miércoles, 4 de febrero de 2026

PALABRA COMENTADA


Miércoles 4 de tiempo ordinario

Año Par

2Samuel 24,2.9-17

después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: "He cometido un grave error

Un censo, un inventario, una cuenta de lo que se tiene y en lo que se fundamenta una gloria, un señorío, un poder. Acumulación para gloriarse en sí mismo: función de toda acumulación de riqueza. Por eso es maldita, en boca de Jesús, como adversaria del Reino.

El fondo y sustrato de la pobreza o anti-acumulación es nuestra auténtica vocación humana: ser hijos de Dios y gloriarnos en Él.

Suena a poca cosa, a algo dicho con simplicidad, a tontería. Pero para hacerlo vida e historia, se debe cargar la cruz, porque el anti-Reino no tolera otra gloria sino el poder propio o más bien, apropiado.

Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo, que caer en manos de hombres

El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la población: "¡Basta! ¡Detén tu mano!"

La naturaleza de la gloria del Señor es la compasión, aun en el castigo, si es que castiga.

Es la experiencia del principio en Abraham y ahora la de David.

En lo cual se da a conocer la vulnerabilidad del Dios bíblico.



Salmo responsorial: 31

Había pecado, lo reconocí, / no te encubrí mi delito

Difícil pero purificador el acto del arrepentimiento, confesión y conversión.

Esta autocrítica regenadora está ausente explícita o implícitamente, como actitud, en muchas figuras de poder de la actualidad.

Y así el diálogo no avanza.



Marcos 6,1-6

¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso

Difícil de tragar que éste, igual a nosotros, resulte más sabio que nosotros.

Cantidad de veces procedemos en la misma forma, invalidando una propuesta acertada por la insignificancia del proponente.

Por el contrario se requiere de mucha humildad aceptar una propuesta así y tomarla de referente.

Cuántas veces los que protestan sugieren soluciones que las autoridades desdeñan porque no son especialistas: trabajadores, amas de casa, estudiantes, indígenas.

Es que esas propuestas no sólo son sabias como las de Jesús de Nazaret, sino amenazantes porque piden una conversión a otras actitudes y valores: renunciar a la acumulación de riqueza, compartir con el que tiene menos, darle apoyo al enemigo.

Definitivamente es otro mundo, otra realidad.

El estrato socioeconómico al que Jesús semeja pertenecer no daría las oportunidades para una preparación como la que él mostraba en público.

Los poderes curativos que exhibía no se compadecían con una vida de aldea y una familia que por conocida no hacía suponer nada especial ni extraordinario.

Un cualquiera de santón, en quien se suponen los mismos vicios de los demás.

Como  el film de Passolini en su época.

Un Jesús no idealizado sino vulgarizado.

Jesús era del común.

Pero es una mirada externa, superficial, sin relación personal, íntima o seducida por el ethos de Jesús.

En qué nos puede edificar todo esto a sus seguidores? Quizás en captar que Jesús en su vida ostenta un poder del Espíritu de Dios, derramado con abundancia para beneficio de muchos.

Su decir y hacer es la plastificación de un Padre amoroso y responsable de la plenitud de vida de sus hijos.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe

La fe es aquella libertad humana que accede abrir al Señor el espacio y la oportunidad para que intervenga en la historia.

Qué de extraño tiene que sus milagros nos parezcan tan escasos hoy en día?

Un Padre necesita del amor de sus hijos para influir en sus vidas y no ser mirado como un extraño o intruso.

Qué hacemos cuando una generación pierde el sentido de Dios como Padre y Jesús como su signo más fehaciente, fidedigno.?

https://x.com/motivaciondehoy 040226


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Miércoles 4 de tiempo ordinario

Año Par

2Samuel 24,2.9-17

Salmo responsorial: 31

Marcos 6,1-6

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


EL GOZO DE INTEGRAR UN EQUIPO

Miércoles 4 de TO.
De la Disertación de san Metodio de Sicilia, obispo, sobre santa Águeda
(Analecta Bollandiana 68, 76-78)

SU BONDAD PROVENÍA DEL MISMO DIOS, FUENTE DE TODO BIEN

Nos ha reunido en este lugar, como ya sabéis vosotros, los que me escucháis, la celebración del aniversario de una santa mártir; su combate por la fe, tan conocido y venerado, es algo que históricamente pertenece al pasado, pero que, en cierto modo, se nos hace actual a través de los divinos milagros que un día tras otro van formando su corona y su ornato.

Es virgen porque nació del Verbo inmortal de Dios, Hijo invisible del Padre (este Hijo que también por mí experimentó la muerte en su carne), según aquellas palabras del evangelista Juan: A cuantos lo recibieron dio poder de llegar a ser hijos de Dios.

Esta mujer virgen, la que hoyos ha invitado a nuestro convite sagrado, es la mujer desposada con un solo esposo, Cristo, para decirlo con el mismo simbolismo nupcial que emplea el apóstol Pablo.

Una virgen que, con la lámpara siempre encendida, enrojecía y embellecía sus labios, mejillas y lengua con la púrpura de la sangre del verdadero y divino Cordero, y que no dejaba de recordar y meditar continuamente la muerte de su ardiente enamorado, como si la tuviera presente ante sus ojos.

De este modo, su mística vestidura es un testimonio que habla por sí mismo a todas las generaciones futuras, ya que lleva en si la marca indeleble de la sangre de Cristo, de la que está impregnada, como también la blancura resplandeciente de su virginidad.

Águeda hizo honor a su nombre, que significa «buena»; ella fue en verdad buena por su identificación con el mismo Dios; fue buena para su divino Esposo y lo es también para nosotros, ya que su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien.

En efecto, ¿cuál es la causa suprema de toda bondad, sino aquel que es el sumo bien? Por esto, difícilmente hallaríamos algo que mereciera, como Águeda, nuestros elogios y alabanzas.

Águeda, buena de nombre y por sus hechos; Águeda, cuyo nombre indica de antemano la bondad de sus obras maravillosas, y cuyas obras corresponden a la bondad de su nombre; Águeda, cuyo solo nombre es un estímulo para que todos acudan a ella, y que nos enseña también con su ejemplo a que todos pongamos el máximo empeño en llegar sin demora al bien verdadero, que es sólo Dios.