sábado, 27 de junio de 2026

2012 Sábado 12 de tiempo ordinario

Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad.

Regiones y países hoy muestran las señales de nuestra crueldad de especie superior de la creación. Es la ironía, si no el sarcasmo que asoma en estas circunstancias deplorables que son el efecto de nuestra responsabilidad.

Estamos en una etapa del proceso de la humanidad que no le permite más atribuir culpa a la divinidad.

Más bien en el acontecimiento Cristo podemos comprender que la divinidad es un Padre que sufre con las víctimas.

Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.

Por eso entre los verdugos también se cuentan los falsos mesías, protagonistas de revoluciones falsas, que no aportan cambio sino corrupción sin posibilidad de denuncia.

Entre ellos también los ilusos que promueven la ideología del cambio, más que el mismo cambio, porque no llaman a la conversión y la autocrítica para no perder poder y base política.

levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

Porque en su aparente impotencia es capaz de desarrollar el verdadero cambio desde los detalles más menospreciados.

Salmo responsorial: 73

Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,

El efecto de nuestra oración auténtica es devolverle la memoria al Señor para que deje de olvidarnos.

Pero el asunto se torna grave cuando nosotros perdemos la memoria de su intervención a favor nuestro y nos perdemos en el olvido de Dios.

Que el humilde no se marche defraudado, / que pobres y afligidos alaben tu nombre.

Hagámosle memoria que algunos no lo han olvidado y esperan de su misericordia.

Que ellos, los más humildes sean nuestra protección y intercesores.

Mateo 8, 5-17

"Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho".

"Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe

Seguramente el criado o esclavo podría ser israelita, con lo cual los contrastes se acentuaban. Porque un pagano, un perro infiel, cuida de un inferior en la escala social e israelita, y encima deposita su confianza de curación en otro israelita como Jesús: tiene vivir una fe paradigmática, rompedora de límites y prejuicios.

Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: "El tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades

Jesús alabó una fe solidaria, como la de él.

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Sábado 12ª semana de tiempo ordinario

Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

Salmo responsorial: 73

Mateo 8, 5-17

DOCTORES DE LA IGLESIA




 
De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo.
(Homilía 6 Sobre las bienaventuranzas: PG 44, 1270-1271)

DIOS PUEDE SER HALLADO EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE

La salud corporal es un bien para el hombre; pero lo que interesa no es saber el porqué de la salud, sino el poseerla realmente. En efecto, si uno explica los beneficios de la salud, mas luego toma un alimento que produce en su cuerpo humores malignos y enfermedades, ¿de qué le habrá servido aquella explicación, si se ve aquejado por la enfermedad? En este mismo sentido hemos de entender las palabras que comentamos, o sea, que el Señor llama dichosos no a los que conocen algo de Dios, sino a los que lo poseen en sí mismos. Dichosos, pues, los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Y no creo que esta manera de ver a Dios, la del que tiene el corazón limpio, sea una visión externa, por así decirlo, sino que más bien me inclino a creer que lo que nos sugiere la magnificencia de esta afirmación es lo mismo que, de un modo más claro, dice en otra ocasión: El reino de Dios está dentro de vosotros; para enseñarnos que el que tiene el corazón limpio de todo afecto desordenado a las creaturas contempla, en su misma belleza interna, la imagen de la naturaleza divina.

Yo diría que esta concisa expresión de aquel que es la Palabra equivale a decir: «Oh vosotros, los hombres en quienes se halla algún deseo de contemplar el bien verdadero, cuando oigáis que la majestad divina está elevada y ensalzada por encima de los cielos, que su gloria es inexplicable, que su belleza es inefable, que su naturaleza es incomprensible, no caigáis en la desesperación, pensando que no podéis ver aquello que deseáis.»

Si os esmeráis con una actividad diligente en limpiar vuestro corazón de la suciedad con que lo habéis embadurnado y ensombrecido, volverá a resplandecer en vosotros la hermosura divina. Cuando un hierro está ennegrecido, si con un pedernal se le quita la herrumbre, en seguida vuelve a reflejar los resplandores del sol; de manera semejante, la parte interior del hombre, lo que el Señor llama el corazón, cuando ha sido limpiado de las manchas de herrumbré contraídas por su reprobable abandono, recupera la semejanza con su forma original y primitiva y así, por esta semejanza con la bondad divina, se hace él mismo enteramente bueno.

