lunes, 19 de enero de 2026

PALABRA COMENTADA


Lunes 2 de tiempo ordinario

Año Par

1Samuel 15, 16-23



REFLEXIÓN

¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación

Se insiste en la matriz agravada de todo pecado, injusticia o desviación: la desobediencia.

Desde el relato de Adán y Eva, éste es el eje en torno al cual sea alinean todos los pecados.

La perfidia en esta ocasión es la apariencia de cumplimiento de la voluntad del Señor, haciendo lo contrario.

La falta de radicalidad en seguir el mandato, y la abundancia de propio y autónomo criterio, pero en nombre del Señor.

Así el mandato era no tomar nada de botín. Y el camuflaje hipócrita fue tomar botín para el sacrificio en el templo.

Docilidad, obediencia, radicalidad en la escucha: no echar mano de los despojos. No ese excusable echar mano con la excusa de ofrecer lo mejor en sacrificio

En la vida corriente constantemente nos vemos desafiados por la amistad con el Señor y el trabajo por el Reino a tomar decisiones de acuerdo a su designio.

Y con frecuencia nos enredamos, nos hacemos complejos, mensos y sordos, para oscurecer el mandato y cumplir a medias.

San Ignacio de Loyola en los ejercicios espirituales llamó a esta postura segundo binario. Equivale a traer a Dios a nuestros oscuros intereses haciendo ver que se cumple con Él.

Es la sutileza del engaño por hacer el bien. Porque si fuera el perjuicio fácilmente se evitaría.

Se podría decir que esta tipología la constituye la malicia de los buenos, pero no de los mejores.

Por ello en la espiritualidad ignaciana el bien es el bien mayor, la mayor gloria, la tercera manera de humildad, el tercer binario. No se satisface con el bien cualquiera, sino con el que es voluntad de Dios.

Es importante comprender que esta radicalidad no debiera ser una carrera de frustraciones, por reprimir o suprimir aquello bueno que nos agrada para vivir una vida de calidad.

Tal amargura y masoquismo es una caricatura del itinerario hacia la perfección del Padre.

Más bien la vida del que busca y encuentra el mayor bien discernido por amor y Espíritu es una de gozo, paz, serenidad y ágape. Para una conducta libre de apegos tóxicos que gana en libertad.

Salmo responsorial: 49



REFLEXIÓN

El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

El sacrificio vivo de Jesucristo es el agradable al Padre. La obediencia del hijo que cumple la voluntad del Padre, es el sacrificio vivo, la acción de gracias requerida. Cuando ésta se da, la celebración eucarística, memoria de la acción de gracias de Jesús, es significativa y comunica el don de Dios. Es o se hace sacramento.

Porque en la eucaristía-rito-misa tenemos la oportunidad del sacramento, que sólo en obediencia de fe cristalizamos.

Marcos 2,18-22



REFLEXIÓN

los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno

En esa cultura, y en otras de nuestro tiempo, ayunar era y es bueno. Ayuda también a la salud.

¿Por qué los tuyos no?

Los discípulos de Jesús, en ese medio, se veían como fuera de lugar, peculiares y no tradicionales. Su estilo escandalizaba y cuestionaba por un sentido más vinculante.

¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos?

A quién se le ocurre ayunar en un banquete de bodas? No tiene sentido.

En el Reino vivimos un banquete de fraternidad, y debemos compartir los bienes. Un ayuno no tiene sentido en el Reino. Excepto en los momentos de ausencia del novio.

Rompe Jesús con el orden viejo y en odres nuevos echa el vino nuevo: no ayuna, sino que celebra porque ya es la boda y aquí está el novio. Jesús es dócil a la voluntad de Dios y no contemporiza con el orden viejo, no tiene por qué ayunar.

Recuerda los binarios, en particular el segundo. Los que vivimos haciendo mezclas entre el orden viejo y el orden nuevo, y dañamos los dos. Juan bautista fue coherente con su orden viejo, y fue grande, pero pequeño en el orden nuevo.

Cómo estamos? Con o sin novio. Se lo llevaron en la Ascensión. Pero permanece en el Espíritu del Resucitado dentro de su pueblo. Ayunamos o no? Estamos con el novio o no? Se trata de nuestra condición escatológica que implica un sí pero todavía no. Caminamos entre valles y colinas, consolaciones y desolaciones. El ayuno dependerá de la vivencia de ausencias y presencias del novio en nuestra existencia.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán

Jesús fue llevado en su muerte y el duelo los embargó. Nosotros que vivimos la presencia del Espíritu de Jesús vivo, no tenemos por qué ayunar. Cuando advertimos que se ausenta, entonces sí debemos ayunar, para apresurar su venida. 

