martes, 17 de noviembre de 2020

 

Martes 33 de tiempo ordinario

Apocalipsis 3, 1-6. 14-22



REFLEXIÓN

Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe así

Cada comunidad es caracterizada por un ethos espiritual y es llamada a una mayor conversión.

Porque la Palabra en sus voceros es llamada a la salvación que significa reconciliación, robustecimiento y fraternidad.

Como otros seres de la creación, los conglomerados humanos que establecen lazos de convivencia comunitaria tienen un espíritu, un estilo.

Hoy diríamos una cultura, que es la apropiación por parte de un grupo de un sentido de vida plasmado en costumbres, lengua, y otras características que los definen en su identidad, y en las que ubican su sentido de pertenencia.

Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios

Se trata de una exhortación en el marco de una situación terminal:la muerte por obras imperfectas. Porque una comunidad vive la vida del Señor cuando sus obras son perfectas. En la perfección que aporta el ágape.

si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti

Más que un nuevo contenido en el mensaje, se trata de hacer memoria del evangelio del reino que recomienda vigilar.

Vivimos en un tiempo en el que no es recomendable establecerse en una seguridad falsa.

unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen.

Nos debe alentar que entre nosotros se encuentran quienes viven la justicia y se esfuerzan por el reino.

Son los representantes de los justos que buscaba Abraham para que no sucumbiera Sodoma. Son el memorial de los pobres de yave en cuyo honor se hizo posible regresar del exilio babilónico y reconstruir Jerusalén.

Son todos aquellos que vigilan y se esfuerzan contra el anti reino.

Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias

El Espíritu de las comunidades puede encontrarse en el modo peculiar como se transmite en cada pueblo las señales de los tiempos que llaman a tomar posición y decisiones evangélicas.

Porque a los creyentes del evangelio las circunstancias de su tiempo y lugar los llama a tomar decisiones para la construcción del reino.

como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca

'Soy rico, tengo reservas y nada me falta'. Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo

Se conmina la falsa seguridad del que todo lo tiene y deja de apasionarse por el reino y la fraternidad.

A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete

Por eso la autocrítica, que no es un cálculo retórico, es imprescindible para experimentar el perdón y sanación.

Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él.

La promesa movió al pueblo elegido en el primer testamento. En el nuevo nuestra promesa es Jesús glorificado.

La desmotivación de nuestro tiempo tiene que ver con la falla en visualizar la promesa cumplida que significa Jesús para el creyente.

Salmo responsorial: 14



REFLEXIÓN

El que procede honradamente / y practica la justicia, / el que tiene intenciones leales / y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo / ni difama al vecino, / el que considera despreciable al impío / y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura / ni acepta soborno contra el inocente. / El que así obra nunca fallará

Estas características forjan el perfil de un ciudadano del reino, que lo hace realidad en nuestra tierra.

Alguien así nunca fallará ante el llamado del señor.

Lucas 19, 1-10



REFLEXIÓN

Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico

Un jefe de corruptos, es aún más corrupto. Un jefe de gente con el poder tras de sí para exigir pago de impuestos y contribuciones, y que se queda con una parte, es peor que sus delegados.

"Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador."

Los de afuera juzgan por fuera. Jesús ofrece la oportunidad de conversión que es mejor aprovechada por alguien excluído de la salvación.

Por lo tanto se trata de alguien muy mal calificado entre la población, con mala fama y peor ejecutoria. De quien no se espera sino trampa, bribonada, corrupción y abuso de poder.

A esta escoria se dirige Jesús y se autoinvita a su casa.

Es como bajar al infierno para invitar al mismo diablo.

Los de afuera juzgan por fuera. Jesús ofrece la oportunidad de conversión, que es mejor aprovechada por alguien excluído oficialmente de la salvación.

Con Jesús sucede lo que constantemente se hace: juzgar por fuera, propalar la maledicencia.

Se ignora, y no se da la oportunidad a pensar, que se puede estar efectuando un proceso de regeneración y salvación.

"Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más."

Una generosísima reparación es la señal de una conversión sincera.

Hoy nosotros llegamos muchas veces hasta el arrepentimiento, pero sin acordarnos del compromiso de reparar el daño infligido.

El efecto de la llamada es una liberación de las riquezas acumuladas mal habidas.

El efecto es transparencia en la actuación para que otros puedan demandarle si se sienten perjudicados.

Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".

Hay alguna experiencia en nuestra vida que se acerque a una liberación de aquello que nos ata al perjuicio, aun implícito, de los otros.? Esa será una experiencia del reino del Padre.

Dicho en otra forma, el designio del Padre en su hijo Jesús de Nazareth, busca recuperar la pérdida de las personas, que naufragan en su pérdida de cosas.

