y nos provee de las herramientas básicas: el amor.

Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abbá! (Padre).

Hoy los signos de protesta surgen por el reclamo de la dignidad, que tiene su fundamento absoluto en ser hijos de Dios.

La protesta tiene que ser más que mera rebeldía, para manifestar el clamor del Espíritu de Jesús en nosotros que dice Abbá.

para que recibiéramos el ser hijos por adopción

Porque éste es el objetivo: vivir con la memoria fresca del hogar que nos espera para siempre.

ya no eres esclavo, sino hijo

Y desde ya ésta es nuestra condición más profunda.

Los creyentes cristianos nos debemos a los derechos humanos como partícipes de la familia humana, pero reforzados con la convicción de que son derechos de los hijos de Dios, no sólo de la laicicidad.

Lucas 2,16-21


 


REFLEXIÓN

los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre

La Palabra de buena nueva nos la comunica en este texto en el que interactúan cuatro actores: pastores, María, José y el niño.

Los pastores son parte de un estrato socioeconómico y cultural inferior en esa sociedad de castas.

Pero ellos han sido llamados a un encuentro en un escenario común, nada solemne ni pomposo: un pesebre.

Y el encuentro es con una familia que está en tierra extraña, ubicados donde pueden para pasar algo cobijados en el momento del nacimiento.

No hay palabras ni explicaciones sino contemplación de lo profundo en circunstancias comunes.

Es lo que nos enseña la madre de Jesús: contemplar las cosas con los ojos del corazón.

Los hemos idealizado y  no reconocemos en ellos un grupo poco apreciado en la sociedad de entonces. Entre ellos había mucha gente de malas mañas.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores

A ellos se les entregaba una potencialidad: una nueva visión de la vida, donde cabía la salvación.

meditándolas en su corazón

Buscando y encontrando sentido a los hechos.

Con bendición, con Espíritu, con sabiduría de mujer y madre iniciamos un año nuevo, como periodo que nos inventamos, para apreciar el paso del tiempo, y contrastar nuestro avance por el camino de la existencia.

En este umbral estamos agradecidos y apenados, por la cosecha del año que terminó.

Azorados y esperanzados por lo que sembraremos y cosecharemos en este nuevo periodo.

La bendición invocada, el Espíritu de hijos y el acompañamiento de la Madre son provisiones para el tramo de camino que inicia.

Así no temeremos, sino que renovaremos el amor, porque donde hay amor no hay temor.

le pusieron por nombre Jesús

Su nombre, su vocación, su misión

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1344990732868849666?s=20

https://x.com/motivaciondehoy 010126


COMPARTIR LA PALABRA

Santa María Madre de Dios

Números 6,22-27

Salmo responsorial: 66

Gálatas 4,4-7

Lucas 2,16-21

DOCTORES DE LA IGLESIA



LA VIRGEN MARÍA FUE LA ÚNICA MUJER DE SU VIDA

  1 de enero

De las Cartas de san Atanasio, obispo
(Carta a Epicteto, 5-9: PG 26, 1058. 1062-1066)

EL VERBO TOMÓ DE MARÍA UN CUERPO SEMEJANTE AL NUESTRO

El Verbo de Dios tomó la descendencia de Abraham, como dice el Apóstol; por eso debía ser semejante en todo a sus hermanos, asumiendo un cuerpo semejante al nuestro. Por eso María está verdaderamente presente en este misterio, porque de ella el Verbo asumió como propio aquel cuerpo que ofreció por nosotros. La Escritura recuerda este nacimiento, diciendo: Lo envolvió en pañales; alaba los pechos que amamantaron al Señor y habla también del sacrificio ofrecido por el nacimiento de este primogénito. Gabriel había ya predicho esta concepción con palabras muy precisas; no dijo en efecto: «Lo que nacerá en ti», como si se tratara de algo extrínseco, sino de ti, para indicar que el fruto de esta concepción procedía de María.

El Verbo, al recibir nuestra condición humana y al ofrecerla en sacrificio, la asumió en su totalidad, y luego nos revistió a nosotros de lo que era propio de su persona, como lo indica el Apóstol: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad.

Estas cosas no se realizaron de manera ficticia, como algunos pensaron -lo que es inadmisible-, sino que hay que decir que el Salvador se hizo verdaderamente hombre y así consiguió la salvación del hombre íntegro; pues esta nuestra salvación en modo alguno fue algo ficticio ni se limitó a solo el cuerpo, sino que en el Verbo de Dios se realizó la salvación del hombre íntegro, es decir, del cuerpo y del alma.

Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que como todos nosotros es hija de Adán.

Lo que dice Juan: La Palabra se hizo carne, tiene un sentido parecido a lo que se encuentra en una expresión similar de Pablo, que dice: Cristo se hizo maldición por nosotros. Pues de la unión íntima y estrecha del Verbo con el cuerpo humano se siguió un inmenso bien para el cuerpo de los hombres, porque de mortal que era llegó a ser inmortal, de animal se convirtió en espiritual y, a pesar de que había sido plasmado de tierra, llegó a traspasar las puertas del cielo.

Pero hay que afirmar que la Trinidad, aun después de que el Verbo tomó cuerpo de María, continuó siendo siempre la Trinidad, sin admitir aumento ni disminución; ella continúa siendo siempre perfecta y debe confesarse como un solo Dios en Trinidad, como lo confiesa la Iglesia al proclamar al Dios único, Padre del Verbo



REFLEXIÓN

Las precisiones Cristológicas y Trinitarias, hoy suenan algo extrañas, porque las confesamos fuera de una contexto histórico. Hubo momentos en los que Jesús fue desconocido como verdadero humano, y María como madre, fue la evidencia de su verdadera humanidad. En otros tuvo lugar la incomprensión de la Santísima Trinidad, cuya divinidad no fue desvirtuada por la encarnación del Hijo en una mujer verdadera para revestirse de un cuerpo verdadero. Tales defensas se hacían en medio de confrontaciones de comunidades a las que animaban intereses que no siempre eran relacionados con la fe y la devoción. No fueron días de devoción meramente individual y particular, en los que la fe podía vivirse de puertas adentro.