domingo, 18 de octubre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

domingo 29 de tiempo ordinario

Isaías 45,1.4-6



REFLEXIÓN

dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano

Ungido coyuntural. Alguien a quien se creyó designado pero no lo fue tanto, sino por un momento. Vocación temporal para su servicio puntual. Expresión de la libertad del Señor en su sembrado.

te di un título, aunque no me conocías

Es posible desde esa libertad y según su designio elegir y llamar un mesías que no conozcan, ni sepa a ciencia cierta para quién trabaja.

Incluso alguno puede ser mal visto como un agente contrario que no se identifica con otros operarios del Reino.

Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios

Uno solo es el designio del único Señor. Esta unidad y unicidad nos conviene para unificar nuestra lectura desde la fe en un solo propósito, y evitar que la diversidad de signos nos confunda y trastorne.

Salmo responsorial: 95



REFLEXIÓN

él gobierna a los pueblos rectamente.

No obstante no alcancemos a ver el fin de lo que parece curva, nuestra confianza en El se basa en su rectitud.

1Tesalonicenses 1,1-5b



REFLEXIÓN

fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Ni la fuerza ni la profundidad son demostrables sino mostrables. No por argumentos y evidencias, sino por inspiraciones y señales que educan en la visión de trascendencia y en la conversión del corazón para ver a Dios.

Mateo 22,15-21



REFLEXIÓN

¿es lícito pagar impuesto al César o no?

La pregunta, habida cuenta de la imposición romana, es ociosa al preguntar por la licitud. No la hay, no se puede hablar de ella, porque no hay seguridad ni libertad para oponerse, menos para discutirla.

La pregunta entonces puede tentar a una respuesta de rebeldía, para poder acusarlo de instigador.

Comprendiendo su mala voluntad

Hipócritas, ¿por qué me tentáis?

Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios."

El impuesto y la moneda para pagarla son imposiciones romanas. Para qué quiere el imperio otra moneda que no es la de él?

La moneda del imperio son divisas que se van de Jerusalén. Es el saqueo del más fuerte.

No se puede hablar de licitud, había más bien que hablar de resignación o resistencia.

Pero el imperio y el César pasan por ser divinos, queridos por la divinidad.

Una cosa es que impongan por la fuerza su ideología y su causa, que no todo es malo. Pero otra es que no permita ser fieles al Dios de Israel, al Reino de Dios, tal como Jesús lo va manifestando.

Esta postura si no frontalmente, de algún modo terminará en la confrontación entre dos divinidades, que pagarán con el martirio Jesús y sus seguidores.

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domingo 29 de tiempo ordinario

Isaías 45,1.4-6

Nuestro servicio de siervos, al misionar en el mundo, es vivir la convicción de un solo Dios, único por encima de todo. Nuestro Principio y Fundamento.

Salmo responsorial: 95

La fe nos abre a una realidad más profunda. El dominio absoluto es el de Dios. A éste nos debemos inspirados en el evangelio.

1Tesalonicenses 1,1-5b

Dar a Dios lo que es de Dios en el Mundo, bajo dominios mundanos, diversidad de poderes, diversidad de opresiones, exige aguante de la Esperanza. Que requiere fortaleza del Espíritu del Señor de la Gloria.

Mateo 22,15-21

Se puede pensar que Jesús propone que se pague al César como fuerza ocupante, Imperio exactor. También que se pague ocupándolo, quizá por la resistencia y la fuerza. Pero también que si la están usando es que pueden con ese sistema del cual están viviendo y lucrando, Pero lo importante es que Dios reciba lo suyo, porque es otro ocupante de sus vidas a quien deben servir. Vivir en las condiciones que nos impone pero con fidelidad al Señor. Buscando su agrado.

DOCTORES DE LA IGLESIA


 

SI DIOS POSEE NUESTRO CORAZÓN NOSOTROS POSEEREMOS EL INFINITO

Domingo, XXIX semana

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el profeta Ageo

(Cap. 14: PG 71, 1047-1050)

 

ES GRANDE MI NOMBRE ENTRE LAS NACIONES

 

La venida de nuestro Salvador en el tiempo fue como la edificación de un templo sobremanera glorioso; este templo, si se compara con el antiguo, es tanto más excelente y preclaro cuanto el culto evangélico de Cristo aventaja al culto de la ley o cuanto la realidad sobrepasa a sus figuras. Con referencia a ello, creo que puede también afirmarse lo siguiente: El templo antiguo era uno solo, estaba edificado en un solo lugar y sólo un pueblo podía ofrecer en él sus sacrificios. En cambio, cuando el Unigénito se hizo semejante a nosotros, como el Señor es Dios: él nos ilumina, según dice la Escritura, la tierra se llenó de templos santos y de adoradores innumerables, que veneran sin cesar al Señor del universo con sus sacrificios espirituales y sus oraciones. Esto es, según mi opinión, lo que anunció Malaquías en nombre de Dios, cuando dijo: Desde el oriente hasta el poniente es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrecerá incienso a mi nombre y una oblación pura.

 

En verdad, la gloria del nuevo templo, es decir, de la Iglesia, es mucho mayor que la del antiguo. Quienes se desviven y trabajan solícitamente en su edificación obtendrán, como premio del Salvador y don del cielo, al mismo Cristo, que es la paz de todos, por medio de quien tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu; así lo declara el mismo Señor, cuando dice: En este sitio daré la paz a cuantos trabajen en la edificación de mi templo.

De manera parecida, dice también Cristo en otro lugar: Mi paz os doy. Y Pablo, por su parte, explica en qué consiste esta paz que se da a los que aman, cuando dice: La paz de Dios, que está por encima de todo conocimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. También oraba en este mismo sentido el sabio profeta Isaías, cuando decía: Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Enriquecidos con la paz de Cristo, fácilmente conservaremos la vida del alma y podremos encaminar nuestra voluntad a la consecución de una vida virtuosa.

 

Por tanto, podemos decir que se promete la paz a todos los que se consagran a la edificación de este templo, ya sea que su trabajo consista en edificar la Iglesia en el oficio de catequistas de los sagrados misterios, es decir, colocados al frente de la casa de Dios como mistagogos, ya sea que se entreguen a la santificación de sus propias almas, para que resulten piedras vivas y espirituales en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado. Todos estos esfuerzos lograrán, sin duda, su finalidad y quienes actúen de esta forma alcanzarán sin dificultad la salvación de su alma.