jueves, 21 de agosto de 2025

PALABRA COMENTADA


 

JUEVES 20 DE TIEMPO ORDINARIO

Año Impar

Jueces 11,29-39ª



REFLEXIÓN

Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo

Ella le dijo: "Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos."

llorando con mis amigas, porque quedaré virgen

Según las circunstancias que cambian, algunos valores también, y éstos tienen su cambio más radical en el evangelio de Jesús de Nazaret.

El sacrificio humano, sublimado por motivos religiosos en el antiguo Israel, y la virginidad menospreciada, tienen otro sentido en Jesús.

Con su predicación y acción sanadora hombres, mujeres y niños nacionales y extranjeros son revelados en su máxima dignidad como hijos del Padre y hermanos entre sí.

La virginidad como entrega de sí, contrario al violento sacrificio humano, se realza como valor más allá del valor de la pareja, el matrimonio, la descendencia. Por el reino de los cielos.

Es posible que la intolerancia del mercado a lo que no puede mercantilizar, mueva sus hilos para fomentar campañas que promueven con furor la actividad sexual y de paso desacrediten el ofrecimiento que hacen algunos de su celibato y virginidad en aras de la solidaridad.

Salmo responsorial: 39



REFLEXIÓN

Dichoso el hombre que ha puesto / su confianza en el Señor

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído

El valor del sacrificio y ofrenda de cosas que aluden a un culto idolátrico y engañoso, cede por el evangelio a una entrega de sí, en obediencia de fe, como máxima expresión de sacrificio auténtico.

En Jesús el derramamiento de sangre en la cruz, estuvo animado por un espíritu de entrega de sí, que le dio el sentido de verdadera buena nueva: hombre y mujer en Jesús de Nazareth son libres de la esclavitud de cualquier sacrificio impuesto, excepto el de la propia entrega a la solidaridad.

Y se erige como criterio de todo sacrificio que salva.

Mateo 22,1-14



REFLEXIÓN

habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

La parábola en boca de Jesús no es un mero enigma para divertirse o quedarse pensando como ante una adivinanza, celebrando su creatividad o ingeniosidad. Es un llamado a decidirse por el Reino. Un llamado a una conversión.

Incluso es una exhortación a un trabajo que incluye un despertar de la seguridad de sentirse elegidos quizás por algún título: pertenencia a una cultura, raza, sociedad, credo.

Para desarrollar un mundo unido por lazos que broten de la propia entrega como sacrificio para la libertad y la solidaridad.

Las caricaturas pasadas o presentes del sentido del sacrificio de la cruz, como por ejemplo las desviaciones patológicas del masoquismo y el sadismo cubiertas de devoción, no deben echar a pique el sentido evangélico de sacrificio.

un rey que celebraba la boda de su hijo

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad

Una realidad histórica sobre un reinado odiado sirve a Jesús como base para un relato que da a entender un cambio, pero no político.

salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos

Otro tipo de gente es invitada a entrar al reino y su festín.

Se plasma así el cambio que ha venido con Jesús porque los oficialmente incluídos serán excluídos para incluir a otros que estaban excluídos y ni se consideraban dignos.

"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos""

El evangelista refleja una situación posterior a Jesús cuando comunidades cristianas estaban formadas de personas de diferente procedencia y condición.

Entonces se advierte que también aquí hay posibilidad de selección, porque haber sido llamado al reino y su festín no asegura su permanencia.

Un nuevo llamado a nuestra colaboración en el seguimiento del designio.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1428321204901920774?s=20

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JUEVES 20 DE TIEMPO ORDINARIO

Año Impar

Jueces 11,29-39ª

Salmo responsorial: 39

Mateo 22,1-14

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS



“Hacen cola durante horas para ir a un concierto”, decía, “pero no se quedan incluso un momento antes del tabernáculo "

De la Constitución apostólica Divino afflátu del papa san Pío décimo
(AAS 3 [1911], 633-635)

LA VOZ DE LA IGLESIA QUE RESUENA DULCEMENTE

Es un hecho demostrado que los salmos, compuestos por inspiración divina, cuya colección forma parte de las Sagradas Escrituras, ya desde los orígenes de la Iglesia sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre, y que además, por una costumbre heredada del antiguo Testamento, alcanzaron un lugar importante en la sagrada liturgia y en el Oficio divino. De ahí nació lo que san Basilio llama «la voz de la Iglesia», y la salmodia, calificada por nuestro antecesor Urbano octavo como «hija de la himnodia que se canta asiduamente ante el trono de Dios y del Cordero», y que, según el dicho de san Atanasio, enseña, sobre todo a las personas dedicadas al culto divino, «cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas» para ensalzarlo. Con relación a este tema, dice bellamente san Agustín: «Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo.»

Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes. En efecto, «si bien es verdad que todas las partes de la Escritura, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, están inspiradas por Dios y son útiles para instruir, según está escrito, sin embargo, el libro de los salmos, como el paraíso en el que se hallan (los frutos) de todos los demás (libros sagrados), prorrumpe en cánticos y, al salmodiar, pone de manifiesto sus propios frutos junto con aquellos otros.» Estas palabras son también de san Atanasio, quien añade asimismo: «A mi modo de ver, los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esta sensación los recitan.» San Agustín dice en el libro de sus Confesiones: «¡Cuánto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaba dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien.»

En efecto, ¿quién dejará de conmoverse ante aquellas frecuentes expresiones de los salmos en las que se ensalza de un modo tan elevado la inmensa majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad o clemencia y todos sus demás infinitos atributos, dignos de alabanza? ¿En quién no encontrarán eco aquellos sentimientos de acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios, o aquellas humildes y confiadas súplicas por los que se espera recibir, o aquellos lamentos del alma que llora sus pecados? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor al descubrir la imagen esbozada de Cristo redentor, de quien san Agustín «oía la voz en todos los salmos, ora salmodiando, ora gimiendo, ora alegre por la esperanza, ora suspirando por la realidad»?