jueves, 14 de mayo de 2026

DOCTORES DE LA IGLESIA



 


San Basilio el Grande Libro sobre el Espíritu Santo 9,22-23 

¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares. Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural. Él es fuente de santidad, luz para la inteligencia; él da a todo ser racional como una luz para entender la verdad. Aunque inaccesible por naturaleza, se deja comprender por su bondad; con su acción lo llena todo, pero se comunica solamente a los que encuentra dignos, no ciertamente de manera idéntica ni con la misma plenitud, sino distribuyendo su energía según la proporción de la fe. 

REFLEXIÓN

Ser dignos del Espíritu Santo, de su santificación, es un reclamo de los que administran los actos de santificación en nombre del mismo Espíritu. O sea sus ministros, llámense pastores, obispos, sacerdotes, eclesiásticos, religiosos …Pero sobre los que se declara la dignidad, quienes no han sido ungidos como voceros del Espíritu, permanece la incertidumbre sobre su propio proceso de santificación, porque los criterios que se les aplican pueden ser varios, desde muy estrictos a muy laxos. Es decir, sienten depender de los ungidos su propia justificación. Y ésta puede entrar en contraposición sobre lo que dicta la propia conciencia. 

Simple en su esencia y variado en sus dones, está íntegro en cada uno e íntegro en todas partes. Se reparte sin sufrir división, deja que participen en él, pero él permanece íntegro, a semejanza del rayo solar cuyos beneficios llegan a quien disfrute de él como si fuera único, pero, mezclado con el aire, ilumina la tierra entera y el mar. Así el Espíritu Santo está presente en cada hombre capaz de recibirlo, como si sólo él existiera y, no obstante, distribuye a todos gracia abundante y completa; todo disfrutan de él en la medida en que lo requiere la naturaleza de la criatura, pero no en la proporción con que él podría darse.

REFLEXIÓN

De qué capacidad se trata? Porque al acoger a todos los que deseen al bautismo en nombre de Jesús, se parte del reconocimiento del propio pecado, por propia voz o por un vocero o vocera. Pero para lo que venga después en orden al crecimiento de la vida santa, sólo se dispone de mandatos, exhortaciones, consejos, que se mantienen fuera del propio reconocimiento. Si éste no se abre paso a la confesión explícita de la pecaminosidad, nadie puede juzgar del interior. Sólo especular.

Por él los corazones se elevan a lo alto, por su mano son conducidos los débiles, por él los que caminan tras la virtud, llegan a la perfección. Es él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y al comunicarse a ellos los vuelve espirituales. Como los cuerpos limpios y transparentes se vuelven brillantes cuando reciben un rayo de sol y despiden de ellos mismos como una nueva luz, del mismo modo las almas portadoras del Espíritu Santo se vuelven plenamente espirituales y transmiten la gracia a los demás. 

REFLEXIÓN

Porque el Espíritu Santo suaviza lo rígido, como dice la secuencia de su fiesta, y los corazones entenebrecidos, sólo por su unción se abren a recibir la santificación y hablar de su responsabilidad en el tejido de injusticia, en el que todos somos protagonistas.

De esta comunión con el Espíritu procede la presciencia de lo futuro, la penetración de los misterios, la comprensión de lo oculto, la distribución de los dones, la vida sobrenatural, el consorcio con los ángeles; de aquí proviene aquel gozo que nunca terminará, de aquí la permanencia en la vida divina, de aquí el ser semejantes a Dios, de aquí, finalmente lo más sublime que se puede desear: que el hombre llegue a ser como Dios.

REFLEXIÓN

Son signos de vivir bajo su influjo. Sólo así se puede vivir en el Misterio sin sentirse en el absurdo.

