lunes, 4 de agosto de 2025

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


 
De la catequesis de san Juan María Vianney, presbítero
(«Catéchisme sur la priére»: A. Monnin, «Esprit du Curé d'Ars», París 1899, pp. 87-89) 

HERMOSA OBLIGACIÓN DEL HOMBRE: ORAR Y AMAR

Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre creatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo. En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y, creedme, que el tiempo se me hacía corto.

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración, como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no está dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con él, del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: «Sólo dos palabras, para deshacerme de ti ... » Muchas veces pienso que, cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro

domingo, 3 de agosto de 2025

PALABRA COMENTADA


 

18 domingo de tiempo ordinario


Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23



REFLEXIÓN

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto,

y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado.

También esto es vanidad y grave desgracia

. ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

de noche no descansa su mente.

Estamos en las antípodas de trabajo como uno de los aspectos esenciales de la realización humana. Más bien el enfoque es la vanidad del mismo, su sinsentido y preocupación. Dos caras de la misma moneda? La necesaria laboriosidad y su preocupación para que al fin muchas veces tanta inquietud no tuviera sentido.

Un pensamiento que ayuda a despojar a la actividad febril de su apego y se distancia para permitir valorarla en un horizone más amplio.

Salmo responsorial: 89



REFLEXIÓN

Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato

sácianos de tu misericordia

No tiene sentido, y es desproporcionada la ansiedad como estilo de vida. Contrastada con las dimensiones reales y trascendentes, la existencia humana se relativiza notablemente.

Colosenses 3, 1-5. 9-11



REFLEXIÓN

habéis resucitado con Cristo

buscad los bienes de allá

aspirad a los bienes de arriba

vuestra vida está con Cristo escondida en Dios

dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría

Y si no lo es hay que darle muerte hasta donde sea. Porque nos lastran en la búsqueda superior.

Proceder a la muerte de lo terreno en nosotros equivale a morir un poco cada día, para acercarnos al despojo final.

Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestios del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo

El asunto es no salirse de la brecha mientras el proceso camina. Aguantar la tensión del escultor divino que cincela cada vez un poco más.

En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos

Una cosa es que los excluídos luchen por estar en el todo sin distinción ni discriminación. Otra cosa es que luchen por una nueva distinción. Es la torre de babel sin fin. Es la sensación que nos invade cuando las minorías no cesan de aparecer.

Lucas 12, 13-21



REFLEXIÓN

guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande

sobrado, su vida no depende de sus bienes

Y empezó a echar cálculos

construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo

tienes bienes acumulados para muchos años

"Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? "

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

Con honestidad tengo que reconocer que soy codicioso en alguna forma por mi ansiedad en la posesión del dinero, por poco que sea.

Porque no es lo poco o mucho lo que califica sino el aferramiento que no deja la paz.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1553708186120634371?s=20&t=BcEjLBWiWMGEZTM6_pOC7Q


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18 domingo de tiempo ordinario


Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23

Salmo responsorial: 89

Colosenses 3, 1-5. 9-11

Lucas 12, 13-21