En la espiritualidad Ignaciana, cuando nos encontramos en desolación debemos movernos e insistir en combatir esa desolación hasta que vuelva el consuelo. Es el momento del ayuno. Durante la consolación, vivimos un banquete y no ayunamos.

Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos 

En este vino nuevo de la existencia tras Jesús, no sacrificamos a nadie ni a nada, sino que como víctimas nos ofrecemos y así celebramos al novio.

La novedad por excelencia es Jesús, el novio.

En la medida que la vivencia de fe mantenga viva su presencia, no tiene sentido ayunar, porque es fiesta.

Sólo en su ausencia tiene sentido ayunar.

En la vivencia de consolación, se experimenta según Ignacio en los ejercicios espirituales, una fiesta de presencia para la fe.

No se cambia uno por nadie, ni hay tentación rastrera que penetre.En la desolación, la situación sicológica-espiritual de duelo y abandono, es cuando se recomienda el ayuno y la penitencia como una forma de llamar de nuevo a la presencia del Espíritu de Jesús.

En momentos de consolación, don del Señor, es cuando mejor se entiende el sentido del sacerdocio de acción de gracias de Jesús, y la misión mesiánica de la autocrítica y la solidaridad.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1483035688903786499?s=20

https://x.com/motivaciondehoy/status/1746859051563000168?s=20

https://x.com/motivaciondehoy 190126

COMPARTIR LA PALABRA


Lunes 2 de tiempo ordinario

Año Par

1Samuel 15, 16-23 

Salmo responsorial: 49 

Marcos 2, 18-22 

SAN CARLO DE JESUS ACUTIS DE ASIS

MOSTRÓ HASTA EL FINAL DESAPEGO DE LAS PERTENENCIAS Y SOLIDADARIDAD

LUNES, II SEMANA

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Efesios
(Cap. 13--18, 1: Funk 1, 183-187)

TENED FE Y CARIDAD PARA CON CRISTO

Procurad reuniros con más frecuencia para celebrar la acción de gracias y la alabanza divina. Cuando os reunís con frecuencia en un mismo lugar, se debilita el poder de Satanás, y la concordia de vuestra fe le impide causaros mal alguno. Nada mejor que la paz, que pone fin a toda discordia en el cielo y en la tierra.

Nada de esto os es desconocido si mantenéis de un modo perfecto, en Jesucristo, la fe y la caridad, que son el principio y el fin de la vida: el principio es la fe, el fin la caridad. Cuando ambas virtudes van a la par se identifican con el mismo Dios, y todo lo demás que contribuye al bien obrar se deriva de ellas. El que profesa la fe no peca, y el que posee la caridad no odia. Por el fruto se conoce el árbol; del mismo modo, los que hacen profesión de pertenecer a Cristo se distinguen por sus obras. Lo que nos interesa ahora, más que hacer una profesión de fe, es mantenernos firmes en esa fe hasta el fin.

Es mejor callar y obrar que hablar y no obrar. Buena cosa es enseñar, si el que enseña también obra. Uno solo es el maestro, que lo dijo, y existió; pero también es digno del Padre lo que enseñó sin palabras. El que posee la palabra de Jesús es capaz de entender lo que él enseñó sin palabras y llegar así a la perfección, obrando según lo que habla y dándose a conocer por lo que hace sin hablar. Nada hay escondido para el Señor, sino que aun nuestros secretos más íntimos no escapan a su presencia. Obremos, pues, siempre conscientes de que él habita en nosotros, para que seamos templos suyos y él sea nuestro Dios en nosotros, tal como es en realidad y tal como se manifestará ante nuestra faz; por esto tenemos motivo más que suficiente para amarlo.

No os engañéis, hermanos míos. Los que perturban las familias no poseerán el reino de Dios. Ahora bien, si los que así perturban el orden material son reos de muerte, ¿cuánto más los que corrompen con sus falsas enseñanzas la fe que proviene de Dios, por la cual fue crucificado Jesucristo? Estos tales, manchados por su iniquidad, irán al fuego inextinguible, como también los que les hacen caso. Para esto el Señor recibió el ungüento en su cabeza, para infundir en la Iglesia la incorrupción. No os unjáis con el repugnante olor de las enseñanzas del príncipe de este mundo, no seaa que os lleve cautivos y os aparte de la vida que tenemos prometida. ¿Por qué no somos todos prudentes, si hemos recibido el conocimiento de Dios, que es Jesucristo? ¿Por qué nos perdemos neciamente, no reconociendo el don que en verdad nos ha enviado el Señor?

Mi espíritu es el sacrificio expiatorio de la cruz, la cual para los incrédulos es motivo de escándalo, mas para nosotros es la salvación y la vida eterna