miércoles, 22 de octubre de 2025

PALABRA COMENTADA

 

MIÉRCOLES 29 DE TIEMPO ORDINARIO

Año Impar

Romanos 6,12-18



REFLEXIÓN

al servicio del pecado, como instrumentos para la injusticia

Todo lo que consideramos injusto, incluyendo lo que Dios desaprueba, es pecado.

Un continuo desde lo que se considera relativamente pequeño error o equivocación hasta lo que es un grave daño contra otros, incluido lo moral, es pecado.

Y más allá, aquello que sólo quien ve lo oculto puede juzgar, y que no es conocido de otros, y queda impune, es pecado.

El encapsulado en la distancia de Dios que no se perdona, sino por el único que lo ama: el Señor.

poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia

En forma contraria, hay que revertir la corriente, cascada, flujo de daño y perversidad, en perdón y gracia.

Ésta parece ir tomando nombre según los titulares y lo que vende en los medios: corrupción, pedofilia, capitalismo salvaje.

Son las sensibilidades que se turnan para ocupar la atención y movilizar la corrección o la maledicencia.

Sin embargo un daño o iniquidad, un meta-pecado es mediatizar la injusticia, y cuando desaparece la novedad, pierde eficacia la denuncia, se olvida la atención y a otra cosa. Es decir: la banalización del mal y el daño, porque ya no se siente la culpa.

el pecado no nos dominará: ya no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia

ninguna ley aporta regeneración excepto la buena voluntad, la generosidad para perdonar y volver a intentar. La experiencia de verse perdonados.

¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia?

El abuso siempre está al acecho, pero no hay otra vía para la conversión sino desde dentro.

Estar bajo la gracia es rehuir el compromiso con la iniquidad.

habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados

La obediencia de corazón o de fe, es la única actitud viable para un cambio personal o estructural, que signifique reparación de la injusticia.

Todas las leyes y penas acompañantes son estériles y paja que se lleva el viento, sino se asumen con la obediencia de corazón.

Porque obediencia es el gozo del corazón en proceso de reversión, de conversión.

Salmo responsorial: 123



REFLEXIÓN

Bendito sea el Señor, que no nos entregó

la trampa se rompió, y escapamos

La palabra nos enseña constantemente a no pasar por alto los hechos sin ver en ellos la gloria del Señor, su prestigio como salvador y favorecedor.

Ver en ellos al Señor implica también conocer y respetar su autonomía y leyes. Una cosa no impide la otra.

Lucas 12,39-48



REFLEXIÓN

estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre

Significará acaso, que se nos encomienda estar preparados, dos mil cien años después, porque el hijo del hombre llegará con el final de la vida de cada uno de nosotros y que no se sabe por lo tanto, cómo y cuándo llega actualmente y en este momento?

La Iglesia de los credos habla de un juicio final, y la del catecismo de un juicio privado.

Son lo mismo o diferentes? Acaba nuestra vida dos veces, como final y como privada? O lo que se llama final es la experiencia actual que constantemente vemos en otros cuando mueren, y que aguardamos ineluctablemente?

La mejor interpretación no es la apocalíptica, sino la existencial.

El Hijo del hombre está viniendo cada día, cuando menos lo pensamos. La vigilancia es de cada día, como la oración del Señor nos lo enseñó.

Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda al llegar", y empieza a pegarle a los mozos y a las muchachas, a comer y deber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

Alude a todos los llamados a algún tipo de responsabilidad sobre otros: son empleados, no dueños.

El criado que sabe lo que su amo quiere, y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá".

No hay como excusarse del todo aunque haya atenuantes.

Un llamado a la seriedad de la misión y su actitud primordial de compromiso con otros.

"Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

El criado que sabe lo que su amo quiere, y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

Parece referirse a los que más responsabilidad tienen, pero hacemos bien en reflexionarlo para todos, porque todos somos servidores del evangelio.

Pero si el creyente debe mantener la fe en medio de las debilidades del proclamador, éste debe ser fiel y solícito para cumplir su servicio.

El que la fe pueda mantenerse aun vacilante en medio de la fragilidad, no quita la responsabilidad del que la alimenta.

