jueves, 11 de septiembre de 2025

PALABRA COMENTADA


 

Jueves 23 de tiempo ordinario


Año Impar

 

Colosenses 3,12-17


REFLEXIÓN

 

santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro

 

Se puede amar con misericordia porque es es amado, se puede construir la armonía porque algo de ella fue nuestro custodio en la edad temprana o en algún otro momento.

 

Esto muestra la relevancia de ser unos con otros misericordiosos. Para propagar la corriente de armonía.

 

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo

 

Nos lo enseña nuestra oración insignia: el Padrenuestro.

 

Y sed agradecidos

 

Ante todo por ser amados. Por qué en la terapia sicológica del sentimiento de abandono, no se modera la ausencia sentida con otras presencias, que sí aman y por las cuales debemos agradecer su encuentro?

 

Hay algo tóxico en la metodología compartimentada y especializada de nuestras ciencias, que dejan de lado la totalidad para empantanarse en la parte.

 

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

 

El es nuestra eucaristía. Nuestro acción de gracias y nuestro modo de dar gracias.

 

Salmo responsorial: 150



REFLEXIÓN

 

Alabadlo tocando trompetas, / alabadlo con arpas y cítaras, / alabadlo con tambores y danzas, / alabadlo con trompas y flautas. R.

 

Alabadlo con platillos sonoros, / alabadlo con platillos vibrantes

 

Tenemos instrumentos apropiados a nuestro modo de ser y variados

 

según nuestras peculiaridades para producir la armonía de la acción de gracias.

 

Se dan calladamente muestras modestas en nuestro entorno, a todo nivel, para quien quiera verlas, reflexionar y sacar provecho.

 

Existen familias bien avenidas, de las que podemos aprender armonía en vez de envidiarla, si queremos.

 

Existen comunidades fraternas y solidarias que pueden inspirarnos a expandir su experiencia, si queremos.

 

En eso consiste una acción de gracias fructífera: en la propagación del bien recibido.

 

Lucas 6,27-38



REFLEXIÓN

 

Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian

 

He aquí el techo del amor cristiano cuando es ágape.

 

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

 

 

Nuestra memoria no dejará de recordarnos la cantidad de veces que nos hemos evadido de tal desafío de amor.

 

Porque superar la sospecha de que somos abusados en nuestra candidez por la solicitud constante de ayuda sólo es posible al ágape.

 

Este amor nos ayuda a enfrentar la vergüenza posible de haber sido engañados, burlados.

 

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

 

si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

 

Expandir el amor para hacerse semejante al Padre causa el dolor del crecimiento y la perfección.

 

Porque si no cuesta el camino de la perfección como darnos cuenta del crecimiento.?

 

¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os

 

verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros."

 

El circuito del amor de ágape conlleva una práctica de compasión: no condenar, perdonar, entregar con medida generosa.

 

Entonces experimentaremos que vivimos un juicio de salvación, que nos aporta salvación sin condena, y entrega del Padre sin límite.

 

Un programa de vida nada fácil, porque nos inhibimos y recortamos cuando no nos vemos correspondidos.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1435935602223063041?s=20

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Jueves 23 de tiempo ordinario

Colosenses 3,12-17

Salmo responsorial: 150

Lucas 6,27-38

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS




 Del Comentario de san Bruno, presbítero, sobre los salmos
(Salmo 83: Edición Cartusiae de Pratis, 1891, 376-377)

SI ME OLVIDO DE TI, JERUSALÉN

¡Qué deseables son tus moradas! Mi alma se consume y anhela llegar a los atrios del Señor, es decir, desea llegar a la Jerusalén del cielo, la gran ciudad del Dios vivo.

El profeta nos muestra cuál sea la razón por la que desea llegar a los atrios del Señor: «Lo deseo, Señor Dios de los ejércitos celestiales, Rey mío y Dios mío, porque son dichosos los que viven en tu casa, la Jerusalén celestial.» Es como si dijera: «¿Quién no anhelará llegar a tus atrios, siendo tú el mismo Dios, el Señor de los ejércitos, el Rey del universo? ¿Quién no anhelará penetrar en tu tabernáculo si son dichosos los que viven en tu casa?» Atrios y casa significan aquí lo mismo. Y cuando dice aquí dichosos ya se sobrentiende que tienen tanta dicha cuanto el hombre es capaz de concebir. Por ello son dichosos los que habitan en sus atrios, porque alaban a Dios con un amor totalmente definitivo, que durará por los siglos de los siglos, es decir, eternamente; y no podrían alabar eternamente, sino fueran eternamente dichosos.

Esta dicha nadie puede alcanzarla por sus propias fuerzas, aunque posea ya la esperanza, la fe y el amor; únicamente la logra el hombre dichoso que encuentra en ti su fuerza y con ella dispone su corazón para que llegue a esta suprema felicidad, que es lo mismo que decir: únicamente alcanza esta suprema dicha aquel que, después de ejercitarse en las diversas virtudes y buenas obras, recibe además el auxilio de la gracia divina; pues por sí mismo nadie puede llegar a esta suprema felicidad, como lo afirma el mismo Señor: Nadie sube al cielo -se entiende por sí mismo-, sino el Hijo del hombre, que está en el cielo.

Afirmo que dispone su corazón para subir hasta esta suprema felicidad porque, de hecho, el hombre se encuentra en un árido valle de lágrimas, es decir, en un mundo que, en comparación con la vida eterna, que viene a ser como un monte repleto de alegría, es un valle profundo donde abundan los sufrimientos y las tribulaciones.

Pero como sea que el profeta declara dichoso al hombre que encuentra en ti su fuerza, podría alguien preguntarse: «¿Concede Dios su ayuda para conseguir esto?» A ello respondo: Sin duda alguna, Dios concede a los santos este auxilio. En efecto, nuestro legislador, Cristo, el mismo que nos dio la ley, nos ha dado y continuará dándonos sin cesar sus bendiciones; con ellas nos irá elevando hacia la dicha suprema y así subiremos, de altura en altura, hasta que lleguemos a contemplar a Cristo, el Dios de los dioses; él nos divinizará en la futura Jerusalén del cielo: por ello allí podremos contemplar al Dios de los dioses, es decir, a la Santa Trinidad en sus mismos santos; es decir, nuestra inteligencia sabrá descubrir en nosotros mismos a aquel Dios a quien nadie en este mundo pudo ver y de esta forma Dios lo será todo en todos.