miércoles, 15 de diciembre de 2021

BEATO CARLO

VIVIR PARA VER A DIOS EN TODO
 
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 20, 4-5: SC 100, 634-640)


DIOS SE HACE VISIBLE A LOS HOMBRES CON LA VENIDA DE CRISTO

Uno es Dios, quien por su palabra y su sabiduría hizo y dispuso todas las cosas.

Su Palabra es nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos tiempos se hizo hombre entre los hombres para reunir el término con el comienzo, es decir, el hombre con Dios.

Los profetas, que habían recibido el don de la profecía de la misma Palabra, anunciaron su venida según la carne. Por esta venida se realizó la unión y comunión de Dios y el hombre, conforme a la voluntad del Padre. En efecto, la Palabra de Dios había anunciado de antemano que Dios sería visto por los hombres, que viviría con ellos en la tierra; había anunciado que hablaría y que estaría con su creatura para salvarla, que ella lo conocería; y había anunciado también que, librándonos de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian, es decir, de todo espíritu de pecado, nos haría servirle con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días, a fin de que el hombre, unido al Espíritu de Dios, glorificara al Padre.

Los profetas anunciaban que Dios sería visto por los hombres, y así lo proclamó el mismo Señor cuando dijo: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pero nadie puede ver a Dios en su grandeza y en su gloria inenarrable y seguir viviendo: el Padre es inaccesible. Sin embargo, porque ama al hombre y porque todo lo puede, aun este don concedió a los que lo aman: ver a Dios; y esto también lo anunciaron los profetas: Lo que para los hombres es imposible es posible para Dios.

El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el reino de los cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.

Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben su claridad, así también los que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad. La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto, los que ven a Dios reciben la vida

martes, 14 de diciembre de 2021

PALABRA COMENTADA

 

Martes 3 de Adviento

Sofonías 3,1-2.9-13



REFLEXIÓN

ciudad rebelde, manchada y opresora

Puede ser una sociedad que impone y antepone a otras su bienestar y se encierra en su egoismo, olvidando el daño que ayudó a crear, y la reparación debida.

No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios

No obedecer es desconfiar. Por eso la profundidad del daño del pecado para la relación entre el Señor y nosotros. Y entre nosotros mismos, como secuela.

Un fundamento absoluto de confianza es básico para una vida sana, gozosa y positiva. Le aporta a la fe la fortaleza necesaria para asumir la existencia constructivamente.

Confiar en el Señor obedeciendo su designio es un programa de largo alcance, porque entraña toda la existencia hasta el último suspiro.

Obedecer porque nos fiamos es un acto de fe amoroso y amigable, que refleja la actitud de quien depone la prioridad de su visión de las cosas y acepta otra mejor.

Parece imposible pero es posible: la cerrazón a todo valor por encima de sí mismo.

Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor

Si Jesús es el Sí de Dios, y no se puede decir su nombre sin asistencia del Espíritu, entonces Jesús es la purificación de los pueblos para invocar al único Dios Padre.

para que le sirvan unánimes

Porque si algo no existe es unanimidad de los pueblos en nada.

Desde más allá de los ríos de Etiopía, mis fieles dispersos me traerán ofrendas

El relato de los magos adivinos de oriente que visitaron a Jesús niño, es una resonancia de esta y otras profecías mesiánicas.

Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor

La pobreza y humildad son actitudes de la era mesiánica, propias de los que confían y obedecen más al Señor que a sus propias visiones o sueños.

Hoy es un lugar común decir que nuestra principal obligación es soñar y creer en nuestros sueños, como la mejor manera de asegurar nuestra realización. Y no tiene nada de censurable. Sólo que no se garantiza que los sueños sean siempre y en todo momento una expresión de obediencia y confianza en el Señor.

El resto puede ser un pueblo que se va haciendo en la criba de la historia, se va filtrando y depurando, hasta quedar un extracto que da sabor, color y olor a todo lo creado sobre la faz de la tierra.

Un punto de referencia que ayuda a la conversión.

Debiera ser la iglesia en su sentido primordial, como pueblo de seguidores de Jesús, del evangelio, luz de las gentes.

Salmo responsorial: 33



REFLEXIÓN

su alabanza está siempre en mi boca

Cuando se le da gracias hay un movimiento que ocurre en nuestro espíritu, en contacto con el Espíritu.

Dejamos de ser para nosotros y nuestros intereses, y nos gozamos en un horizonte más amplio y luminoso: la gloria y el reinado del Padre de Jesús.

que los humildes lo escuchen y se alegren

Son los únicos capaces: capax Dei.

Es un don que debemos favorecer: escuchar al Señor con alegría y preferirlo a nosotros mismos.

Contempladlo, y quedaréis radiantes

No se puede entrar en su presencia y volver igual. Su gloria nos trastorna.

Mateo 21,28-32



REFLEXIÓN

dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo

En que momento llegó Jesús a tener ese acceso a las más encumbradas autoridades para enfrentarlas. Como los antiguos profetas que se presentaban a reyes.

"Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue.

"Voy, señor." Pero no fue

Porque escuchar y obedecer es hacer la voluntad

"Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios

Y no podemos juzgar a los indóciles, porque no sabemos cuándo recapaciten. Ni gloriarnos de los que hablan palabras de obediencia, porque no sabemos cuándo entrarán en rebeldía.

Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis

Recapacitar ante los que creen y hacen la voluntad de Dios. Este es el pueblo resto. Esta es la iglesia, pueblo nuevo.

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