sábado, 11 de julio de 2026

PALABRA COMENTADA


 



Sábado 14 de tiempo ordinario

Isaías 6, 1-8

REFLEXIÓN

llenaba el templo

"¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos

Un tiempo como el de este oráculo en el que se asume y prestigia con la visión, la ocupación del templo, con la presencia del señor.

Se reservaba un espacio vacío, el santo de los santos, como indicador de la presencia del tres veces santo. Con esta visión se le prestigia.

Es el momento en el que Judá ha quedado como único reino de los dos israel, porque el norte fue invadido y colapsó.

Y el reino de Judá cuya capital Jerusalén contenía el templo de Salmomón, vivía del dogma de la presencia de Yavé en el templo.

Un dogma de muchos, que luego se vendrá abajo cuando el templo sea destruído siglo y medio después de este oráculo.

Hay tiempos en que los dogmas son el asidero de la fe, y otros en los que la fe debe superar la destrucción de los dogmas.

Y para que esta fe se mantenga en proceso de crecimiento es preciso que llegue a la comprensión que los dogmas son expresiones de un absoluto, pero pero concebidos y expresados en el tiempo histórico, que cambia.

Por eso la fe fiel equivale a reformulación.

"Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado."

"Aquí estoy, mándame."

La misión del Señor, la siente como propia quien ha sido purificado por la santidad del Señor, no aplastado por ella.

Salmo responsorial: 92



REFLEXIÓN

la santidad es el adorno de tu casa

Con el tiempo y más allá del dogma de la presencia del Señor en el templo, el creyente aprendió a reverenciar la santidad en otro modo de manifestarse el Señor.

Cuál es el lugar de su santidad para nuestro tiempo? El dogma que se construye mediáticamente o el que es fiel al camino de Jesús de Nazareth.?

La visión con características antropomórficas, es importante por el cambio que propicia en el visionario: sus actitudes, su modo de concebir la vida y su relación con Dios; y por la disponibilidad a cumplir una misión.

Se puede parafrasear como una oportunidad para un aprendizaje significativo, relacionado con la disponibilidad para un encargo, con impacto fuera de la propia subjetividad.

El encargo o misión tienen como referente al Señor. Es un testimonio cualificado de la intervención o presencia del Señor en circunstancias específicas.

La misión intenta producir una audición de la palabra de salvación del Señor para una coyuntura particular.

Y se presenta como una propuesta que no incluye la imposición o la fuerza, sino un dominio que brota desde dentro de un convencimiento. Se trata de un servicio a la convicción.

Mateo 10, 24-33



REFLEXIÓN

"Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo

La fraternidad en el reino de Dios establece una proporción de equidad entre el discípulo y el maestro, el esclavo y el amo.

No se presta a la revancha por la que el discípulo sea más que el maestro o el esclavo más que el amo, porque sería mantener el ciclo de dominación en dinámica perpetua.

Los nuevos maestros dominarián los nuevos discípulos y los nuevos amos a los nuevos esclavos.

Es el virus propio de la lucha de clases como método para lograr la equidad.

Es el susurro de la vieja serpiente enroscada en un árbol del paraíso, envidiando la inicial convivencia en fraternidad de la primera pareja.

No se cuestiona el orden social imperante y que constituye una lacra en tiempos posteriores. Se asume, se perpetúa y se es cómplice de ello. Sólo se suaviza y humaniza.

Sin embargo, aun para la estructura que mantiene la polaridad amo-esclavo, es posible decantar, no a un ser más sino a un ser igual. Se puede llenar de un nuevo espíritu, con lo cual la estructura deja de ser funcional.

El mundo hoy clama por la igualdad. Se presenta como algo perentorio.

Sólo hemos de preguntarnos si se trata de la igualdad del discípulo como el maestro, o más que él. Si la igualdad del siervo con el amo, o más que él?

Algunos movimientos y activismo por la igualdad incurren en el revanchismo, para tomar el poder que los hará más que sus explotadores y así vengarse.

Es una dinámica que nos mantendrá siempre en guerra.

