martes, 15 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA



 

Nuestra Señora de los Dolores

Hebreos 5, 7-9



REFLEXIÓN

a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte

Jesús no quería morir, y evitaba las coyunturas de riesgo cuando podía.

No es la imagen del Jesús clásico que se dispone a morir sin angustia, sin problema.

No gusta que asuma el destino misión-cruz cuando llega al convencimiento de que es lo propio y le encuentra sentido.

La muerte del justo era un enigma en las escrituras, como la muerte del joven en la flor de la edad.

Se veía como una maldición. Ser arrancado de la tierra de los vivos a una existencia casi no existencia.

La de Jesús iba por el mismo camino. Una palabra acontecimiento de impotencia, de impunidad de la envidia, la conspiración, la acechanza, la encerrona, la emboscada, el asesinato premeditado y calculado, los intereses oscuros y aviesos.

Una realidad irritante y desesperante, símbolo de un mundo, de un orden desgraciado, infeliz, maldito, victimario.

Tenemos la honestidad de la Palabra que no esconde la aflicción de Jesús en su hora cero. En ella Jesús ora y suplica por él. Desea salvarse de la muerte. No fue a ella sin sentir miedo.

Jesús de Nazareth es acompañamiento de nuestra fe afincada en un sentido de protección y apoyo, que siempre buscamos y vivenciamos y experimentamos.

El anuncio de sus gritos y lágrimas desde la época apostólica nutre la historia de hombres y mujeres que van desarrollando una fuerte esperanza: no estamos solos en nuestro drama.

Se puede vivir la propia existencia como tragedia, como comedia o como drama. Ésta es la perfección de la estabilidad de la esperanza humana, tejida de tragedia y comedia, pero siempre abierta al Señor.

cuando en su angustia fue escuchado

Fue escuchado en su angustia, en su miedo. Fue fortalecido en medio de su terror. Pero no fue librado del tormento.

Sólo la resurrección como palabra justiciera pudo salvar de ese significado que hacía de la violencia de los injustos el camino de victoria.

Por eso no se debe leer en Jesús, ni en nadie, muerte de cruz sin resurrección. Ambas se requieren para la fe en Jesús, como clave de revelación de la justicia de Dios y su justificación.

La justificación de Dios es la superación de la impunidad y el establecimiento de un orden nuevo. Por eso las víctimas encuentran en este signo un motivo de esperanza, si saben esperar y luchar, con las armas de Jesús que es la palabra de verdad.

En alguna forma Jesús hubo de sostenerse, ese es el Espíritu, con la esperanza de que ahí no terminaba todo, como un absurdo.

Es la reflexión que nos haremos constantemente en nuestras vidas: esto no es un absurdo, tiene que tener un sentido de justicia, de vida, de novedad, de bien integral.

Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer

Un aprendizaje que todos a nuestro pesar hemos de hacer: sufrir para obedecer.

Estamos llamados a contrariar nuestra inclinación y nuestra búsqueda autocentrada, por un bien mayor, que no reconocemos como tal.

El proceso de hacerse hijo en el Hijo es doloroso. Porque nuestra libertad está herida y tiende al vacío del yo.

Jesús aprendió la superación de este vacío estéril, en la entrega al Otro, en los otros.

Mantuvo su entrega y servicio disponible, no obstante el acoso y malicia de los que le odiaban.

La obediencia, que sufriendo se aprende, es dada por el Espíritu de Jesús, nuestro maestro paráclito itinerante.

se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna

En estos momentos Jesús de Nazareth, como Hijo y nueva humanidad, es el brazo derecho del Padre. Su drama es para nosotros nuestro drama.

El sufrimiento se da en la vida. Lo importante es que impulse la obediencia. Es su energía.

La obediencia del Hijo, escuchado después de morir, es la causa de la salvación eterna: la de fondo.

Celebramos a María como la obediente número uno. Fue bendecida por ser, no solo madre de sangre, sino escucha de la palabra.

Nosotros deberíamos proponernos cada día, cuando nos disponemos a ser escuchas de la palabra, escuchar para ir siendo, para desarrollar y dejar desarrollar el designio, el diseño, el proyecto de obediencia, a medida que asumimos el sufrimiento y la fe se fortalece en el autor o causa de la salvación definitiva.

Salmo responsorial: 30



REFLEXIÓN

no quede yo nunca defraudado

Otros nos han podido defraudar pero no tú.

inclina tu oído hacia mí

Podemos distinguir lo que parece ser salvación, pero tú trabajas la disponibilidad, para que acepte la que me vas presentando y va emergiendo como tu designio específico y concreto en mi historia de cada día.