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre los Hechos de los apóstoles.
(Homilía 3, 1. 2. 3: PG 60, 33-36. 38)

MUÉSTRANOS, SEÑOR, A QUIÉN HAS ELEGIDO


Uno de aquellos días, dirigiéndose Pedro a los hermanos reunidos, habló así. Pedro, a quien el Señor había encomendado su grey, vehemente como siempre, ejerce el papel de protagonista y es el primero en tomar la palabra: Hermanos, es preciso que elijamos a uno de entre nosotros. Permite que todos den su opinión, a fin de que el elegido sea recibido con agrado, precaviéndose de la envidia a que este hecho podía dar ocasiónya que estas cosas, con frecuencia, son origen de grandes males.
¿Qué conclusión, por tanto, sacaremos de esto? ¿Es que Pedro no podía elegir por sí mismo? Ciertamente, podía; pero se abstuvo de ello, para no demostrar preferencia por nadie. Además, no había recibido aún el Espíritu Santo. Y presentaron a dos -dice el texto sagrado-: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. No los presenta él, sino todos, Él lo que hizo fue aconsejar esta elección, haciendo ver que la iniciativa no partía de él, sino que se trataba de algo ya profetizado de antemano. Por esto su intervención en este caso fue la del que interpreta los designios de Dios, no la del que manda algo.

Hay aquí entre nosotros -dice- hombres que han andado en nuestra compañía. Fijémonos cómo quiere que el elegido sea un testigo ocular; aunque luego había de venir el Espíritu Santo, pone en esto un gran interés.
Hombres que han andado en nuestra compañía, y añade: todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor. Se refiere a los que han convivido con él, y no a los que sólo han sido discípulos suyos. Es sabido, en efecto, que eran muchos los que lo seguían desde el principio. Y, así, vemos que dice el Evangelio: Era uno de los dos que, oídas las palabras de Juan, habían ido en seguimiento de Jesús.
Y prosigue: Todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor, es decir, desde el bautismo de Juan. Con razón señala este punto de partida, ya que los hechos anteriores nadie los conocía por experiencia, sino que los enseñó el Espíritu Santo.
Luego continúa diciendo: Hasta el día de la ascensión; es, pues, preciso que elijamos a uno de ellos para que, junto con nosotros, dé testimonio de la verdad de la resurrección. No dice: «Para que dé testimonio de la verdad de las demás cosas», sino taxativamente: Para que dé testimonio de la verdad de la resurrección. En efecto, había de ser más digno de crédito uno que pudiera afirmar: «Aquel mismo que comía, bebía y fue crucificado es el que ahora ha resucitado.» Por lo tanto, interesaba un testigo no de lo del tiempo pasado ni de lo del futuro ni de los milagros, sino escuetamente de la resurrección. Porque todas aquellas cosas eran patentes y manifiestas; la resurrección, en cambio, era algo oculto que sólo ellos conocían.
Y todos juntos oraron, diciendo: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos. «Tú, no nosotros.» Muy acertadamente invocan al que conoce los corazones, ya que él, y nadie más, era el que tenía que hacer la elección. Y hablan a Dios con esta confianza, porque saben que la elección es algo absolutamente necesario. Y no dicen: «Escoge», sino: «Muéstranos al elegido» -a quién has elegido, dice el texto-, pues saben que Dios lo tiene todo determinado ya de antemano. Echaron suertes entre ellos. Es que aún no se consideraban dignos de hacer por sí mismos la elección, y por esto deseaban alguna señal que les diera seguridad.

miércoles, 13 de mayo de 2026

PALABRA COMENTADA



 Miércoles 6 de Pascua

Hechos 17, 15.22-18,1



REFLEXIÓN

eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo

Ya Dios habita en el corazón humano. Cristo anunciado lo revela, haciendo más luminosa su experiencia: desde un Dios a quien se reconoce con temor, a un Padre a quien se corresponde en el amor.

Una divinidad temible nos acompaña desde la creación, y la vida es una tránsito hacia su conversión en el Padre de los cielos, por fe, esperanza y amor; y por aceptación profunda de su amor primero.

