martes, 2 de diciembre de 2025

PALABRA COMENTADA


 

Martes 1 de Adviento

Isaías 11,1-10



REFLEXIÓN

No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados

Nosotros solemos inclinarnos a un lado u otro por interés. Los pobres y desamparados son todos los que no logran inclinar la balanza a su favor, porque su interés no interesa ni aprovecha.

Nuestras sociedades funcionan sobretodo con una justicia interesada, influída: la apariencia de poder y riqueza, el rumor que condena antes de oir. Nos saturamos de prejuicios y sentenciamos.

No es un problema de la justicia como rama del poder, sino que alcanza a todo hombre y mujer, capaz de tomar decisión que afecte a otros persiguiendo sólo su interés.

No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.

Se trata de la visión mesiánica, el fin del designio del Señor, su impronta: una sociedad solidaria que emerge finalmente de una sociedad inicua.

Es el fin del largo proceso según nuestra medida de tiempo de la conversión social, estructural y personal.

Un faro de luz en los arrecifes y riscos para advertir a los navíos. Una luz al final del túnel para avisar a los que vienen caminando en penumbra. Una visión que comunica energía a las fuerzas y decisiones, dándoles un norte y un punto de convergencia.

Tiempos de paz, época de paz, era de paz, paz definitiva.

Se mira en derredor y cualquier espacio parece tomado por la guerra, de cualquier tipo: intereses en guerra, vicios en guerra, relaciones en guerra, pueblos en guerra, un mismo país en guerra, políticos en guerra, iglesias en guerra.

No parece que nada ni nadie puede anunciar la paz, si acaso balbucearla.

Por eso se siente tan necesario celebrar la esperanza de paz. Una paz tan extensa y tan profunda, que logre que un león se vuelva vegetariano, como sugiere la Palabra.

Y así los que asumen que tienen fe en Jesús de Nazareth, a quien vemos como vástago de Jesé, según el profeta, tienen una responsabilidad: hacer la paz.

Hagamos la paz a todo nivel en el que nos veamos involucrados: familia, trabajo, relaciones sociales.

Demos a entender que la paz es posible, aun fragmentariamente, para que simbolicemos Aquel día.

Salmo responsorial: 71



REFLEXIÓN

para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud

El fondo bueno y anhelado de la historia. El mecanismo que vive descompuesto y anhelamos perfeccionar: justicia y derecho.

En jueces, fiscales, abogados, pero sobretodo y también en todos nosotros, que en todo nivel y a toda hora con nuestras decisiones que afectan a los demás, administramos justicia en nombre de la conciencia y su libertad.

Él librará al pobre que clamaba, / al afligido que no tenía protector; / él se apiadará del pobre y del indigente, / y salvará la vida de los pobres

Los creyentes en Jesús de Nazareth hacen la paz a su estilo: con justicia a los pobres.

El estilo de las sociedades a todo nivel es la paz por negociación. Lo cual significa que cada uno cede lo conveniente hasta llegar a un pacto final.

El estilo de Jesús es la conversión, que lleva a la renuncia por el reino. La conversión supera el cálculo de la negociación.

La negociación pretende dejar los adversarios en pie, sin perder cara.

La conversión es un ejercicio de abajamiento, como Jesús que se abajó para dar vida.

Lucas 10,21-24



REFLEXIÓN

lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla”

La alegría de Jesús vino de su Padre como un don. Es alegría al modo del Espíritu Santo.

Ignacio de Loyola menciona la consolación sin causa precedente: un gozo que llega sin saber la causa precisa. El bienestar de la vida misma, gozosa y espléndida en su mostración, aun superando dolores, enfermedades, frustraciones y limitaciones. El gozo de lo más hacia lo más.

Se pudiera pensar que todo gozo y alegía es causado por nuestro cerebro o inconsciente, de modo aun recóndito.

Pero se trata de recibirlo en acción de gracias y conversión. Porque el gozo de Jesús es propio del sencillo, cuando se ha despojado de cualquier apego de cualquier clase  y se entrega generosamente al reino.

Entonces sobreviene la paz más allá de los delirios ecologistas.

La alegría que viene del Espíritu como un don de Dios, que ilumina el sentido de la existencia y potencia la vivencia para acceder a la visión del fin, que está en proceso.

Una contemplación del designio del Señor da paso a un gozo de su prestigio y gloria, quien realiza sus promesas.

Mucha gente sencilla con enfoque sociológico muestra este gozo y visión agradecidos.