Ven aprisa a librarme

Que el dominio eterno se nos haga asimilable por la prontitud de la respuesta de salvación del Señor.

A tus manos encomiendo mi espíritu

Jesús en su última hora no desistía de abandonarse en su Padre, como clave definitiva de todo el horror que vivía.

Aprendemos con Jesús que en todo y sobre todo en su Padre podemos confiar.

Sácame de la red que me han tendido, / porque tú eres mi amparo. / A tus manos encomiendo mi espíritu: / tú, el Dios leal, me librarás

Es Jesús quien ora en la cruz porque sigue esperando.

Plegarias como ésta tienen sentido en el corazón de Jesús, cuando temía en vísperas de la crucifixión.

Eran oraciones para encontrar fortaleza y esperanza. Confiar con todas las fuerzas y dejar en manos de su Padre su suerte.

Qué bondad tan grande, Señor, / reservas para tus fieles, / y concedes a los que a ti se acogen / a la vista de todos

Este testimonio del Padre sobre su hijo debió ser conocido para ser creído libremente, sino no se hubiera podido dar la corriente de agua viva que salta hasta la vida definitiva.

Juan 19,25-27



REFLEXIÓN

estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena

Nuestro tiempo ha re-descubierto y sensibilizado a la mujer en la fortaleza que brinda a la humanidad.

Lo suyo parece caracterizarse por el cuido, el servicio misericordioso y compasivo, capaz de sanar heridas y nutrir.

Así estas mujeres dan testimonio de olvido de sí y servicio en el póstumo acompañamiento a Jesús de Nazareth en su patíbulo.

"Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego, dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre."

Una cesión al discípulo para que cuide su madre, leal colaboradora. Ella recibe parte de los pensamientos finales. Pero la calidad de madre se prolonga para el discípulo. Lo que fue para él, podrá seguirlo siendo para otros. Hasta quizás lo había ido siendo.

No es sólo una dolorosa: ella también aprendió a obedecer con el sufrimiento; sino una gozosa, pues su vida no termina ahí. Aprende la esperanza radical.

El Espíritu es inmensamente fértil para inspirar las alternativas constructivas

Dejaba resuelta su última preocupación, que ya no era él sino su madre. Una viuda sola.

Un símbolo de la exclusión y vulnerabilidad en Israel. Le procura protecciòn y seguridad de un hijo. Un gesto de amor último.

Es el Espíritu el que inspira la generosidad grata al Padre y que salva la historia.

Tiene sentido entonces la tradición que arranca desde la iglesia naciente, de ubicar a María en el núcleo de los seguidores de Jesús.

No estamos solos, por su sabiduría maternal, que sabe descifrar con el corazón los caminos de la obediencia que se hace con el sufrimiento.

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Nuestra Señora de los Dolores

Hebreos 5, 7-9

la oración sincera de Jesús en Getsemani fue escuchada por su actitud reverente con la Resurrección. Se mostró hijo obediente. Es paradigma correctivo del Adán-Eva desobediente. María a la par de su hijo.

Salmo responsorial: 30

No se ahorró angustia a la carne de Jesús y de María en la agonía de la ejecución de la crucifixión. Una muestra de la fortaleza que implica el acompañamiento de Dios con su Espíritu para hacer que una misión en su nombre con la cooperación humana llegue a su plenitud.

Juan 19,25-27

No es del todo claro que la entrega de María a Juan como hijo, por parte de Jesús haya ocurrido o sea un motivo teológico. Pero impactó en el concepto de la maternidad de María, primero en carne y sangre, luego como acompañante fiel y finalmente como legado de la comunidad eclesial. Es el fundamento de la riqueza que se muestra en el desarrollo Mariológico de los siglos siguientes.

DOCTORES DE LA IGLESIA




 
De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón en el domingo infraoctava de la Asunción, 14-15: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 273-274)


LA MADRE ESTABA JUNTO A LA CRUZ

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste —dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús— está predestinado por Dios para ser signo de contradicción; tu misma alma —añade, dirigiéndose a María— quedará atravesada por una espada.

En verdad, Madre santa, atravesó tu alma una espada. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús —que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo— hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Éste murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.


