sábado, 12 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Sábado 23 de tiempo ordinario

1CORINTIOS 10, 14-22


 


COMENTARIO

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

Estar contigo y compartir entre nosotros genera algún grado de comunión, de fraternidad.

Ya no somos enteramente extraños, ni incomunicados.El compartir de la familia, de la pareja, de los grupos con los con se tiene contacto profesional, ministerial.

Hay una demanda de solidaridad en esos contactos, una salida del anonimato y una construcción de redes sanadoras, positivas y amorosas, sopladas o inspiradas desde dentro con una energía suave, pacífica, intensa y profunda.

los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios.

Hoy se revalora la cultura indígena y sus sacrificios. Ya no se les llama demonios.

Pero entre los mismos indígenas había cultos más humanos que otros, menos dañinos que otros.

Como entre nosotros, hay elementos de la cultura que favorecen y otros que no la fraternidad y la comunión en Cristo.

No podéis beber de los dos cálices, del del Señor y del de los demonios

Es como el cojear que denunciaba Elías:baal y Yavé.

Pero cómo evitar un crecimiento o decrecimiento en el sincretismo, que afirma uno y debilita otro en un proceso de purificación o de degeneración.

¿Vamos a provocar al Señor?

Una cosa es la maldad y otra la debilidad. Es lo que debemos discernir.

SALMO RESPONSORIAL: 115



COMENTARIO

¿Cómo pagaré al Señor / todo el bien que me ha hecho? / Alzaré la copa de la salvación, / invocando su nombre

Tú me has sacado de la idolatría, así sea en intención y gracia.

Nos queda irte agradeciendo con el alzar de la copa y la comida de tu pan, para que este proceso no se detenga y se profundice tu purificación.

Cumpliré al Señor mis votos / en presencia de todo el pueblo

Habíamos hecho votos y promesas en tu presencia y no los seguimos cumpliendo. A menos que en la práctica rutinaria de nuestra vida posterior, hayamos podido con tu gracia entrar en el proceso de entrega de lo que una vez te prometimos, pero sin una estructura determinada institucional.

LUCAS 6, 43-49



COMENTARIO

No hay árbol sano que dé fruto dañoso, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto

A la vista de algunos resultados parciales en nuestro servir nos consuela esta palabra, porque sostienes nuestra sanidad por encima de lo dañoso.

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal, porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

Viniendo de ti es muy alentador esta palabra.

Por encima de las constantes denuncias del acusador, quien logra desanimarnos y deprimirnos, haciéndonos sentir indignos de ti.

Hacer el bien esporádicamente puede ser improvisación, pero mantenerse en el bien obrar no.

Por que me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra, se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose".

Escuchar y obedecer la palabra, como construir sobre cimiento de roca, requiere una dedicación, un tiempo. No es asunto de magia, sino de amor.

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Sábado 23 de tiempo ordinario

1CORINTIOS 10, 14-22

SALMO RESPONSORIAL: 115

LUCAS 6, 43-49

DOCTORES DE LA IGLESIA


 

San Atanasio Sermón sobre la encarnación del Verbo 10

 RENUEVA NUESTROS DÍAS COMO ANTAÑO


El Verbo eterno del Padre no abandonó la naturaleza humana que corría hacia su ruina, sino que con la oblación de su propio cuerpo destruyó la muerte bajo cuyo dominio el hombre había sucumbido, con sus enseñanzas corrigió los errores humanos y con su poder restauró los bienes que el género humano había perdido.

Quienquiera que lea los escritos de los discípulos del Señor verá confirmado, con la autoridad de estos teólogos, lo que hemos afirmado. Leemos, en efecto, en estos escritos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que, si uno murió por todos, consiguientemente todos murieron en él; y murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos, nuestro Señor Jesucristo. Y en otro lugar dice: Vemos a Jesús, a quien Dios puso momentáneamente bajo los ángeles, coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte; así por amorosa dignación de Dios gustó la muerte en beneficio de todos.

La Escritura nos da la razón por la que fue precisamente el Verbo de Dios y no otro el que tenía que hacerse hombre: Era conveniente para Dios -dice-, para quien y por quien son todas las cosas, que, queriendo llevar una multitud de hijos a la gloria, consumase en la gloria, haciéndolo pasar por los sufrimientos, al jefe de la salud de todos ellos. Con estas palabras se nos significa que librar a los hombres de la corrupción corresponde únicamente al Verbo de Dios, por quien fueron creados en el principio.

La razón por la cual el Verbo quiso tomar carne y hacerse hombre no fue otra sino la de salvar a los hombres con quienes se había hecho semejante al asumir un cuerpo; así lo dice, en efecto, la Escritura: Como los hijos comparten carne y sangre, también él entró a participar de las mismas; así por su muerte reducía a la impotencia al que retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio; y libraba a los que por temor a la muerte vivían toda su vida sometidos a esclavitud. Así, al inmolar su propio cuerpo, destruyó la ley que había sido dada contra nosotros, y renovó nuestra vida, dándonos la esperanza de la resurrección.

Pues si la muerte penetró en la humanidad fue por culpa de los hombres, en cambio, fue gracias a la encarnación del Verbo de Dios que la muerte fue destruida y se recuperó la vida, como lo afirma aquel apóstol, cuyo vivir era Cristo: Porque, como por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos; y, así como todos mueren, asociados a Adán, así todos revivirán, asociados a Cristo, y lo demás que sigue. Ya no morimos, pues, como unos condenados, sino que morimos con la esperanza de resucitar de entre los muertos en el día de la resurrección universal que Dios realizará cuando llegue el tiempo.

COMENTARIO

Cómo es la lógica de la destrucción de la muerte en la muerte del cuerpo de Cristo? Es una tradición de la tradición, que se enarbola como argumento definitivo a favor de nuestra resurrección. Es un acto histórico, el de la muerte de Jesús, que se mira como la suma injusticia, porque se trata de una sentencia condenatoria que ejecuta un inocente. Al hacerlo esa muerte es indigna, clama al cielo y al Padre, en representación de toda muerte como injusta, y no hay una que no lo sea. Y en la Resurrección recibe una sentencia la muerte: falló porque la inocencia del justo ha sido revalidada. Desde un punto eminencial es una muerte sin muerte eterna, verdadera muerte, y su aguijón se ha roto.