martes, 10 de febrero de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTISS DE ASIS


AL CONOCER DE SU PRÓXIMA E INMINENTE MUERTE LA OFRECE EN SEGUIMIENTO DE JESÚS 

 De los libros de los Diálogos de san Gregorio Magno, papa

(Libro 2, 33: PL 66, 194-196)
PUDO MÁS PORQUE AMÓ MÁS


Escolástica, hermana de san Benito, consagrada a Dios desde su infancia, acostumbraba visitar a su hermano una vez al año. El Hombre de Dios acudía a ella y la recibía dentro de las posesiones del monasterio, no lejos de la puerta.

Un día vino como de costumbre, y su venerable hermano bajó hacia ella con algunos discípulos; pasaron todo el día en la alabanza de Dios y en santas conversaciones y, cuando ya empezaba a oscurecer, tomaron juntos el alimento. En medio de santas conversaciones fue transcurriendo el tiempo, hasta que se hizo muy tarde, y entonces la santa monja suplicó a su hermano:

«Te ruego que no me dejes esta noche, sino que hablemos de los gozos de la vida del cielo hasta mañana.»

Él le respondió:

«¿Qué es lo que dices, hermana? Yo no puedo en modo alguno quedarme fuera de la celda.»

La santa monja, al oír la negativa de su hermano, puso sobre la mesa sus manos, con los dedos entrelazados, y escondió en ellas la cabeza, para rogar al Señor todopoderoso. Al levantar de nuevo la cabeza, se originó un temporal tan intenso de rayos, truenos y aguacero, que ni al venerable Benito ni a los hermanos que estaban con él les hubiera sido posible mover un solo pie del lugar en que se hallaban. Entonces el hombre de Dios comenzó a quejarse contrariado:

«Dios todopoderoso te perdone, hermana: ¿qué es lo que has hecho?»

Ella respondió:

«Ya ves, te he suplicado a ti, y no has querido escucharme; he suplicado a mi Dios, y me ha escuchado. Ahora, pues, sal, si puedes, déjame y vuelve al monasterio.»

Y Benito, que no había querido quedarse por propia voluntad, tuvo que hacerlo por fuerza. De este modo, pasaron toda la noche en vela, recreándose en santas conversaciones sobre la vida espiritual.

Y no es de extrañar que prevaleciera el deseo de aquella mujer, ya que, como dice san Juan, Dios es amor, y, por esto, pudo más porque amó más.

Tres días mas tarde, el hombre de Dios, estando en su celda, elevó sus ojos al cielo y vio el alma de su hermana, libre ya de las ataduras del cuerpo, que penetraba, en forma de paloma, en las intimidades del cielo. Lleno de alegría por una gloria tan grande, dio gracias a Dios con himnos y alabanzas, y envió a sus hermanos para que trajesen su cuerpo al monasterio y lo enterraran en el mismo sepulcro que había preparado para sí mismo.

De este modo, ni la misma sepultura pudo separar los cuerpos de aquellos cuya alma había estado siempre unida en Dios.

lunes, 9 de febrero de 2026

PALABRA COMENTADA



 

Lunes 5 de tiempo ordinario

Año Par

1Reyes 8,1-7.9-13



REFLEXIÓN

En el arca sólo había las dos tablas de piedra que colocó allí Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó con los israelitas, al salir de Egipto.

Ningún vestigio de una divinidad maravillosa y evidente. 

Solo un escrito primitivo que expresaba un orden, una ley, asumida como voluntad de Dios.

Esta asunción impuesta a un pueblo es el fundamento de su unión, de su misión y destino. 

Palabra humana con prestigio de Dios transmitida multisecularmente.

El poder de rebeldía humana podría hacer trizas esta presunción y arrojar a la anarquía y la destrucción tal pueblo, su unidad, misión y destino.

Pero la docilidad final a un ordenamiento que permita la convivencia y el respeto, se impone en este y los demás pueblos, como una alianza de sensatez a favor de la vida y el orden que la haga viable.

Concitar finalmente voluntades a un bien común, podría ser tenido como inspiración de un Espíritu de vida para la salvación de la creación.

Entonces Salomón dijo: "El Señor puso el sol en el cielo, el Señor quiere habitar en la tiniebla; y yo te he construido un palacio, un sitio donde vivas para siempre."

Un acto político que tendrá sus efectos ambivalentes: para la unificación del pueblo, haciéndolo más fuerte, pero instaurando un nuevo estilo de esclavitud de propios y extraños. 

El progreso que pasa su factura.

Salmo responsorial: 131



REFLEXIÓN

entremos en su morada

Lo que cuenta es la fe del orante que hace la presencia del Señor. Por eso su morada está en nosotros. 

Somos nosotros los que tenemos que hacer espacio en nuestra existencia, para que se manifieste por nuestra fe. Y arrostrar la duda que ocasional y vehemente toque nuestro sentido común, sobre sí o no soy un iluso al mantener estar fe.

Que subsista ella se estima entonces como un don del Señor, que nos permite atravesar el miedo de la ilusión.

Marcos 6, 53-56



REFLEXIÓN

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos

Es como alentar la magia y el materialismo de la curación. Pero eso no está rechazado, antes lo contrario en el evangelio. Acercarse y tocar algo del Señor no es desdeñable. Quizás sí reducir la relación con él a eso solamente.

Se trata de un relato que expresa un tipo, una generalidad para perfilar una actuación de Jesús de Nazaret por un tiempo indeterminado y la acogida de la gente a su sanación. Pasó haciéndolo bien.

Según los entendidos un resumen o recapitulación en el relato evangélico es una ficción técnica para cubrir un espacio de tiempo y espacio con las actividades de Jesús y su repercusión.

Nos da la imagen de un incesante predicador itinerante y curador cuya fama se va ampliando en las aldeas.

Nos da a entender la intensidad de la entrega a una tarea asumida para establecer un reino, un dominio, una creación. 

Está Jesús enmendando la creación de Dios? Si advertimos que nunca el caos ha desaparecido sino que amenaza y aparece aleatoriamente, sabremos que la misión de Jesús no carece de necesidad y su pretensión se justifica.

Se busca una nueva creación, un orden más acabado, una seguridad definitiva, una colaboración humana más decidida en su responsabilidad de cuidar la creación.

Jesús nos enseña y guía para reparar y recrear infatigablemente, sin dejarnos vencer por el asomo de caos y tinieblas, con las arras del Espíritu de la nueva vida inaugurada en su Resurrección.

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Lunes 5 de tiempo ordinario

Año Par

1Reyes 8,1-7.9-13

Salmo responsorial: 131

Marcos 6, 53-56