Por tanto, el que se ve a sí mismo ve en sí mismo aquello que desea, y de este modo es dichoso el limpio de corazón, porque al contemplar su propia limpieza ve, como a través de una imagen, la forma primitiva. Del mismo modo, en efecto, que el que contempla el sol en un espejo, aunque no fije sus ojos en el cielo, ve reflejado el sol en el espejo, no menos que el que lo mira directamente, así también vosotros -es como si dijera el Señor-, aunque vuestras fuerzas no alcancen a contemplar la luz inaccesible, si retornáis a la dignidad y belleza de la imagen que fue creada en vosotros desde el principio, hallaréis aquello que buscáis dentro de vosotros mismos.

La divinidad es pureza, es carencia de toda inclinación viciosa, es apartamiento de todo mal. Por tanto, si hay en ti estas disposiciones, Dios está en ti. Si tu espíritu, pues, está limpio de toda mala inclinación, libre de toda afición desordenada y alejado de todo lo que mancha, eres dichoso por la agudeza y claridad de tu mirada, ya que, por tu limpieza de corazón, puedes contemplar lo que escapa a la mirada de los que no tienen esta limpieza, y, habiendo quitado de los ojos de tu alma la niebla que los envolvía, puedes ver claramente, con un corazón sereno, un bello espectáculo. Resumiremos todo esto diciendo que la santidad, la pureza, la rectitud son el claro resplandor de la naturaleza divina, por medio del cual vemos a Dios.

viernes, 26 de junio de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


 

De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo.
(Homilía 6 Sobre las bienaventuranzas: PG 44, 1266-1267)


LA ESPERANZA DE VER A DIOS

La promesa de Dios es ciertamente tan grande que supera toda felicidad imaginable. ¿Quién, en efecto, podrá desear un bien superior, si en la visión de Dios lo tiene todo? Porque, según el modo de hablar de la Escritura, ver significa lo mismo que poseer; y así, en aquello que leemos: Que veas la prosperidad de Jerusalén, la palabra «ver» equivale a tener. Y en aquello otro: Que sea arrojado el impío, para que no vea la grandeza del Señor, por «no ver» se entiende no tener parte en esta grandeza.

Por lo tanto, 
el que ve a Dios alcanza por esta visión todos los bienes posibles: la vida sin fin, la incorruptibilidad eterna, la felicidad imperecedera, el reino sin fin, la alegría ininterrumpida, la verdadera luz, el sonido espiritual y dulce, la gloria inaccesible, el júbilo perpetuo y, en resumen, todo bien.

Tal y tan grande es, en efecto, la felicidad prometida que nosotros esperamos; pero, como antes hemos demostrado, la condición para ver a Dios es un corazón puro, y, ante esta consideración, de nuevo mi mente se siente arrebatada y turbada por una especie de 
vértigo, por la duda de si esta pureza de corazón es de aquellas cosas imposibles y que superan y exceden nuestra naturaleza. Pues si esta pureza de corazón es el medio para ver a Dios, y si Moisés y Pablo no lo vieron, porque, como afirman, Dios no puede ser visto por ellos ni por cualquier otro, esta condición que nos propone ahora la Palabra para alcanzar la felicidad nos parece una cosa irrealizable. ¿De qué nos sirve conocer el modo de ver a Dios, si nuestras fuerzas no alcanzan a ello? Es lo mismo que si uno afirmara que en el cielo se vive feliz, porque allí es posible ver lo que no se puede ver en este mundo. Porque, si se nos mostrase alguna manera de llegar al cielo, sería útil haber aprendido que la felicidad está en el cielo. Pero, si nos es imposible subir allí, ¿de qué nos sirve conocer la felicidad del cielo sino solamente para estar angustiados y tristes, sabiendo de qué bienes estamos privados y la imposibilidad de alcanzarlos? ¿Es que Dios nos invita a una felicidad que excede nuestra naturaleza y nos manda algo que, por su magnitud, supera las fuerzas humanas?