Esta misión en una Iglesia de hermanos es de todos con todos. Padres con hijos, madres con hijas, educadores con pupilos, predicadores con auditorios, ministros con fieles.

No hay ser humano creyente que no pueda cumplir con su responsabilidad de servir la fe de su hermano.

Una medida de compromiso que ayudaría sin duda a superar tantas crisis que estamos viviendo.

Conocer al Señor es una gracia, un don que requiere un compromiso de distribución entre los hermanos.

https://x.com/motivaciondehoy/status/1717131520886911100?s=20

https://x.com/motivaciondehoy 221025

COMPARTIR LA PALABRA

MIÉRCOLES 29 DE TIEMPO ORDINARIO

Romanos 6,12-18

El bautismo no exonera de un estilo de vida vigilante, porque vivimos un proceso de libertad en liberación contínua. Se vive una condición de rectitud, no tanto legal, sino por gracia.

Salmo responsorial: 123

Nuestras capacidades y habilidades para sortear acechanzas y peligros, no pueden omitir ni pasar por alto que en todo el Señor nos protege. No importa lo que hagas, contamos con él para liberarnos.

Lucas 12,39-48

Jesús establece una gradación en la responsabilidad de la vigilancia, en momentos que se desea y espera su pronta venida. Al que se le dió mucho, como cualquiera que ha recibido el llamado y la gracia para

DOCTORES DE LA IGLESIA


 



Miércoles, XXIX semana
De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 5 sobre diversas materias, 1-4: Opera omnia, edición cisterciense, 6,1 [1970], 98-103)

ME PONDRÉ DE CENTINELA PARA ESCUCHAR LO QUE ME DICE EL SEÑOR

Leemos en el Evangelio que, predicando en cierta ocasión el Salvador y habiendo afirmado que daría a comer su carne sacramental para que así sus discípulos pudieran participar de su pasión, algunos exclamaron: ¡Duras son estas palabras! Y se alejaron de él. A vista de ello, preguntó el Señor a sus discípulos si también ellos querían dejarlo; ellos entonces respondieron: Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Pues bien, hermanos, es manifiesto que en nuestros días las palabras de Jesús son también espíritu y vida para algunos y, por ello, éstos lo siguen; pero, en cambio, a otros estas mismas palabras les parecen duras, por lo cual no faltan quienes van a buscar en otra parte un consuelo miserable. La sabiduría no deja de levantar su voz en las plazas, anunciando que el camino que conduce a la muerte es ancho y espacioso, a fin de que cuantos andan por él vuelvan sobre sus pasos.

Durante cuarenta años -dice- aquella generación me repugnó, y dije: «Es un pueblo de corazón extraviado.» Y en otro salmo añade: Una sola vez habló Dios; es cierto que Dios habló una sola vez, pues está hablando siempre, ya que su locución es continua y eterna, y nunca se interrumpe.

Esta voz invita sin cesar a los pecadores, exhortándoles a meditar en su corazón y reprendiendo los errores de este corazón, pues es la voz de aquel que habita en el corazón del hombre y habla en su interior, realizando así lo que ya dijo por boca del profeta: Hablad al corazón de Jerusalén.

Ya véis, hermanos, cuán saludablemente nos amonesta el profeta a fin de que si hoy escuchamos su voz no endurezcamos el corazón. Las palabras que leemos en el profeta son casi las mismas que hallamos también en el Evangelio. En efecto, en el Evangelio dice el Señor: Mis ovejas oyen mi voz, y en el salmo afirma el profeta: Nosotros, su pueblo (el del Señor, ciertamente), el rebaño que él guía, ojalá escuchemos hoy su voz y no endurezcamos el corazón.

Escucha, finalmente, al profeta Habacuc; él no disimula la increpación del Señor, sino que la medita asiduamente y por ello exclama: Me pondré de centinela, me plantaré en la atalaya, velaré para escuchar lo que me dice, lo que responde a mis quejas. Procuremos, hermanos, ponernos también nosotros de centinela, porque la vida presente es tiempo de lucha.

Que nuestra vida tenga su centro en nuestro interior, donde Cristo habita, y que nuestros actos sean reflexivos y nuestras obras según los dictados de la razón; pero de tal forma que no confiemos excesivamente en nuestros actos ni nos fiemos excesivamente de nuestras simples reflexiones.