jueves, 29 de enero de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Jueves 3 de tiempo ordinario

Año Par

2Samuel 7,18-19.24-29



REFLEXIÓN

"¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí?

Nuestra identidad, nuestra misión, nuestro sentido o propósito o proyecto de vida, desde la fe es una vocación. Un llamamiento del Señor. Una potencialidad de colaboración en el servicio a la creación.

No está reservada a notables exclusivamente, sino que es la herencia de cada ser humano antes, ahora y después, generación tras generación.

has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor!

Cruza la individualidad en el aquí y ahora para proyectarse en la posteridad. Somos responsables de las futuras generaciones de hombres y mujeres.

La sensibilidad por la conservación de la naturaleza rescata en parte esta responsabilidad. porque nos recuerda que la fuentes de vida no son exclusivamente de la generación presente.

Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre

El Israel de David se acercó como ninguno al sueño de la patria unida en torno a Yavé Rey, y a su vocación-misión mesiánica.

Una bendición para ese pueblo mientras mantuviera la orientación de siervo servidor y no de ideología monárquica.

Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo

Nos tomará la existencia entera aprender a descifrar la promesa. en nuestras circunstancias históricas concretas y conocer la presencia permanente del Señor y su Espíritu, entre nosotros.

Salmo responsorial: 131



REFLEXIÓN

tenle en cuenta a David / todos sus afanes

Eso anhelamos y esperamos: que se nos tengan en cuenta los afanes por el reino, y no se nos juzgue como lo hace el mundo, por meras apariencias y circunstancias.

hasta que encuentre un lugar para el Señor

Nuestra buena voluntad deficitaria y precaria se orienta a buscarle lugar al Señor, sin darse cuenta de la necesidad de convertirse a encontrar la casa que el Señor ha dispuesto para nosotros. Esta gloria le pertenece a Él.

Marcos 4,21-25



REFLEXIÓN

Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz.

Cómo se puede descubrir lo que se hace a ocultas: solamente lo que se hace por solidaridad, pues en su momento brillará.

No por vanagloria sino por Espíritu de edificación.

La buena obra del reino se puede hacer con sigilo para evitar la presunción y la búsqueda de vanagloria, pero deja huella que acaba por darse a conocer.

No nos damos gloria pero el Señor nos cubre con la suya.

al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene

Tener y no tener qué? entrega, generosidad, solidaridad.

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Jueves 3 de tiempo ordinario

Año Par

2Samuel 7,18-19.24-29

Salmo responsorial: 131

Marcos 4,21-25

Tener el Reino, estar en él, involcrarse y comprometerse con él, es tener para ir aumentando. No tenerlo por no estar responsablemente en el Reino, es arriesgarse a que le quiten, a perderlo

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


 

SU FE LO LLEVÓ A TENER A JESÚS SACRAMENTADO COMO AMIGO Y A MARÍA COMO INTERCESORA

JUEVES, III SEMANA

De los Sermones de Juan Mediocre de Nápoles, obispo
(Sermón 7: PLS 4, 785-786)

AMA AL SEÑOR Y SIGUE SUS CAMINOS

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Dichoso el que así hablaba, porque sabía cómo y de dónde procedía su luz y quién era el que lo iluminaba. Él veía la luz, no esta que muere al atardecer, sino aquella otra que no vieron ojos humanos. Las almas iluminadas por esta luz no caen en el pecado, no tropiezan en el mal.

Decía el Señor: Caminad mientras tenéis luz. Con estas palabras se refería a aquella luz que es él mismo, ya que dice: Yo he venido al mundo como luz, para que los que ven no vean y los ciegos reciban la luz. El Señor, por tanto, es nuestra luz, él es el sol de justicia que irradia sobre su Iglesia católica extendida por doquier. A él se refería proféticamente el salmista, cuando decía: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El hombre interior, así iluminado, no vacila, sigue recto su camino, todo lo soporta. El que contempla de lejos su patria definitiva aguanta en las adversidades, no se entristece por las cosas temporales, sino que halla en Dios su fuerza; humilla su corazón y es constante, y su humildad lo hace paciente. Esta luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre, el Hijo, revelándose a sí mismo, la da a los que lo temen, la infunde a quien quiere y cuando quiere.

El que vivía en tiniebla y en sombra de muerte, en la tiniebla del mal y en la sombra del pecado, cuando nace en él la luz se espanta de sí mismo y sale de su estado, se arrepiente, se avergüenza de sus faltas y dice: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Grande es, hermanos, la salvación que se nos ofrece. Ella no teme la enfermedad, no se asusta del cansancio, no tiene en cuenta el sufrimiento. Por esto debemos exclamar plenamente convencidos, no sólo con la boca, sino también con el corazón: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Si es él quien ilumina y quien salva, ¿a quién temeré? Vengan las tinieblas del engaño: el Señor es mi luz. Podrán venir, pero sin ningún resultado, pues, aunque ataquen nuestro corazón, no lo vencerán. Venga la ceguera de los malos deseos: el Señor es mi luz. Él es, por tanto, nuestra fuerza, él que se da a nosotros y nosotros a él. Acudid al médico mientras podéis, no sea que después queráis y no podáis.