miércoles, 14 de octubre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Miércoles 28 de tiempo ordinario

Año Par

Gálatas 5, 18-25



REFLEXIÓN

Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley

Porque el Espíritu es más exigente en contra de los intereses perversamente centrados en lo propio, sea persona, grupo o sociedad.

Pero a la vez es más refrescante, porque la exigencia se torna ligera y gozosa al salir de la cárcel en la que nos hemos internado.

Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo.

En estos descriptores que se dice son catálogos de la literatura clásica antigua grecolatina, se da cuenta de conductas escandalosas, ruidosas y exhibicionistas, pero también de las secretas y sigilosas que se cuecen en el corazón. Una gama no completa de afecciones del corazón humano en cuanto humano: carnal. Carne sin espíritu, contra espíritu, desdeñosa de espíritu. Brutal o solapada pero carnal. Se puede decir que la enumeración de los vicios no son una invención de Pablo.

Su valor no estriba en el establecimiento de un criterio de selección, sino en un perfil de aquellos aherrojados en carne, con Espíritu débil.

los que así obran no heredarán el reino de Dios

De las raras veces que esa expresión se lee en Pablo. Con sentido de futuro.

amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí

Son las conductas que están en las antípodas de la carne sin espíritu. Son las consolaciones espirituales, el otro campo del reino anticipado.

Contra esto no va la ley

Más que nada importa entender que la lista de conductas que impulsa el Espíritu tampoco son exhaustivas, sino un perfil de quienes van más allá de la ley.

Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos

Sentido de mortificación, que hoy se menosprecia, quizás porque se perdió la conexión de sentido. Y porque la mortificación ha cambiado de medios probablemente.

Salmo responsorial: 1



REFLEXIÓN

Dichoso el hombre

La dicha de la bienaventuranza que acompaña el seguimiento del Espíritu, mientras peregrinamos, se parece poco al éxtasis emocional que acompaña las conductas carnales.

Gustar más de una que de otra es un desafío que todos tenemos para procesar mediante discernimiento espiritual las contingencias de la existencia humana.

Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales mediante las reglas de discernimiento de espíritus pretende enseñar a degustar el Espíritu para aceptar sus toques y seguirlo.

No se oculta que este seguimiento según momentos y niveles entraña una lucha, que no se reduce a la esfera individual, porque la decisión de compromiso con el Espíritu atraviesa colectividades.

Lucas 11,42-46



REFLEXIÓN

que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

La Palabra encarnada va más a fondo aún. Porque desenmascara aparentes conductas según el Espíritu que excluyen un compromiso más profundo.

Como sí se contrastara la exterioridad y formalidad de ciertas obras buenas, que sirven a propósitos carnales y egoístas, pero dejan de lado una opción fundamental por el reino.

Por lo que mucho hemos de interrogarnos sobre la relación con el reino de nuestras obras y conductas aparentemente buenas y espirituales.

Es posible ser buen ciudadano y cumplir las leyes pero sin derecho y amor de Dios, que es ágape

Esto habría que practicar, sin descuidar aquello

No es procurar lo mejor a costa de lo bueno, sino poner en orden los énfasis, de acuerdo al mayor bien, a lo más importante: derecho y amor de Dios.

Tampoco lo contrario es positivo para el reino. 

Porque el conocimiento de que hay obras espirituales incorrectamente planteadas, no es para abstenerse de ellas, como gusta cierta corriente anti-tradicional.

abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo

Padres, maestros, sacerdotes e incluso pelagatos con un décimo de poder, que gustamos de criticar lo que nosotros no hubiéramos hecho en su lugar.

Lo correcto es no hacernos a un lado como si la Palabra no nos concerniera.

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Miércoles 28 de tiempo ordinario

Año Par

Gálatas 5, 18-25

Salmo responsorial: 1

Lucas 11,42-46

DOCTORES DE LA IGLESIA



 

Miércoles XXVIII

De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

(Carta 130, 12, 22--13, 24: CSEL 44, 65-68)

 

NADA HALLARÁS QUE NO SE ENCUENTRE EN ESTA ORACIÓN DOMINICAL

 

Quien dice, por ejemplo, como mostraste tu santidad a las naciones, muéstranos así tu gloria y que tus profetas sean hallados fieles, ¿qué otra cosa dice sino santificado sea tu nombre?

 

Quien dice: Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve, ¿qué otra cosa dice sino venga tu reino?

 

Quien dice: Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine, ¿qué otra cosa dice sino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo?

 

Quien dice: No me des pobreza ni riqueza, ¿qué otra cosa dice sino danos hoy nuestro pan de cada día?

 

Quien dice: Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes, o bien: Señor, si soy culpable, si hay crímenes en mis manos, si he causado daño a mi amigo, ¿qué otra cosa dice sino perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden?

 

Quien dice: Líbrame de mi enemigo, Dios mío; protégeme de mis agresores, ¿qué otra cosa dice sino líbranos del mal?

 

Y si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical. Por eso, hay libertad de decir estas cosas en la oración con unas u otras palabras, pero no debe haber libertad para decir cosas distintas.

 

Esto es, sin duda alguna, lo que debemos pedir en la oración, tanto para nosotros como para los nuestros, como también para los extraños e incluso para nuestros mismos enemigos, y aunque roguemos por unos y otros de modo distinto, según las diversas necesidades y los diversos grados de familiaridad, procuremos, sin embargo, que en nuestro corazón nazca y crezca el amor hacia todos.

 

Aquí tienes explicado, a mi juicio, no sólo las cualidades que debe tener tu oración, sino también lo que debes pedir en ella, todo lo cual no soy yo quien te lo ha enseñado, sino aquel que se dignó ser maestro de todos.

 

Hemos de buscar la vida dichosa y hemos de pedir a Dios que nos la conceda. En qué consiste esta felicidad son muchos los que lo han discutido y sus sentencias son muy numerosas. Pero nosotros, ¿qué necesidad tenemos de acudir a tantos autores y a tan numerosas opiniones? En las divinas Escrituras se nos dice de modo breve y veraz: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Para que podamos formar parte de este pueblo, llegar a contemplar a Dios y vivir con él eternamente, tenernos aquella exhortación cuyo objetivo no debe ser otro que promover la caridad que proviene de un corazón sincero, de una conciencia recta y de una fe sin fingimiento.

 

Al citar estas tres propiedades se habla de la conciencia recta aludiendo a la esperanza. Por tanto, la fe, la esperanza y la caridad conducen hasta Dios al que ora, es decir, a quien cree, espera y desea, al tiempo que descubre en la oración dominical lo que debe pedir al Señor.