De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios

La revelación bíblica impulsa una lectura desmitificante frente a cualquier cultura, en este caso la producida por la mitología griega, en su narración sobre la aparición de la humanidad por mano de los dioses encaprichados.

Así se mantiene la lectura alternativa de nuestro relato bíblico revelado, frente a toda mitología, incluso la que produce el dogmatismo de la ciencia moderna, que declara a toda divinidad como no-existente, excepto el dios probabilidad.

así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya

A menos que se profundice mejor en el sentido del enfoque del pluralismo religioso, no se ve como Cristo que revela al Padre, Dios único, puede ser considerado uno más entre los reveladores válidos de las diferentes religiones.

Se pierde así su significación y aporte teológico preciso a nuestra humanidad.

Al buscarlo no podemos redundar más en su imagen y semejanza, las criaturas, sino que nos llama el original.

Esto significa que debemos remontarnos, despejarnos y abrirnos al desconocido.

Muchos signos del Desconocido, pero encarnado, se ofrecen en los eventos.

Hay tiempos fuertes y tiempos sigilosos, en los que se manifiesta, vertiginosa o lentamente.

Cambios en las cúpulas de poder, en los escenarios sociales, en las vidas individuales.

El mensaje de Pablo nos aporta un Desconocido en proceso de develación: el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan

Es la formulación posible del designio del Señor: que te conozcan a ti Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo.

Esta es la brújula y derrotero de la búsqueda humana; de su hominización, humanización y uranización.

Como en la parábola del hijo derrochador y del Padre pródigo, los humanos reclaman su herencia, al principio de su vida autónoma, infectada de ilusión sediciente.

Así salimos de la creación buena, pero en un régimen de sometimiento, que se estigmatizó en Adán.

Se emprendió entonces un caminar agobiante por las desilusiones y decepciones y con pocas gratificaciones, hasta que en un recodo de la conciencia se reconoció, que se pasaba mejor con el Dios repudiado.

Se volvió entonces en actitud de humildad hacia la antigua imagen del Creador, para llegar a descubrir en un encuentro emocionado, que lo esperaba hace tiempo un Padre en extremo generoso, pero también un hermano envidioso, quien todavía pondría a prueba su conversión hasta el final.

Sin embargo, para ser honestos, la fertilidad de la creatividad humana, manifestación histórica de la infinitud de la fuente, logra seducirnos con sus presentaciones.

Nos encandila, nos obnubila, nos aliena. En vez de darnos, nos exprime, mientras la semejanza del Señor es inagotable don.

no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

Nuestro inocuo discurso bíblico pretende des-idolizar la cultura humana, tan pretenciosa pero tan proclive a ese tipo de producción.

Para ello, una y otra vez insiste que no hay otra imagen y semejanza del Invisible, sino el ser humano, hombre y mujer.

Incluso aunque estén en rebeldía respecto de su condición de hombre y mujer, son imagen y semejanza.

La situación se torna grave cuando tal dignidad es utilizada para oprimir por la injusticia a sus propios hermanos.

Así se desfigura el designio del Señor y la divinidad misma.

Al oír "resurrección de muertos", unos lo tomaban a broma, otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión."

Es más fácil ceder el puesto de la responsabilidad que tenemos para transformar la historia, a las entelequias que nuestras fantasías mágicas producen, con el supuesto fin de hacer más fácil y cómoda la misión humana.

Nos cuesta aceptar la resurrección de Jesús de Nazareth, porque hay que aceptar también su crucifixión.

No es el género de transformación que nos entusiasme demasiado.

Aun Pablo cometió un desliz respecto de la cultura a la que anunciaba. La resurrección no tenía el mismo sentido para ellos. Pero algunos se abrieron. Porque la cerrazón y el rechazo a nuevas significaciones es una decisión de libertad, y la Palabra cuenta con ella para ser escuchada y transformar.

Algunos se le juntaron y creyeron,

Porque una predicación fracasada no significa el fracaso de la evangelización, ni un aborto del Espíritu.