REFLEXIÓN
El mérito del martirio se toma en cuenta para canonizar una candidato a la santidad. Dar la sangre en la confesión de la fe es un acto de valor admirable, unido como está siempre al perdón de los verdugos. Pero las palabras de San Bernardo nos abren al sentido del martirio del corazón, padecimiento sin sangre pero no sin pena y dolor, en solitario, que vincula al martirizado con la piedad y el amor desinteresado movido por el prójimo en su infortunio.

lunes, 14 de septiembre de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS





 De las Disertaciones de san Andrés de Creta, obispo
(Disertación 10, Sobre la Exaltación de la santa cruz: PG 97, 1018-1019. 1022-1023)


LA CRUZ ES LA GLORIA Y EXALTACIÓN DE CRISTO

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz, y junto con el Crucificado nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.

Por esto la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque 
en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ya ha entrado el Hijo del hombre en su gloria, y Dios ha recibido su glorificación por él, y Dios a su vez lo revestirá de su misma gloria. Y también: 
Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre.» Y, de improviso, se dejaron oír del cielo estas palabras: «Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: 
Yo, cuando sea levantado en alto, atraeré a mí a todos los hombres. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.
REFLEXIÓN

La cruz como instrumento de exaltación, a la par de ignominia, es un sentido inspirado para servir el peregrinaje del creyente. Muchas voces pastorales se esfuerzan en convocar seguidores eliminando el sufrimiento de la cruz en la existencia humana, para aliviar la depresión por el posible sin sentido de una vida que se obsesiona en sufrir. Pero el sentido de exaltación ayuda a contraponer a ese sentido destructivo otro exaltador, que brota de la experiencia del Jesús Resucitado que se dona al creyente.

domingo, 13 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

24º domingo de tiempo ordinario

Eclesiástico 27,33-28,9



REFLEXIÓN

El furor y la cólera son odiosos; el pecador los posee

En la cultura globalizada actual sin embargo son emociones apreciadas. Están a la base de las protestas de los activistas. Se vienen dando muestras intensas de ellas por todas partes. Una primera ojeada parece retener la impaciencia: la gente está harta de ser victimizada por los gobiernos, por las autoridades de todo tipo, por el secreto impuesto durante generaciones, por el crimen y la violencia, por las exclusiones de diferente tipo.

Este fenómeno parece desmentir la eficacia del perdón, tolerancia, aceptación de las negatividades. Es como si los cristianos y antiguos cristianos hubieran tomado un extracto del pensamiento nitzcheano, y sintieron vergüenza de ser sufridos y pacíficos, porque eso no ha sido eficaz para erradicar el mal y el sufrimiento.

Es como una onda amplia de desesperanza que va contagiando personas y regiones. Un clamor desbordado e irritado. Un imperativo casi impuesto con exigencia, que parece haber contaminado el clamor de los pobres, reconocido en 1968 por los documentos de Medellín inspirados en el libro del Éxodo.

Será que en ese clamor global que parece voz del Espíritu, se puede colar también el mal espíritu de la decepción y la desesperanza?

Como sí más importante que aguardar una solución justa, sea desahogar el malestar, aunque el problema subsista.

Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas

Porque es un círculo infernal del que no se puede casi salir.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

El paradigma de oración de Jesús recoge un tema sapiencial del perdón.

No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?

Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.


Salmo responsorial: 102



REFLEXIÓN

y no olvides su beneficios

Él perdona todas tus culpas

No está siempre acusando / ni guarda rencor perpetuo

Reconocer ante el Señor nuestra actitud intolerante en ocasiones, y persistir en nuestra murmuración y atribución de bajas motivaciones a otros.

Romanos 14,7-9



REFLEXIÓN

en la vida y en la muerte somos del Señor

Ir cayendo en cuenta de esta posesión y pertenencia. Es como nuestro ecosistema en el que encontramos el calor, la humedad, la energía, el oxígeno para crecer.


Mateo 18,21-35



REFLEXIÓN

"No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Jesús rompe frecuentemente desde la perspectiva del Reino nuestros puntos éticos de referencia. Nuestros paradigmas y modelos lo encontramos en él: perdón sin agotamiento hasta el último suspiro. Aunque otros grupos hayan dado orientaciones, él los supera a todos en radicalidad, pero en la entrega, la fraternidad.

¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"

Parece que se dan casos límite, en los que humanamente no es posible salir de la duda sobre si hay que seguir perdonando porque se sospecha una insinceridad. El perdón es fruto del discernimiento y del ágape, no una terapia sicológica.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Perdonar de corazón a los hermanos que me agravian o parecen agraviarme.Allí donde se conjuga el amor de ágape fraterno, por el reino de Dios, y el distanciamiento humilde de mi propio interés y autojustificación, pero no del legítimo amor a mi propia dignidad e integridad. El perdón no puede ser parte de mi autoaniquilación.