Esta es una palabra luminosa y consoladora. Lo perdido, lo que no sirve, es a los ojos de Dios una oportunidad de recuperación y de su glorificación.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1328660903471050752?s=20

BEATO CARLO

 


BEATO CARLO

Con los ojos en el Cielo

Hace poco más de dos semanas fue beatificado nuestro gran amigo Carlo Acutis y una alegría contagiosa flota en el aire. Uno ha sido testigo de cómo su vida y su beatificación se han difundido por aquí y por allí en un tiempo inusitado. Hace dos meses una gran mayoría no sabía quién era este joven y, sin embargo, la difusión llegó al punto de que en estas semanas hubo notas en la radio y la televisión sobre su vida y su testimonio de fe. Cientos de jóvenes han visto la misa de su beatificación y muchos nos hemos emocionado hasta las lágrimas.

A cada uno le causó algo diferente, sin duda. Para algunos es impactante la solidez y madurez de su fe a su corta edad; para otros, su devoción por la Eucaristía o su gran amor a la Virgen; a otros les llegan sus actos de caridad siendo tan pequeño; a otros, su frescura y testimonio de vida; a otros, que sea una santo bien “millennial” tanto por su edad o porque ya estaba metido en internet… En fin, la vida de este joven supo ganarse los corazones de todos los que se acercaron a él o, mejor dicho, de los que él eligió.

Pero pensando un poco más profundamente, me preguntaba: ¿Qué es lo que Carlo nos regaló a todos en estos días que hizo que los recientes acontecimientos  se “viralizaran” tan rápidamente y llegaran a impactar en tantos corazones? ¿Qué fue lo que hizo que la atención de tantos creyentes se fijara en su vida y en las celebraciones en torno a su beatificación? ¿Cómo puede ser que unas pocas frases que nos quedaron de él, algunas imágenes y videos hayan atraído tan fuertemente la atención de quienes lo miraban? Para mí, la respuesta es que Carlo nos regaló por un instante poder poner la mirada en el Cielo. Sí, en medio de la peor pandemia que pudiéramos haber imaginado alguna vez, en medio de un encierro que nos asfixia, de un aislamiento que nos arrojó a la más profunda soledad, las nubes de nuestro cielo se abrieron y por un tiempito pudimos vislumbrar a lo que estamos llamados: ¡al Cielo!

Carlo nos regaló por un instante poder poner la mirada en el Cielo.

Y es que cuando logramos poner nuestra mirada en el Cielo, todo se transforma porque nos llenamos de alegría y esperanza. Porque cuando miramos al Cielo miramos a Dios, cuando miramos al Cielo miramos lo que realmente importa. Cuando miramos al Cielo una misteriosa certeza nos invade. Nos vuelve la dulce seguridad de saber que en realidad todo tiene un sentido, recordamos que finalmente Jesús siempre triunfa, que nuestros sueños aún pueden volverse realidad y volvemos a decirnos que seguir a Jesús vale la pena, que no todo está perdido y que todo pasará.

REPORT THIS AD

Cuando miramos al Cielo, todo lo que tiene que ver con las preocupaciones de este mundo se desintegra, se pulveriza, desaparece. Tantas cosas que llenan nuestra vida, nuestra mente o nuestras horas se vuelven relativas, pasan a segundo plano o incluso dejan de existir. Y queda lo esencial, que es el AMOR, el amor que no pasará jamás. Por eso nos emocionamos, por eso nos vuelve la alegría, por eso nos volvemos a llenar de esperanza, porque nos quitamos ese peso de encima que nos hace creer que esto para nosotros no es posible.

Y así la vida de Carlo también nos devuelve la alegría de poder esperar llegar al Cielo, de ser santos.

Y así la vida de Carlo también nos devuelve la alegría de poder esperar llegar al Cielo, de ser santos. Porque mirando su vida, observamos que no hizo nada de extraordinario, nada que no esté a nuestro alcance, que no sea posible para nosotros. Sólo que él tuvo la actitud necesaria, que es la docilidad al Espíritu Santo, el ser fiel al caminito que la Iglesia le había enseñado: amar a Jesús, amar a la Virgen, amar a la Iglesia, amar a los pobres y compartir esta Buena Noticia con los demás, con sus familiares y amigos.

Con los pies en la tierra, pero los ojos en el Cielo, Carlo corrió su carrera de la vida y aunque podría haber hecho mucho bien en la tierra, mucho mayor es el bien que nos hace ahora desde el Cielo porque desde allí hoy nos invita a mirar hacia arriba y desear con todas nuestras fuerzas lo que a él ya le fue regalado. Eso es lo que nos saca de nosotros mismos, de nuestras tristezas, de nuestros bajones, de nuestra desesperanza y nos anima a seguir caminando. Así, tan simple, tan sencillo…

Por eso, Carlo, hoy te decimos: ¡GRACIAS! ¡Gracias por escuchar la voz de Dios! ¡Gracias por ser fiel! ¡Gracias por la sencillez de tu vida! ¡Gracias por ayudarnos a valorar la esperanza a la que fuimos llamados!

Y ahora sí, con mucha alegría te decimos: Carlo Acutis, ¡ruega por nosotros!