miércoles, 3 de junio de 2026

PALABRA COMENTADA

Miércoles 9ª semana de tiempo ordinario

2Timoteo 1,1-3.6-12

REFLEXIÓN

Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia

Por convicción. No por otro motivo más fuerte. En una cultura creyente dominante no es fácil de probar esa convicción. Hoy que hay un extendido prejuicio contra el creyente y parece mejor y más congruente la postura agnóstica, puede sentirse una mayor dificultad en esa convicción.

reavives edon de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos

Dado el don, nuestra responsabilidad es avivarlo. Es un mensaje tradicional especialmente en S.Ignacio de Loyola. El avivamiento consiste en liberarnos de los impedimentos para que el don actúe la transformación. Si yo mirara mis impedimentos que parecen estar a la vista los resumiría en mis apegos(en el derrotero de mi herida por abandono afectivo), y egoísmos(en mi comodidad frente a la desinstalación que trae el compromiso) y omisiones(en la cobardía frente a los riesgos de perder el prestigio y la seguridad y de descuirme quién soy).

porque Dios no nos ha dado un espíritu cobardesino un espíritu de energía, amor y buen juicio

Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios

destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio

sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio

A estas alturas de mis 66 años (falta un 6 para el anticristo) podría decir que por cierta huella en el servicio al evangelio hay un encargo, al que no siempre he sido fiel:maestro de conciencias. Quizás en esto no me he mostrado tan corrupto como hubiera podido, porque Su asistencia ha sido más poderosa.

Salmo responsorial: 122

REFLEXIÓN

Como están los ojos de los esclavos / fijos en las manos de sus señores

esperando su misericordia


Marcos 12,18-27

REFLEXIÓN

no entendéis la Escritura ni el poder de Dios

Totaliter aliter: el totalmente otro

Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo

Ni hombre ni mujer en Cristo. Nos afanamos tanto por la diversidad hasta convertirla en divisiones. La diversidad es riqueza, la división ruina. En la diversidad puedo migrar para la visión de totalidad, no así en la división, pues muero en mi localidad cerrada.

No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados saduceos


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Miércoles 9ª semana de tiempo ordinario

2Timoteo 1,1-3.6-12

Salmo responsorial: 122

Marcos 12,18-27

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS

 


De la Homilía del papa Pablo sexto, en la canonización de los mártires de Uganda
(AAS 56 [1964], 905-906)

LA GLORIA DE LOS MÁRTIRES SIGNO DE RENOVACIÓN

Estos mártires africanos añaden una nueva página a aquella lista de vencedores llamada Martirologio, página que contiene unos hechos a la vez siniestros y magníficos; página digna de formar parte de aquellas ilustres narraciones de la antigua África, que nosotros, los que vivimos en esta época, pensábamos, como hombres de poca fe, que nunca tendrían una continuación adecuada.

¿Quién hubiera podido sospechar, por ejemplo, que aquellas actas, tan conmovedoras, de los mártires escilitanos, de los mártires cartagineses, de los mártires de la «blanca multitud» de Útica, recordados por san Agustín y Prudencia, de los mártires de Egipto, ampliamente ensalzados en los escritos de Juan Crisóstomo, de los mártires de la persecución de los vándalos, se verían enriquecidas en nuestro tiempo con nuevas historias, en las que se narrarían unas hazañas no inferiores en fortaleza y en brillantez?

¿Quién hubiera podido imaginar que a aquellos ilustres mártires y confesores africanos, tan conocidos y recordados, como Cipriano, Felicidad y Perpetua, y Agustín, aquel gran hombre, añadiríamos un día los nombres tan queridos de Carlos Lwanga, de Matías Mulumba Kalemba y de sus veinte compañeros? Sin olvidar aquellos otros, de confesión anglicana, que sufrieron la muerte por el nombre de Cristo.

Estos mártires africanos significan, en verdad, el inicio de una nueva era. No permita Dios que el pensamiento de los hombres retorne a las persecuciones y conflictos de orden religioso, sino que tiendan a una renovación cristiana y civil.

África, regada con la sangre de estos mártires, los primeros de esta nueva era (y quiera Dios que los últimos, tratándose de un holocausto tan grande y de tanto precio), África renace libre y dueña de sí misma.

Aquel crimen, del que ellos fueron víctima, es tan abominable y tan significativo, que proporciona un motivo claro y suficiente para que este nuevo pueblo adquiera una formación moral, para que prevalezcan nuevas costumbres espirituales y sean transmitidas a los descendientes, para que sea como un símbolo eficaz del paso de un estado de vida simple y primitivo, en el que no faltaban unos valores humanos dignos de consideración, pero que era también corrompido y débil y como esclavo de sí mismo, a una cultura más civilizada, que tienda a unas más elevadas expresiones de la mente humana y a unas superiores condiciones de vida social.