No es así. Porque Dios no creó a los volátiles sin alas, ni mandó vivir bajo el agua a los animales dotados para la vida en tierra firme. Por tanto, si en todas las cosas existe una ley acomodada a su naturaleza, y Dios no obliga a nada que esté por encima de la propia naturaleza, de ello deducimos, por lógica conveniencia, que no hay que desesperar de alcanzar la felicidad que se nos propone, y que Juan y Pablo y Moisés, y otros como ellos, no se vieron privados de esta sublime felicidad, resultante de la visión de Dios; pues, ciertamente, no se vieron privados de esta felicidad ni aquel que dijo: Ahora me aguarda la corona merecida, que el Señor, justo juez, me otorgará, ni aquel que se reclinó sobre el pecho de Jesús, ni aquel que oyó de boca de Dios: Te he conocido más que a todos. Por tanto, 
si es indudable que aquellos que predicaron que la contemplación de Dios está por encima de nuestras fuerzas son ahora felices, y si la felicidad consiste en la visión de Dios, y si para ver a Dios es necesaria la pureza de corazón, es evidente que esta pureza de corazón, que nos hace posible la felicidad, no es algo inalcanzable. Los que aseguran, pues, tratando de basarse en las palabras de Pablo, que la visión de Dios está por encima de nuestras posibilidades se engañan y están en contradicción con las palabras del Señor, el cual nos promete que, por la pureza de corazón, podemos alcanzar la visión divina.

jueves, 25 de junio de 2026

PALABRA COMENTADA



 

Jueves 12 de tiempo ordinario

Año Par

2Reyes 24, 8-17



REFLEXIÓN

sólo quedó la plebe

Sólo quedaron los indigentes(dallah), los que no tenían valor para los vencedores, ni representaban ningún riesgo de oposición.

Éstos eran los invisibles de ese tiempo y lugar, con los cuales no era posible construir algo que valiera la pena. Los dejados a su suerte.

Pero son mencionados en la Palabra porque ella les da memoria y actualidad. Son el desafío de todo tiempo, para caer en cuenta que la tarea de humanización no ha concluído.

La dignidad se las aporta la Palabra porque nos recuerda su existencia y suerte. No por algún utilitarismo, sino por gracia, por amor que busca compartir la vida. Amor responsable.

Salmo responsorial: 78



REFLEXIÓN

tu compasión nos alcance pronto, / pues estamos agotados

Hay momentos muy difíciles, de extrema gravedad, tal como la imagen del salmo en los que no tenemos otra voz, otro sonido que pueda salir de nuestra garganta sino la de pedir, gemir por la compasión del Señor.

Mateo 7,21-29



REFLEXIÓN

"No todo el que me dice: "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo

Porque decir y hacer es lo propio del Reino.

"Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados."

Aquél día equivale al día final. Es un código profético antiguo.

Un día de ajustar cuentas, de verdadera transparencia y no la caricatura a la que estamos habituados en nuestra demagogia.

Entonces muchos quedaremos sorprendidos porque con nuestro esfuerzo y ambición creíamos configurar una realidad buena para nosotros y los demás.

Pero es que la búsqueda egocéntrica de los propios objetivos que se camuflan de voluntad de Dios nunca cesa.

Es el núcleo de la experiencia ignaciana transmitida en los ejercicios: la búsqueda incansable e insobornable de la voluntad de Dios.

Una búsqueda que aporta signos y evidencias de salirse del círculo egocéntrico para buscar un bien mayor siempre.

Hay quienes se casan con un eslogan que representa un bien solidario, pero sin discernir su proceso en la vida, se pervierte en letra muerta y marchita.

no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca

Cimentarse en la roca, en la piedra, en Cefas o Pedro, es para muchos en nuestro tiempo, y en todo tiempo anterior, una aberración y casi una idolatría. Porque ningún hombre es Dios.

No dan espacio a la consideración que una persona puede poseer el carisma de la verdad salvadora sólida, aun a pesar de sus inconsistencias y limitaciones.

Detrás de esa repugnancia, se encuentra, con mucha probabilidad, la resistencia a modificar las costumbres y conductas que son señaladas como no evangélicas.

Y para sentirse fuertes en su rechazo se aglutinan en una sola mediática voz de rebeldía para exaltar toda transgresión y resistencia.

Es como una suerte de anti-evangelio, que se va infiltrando silenciosamente en las categorías mentales de la población hasta la apostasía.

se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca

Decir y hacer la voluntad del Señor configura la solidez del Reino.

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

En su momento el evangelista transmitió una nueva Torá o enseñanza de Jesús. 

Tan prestigiosa y acendrada sonaba en su proclamación que se guardó como un legado para todos los que le quisieran seguir.

Así judeocristianos y cristianos gentiles en la autoridad evidenciada por Jesús de Nazareth, poseemos una nueva Torá, un nuevo Principio y fundamento.

