jueves, 17 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Miércoles 24 de tiempo ordinario

 

Año Par

 

1Corintios 12, 31 - 13, 13

 



REFLEXIÓN

 

si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden

 

si no tengo amor, no soy nada

 

si no tengo amor, de nada me sirve

 

Amor(ágape: benevolencia, buena voluntad, estima, preferencia moral) 

Podríamos decir que el amor ágape de la buena nueva es el que se decanta en una preferencia por lo bueno y lo correcto, por lo justo y en esto refleja, transmite y entrega el amor de Dios.

El amor carnal: el erótico y el filial, como creados por Dios, son buenos. Pero el ágape los integra, los sublima y los supera. Y con ello el amor de ágape no es meramente espiritual y desencarnado sino total, integral, holístico, fraternal. 

El amor es paciente, afable; 

no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. 

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

Aunque la descripción paulina fuera extraída de un catálogo-como se dice- de virtudes, usual en la literatura helénica, no desvirtúa la intención de ofrecer el alcance práxico del amor: se trata del amor aterrizado en la historia de cada día de la existencia humana y su relaciones. 

El amor no pasa nunca 

Siendo trasunto del mismo Señor entre nosotros, da a entender cómo Él es Emmanuel: Dios entre nosotros por su amor que no cesa, no se agota, no pasa.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor 

Agape fraternal que es fe y esperanza mientras peregrinamos con expectativa en el proceso de la existencia por el mundo, pero se desvela como amor de Dios, en Dios y con Dios en la consumación.

 

Salmo responsorial: 32


 

REFLEXIÓN 

él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra

Un amor entrañable que prefiere hacer justicia, establecer lo correcto, proteger al débil. 

Un amor que se preocupa que los derechos de sus hijos no menoscabe la debilidad de los que menos pueden: huérfanos, viudas, extranjeros.

 

Lucas 7, 31-35


 

REFLEXIÓN

Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis 

Cuál es el ethos de nuestra generación? Nuestros sistemas de educación debe necesariamente resolver esta cuestión investigando y conociendo. 

Pero también debe llegar al punto de la decisión.

Por eso el punto de llegada de toda instrucción es ético: lo que se debe hacer de bueno y correcto con amor. 

los discípulos de la sabiduría le han dado la razón

Es la sabiduría que alaba Jesús cuando se revela en Pedro, en los pequeños, los que sí entienden de qué se trata todo.

El Espíritu forma en el corazón una sabiduría, una actitud que no se arrebata, sino se recibe con agradecimiento, y es como un tesoro en vasos de barro. 

Analizarla puede destruirla. Más bien hay que intuirla, como una visión de totalidad. 

Su imagen es la del publicano. Actualmente es oportuno pensar en una figura como la de Zaqueo o el Juan Diego de la Virgen de Guadalupe. 

Cuando el amor resuelve hacer lo bueno y lo correcto con misericordia, es sabio. 

La decisión de Jesús de Nazareth de entregarse a la pasión y la muerte por todos, es la decisión por lo bueno y lo correcto, con misericordia. 

Es sabiduría de la cruz.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1570015285624639489?s=20&t=RuEKEC5ZaMswkrZwWFN-_Q

motivaciondehoy


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Miércoles 24 de tiempo ordinario

 

Año Par

 

1Corintios 12, 31 - 13, 13

Salmo responsorial: 32

Lucas 7, 31-35

miércoles, 16 de septiembre de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASÍS


 

MIÉRCOLES, XXIV SEMANA

De las Cartas de San Cipriano, obispo y mártir
(Carta 60, 1-2. 5: CSEL 3, 691-692. 694-695)

UNA FE GENEROSA Y FIRME

Cipriano a su hermano Cornelio:

Hemos tenido noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra confesión, que nos consideramos partícipes y socios de vuestros méritos y alabanzas. En efecto, si formamos todos una misma Iglesia, si tenemos todos una sola alma y un solo corazón, ¿qué sacerdote no se congratulará de las alabanzas tributadas a un colega suyo, como si se tratara de las suyas propias? ¿O qué hermano no se alegrará siempre de las alegrías de sus otros hermanos?

No hay manera de expresar cuán grande ha sido aquí la alegría y el regocijo, al enterarnos de vuestra victoria y vuestra fortaleza: de cómo tú has ido a la cabeza de tus hermanos en la confesión del nombre de Cristo, y de cómo esta confesión tuya, como cabeza de tu Iglesia, se ha visto a su vez robustecida por la confesión de los hermanos; de este modo, precediéndolos en el camino hacia la gloria, has hecho que fueran muchos los que te siguieran, y ha sido un estímulo para que el pueblo confesara su fe el hecho de que te mostraras tú, el primero, dispuesto a confesarla en nombre de todos; y, así, no sabemos qué es lo más digno de alabanza en vosotros, si tu fe generosa y firme o la inseparable caridad de los hermanos. Ha quedado públicamente comprobada la fortaleza del obispo que está al frente de su pueblo y ha quedado de manifiesto la unión entre los hermanos que han seguido sus huellas. Por el hecho de tener todos vosotros un solo espíritu y una sola voz, toda la Iglesia de Roma ha tenido parte en vuestra confesión.

Ha brillado en todo su fulgor, hermano muy amado, aquella fe vuestra, de la que habló el Apóstol. Él preveía ya en espíritu, esta vuestra fortaleza y valentía, tan digna de alabanza, y pregonaba lo que más tarde había de suceder, atestiguando vuestros merecimientos, ya que, alabando a vuestros antecesores, os incitaba a vosotros a imitarlos. Con vuestra unanimidad y fortaleza, habéis dado a los demás hermanos un magnífico ejemplo de estas virtudes.

Y, teniendo en cuenta que la providencia del Señor nos advierte y pone en guardia y que los saludables avisos de la misericordia divina nos previenen que se acerca ya el día de nuestra lucha y combate, os exhortamos de corazón, en cuanto podemos, hermano muy amado, por la mutua caridad que nos une, a que no dejemos de insistir, junto con todo el pueblo, en los ayunos, vigilias y oraciones. Porque éstas son nuestras armas celestiales, que nos harán mantener firmes y perseverar con fortaleza; éstas son las defensas espirituales y los dardos divinos que nos protegen.

Acordémonos siempre unos de otros, con grande concordia y unidad de espíritu, encomendémonos siempre mutuamente en la oración y prestémonos ayuda con mutua caridad cuando llegue el momento de la tribulación y de la angustia.