martes, 21 de octubre de 2025

SAN CARLO DE JESUS ACUTIS DE ASIS


 


Martes, XXIX semana
De las Instrucciones de san Columbano, abad
(Instrucción 12, Sobre la compunción, 2-3: Opera, Dublín 1957, pp. 112-114)

LUZ PERENNE EN EL TEMPLO DEL PONTÍFICE ETERNO

¡Cuán dichosos son aquellos siervos, a quienes el amo a su llegada encuentra velando! Feliz aquella vigilia en la cual se espera al mismo Dios y Creador del universo, que todo lo llena y todo lo supera.

¡Ojalá se dignara el Señor despertarme del sueño de mi desidia, a mí, que, aun siendo vil, soy su siervo! ¡Ojalá me inflamara en el deseo de su amor inconmensurable y me encendiera con el fuego de su divina caridad!; resplandeciente con ella, brillaría más que los astros y todo mi interior ardería continuamente con este divino fuego.

¡Ojalá mis méritos fueran tan abundantes que mi lámpara ardiera sin cesar, durante la noche, en el templo de mi Señor e iluminara a cuantos penetran en la casa de mi Dios! Concédeme, Señor, te lo suplico en nombre de Jesucristo, tu Hijo y mi Dios, un amor que nunca mengüe, para que con él brille siempre mi lámpara y no se apague nunca y sus llamas sean para mí fuego ardiente y para los demás luz brillante.

Señor Jesucristo, dulcísimo Salvador nuestro, dígnate encender tú mismo nuestras lámparas para que brillen sin cesar en tu templo y de ti, que eres la luz perenne, reciban ellas la luz indeficiente con la cual se ilumine nuestra oscuridad y se alejen de nosotros las tinieblas del mundo. Te ruego, Jesús mío, que enciendas tan intensamente mi lámpara con tu resplandor que, a la luz de una claridad tan intensa, pueda contemplar el santo de los santos que está en el interior de aquel gran templo, en el cual tú, Pontífice eterno de los bienes eternos, has penetrado; que allí, Señor, te contemple continuamente y pueda así desearte, amarte y quererte solamente a ti, para que mi lámpara, en tu presencia, esté siempre luciente y ardiente.

Te pido, Salvador amantísimo, que te manifiestes a nosotros, que llamamos a tu puerta, para que, conociéndote, te amemos sólo a ti y únicamente a ti; que seas tú nuestro único deseo, que día y noche meditemos sólo en ti y en ti únicamente pensemos. Alumbra en nosotros un amor inmenso hacia ti, cual corresponde a la caridad con la que Dios debe ser amado y querido; que esta nuestra dilección hacia ti invada todo nuestro interior y nos penetre totalmente, y hasta tal punto inunde todos nuestros sentimientos que nada podamos ya amar fuera de ti, el único eterno. Así, por muchas que sean las aguas de la tierra y del firmamento nunca llegarán a extinguir en nosotros la caridad, según aquello que dice la Escritura: Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor.

Que esto llegue a realizarse, al menos parcialmente, por don tuyo, Señor Jesucristo, a quien pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 20 de octubre de 2025

PALABRA COMENTADA


 

LUNES 29 DE TIEMPO ORDINARIO

Año Impar

Romanos 4,20-25



REFLEXIÓN

se hizo fuerte en la fe,

νδυναμόω

Empoderarse, fortalecerse, tomar fuerzas en la fe. La fe fortalece ante los asaltos que pueden hacer titubear.

Si vemos a Jesús, la fe se nutre de oración al Padre.

dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación (δικαιοσύνη: Justicia, rectitud, de la que Dios es autor.)

La mentada justificación, manzana de la discordia entre reformados de Lutero e Iglesia católica en las postrimerías de la Edad media.

Una batalla entre el sujeto consciente y el objeto que evidencia la intención del sujeto.

Ninguno gana, porque el sujeto tiene una evidencia subjetiva aunque válida para su conciencia, y el objeto es evidente en la medida de los testimonios, pruebas y argumentos, los cuales pueden o no convencer.