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24º domingo de tiempo ordinario

Eclesiástico 27,33-28,9

Importa mucho el control del rencor para no incurrir en venganza y no guardar los mandamientos de amor al prójimo

Salmo responsorial: 102

Si Dios no guarda rencor perpetuo, quiénes somos nosotros para hacerlo?

Romanos 14,7-9

Vivir y hacer todo en Cristo equivale a respirar su soberanía en todos los ámbitos de mi existencia, sin excluir ninguno. Somos de Él, tenemos que actuar desde Él, por tanto debemos perdonar siempre.

Mateo 18,21-35

Jesús revierte la venganza Gn4,24 24"Si siete veces es vengado Caín, Entonces Lamec lo será setenta veces siete." en los mismos términos. Además, entra en la oración que nos legó con la parábola que sitúa al Dueño que renuncia a su derecho y se compadece, frente al no dueño perdonado, que usufructa un derecho incomparablemente menor para no perdonar. Es una mezquindad que nos revienta cada vez que oramos el Padre Nuestro.

DOCTORES DE LA IGLESIA


 


Domingo, XXIV
San Agustín Sermón sobre los pastores 46,1-2

No acabáis de aprender ahora precisamente que toda nuestra esperanza radica en Cristo y que él es toda nuestra verdadera y saludable gloria, pues pertenecéis a la grey de aquel que dirige y apacienta a Israel. Pero, ya que hay pastores a quienes les gusta que les llamen pastores, pero que no quieren cumplir con su oficio, tratemos de examinar lo que se les dice por medio del profeta. Vosotros escuchad con atención, y nosotros escuchemos con temor. Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles». Acabamos de escuchar esta lectura; ahora podemos comentarla con vosotros. El Señor nos ayudará a decir cosas que sean verdaderas, en vez de decir cosas que sólo sean nuestras. Pues, si sólo dijésemos las nuestras, seríamos pastores que nos estaríamos apacentando a nosotros mismos, y no a las ovejas; en cambio, si lo que decimos es suyo, él es quien os apacienta, sea por medio de quien sea. Esto dice el Señor: «¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?» Es decir, que no tienen que apacentarse a sí mismos, sino a las ovejas.

REFLEXIÓN

Son reflexiones importantes para una época como la nuestra en la que se ve gran número de ministros escandalizando al rebaño, haciendo difícil su entrega de fe, alejándolos quizás definitivamente. Tanta prepotencia, tanto lujo, tanto encubrimiento de otros como cómplices, tantas víctimas a quienes solo la solidaridad de los no ministros han llevado a denunciar abusos, violaciones, indignidades. Está siendo una hora de tinieblas, y la luz que sabemos resplandecerá, tomará su tiempo.

sábado, 12 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Sábado 23 de tiempo ordinario

1CORINTIOS 10, 14-22


 


COMENTARIO

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

Estar contigo y compartir entre nosotros genera algún grado de comunión, de fraternidad.

Ya no somos enteramente extraños, ni incomunicados.El compartir de la familia, de la pareja, de los grupos con los con se tiene contacto profesional, ministerial.

Hay una demanda de solidaridad en esos contactos, una salida del anonimato y una construcción de redes sanadoras, positivas y amorosas, sopladas o inspiradas desde dentro con una energía suave, pacífica, intensa y profunda.

los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios.

Hoy se revalora la cultura indígena y sus sacrificios. Ya no se les llama demonios.

Pero entre los mismos indígenas había cultos más humanos que otros, menos dañinos que otros.

Como entre nosotros, hay elementos de la cultura que favorecen y otros que no la fraternidad y la comunión en Cristo.

No podéis beber de los dos cálices, del del Señor y del de los demonios

Es como el cojear que denunciaba Elías:baal y Yavé.

Pero cómo evitar un crecimiento o decrecimiento en el sincretismo, que afirma uno y debilita otro en un proceso de purificación o de degeneración.

¿Vamos a provocar al Señor?

Una cosa es la maldad y otra la debilidad. Es lo que debemos discernir.

SALMO RESPONSORIAL: 115



COMENTARIO

¿Cómo pagaré al Señor / todo el bien que me ha hecho? / Alzaré la copa de la salvación, / invocando su nombre

Tú me has sacado de la idolatría, así sea en intención y gracia.

Nos queda irte agradeciendo con el alzar de la copa y la comida de tu pan, para que este proceso no se detenga y se profundice tu purificación.