Salmo responsorial: 148



REFLEXIÓN

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Sólo en el post-factum de la fe se puede exclamar: cómo pude ser tan ciego para no reconocerlo!.

Es el mismo asombro que expresa Pablo en Romanos, sobre la gloria que todo ser humano puede reconocer en la creación.

Alaben el nombre del Señor, / el único nombre sublime. / Su majestad sobre el cielo y la tierra.

Alabar es respetar en las criaturas el reflejo del Señor, sin reducirlo a ellas para su beneficio.

Alabar es el gesto de desprendimiento de nuestro egoísmo, para orientarnos al Señor de la gloria, y no al apego y posesión se su gloria.

Juan 16,12-15



REFLEXIÓN

Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora

La fe joanea es procesual en subida. Va adquiriendo mayor perspectiva mientras más altura consigue.

La mistagogia de la comunidad primitiva, y que algunos pedagogos de la fe guardan en la actualidad, consiste en una maduración que tiene paciencia con las etapas que se van cumpliendo.

La tecnología trajo su propio ritmo de inmediatez electrónica con el consiguiente desfase de los procesos propios de la maduración humana.

Así mismo en las decisiones éticas a tomar, a lo largo de nuestra existencia. No podemos con todo en una sola vez. Hay que madurar.

el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena

Algunas tendencias religiosas se pierden en la manifestación externa, como por ejemplo las que celebran al Espíritu Santo reductivamente con palmadas, bailes, y sonidos intraducibles.

Si eso es el Espíritu, no es admitido por otros, que ven en esa expresión un confinamiento de sus dones.

Sin embargo, el Espíritu del resucitado nos ha sido concedido desde el inicio de nuestra conversión para crecer hasta la estatura del hombre y mujer nuevos.

Personal y socialmente estamos para ser guiados en nuestra búsqueda de plenitud. Los misterios que desafían nuestra inteligencia nos dan signos para la sabiduría del dejarnos llevar.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando

Le dará el crédito a Jesús de lo que comunica. No se alzará con ello en un protagonismo robado, como si fuera otra revelación diferente y mejor.

Se puede entender en esto, el celo que el magisterio muestra cuando trata la revelación como un depósito, para cuya dispensación han sido delegados.

La calidad de la dispensación se ha desfigurado en ciertas coyunturas históricas, confundiéndose con un poder que impone sus intereses mundanos.

El Pueblo de Dios, en quien reside el sentido del Espíritu Santo, tiene el olfato suficiente para distinguir lo que es el carisma de magisterio de la prepotencia de cierto poder eclesiástico. Asi sea en cualquier credo religioso.

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Miércoles 6 de Pascua

Hechos 17, 15.22-18,1

Más que Misterio Dios es Desafio permanente: ante nuestros pre juicios, etiquetas, conceptos, teorías y demás. Así la Resurrección de Jesús sería el Desafío cumbre para creyentes y no creyentes, dado que los relatos no terminan de convencer como evidenciables, y el argumento teológico es sospechoso de magia, espritimo o brujería. Algo indigno de nuestra dignidad de seres racionales y libres.

Salmo responsorial: 148

La alabanza es un acto de rendición de esos pre juicios, y la opción de favorecer y preferir más el relato inspirado por el Espíritu. La alabanza es un acto de coraje. Un paso al frente en favor de la confianza en Dios y su Revelación.

Juan 16,12-15

El sincretismo es una síntesis que no se atiene tanto a la coherencia y solidez, sino prurito de acumulación de verdades y no tan verdades. El fundamentalismo es propicio en una síntesis sincretica porque no hay orden ni prioridades en esa acumulación de relatos. La madurez en la fe que prohija el Espíritu de Jesús, es un equilibrio y ponderación de relatos inspirados, que hacen sentido común y sentido de fieles. Un equilibrio dinámico siempre abierto a las prioridades históricas mediante las que el Espíritu Santo y el carisma del magisterio nos apoyan para mantener vivo.