viernes, 23 de enero de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS



MUERE VIRGEN DEDICADO EXCLUSIVAMENTE A DIOS

 De los Capítulos de Diadoco de Foticé, obispo, Sobre la perfección espiritual

(Capítulos 12. 13. 14: PG 65, 1171-1172)

HAY QUE AMAR SOLAMENTE A DIOS


El que se ama a sí mismo no puede amar a Dios; en cambio, el que, movido por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, deja de amarse a sí mismo ama a Dios. Y como consecuencia ya no busca nunca su propia gloria, sino más bien la gloria de Dios. El que se ama a sí mismo busca su propia gloria, pero el que ama a Dios desea la gloria de su Hacedor.

En efecto, es propio del alma que siente el amor a Dios buscar siempre y en todas sus obras la gloria de Dios y deleitarse en su propia sumisión a él, ya que la gloria conviene a la magnificencia de Dios; al hombre, en cambio, le conviene la humildad, la cual nos hace entrar a formar parte de la familia de Dios. Si de tal modo obramos, poniendo nuestra alegría en la gloria del Señor, no nos cansaremos de repetir, a ejemplo de Juan Bautista: Es preciso que él crezca y que yo disminuya.

Sé de cierta persona que, aunque se lamentaba de no amar a Dios como ella hubiera querido, sin embargo lo amaba de tal manera que el mayor deseo de su alma consistía en que Dios fuera glorificado en ella y que ella fuese tenida en nada. El que así piensa no se deja impresionar por las palabras de alabanza, pues sabe lo que es en realidad; al contrario, por su gran amor a la humildad, no piensa en su propia dignidad, aunque fuese el caso que sirviese a Dios en calidad de sacerdote; su deseo de amar a Dios hace que se vaya olvidando poco a poco de su dignidad y que extinga en las profundidades de su amor a Dios, por el espíritu de humildad, la jactancia que su dignidad pudiese ocasionar, de modo que llega a considerarse siempre a sí mismo como un siervo inútil, sin pensar para nada en su dignidad, por su amor a la humildad. Lo mismo debemos hacer también nosotros, rehuyendo todo honor y toda gloria, movidos por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, que nos ha amado de verdad.

Dios conoce a los que lo aman sinceramente, porque cada cual lo ama según la capacidad de amor que hay en su interior. Por tanto, el que así obra desea con ardor que la luz de este conocimiento divino penetre hasta lo más íntimo de su ser, llegando a olvidarse de sí mismo, transformado todo él por el amor.

El que es así transformado vive y no vive; pues, mientras vive en su cuerpo, el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios; su corazón, encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo y su amor a Dios le hace olvidarse completamente del amor a sí mismo, pues, como dice el Apóstol, si nos hemos portado como faltos de juicio, ha sido por Dios; si ahora somos razonables, es por vuestro bien

jueves, 22 de enero de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Jueves 2 de tiempo ordinario

Año Par

1Samuel 18, 6-9



REFLEXIÓN

A Saúl le sentó mal aquella copla, y comentó enfurecido: "¡Diez mil a David, y a mí mil! ¡Ya sólo le falta ser rey!" Y a partir de aquel día Saúl le tomó ojeriza a David.

La Palabra es muy sobria en la descripción de las motivaciones profundas de la conducta humana, pero certera en su simplicidad. No se parece a nuestra compleja descripción de los estados mentales alterados, ni de los análisis de las decisiones apasionadas.

Quizás porque no es cómplice para suavizar en su juicio lo que está mal, y como tal lo establece.

Hoy somos muy comprensivos de las posibles circunstancias que pudieran atenuar la libertad de la voluntad que decide. Es que todos somos cómplices. Todos tenemos algo por lo que sentirnos culpables. Todos cuando somos sinceros nos reconocemos culpables de algo. Y las atenuaciones del juicio sobre las conductas manifiestan una empatía cercana a la impunidad. Juzgamos como quisiéramos que nos juzgaran. Más que misericordiosos somos complacientes y permisivos.

Saúl expresó –hoy diríamos que espontáneamente- su amargura por no ser reconocido en la copla que elogiaba más a David, su subordinado. Pero era objetivo al dejarse llevar por esa indignación? No porque David efectivamente había terminado la batalla con un despliegue de eficacia envidiable. Y eso fue lo que hizo palidecer a Saúl: la envidia. No era feliz con el reconocimiento ajeno.

Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David y le avisó

La historia se construye con decisiones humanas favorables y desfavorables a otros. Para el creyente su estabilidad y paz, así como el sustrato que nutre sus decisiones según Dios, es la confianza mediante la que descansa en el abrigo que el Señor le provee contra las decisiones dañinas y perjudiciales. Y aun cuando sea víctima de ellas, cuenta con la esperanza de fortaleza para superar esas adversidades.

Esta visión aporta una perspectiva saludable y positiva sobre el curso de la historia personal y general. Por lo que los creyentes que han asumido libre y conscientemente la misma son ciudadanos constructivos de cualquier sociedad que quiera contar con ellos.

Saúl hizo caso a Jonatán y juró: "¡Vive Dios, no morirá!"

Una pausa, un respiro, una tregua. No la intención definitiva porque el corazón de Saúl siguió entenebrecido.

Inquinas susurradas al oído del corazón han determinado el desvío de muchas existencias del Designio del Señor. Como lo que nos cuenta Juan de Judas Iscariote, cuando salió de la última cena con Jesús a la oscuridad, a las tinieblas.

Salmo responsorial: 55



REFLEXIÓN

en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre?

Una oración que se puede convertir en mantra para preservar nuestra confianza y gusto por la vida, y alejar los nubarrones que inspiran pensamientos paranoides.

Marcos 3,7-12



REFLEXIÓN

Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo

La necesidad, la carencia, el dolor, el sufrimiento, la miseria imparable de la gente del tiempo de Jesús y de todo tiempo, hace pensar en un caldo de cultivo de otros males, y también de redención.

Porque a más de uno el servicio aportado por Jesús ha inspirado su propia vocación para aliviar a las gentes.

No solamente tal caldo de cultivo incita a la revancha del resentimiento incubado por tanta frustración. No solamente la revolución que no construye lo suficiente para compensar la destrucción ocasionada sale de ese caldo.

También la revolución silenciosa de servicio por el reino va cundiendo con su alivio, reparación, perdón, fraternidad.

Esto debieron aprender de Jesús sus discípulos conviviendo con él: inspirarse en él para servir la necesidad de muchos.

él les prohibía severamente que lo diesen a conocer

De los espíritus inmundos no puede provenir la confesión y reconocimiento del Hijo de Dios.

Jesús muestra saber bien quién es él, su autenticidad, su misión, y saber que cuenta con el amor de su Padre, de manera que no lo desvía, ni lo enajena, el elogio desproporcionado y desde fuera, o el oprobio que victimiza.

Jesús de Nazaret como paradigma de solidez y equilibrio que se autoustenta y se afirma en sus convicciones.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1484118150639763457?s=20

https://x.com/i/status/2014163999579943280 220126

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Jueves 2 de tiempo ordinario

Año Par

1Samuel 18, 6-9

Salmo responsorial: 55

Marcos 3,7-12