Cumpliré al Señor mis votos / en presencia de todo el pueblo

Habíamos hecho votos y promesas en tu presencia y no los seguimos cumpliendo. A menos que en la práctica rutinaria de nuestra vida posterior, hayamos podido con tu gracia entrar en el proceso de entrega de lo que una vez te prometimos, pero sin una estructura determinada institucional.

LUCAS 6, 43-49



COMENTARIO

No hay árbol sano que dé fruto dañoso, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto

A la vista de algunos resultados parciales en nuestro servir nos consuela esta palabra, porque sostienes nuestra sanidad por encima de lo dañoso.

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal, porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

Viniendo de ti es muy alentador esta palabra.

Por encima de las constantes denuncias del acusador, quien logra desanimarnos y deprimirnos, haciéndonos sentir indignos de ti.

Hacer el bien esporádicamente puede ser improvisación, pero mantenerse en el bien obrar no.

Por que me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra, se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose".

Escuchar y obedecer la palabra, como construir sobre cimiento de roca, requiere una dedicación, un tiempo. No es asunto de magia, sino de amor.

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Sábado 23 de tiempo ordinario

1CORINTIOS 10, 14-22

SALMO RESPONSORIAL: 115

LUCAS 6, 43-49

DOCTORES DE LA IGLESIA


 

San Atanasio Sermón sobre la encarnación del Verbo 10

 RENUEVA NUESTROS DÍAS COMO ANTAÑO


El Verbo eterno del Padre no abandonó la naturaleza humana que corría hacia su ruina, sino que con la oblación de su propio cuerpo destruyó la muerte bajo cuyo dominio el hombre había sucumbido, con sus enseñanzas corrigió los errores humanos y con su poder restauró los bienes que el género humano había perdido.

Quienquiera que lea los escritos de los discípulos del Señor verá confirmado, con la autoridad de estos teólogos, lo que hemos afirmado. Leemos, en efecto, en estos escritos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que, si uno murió por todos, consiguientemente todos murieron en él; y murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos, nuestro Señor Jesucristo. Y en otro lugar dice: Vemos a Jesús, a quien Dios puso momentáneamente bajo los ángeles, coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte; así por amorosa dignación de Dios gustó la muerte en beneficio de todos.

La Escritura nos da la razón por la que fue precisamente el Verbo de Dios y no otro el que tenía que hacerse hombre: Era conveniente para Dios -dice-, para quien y por quien son todas las cosas, que, queriendo llevar una multitud de hijos a la gloria, consumase en la gloria, haciéndolo pasar por los sufrimientos, al jefe de la salud de todos ellos. Con estas palabras se nos significa que librar a los hombres de la corrupción corresponde únicamente al Verbo de Dios, por quien fueron creados en el principio.

La razón por la cual el Verbo quiso tomar carne y hacerse hombre no fue otra sino la de salvar a los hombres con quienes se había hecho semejante al asumir un cuerpo; así lo dice, en efecto, la Escritura: Como los hijos comparten carne y sangre, también él entró a participar de las mismas; así por su muerte reducía a la impotencia al que retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio; y libraba a los que por temor a la muerte vivían toda su vida sometidos a esclavitud. Así, al inmolar su propio cuerpo, destruyó la ley que había sido dada contra nosotros, y renovó nuestra vida, dándonos la esperanza de la resurrección.

Pues si la muerte penetró en la humanidad fue por culpa de los hombres, en cambio, fue gracias a la encarnación del Verbo de Dios que la muerte fue destruida y se recuperó la vida, como lo afirma aquel apóstol, cuyo vivir era Cristo: Porque, como por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos; y, así como todos mueren, asociados a Adán, así todos revivirán, asociados a Cristo, y lo demás que sigue. Ya no morimos, pues, como unos condenados, sino que morimos con la esperanza de resucitar de entre los muertos en el día de la resurrección universal que Dios realizará cuando llegue el tiempo.

COMENTARIO

Cómo es la lógica de la destrucción de la muerte en la muerte del cuerpo de Cristo? Es una tradición de la tradición, que se enarbola como argumento definitivo a favor de nuestra resurrección. Es un acto histórico, el de la muerte de Jesús, que se mira como la suma injusticia, porque se trata de una sentencia condenatoria que ejecuta un inocente. Al hacerlo esa muerte es indigna, clama al cielo y al Padre, en representación de toda muerte como injusta, y no hay una que no lo sea. Y en la Resurrección recibe una sentencia la muerte: falló porque la inocencia del justo ha sido revalidada. Desde un punto eminencial es una muerte sin muerte eterna, verdadera muerte, y su aguijón se ha roto.