domingo, 1 de noviembre de 2026

SAN CARLO DE JESUS ACUTIS DE ASIS




 

De los Sermones de san Bernardo, abad

(Sermón 2: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 364-368 )

 

APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN

 

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

 

El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.

 

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba, pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.

 

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordarnos que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con el. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.

 

Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también en gran manera la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.

sábado, 31 de octubre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Sábado 30 de tiempo ordinario

Año Par

Filipenses 1, 18b-26



REFLEXIÓN

porque sé que esto será para mi bien

La Palabra aporta a la existencia cotidiana un sentido de seguridad, de confianza y serenidad, no obstante que se reconozca la existencia de insinceridades y dobles intenciones en el mundo.

No vivimos de la especulación, ni el desasosiego que pone oidos a todo rumor inquietante, sino que nos afincamos en la fe en el acompañamiento del Señor cuyo designio sigue adelante, y con él nosotros.

Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte.

Incluso en el peor de los casos, el de mi muerte, según la Palabra, todo se ordena para glorificarme en la gloria de Jesús, al ser parte de su cuerpo por la fe.

Esta pertenencia e identidad implica un proceso de Espíritu Santo. Un hacerse según los tiempos del Señor, al que nos debemos disponer con gozo y paciencia.

Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger

Sólo el amor apostólico, el servicio al Reino y al designio son para Pablo motivo para prolongar su vida, si lo ponen a elegir.

S.Ignacio en sus ejercicios nos propone a nuestra generosidad espiritual la tercera manera de humildad, que es la elección que llegamos decidir motivados en la identificación más actual a Jesús crucificado.

Un apóstol da su vida por el servicio, pero desea prolongar su vida si con eso se hace un mayor servicio. Es el amor al prójimo en su máxima expresión.

Salmo responsorial: 41



REFLEXIÓN

¿cuándo entraré a ver / el rostro de Dios?

Por fe nuestra actitud sería la de postergar ese final de comunión con el Padre, si su mayor gloria dispone que viva más para servir su designio.

Lucas 14,1.7-11



REFLEXIÓN

Notando que los convidados escogían los primeros puestos,

Jesús actúa como un buen educador: observando una situación y buscando que emerja de ella una lección cercana y comprensible.

todo el que se enaltece será humillado,

y el que se humilla será enaltecido

Se relaciona con los fariseos, educadores también, que ejercen un poder con su ciencia, pero que también discriminan, dictando lo que debe ser.

Solo una perspectiva desde la fe que tenga como prioridad el designio y su servicio podrá ayudarnos en esta consigna de contra-cultura: todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Solo una consigna así hecha vida nos hará fuertes en nuestra autoestima frente al coro del mundo que nos dice que somos perdedores.

 https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1586316875767873536?s=20&t=0f14-2IDZmEBVqbk9WKC4A



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Sábado 30 de tiempo ordinario

Año Par

Filipenses 1, 18b-26

Salmo responsorial: 41

Lucas 14,1.7-11