miércoles, 24 de junio de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASÍS





 De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 293, 1-3: PL 38, 1327-1328)


LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él.

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, 
mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo.

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegan hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; 
queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: Dinos quién eres. Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

martes, 23 de junio de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Martes 12 de tiempo ordinario

Año Par

2Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36



REFLEXIÓN 

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: "Decid a Ezequías, rey de Judá: "Que no te engañe tu Dios en quien confíaspensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?"" 

Confiar en el Señor como nos pide a nuestra fe, según las contingencias de la historia, no es una promesa unívoca, de un solo sentido.

Puede ser que hayamos presumido erróneamente sobre el fundamento de la seguridad en el que descansamos, y más que fe, lo que nos mueve es autoengaño.

Puede ser que el ofrecimiento de protección del Señor tenga un tiempo de madurez que no coincide con nuestras ansias. Y debamos vivir la confianza en paciencia, aguardando su libre voluntad y gloria.

Nosotros vamos en pos, no nos adelantamos al Señor. Nuestra estabilidad y paz es la paciencia en nuestro esperar y actuar, depurando nuestra inseguridad, fortaleciendo el vínculo con Aquél de quien nos estamos fiando.

para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios

Persistir creciendo en nuestra fe es la única y auténtica estrategia de lucha frente a las voces internas y externas que claman para que abandonemos todo.

Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: "Así dice el Señor, Dios de Israel: "He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: 'Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! 

La Palabra en boca de Isaías respondió con una promesa abierta. No necesariamente la integridad de la Sión de Ezequías sino del resto. Podría cumplirse con ese rey o más adelante. Y así el creyente debe abrirse a esa potencialidad de la palabra para que el Designio del Señor se cumpla.

Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad -oráculo del Señor-.

Y efectivamente éste era el momento de su protección, pero podía no haber sido y la promesa haberse cumplido después. La protección no significa que no tuviera que negociar, y aceptar quedar como un reino vasallo, pagando tributo.

Salmo responsorial: 47



REFLEXIÓN

Oh Dios, meditamos tu misericordia

Para aprender tus caminos y confiar

Mateo 7,6.12-14



REFLEXIÓN

No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros

Perros y cerdos, como sinónimos de infidelidad e impureza en la mentalidad judía, con la que este evangelista muestra más sintonía o mayor empeño evangelizador.

Que los perros y cerdos para los judeocristianos no se representaran solo en los clásicos gentiles, sino en todos aquellos resistentes a la evangelización, es una posibilidad.

Quien haya tenido algo de celo por compartir el evangelio del reino con otros, ha debido hacer la experiencia de alguien resistente y empedernido, en su rechazo y negación. Incluso con agresión

En algún momento ha debido concluir que continuar sería una pérdida de tiempo. 

Se trata de una conclusión realista y prudente, incluso hoy, cuando existen adversarios que atacan la santidad anunciada por las iglesias, por las señales de corrupción que puedan mostrar, verdaderas o imaginadas.

En el servicio por el reino hay limitaciones, y se precisa seleccionar oportunamente quienes no muestran sujeto. Lo requiere Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales: no los deben hacer los que no muestran tener sujeto. No llenan el perfil.

Es un elitismo espiritual, pero evangélico: implica dar signos de la clase de tierra que se puede ser para que la semilla fecunde.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas

Pero es posible un punto de encuentro para la convivencia pacífica, desde donde abrir espacios para la evangelización.

Es algo en la señal de los tiempos por parte del Espíritu, cuando nos convoca a la solidaridad y la fraternidad.

Más que las palabras santas de la evangelización, el mundo tiene sed de conductas irreprochables, que mantengan la corrupción en descenso.

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos

No hay pues que extrañarse de la poca respuesta, dado el nivel de exigencia.

No es posible sin las mociones del Espíritu.

Nuestro sentido moderno actual de igualdad, el que nos vende la democracia globalizada, no nos permite aceptar la discriminación. Y la vemos en cualquier selección. 

Así la llamada es igualitaria pero el crecimiento es selectivo. Unos dan más y otros menos. Y otros parecen no dar nada.

https://twitter.com/motivaciondehoy/status/1539222463812337665?s=20&t=X-eaaYKimaFbQ7_jvLiwrQ

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Martes 12 de tiempo ordinario

Año Par

2Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36

Salmo responsorial: 47

Mateo 7,6.12-14