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Jueves 12 de tiempo ordinario

Año Par

2Reyes 24, 8-17

Salmo responsorial: 78

Mateo 7,21-29

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASÍS





 De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo.
(Homilía 6 Sobre las bienaventuranzas: PG 44, 1263-1266)

 

DIOS ES COMO UNA ROCA INACCESIBLE

 

Lo mismo que suele acontecer al que desde la cumbre de un alto monte mira algún dilatado mar, esto mismo le sucede a mi mente cuando desde las alturas de la voz divina, como desde la cima de un monte, mira la inexplicable profundidad de su contenido.

Sucede, en efecto, lo mismo que en muchos lugares marítimos, en los cuales, al contemplar un monte por el lado que mira al mar, lo vemos como cortado por la mitad y completamente liso desde su cima hasta la base, y como si su cumbre estuviera suspendida sobre el abismo; la misma impresión que causa al que mira desde tan elevada altura a lo profundo del mar, la misma sensación de vértigo experimento yo al quedar como en suspenso por la grandeza de esta afirmación del Señor: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado. Nadie ha visto jamás a Dios, dice san Juan; y Pablo confirma esta sentencia con aquellas palabras tan elevadas: A quien ningún hombre vio ni puede ver. Esta es aquella piedra leve, lisa y escarpada, que aparece como privada de todo sustentáculo y aguante intelectual; de ella afirmó también Moisés en sus decretos que era inaccesible, de manera que nuestra mente nunca puede acercarse a ella por más que se esfuerce en alcanzarla, ni puede nadie subir por sus laderas escarpadas, según aquella sentencia: Nadie puede ver al Señor y seguir viviendo.

Y, sin embargo, la vida eterna consiste en ver a Dios. Y que esta visión es imposible lo afirman las columnas de la fe, Juan, Pablo y Moisés. ¿Te das cuenta del vértigo que produce en el alma la consideración de las profundidades que contemplamos en estas palabras? Si Dios es la vida, el que no ve a Dios no ve la vida. Y que Dios no puede ser visto lo atestiguan, movidos por el Espíritu divino, tanto los profetas como los apóstoles. ¿En qué angustias, pues, no se debate la esperanza del hombre? Pero el Señor levanta y sustenta esta esperanza que vacila. Como hizo en la persona de Pedro cuando estaba a punto de hundirse, al volver a consolidar sus pies sobre las aguas.

Por lo tanto, si también a nosotros nos da la mano aquel que es la Palabra, si, viéndonos vacilar en el abismo de nuestras especulaciones, nos otorga la estabilidad, iluminando un poco nuestra inteligencia, entonces ya no temeremos, si caminamos cogidos de su mano. Porque dice: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

miércoles, 24 de junio de 2026

PALABRA COMENTADA


 Natividad de San Juan Bautista

Isaías 49,1-6



REFLEXIÓN

Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba 

Como expresión de cercanía la Palabra se refiere a la dedicación y amor por parte del Señor, que forma parte de los relatos y esquemas de redacción vocacionales, pero que no deja de asombrar por su calidad personalizada y el llamado a una misión. 

Se conservan los relatos de personajes relevantes en la historia de Salvación, pero puede ser apropiado y asimilado por los creyentes, porque se nos ofrece en la Palabra de hoy. 

Somos llamados por nuestro nombre e identidad desde el vientre, y de ahí la importancia de nuestra vida desde la concepción, y tenemos todos una misión desde Él y para Él: donde radica nuestra dignidad humana.

Todo ser humano es una vocación personal del Señor, porque ha sido llamado a la existencia.

Es el fundamento del derecho humano de la persona humana y del derecho natural de la creación-evolución.

Asistir y servir a clarificar la propia, individual y única vocación humana, en el contexto de la propia y peculiar idiosincracia y constelación de talentos y dones, eso trata de realizar un servicio apostólico apropiado. 

El servicio al reino de Dios es personalizado aunque no está reducido al individuo, sino que abarca éste y sus relaciones.

El énfasis colectivo y social de nuestros tiempos puede obedecer a muchas necesidades e insatisfacciones pendulares, pero se subraya una estrategia de opacidad y ocultamiento de la responsabilidad personal, en el anonimato de la masa militante y activista.

Es algo conveniente para un sistema de mercado que todo lo publicita, lo compra y lo vende.

En esa vocación irremplazable y única se da la llamada a ser una boca como espada y flecha, en una gama de posiciones.

