lunes, 20 de octubre de 2025

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


 



Lunes, XXIX semana
Del Tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo, Contra Fabiano
(Cap. 28, 16-19: CCL 91 A, 813-814)

LA PARTICIPACIÓN DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO NOS SANTIFICA

Cuando ofrecemos nuestro sacrificio realizamos aquello mismo que nos mandó el Salvador; así nos lo atestigua el Apóstol, al decir: Jesús, el Señor, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de pronunciar la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Éste es mi cuerpo, que se da por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza que se sella con Mi sangre. Cada vez que la bebáis hacedlo en memoria mía.» Porque cuantas veces coméis de este pan y bebéis de este cáliz, vais anunciando la muerte del Señor hasta que él venga.

Nuestro sacrificio, por tanto, se ofrece para anunciar la muerte del Señor y para reavivar, con esta conmemoración, la memoria de aquel que por nosotros entregó su propia vida. Ha sido el mismo Señor quien ha dicho: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Y porque Cristo murió por nuestro amor, cuando hacemos conmemoración de su muerte en nuestro sacrificio pedimos que venga el Espíritu Santo y nos comunique el amor; suplicamos fervorosamente que aquel mismo amor que impulsó a Cristo a dejarse crucificar por nosotros sea infundido por el Espíritu Santo en nuestros propios corazones, con objeto de que consideremos al mundo como crucificado para nosotros y nosotros sepamos vivir crucificados para el mundo; así, imitando la muerte de nuestro Señor, como Cristo murió al pecado de una vez para siempre, y su vida es vida para Dios, también nosotros vivamos una vida nueva, y, llenos de caridad, muertos para el pecado vivamos para Dios.

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado y la participación del cuerpo y sangre de Cristo, cuando comemos el pan y bebemos el cáliz, nos lo recuerda, insinuándonos, con ello, que también nosotros debemos morir al mundo y tener nuestra vida escondida con la de Cristo en Dios, crucificando nuestra carne con sus concupiscencias y pecados.

Debemos decir, pues, que todos los fieles que aman a Dios y a su prójimo, aunque no lleguen a beber el cáliz de una muerte corporal, deben beber, sin embargo, el cáliz del amor del Señor, embriagados con el cual, mortificarán sus miembros en la tierra y, revestidos de nuestro Señor Jesucristo, no se entregarán ya a los deseos y placeres de la carne ni vivirán dedicados a los bienes visibles, sino a los invisibles. De este modo, beberán el cáliz del Señor y alimentarán con él la caridad, sin la cual, aunque haya quien entregue su propio cuerpo a las llamas, de nada le aprovechará. En cambio, cuando poseemos el don de esta caridad, llegamos a convertirnos realmente en aquello mismo que sacramentalmente celebramos en nuestro sacrificio.

domingo, 19 de octubre de 2025

PALABRA COMENTADA


 

Domingo 29 de tiempo ordinario

Éxodo 17,8-13



REFLEXIÓN

Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol

En el combate de Jesús éste levanta las manos como intercesor, y sus acompañantes colaboran para que no las baje, y continuar la batalla hasta el final.

No es su plan hacerlo solo sino con otros, que se persuadan de colaborar en la batalla que mantiene como rey eternal frente a Babilonia.

Esta imagen es sugerente para esa contemplación que inicia la segunda semana de los ejercicios ignacianos.

Desde Moisés, pasando por otros hombres de Dios, profetas según el sentido hebreo, hasta llegar a Jesús, levantar las manos y ser sostenidos por colaboradores, es el derrotero de un sacerdocio alterno, que no se enreda con sacrificios, víctimas humanas o de la fauna, altares de piedra y recintos separados.

Un sacerdocio alterno que consiste en vivir la batalla del día a día del mundo, en el esfuerzo por construir un reino de paz, justicia y amor.

Salmo responsorial: 120



REFLEXIÓN

 

No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel

Este versículo expresa un momento de consolación, cuando se siente una presencia bienechora vigilante y protectora.

Ha pasado el momento de interpelación y se da la unión en la serenidad de la confianza.

2Timoteo 3, 14-4, 2



REFLEXIÓN

conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación

La sabiduría que conduce a la salvación es un don que se conquista, dejando labrar al Espíritu sus palabras a fuego en nuestro seno profundo.

Una sabiduría que se cuece en el dolor gozoso del paso del Señor, quien es el Absoluto Radical y en sus visitas hace temblar nuestras estructuras mentales, síquicas y hasta físicas.

Es el milagro del don en vasos de barro.

así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

La intuición que se tuvo sobre la importancia de la praxis transformadora de la sociedad como verdadero sentido de la filosofía, entonces encerrada exclusivamente en la intepretación del mundo, fue genial.

Solo que descansa en la intuición de fe en la Palabra de Sabiduría, cuyo derrotero es la obra buena, no la mera especulación.

La sabiduría que viene del Absoluto Radical sobrepuja y excede cualquier filosofía y sabiduría mundana, pagada de sí en auto-contemplación              

proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

La proclamación no es charlatanería, como un borbotón de palabras en cascada que inundan y presionan para convencer, sino que es sabiduría en movimiento que plastifica un amor hasta el extremo de Alguien, el Absoluto Radical, el Padre de Jesús por sus hijos a quienes se ha determinado salvar y en ello se juega su prestigio, su gloria.

Lucas 18, 1-8



REFLEXIÓN

Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"

No debe ser una pregunta retórica sino una preocupación real.

Resistiremos posicionados en una fe en un Dios justo que hace justicia, no obstante el mentís histórico que abunda?

Jesús colabora en nuestro estímulo, disipando una imagen posible y frustrante: Dios Padre no es un juez inicuo.

Debemos apegarnos a Él con todas nuestras fuerzas de fe.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1581610041232482309?s=20&t=FOwLC1xc9cwIwFoJnmwcZA

https://x.com/motivaciondehoy 191025

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Domingo 29 de tiempo ordinario

Éxodo 17,8-13

Salmo responsorial: 120

2Timoteo 3, 14-4, 2

Lucas 18, 1-8