No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

Se refiere a la falsa acusación de que son demonios los que siguen a Jesús. Esa persecución tiene fin.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.

No es envalentonamiento sino valentía como virtud teológica, inspirada por un Espíritu de Jesús.

Se nos pide una adhesión fundamental al valor básico y esencial. El que propicia el valor para el servicio al reino.

Cuando en alguna coyuntura de nuestra vida nos enfrentamos al dilema de elegir la vida del cuerpo o la del alma, las conveniencias  o los valores, no deberíamos tener miedo de elegir y actuar lo último en el contexto del reino.

Tantas mediciones sobre la corrupción de los gobiernos, empresarios y sociedad civil quedarían sin uso si la corrupción desaparece por actitudes valerosas por el reino.

no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones

El sustrato de la confianza en el Señor se nutre de la convicción de su amor, de cuán valiosos le somos.

En este nicho descansa en definitiva la conciencia de la dignidad de la persona.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo

Induce un mayor compromiso por el reino la adhesión a la persona de Jesús de Nazareth que la promoción de un valor abstracto o genérico.

No se puede reemplazar la fuerza que tiene para la lealtad una relación personal íntima y sincera.

Por eso requerimos una relación fuerte con el Señor Jesús de Nazareth.

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Sábado 14 de tiempo ordinario

Isaías 6, 1-8

Salmo responsorial: 92

Mateo 10, 24-33

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS



 De la Regla de san Benito, abad

(Prólogo, 4-22; cap. 72, 1-12: CSEL 75, 2-5. 162-163)

NO ANTEPONGAN NADA ABSOLUTAMENTE A CRISTO

Cuando emprendas alguna obra buena, lo primero que has de hacer es pedir constantemente a Dios que sea él quien la lleve a término, y así nunca lo contristaremos con nuestras malas acciones, a él, que se ha dignado contarnos en el número de sus hijos, ya que en todo tiempo debemos someternos a él en el uso de los bienes que pone a nuestra disposición, no sea que algún día, como un padre que se enfada con sus hijos, nos desherede, o, como un amo temible, irritado por nuestra maldad, nos entregue al castigo eterno, como a servidores perversos que han rehusado seguirlo a la gloria.

Por lo tanto, despertémonos ya de una vez, obedientes a la llamada que nos hace la Escritura: Ya es hora que despertéis del sueño. Y, abiertos nuestros ojos a la luz divina, escuchemos bien atentos la advertencia que nos hace cada día la voz de Dios: Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón; y también: El que tenga oídos oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

¿Y qué es lo que dice? Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Caminad mientras tenéis luz, para que las tinieblas de la muerte no os sorprendan.

Y el Señor, buscando entre la multitud de los hombres a uno que realmente quisiera ser operario suyo, dirige a todos esta invitación: ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Y si tú, al oír esta invitación, respondes: «Yo», entonces Dios te dice: «Si amas la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. Si así lo hacéis, mis ojos estarán sobre vosotros y mis oídos atentos a vuestras plegarias; y, antes de que me invoquéis, os diré: Aquí estoy.»

¿Qué hay para nosotros más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor, con su amor paternal, nos muestra el camino de la vida.

Ceñida, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, avancemos por sus caminos, tomando por guía el Evangelio, para que alcancemos a ver a aquél que nos ha llamado a su reino. Porque, si queremos tener nuestra morada en las estancias de su reino, hemos de tener presente que para llegar allí hemos de caminar aprisa por el camino de las buenas obras.

Así como hay un celo malo, lleno de amargura, que separa de Dios y lleva al infierno, así también hay un celo bueno, que separa de los vicios y lleva a Dios y a la vida eterna. Éste es el celo que han de practicar con ferviente amor los monjes, esto es: tengan por más dignos a los demás; soporten con una paciencia sin límites sus debilidades, tanto corporales como espirituales; pongan todo su empeño en obedecerse los unos a los otros; procuren todos el bien de los demás, antes que el suyo propio; pongan en práctica un sincero amor fraterno; vivan siempre en el temor y amor de Dios; amen a su abad con una caridad sincera y humilde; no antepongan nada absolutamente a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna.