sábado, 17 de octubre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

 

Sábado 28 de tiempo ordinario

Año Par

Efesios 1, 15-23



REFLEXIÓN

os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo

Como persona la Palabra se entrega en un proceso de conocimiento personal. Que requiere cierta disponibilidad y hacer fuerza para ganarla. Un vencerse a sí mismo, para abrirse generosamente al Misterio y lo que disponga.

para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama

La esperanza es como una conquista de una posición en el ascenso de una elevación. Hay que invertir fe y amor en ella. Porque su comprensión y ejercicio no está asegurado sino que es un don que crece en buena tierra.

resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo

Los primeros creyentes asumieron estos signos de poder como motivo de esperanza y martirio.

Qué nos motiva a nosotros hoy como creyentes en nuestra esperanza viva?

Salmo responsorial: 8



REFLEXIÓN

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, / el ser humano, para darle poder?

En la perspectiva de nuestros fallos históricos debemos aprender a pensar de nosotros mismos que nuestra gloria no es tanta.

Más bien nuestra inflación la debemos a la voz tentadora del principio del mundo.

Lucas 12,8-12



REFLEXIÓN

Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir

Como en todo lo demás la comunidad seguidora de Jesús lo tiene como modelo que los inspira en el seguimiento.

Y así capta desde la fe pascual que el don otorgado por Jesús, pero vivido por él, es la obediencia al Espíritu, y dejarse enseñar por Él.

Es imperdonable desacreditar la acción del Espíritu de Dios. Nada lo justifica.

En esto consiste una existencia que aprende puntualmente, en cada coyuntura.

Y volverse contra esta enseñanza es una blasfemia (lenguaje difamatorio) que por si mismo excluye del influjo del Espíritu.

Un lenguaje que expresa falta de fe en su enseñanza.

no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir

Lo propio es creer y esperar que interviene y seguirá anteviniendo el Espíritu Santo en nuestra defensa decisiva.

Confiar en la intervención oportuna, esperar su auxilio pertinente, es la fe que nos transmite la tradición de la Palabra desde los relatos de Abraham.

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Sábado 28 de tiempo ordinario

Año Par

Efesios 1, 15-23

Salmo responsorial: 8

Lucas 12,8-12

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS




Jesús no lo sacó del Mundo, sino que en el Mundo lo invitó a seguirlo, y Carlo lo siguió


 SEGUNDA LECTURA
 

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Romanos

(Cap. 4. 1-2; 6, 1--8, 3: Funk 1, 217-223)

 

SOY TRIGO DE DIOS Y HE DE SER MOLIDO POR LOS DIENTES DE LAS FIERAS

 

Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios, con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios.

 

De nada me servirán los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en si entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mi, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.

 

El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más bien de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre.» No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.

 

No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.