Pero la justificación de Abraham puesta en vigencia por Jesús de Nazareth consiste en dejarle al Señor su puesto: hacer hasta lo imposible.

A la vez asumir el propio estado: confiar que el Señor hará hasta lo imposible.

Se trata de una entrega radical al Absoluto Radical, como expresión de nuestra divinización en Él.

nos valdrá si creemos en el que resucitó

para nuestra justificación

Pablo acerca nuestro momento el carisma de Abraham en Jesús, que lo consuma.

No se perdió en el tiempo sino que se nos sigue dando, porque Jesús nos los transmite en su Espíritu que nos acompaña.

Cuando las reflexiones que hacemos se centran en el proceso de la persona y su transformación según el designio, muchos no le encuentran sentido, porque tienen mayor momento e importancia las realidades sociales a transformar y respecto de las cuales somos provocados a ser activistas.

La intensidad con la que se dan, como clamor por un cambio de sistema socioeconómico, nos hacen reflexionar sobre un signo de los tiempos del cual no debemos desvincularnos ni distraernos.

Pero todo cambio pasa por la conciencia, responsabilidad y compromiso de la persona individual, que sin negar la posible conciencia de las masas inconformes es crucial para llevar el cambio a la realidad de las cosas.

En todo acecha el riesgo de la mera catarsis, y desfogue de tensiones, expresado en retóricas recurrentes.

Pero si el individuo no asume con responsabilidad ética no hay cambio posible.

Este discernimiento personal que busca la decisión justa, es un modo de entender la justificación que viene de Dios.

Ella se construye de nuestra parte, además de la responsabilidad y compromiso, con autocrítica y misericordia.

Un cóctel robusto para el que hay que educar el gusto.

Interleccional: Lucas 1,69-75



REFLEXIÓN

arrancados de la mano de los enemigos, / le sirvamos con santidad y justicia

Liberación y cambio tal como la entendemos los creyentes no es sin más aceptable a otros.

Yendo hacia el mismo objetivo, no vamos del todo hermanados.

Son alianzas transitorias, que postergan la aclaración del sentido total.

Sin embargo, siempre habrá espacio para el testimonio, el silente y el proclamado.

Lucas 12,13-21



REFLEXIÓN

dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia

guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes

Hay que estar atentos a cualquier señal de hacerse seguro, pero dependiente, en base a la acumulación de bienes.

Pueden quitar la vista de lo fundamental: la dependencia exclusiva del Señor.

"Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

Grandes obras, para tener más, no para distribuir mejor.

Es la filosofía de la acumulación, etiquetada como capitalismo neoliberal

Pero que es más profunda en su acechanza que eso, porque se asoma en cualquier sistema conocido en la historia, hasta el más santo.

La proclama del Reino de Dios nos debe golpear como fuerte contraste, para que en el uso de las estrategias del Espíritu y la buena voluntad, breguemos a la construcción de una mejor disposición de los bienes para muchos.

Nos rasgamos las vestiduras en hipócrita señal de escándalo por la voracidad codiciosa de las medidas neoliberales a través de sus obras socioeconómicas: fusiones, compras, consumo.

Pero no examinamos nuestra complicidad y el contagio que promovemos con nuestras obras personales.

Señalamos y anunciamos la muerte del fatídico sistema y entonamos eufóricos los cantos que celebran el mesiánico nuevo sistema solidario, sin verificar que no vayamos a contagiar con la codicia de nuestro corazón toda estructura remozada que iniciemos.

Vamos con vino viejo a odres nuevos.

https://x.com/motivaciondehoy/status/1716413278463648070?s=20

https://x.com/motivaciondehoy 201025

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LUNES 29 DE TIEMPO ORDINARIO

Romanos 4,20-25

La vida del Resucitado que nos apropiamos por la justificación de fe, hará expulsar la codicia de nuestro corazón

Interleccional: Lucas 1,69-75

Servimos sin codiciar bienen santidad y justicia. De que vale renunciar y purificarse si seguimos codiciando

Lucas 12,13-21

Codiciar cualquier bien no está bien, porque de ellos no depende la vida. Seguirse expandiendo a costa de otros sin distribuir equitativamente no asegura a nadie.