martes, 17 de febrero de 2026

DOCTORES DE LA IGLESIA



 

FRANCISCO MARTO MANIFESTÓ EN SU CORTA EDAD AFECTOS ESPECIALES POR JESÚS

MARTES, VI

San Atanasio Contra los arrianos, sermón 2,78.81-82 

La Sabiduría unigénita y personal de Dios es creadora y hacedora de todas las cosas. Todo –dice, en efecto, el salmo– lo hiciste con sabiduría, y también: La tierra está llena de tus criaturas. Pues, para que las cosas creadas no sólo existieran, sino que también existieran debidamente, quiso Dios acomodarse a ellas por su Sabiduría, imprimiendo en todas ellas en conjunto y en cada una en particular cierta similitud e imagen de sí mismo, con lo cual se hiciese patente que las cosas creadas están embellecidas con la Sabiduría y que las obras de Dios son dignas de él. Porque, del mismo modo que nuestra palabra es imagen de la Palabra, que es el Hijo de Dios, así también la sabiduría creada es también imagen de esta misma Palabra, que se identifica con la Sabiduría; y así, por nuestra facultad de saber y entender, nos hacemos idóneos para recibir la Sabiduría creadora y, mediante ella, podemos conocer a su Padre. Pues, quien posee al Hijo –dice la Escritura– posee también al Padre, y también: El que me recibe al que me ha enviado. Por tanto, ya que existe en nosotros y en todos una participación creada de esta Sabiduría, con toda razón la verdadera y creadora Sabiduría se atribuye las propiedades de los seres, que tienen en sí una participación de la misma, cuando dice: El Señor me creó al comienzo de sus obras. 

REFLEXIÓN

Se puede decir que tenemos un nivel de comunicación de Dios, basado en la participación de su semejanza, porque nos ha creado por medio de su Hijo Palabra, que nos permite expresarlo en nuestra palabra, salvando en cierta forma la asimetría del Misterio de Dios y su creación o creaturas.

Mas, como, en la sabiduría de Dios, según antes hemos explicado, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque Dios no quiso ya ser conocido, como en tiempos anteriores, a través de la imagen y sombra de la sabiduría existente en las cosas creadas, sino que quiso que la auténtica Sabiduría tomara carne, se hiciera hombre y padeciese la muerte de cruz, para que, en adelante, todos los creyentes pudieran salvarse por la fe en ella. Se trata, en efecto, de la misma Sabiduría de Dios, que antes, por su imagen impresa en las cosas creadas (razón por la cual se dice de ella que es creada), se daba a conocer a sí misma y, por medio de ella, daba a conocer a su Padre. Pero, después esta misma Sabiduría, que es también la Palabra, se hizo carne, como dice san Juan, y, habiendo destruido la muerte y liberado nuestra raza, se reveló con más claridad a sí misma y, a través de sí misma, reveló al Padre; de ahí aquellas palabras suyas: Haz que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo 

REFLEXIÓN

Un mayor compromiso con su Revelación, lo hizo tomar carne como Palabra histórica, pero transmitido en la predicación humana, sujeta a todo tipo de márgenes de error e incomprensión. Respecto del Misterio, lo que producimos es una babel de sentidos, a menos que el infunda Espíritu en nuestro verbo. La mayor claridad que aporta esta gesta del Misterio, sin embargo, está abierta al conocimiento agnóstico de la fe.

De este modo, toda la tierra está llena de su conocimiento. En efecto, uno solo es el conocimiento del Padre a través del Hijo, y del Hijo por el Padre; uno solo es e] gozo del Padre y el deleite del Hijo en el Padre, según aquellas palabras: Yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia

REFLEXIÒN

La dimensiòn lùdica de la comunidad trintaria es un aspecto de la Revelaciòn que se filtra en nuestro propio caràcter lùdico.

lunes, 16 de febrero de 2026

DOCTORES DE LA IGLESIA



 

LA SABIDURÍA COMO LA MADRE DEL CIELO SE OBTIENE EN LA ESCUCHA DE jESÚS

LUNES, VI SEMANA

San Bernardo Sermón 15 sobre diversas materias 

Trabajemos para tener el manjar que no se consume: trabajemos en la obra de nuestra salvación. Trabajemos en la viña del Señor, para hacernos merecedores del denario cotidiano. Trabajemos para obtener la sabiduría, ya que ella afirma: Los que trabajan para alcanzarme no pecarán. El campo es el mundo –nos dice aquel que es la Verdad–; cavemos en este campo; en él se halla escondido un tesoro que debemos desenterrar. Tal es la sabiduría, que ha de ser extraída de lo oculto. Todos la buscamos, todos la deseamos. Si queréis preguntar –dice la Escritura–, preguntad, convertíos, venid. ¿Te preguntas de dónde te has de convertir? Refrena tus deseos, hallamos también escrito. Pero, si en mis deseos no encuentro la sabiduría –dices–, ¿dónde la hallaré? Pues mi alma la desea con vehemencia, y no me contento con hallarla, si es que llego a hallarla, sino que echo en mi regazo una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. Y esto con razón. Porque, dichoso el que encuentra sabiduría, el que alcanza inteligencia. Búscala, pues, mientras puede ser encontrada; invócala, mientras está cerca. ¿Quieres saber cuán cerca está? 

REFLEXIÓN

Indicios de sabiduría, la que siempre quiere más y queda con hambre. No la que harta y se vomita. Confesar la propia iniquidad es mantenerse en un sano realismo de su verdadero protagonismo y relieve, con la conciencia de que estamos inclinados al daño de otros. Confesar la acción de gracias, es compañera inseparable de la anterior, ya que por conocer nuestra tendencia al perjuicio ajeno, no cesamos de agradecer que busquemos hacer bien. Además la boca que edifica con una narrativa positiva que aporta esperanza, repara el daño causado o por causar, y muestra que su acción de gracias es honesto.

En efecto, por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Y además, lo primero que hace el justo al hablar es acusarse a si mismo: y así, lo que debe hacer en segundo lugar es ensalzar a Dios, y en tercer lugar (si a tanto llega la abundancia de su sabiduría) edificar al prójimo.