No se agota en esa categoría el don de Dios, abierto a todo hombre y mujer de buena voluntad.

Es la novedad que aporta la encarnación de la Palabra: su mensaje del fin por fin ancló entre nosotros y se propuso no volverse a ir.

nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar

La revelación del Padre es responsable de la identificación del Hijo, y la que lo da a conocer a otros, como Pedro Cefas que hizo el descubrimiento en su momento, para sostener esa identificación mientras el Hijo vuelve.

"¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron."

Lo que no quiere decir que no esté disponible para nosotros si el Señor lo otorga.

Es la petición que insta San Ignacio en los ejercicios, en la segunda semana: que el Padre dé a conocer a su Hijo, para seguirlo con mayor entrega.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1597546540562014560?s=20&t=cTBCNeyq3b-mEAxoczJfGA

https://x.com/motivaciondehoy 021225

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Martes 1 de Adviento

Isaías 11,1-10

Salmo responsorial: 71

Lucas 10,21-24

DOCTORES DE LA IGLESIA


 


MARTES I

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 45, 9. 22. 26. 28: PG 36, 634-635. 654. 658-659. 662)

¡OH ADMIRABLE INTERCAMBIO!

El Hijo de Dios, el que es anterior a todos los siglos, el invisible, el incomprensible, el incorpóreo, el que es principio de principio, luz de luz, fuente de vida y de inmortalidad, representación fiel del arquetipo, sello inamovible, imagen absolutamente perfecta, palabra y pensamiento del Padre, él mismo se acerca a la creatura hecha a su imagen y asume la carne, para redimir a la carne; se une con un alma racional para salvar mi alma, para purificar lo semejante por lo semejante: asume nuestra condición humana, asemejándose a nosotros en todo, con excepción del pecado. Fue concebido en el seno de una Virgen, que previamente había sido purificada en su alma y en su cuerpo por el Espíritu (porque convenía que fuese dignamente honrada la maternidad y que, a la vez, fuese grandemente exaltada la excelencia de la virginidad); nació Dios con la naturaleza humana que había asumido, unificando dos cosas contrarias entre sí, es decir, la carne y el espíritu. Una de ellas aportó la divinidad, la otra la recibió.

El que enriquece a otros se hace pobre; soporta la pobreza de mi carne para que yo alcance los tesoros de su divinidad. El que todo lo tiene de todo se despoja; por un breve tiempo se despoja de su gloria para que yo pueda participar de su plenitud.

¿Por qué tantas riquezas de bondad? ¿Por qué este admirable misterio en favor mío? Recibí la imagen divina y no supe conservarla. Él asume mi carne para dar la salvación al alma creada a su imagen y para dar la inmortalidad a la carne; se une a nosotros mediante un consorcio mucho más admirable que el primero.

Convenía que la santidad fuese otorgada al hombre mediante la humanidad asumida por Dios; de manera que, habiendo vencido con su poder al tirano que nos tenía sojuzgados, nos librara y atrajera nuevamente hacia sí por medio de su Hijo, que realizó esta obra redentora para gloria de su Padre y que tuvo siempre esta gloria como objetivo de todas sus acciones.

Aquel buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió a buscar la oveja perdida, por las montañas y colinas donde tú ofrecías sacrificios a los ídolos. Y, cuando encontró a la oveja perdida, la cargó sobre sus hombros -sobre los que había cargado también el madero de la cruz- y así la llevó nuevamente a la vida eterna.

La luz brillante sigue a la antorcha que la había precedido, la Palabra a la voz, el Esposo al amigo del Esposo, que prepara para el Señor un pueblo bien dispuesto y lo purifica con el agua, disponiéndolo a recibir el bautismo del Espíritu.

Tuvimos necesidad de que Dios asumiera nuestra carne y muriera, para que nosotros pudiéramos vivir. Hemos muerto con él para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; y con él hemos sido glorificados, porque juntamente con él hemos resucitado

REFLEXIÓN

La perspectiva de la gracia libérrima del Señor, su gloria para ser compartida, su vida inagotable para ser participada, su pobreza para ser emulada, nos indican como claves de un camino por el que vamos peregrinando, la ruta verdadera hacia Él. Han hecho bien los promotores del activismo desde el hombre y para el hombre, sólo cuando esta perspectiva es el horizonte. No lo hacen, si se desconoce voluntariamente, o se enfrenta por mera rebeldía envidiosa. Se nos hace difícil aceptar nuestro rol de amigos, no de Esposo.