La persona está llamada a ejercer su vocación personal en el diálogo honesto, vertical y horizontal, respetuoso, fraterno.

y me dijo: "Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso."

Una palabra de gratificación y reconocimiento que también encontramos en Pablo. 

Y en los evangelios: siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.

"En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas"

Este pensamiento podría estar rondando a Juan Bautista cuando esperaba su ejecución en las mazmorras de Herodes. 

Quizás hasta sus discípulos, que lo veían en la galería de la muerte, sentirían algo parecido. 

Convenía entonces mandar a preguntarle a Jesús quién era él definitivamente, para clarificar si tanto esfuerzo había valido la pena.

Jesús lo confirmó en su esperanza del Mesías, quizá algo diferente a las expectativas, quizá no tan apocalíptico sino solidario, pero Mesías. Y Juan recobró el sentido de su vocación para él y sus seguidores.

Él lleva este proceso de gratificación y reconocimiento en sigilo absoluto para sorprendernos con la gloria. 

Algunas veces en el caminar esa gloria se deja intuir en las consolaciones.

tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza

Misteriosa o enigmáticamente, en la historia de salvación para algunos, la cruz y muerte ha significado un cambio en el curso ordinario de sus vidas, para la gloria de Dios y su reino.

Salmo responsorial: 138



REFLEXIÓN

Señor, tú me sondeas y me conoces; / me conoces cuando me siento o me levanto, / de lejos penetras mis pensamientos; / distingues mi camino y mi descanso, / todas mis sendas te son familiares

Si resulta un descanso incomparable sentirse comprendido hasta el último resquicio del ser, en nuestra unicidad, cuánto más la comprensión del Padre-Madre amoroso, que ha estado comunicado desde el inicio de nuestra existencia, para quien soy totalmente transparente.

No eres como nosotros que nos cansamos de oir lo que nos parece lo mismo de los demás sino que siempre nos escuchas aunque redundemos.

Conocías hasta el fondo de mi alma.

El Señor es la mirada del otro, que me deja ser yo mismo y no me inhibe ni me descalifica. Y abre en mí lo desconocido de mí.

Hechos 13,22-26



REFLEXIÓN

"Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias."

Con probabilidad Juan B tuvo una crisis de identidad en su vocación y misión. Pudo haber vivido su vocación con un protagonismo que lo llevaría a ser el centro de la historia. Y cuando estaba encarcelado se sintió decepcionado porque terminaba así su brillantez.

Pero supo recobrarse y aceptar su puesto en el desarrollo del Designio, y señalar a Jesús, un seguidor suyo como Mesías. Y canalizar a sus discípulos a tal reconocimiento.

En esa muerte de identidad y sentido, recobra desde las palabras de Jesús su verdadera vocación: la de precursor.

Nuestra historia personal con sus altibajos muestra cómo experimentamos la muerte de identidad y sentido cuando el nombre que nos da la cultura fluctúa entre la relevancia y el anonimato.

Habrá momentos que nos cuestionaremos sobre nuestra importancia y éxito.

Para el creyente es piedra fundamental saber que el Señor nos ha llamado y otorgado un nombre único para siempre, desde el cual impulsarnos para administrar el mundo.

Lucas 1,57-66.80



REFLEXIÓN

El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre."

El Señor se busca colaboradores que acepten misiones para su gloria, para su misterio, aunque no la entiendan y sufran en ello.

Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: "¿Qué va ser este niño?" Porque la mano del Señor estaba con él

Es la pregunta que podemos hacer si nos vamos a la sala de neo-natos de cualquier hospital: qué va a ser este niño, esta niña?

Es la pregunta que se hacen las parejas que están en el trance de decisión sobre si tener hijos, ahora o cuándo. Las circunstancias del mundo parecen tan difíciles y complejas que quizás no invitan a procrear.

Es una pregunta que se puede hacer una joven embarazada accidental e involuntariamente, marcada para convertirse en madre soltera, en previsión de un horizonte futuro precario.

Para Isabel y Zacarías la respuesta estaba en el prodigio de su paternidad-maternidad tardía. Tal suceso tenía que representar un acompañamiento especial, una vocación y misión  de interés.

Si el sentido de la vocación personal única e irrepetible desde el Padre nos alentara a mirar con esperanza cualquier circunstancia del nacimiento de niños y niñas, quizás se afirmaria el aprecio del llamado que hace el Señor a toda criatura.

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Natividad de San Juan Bautista

Isaías 49,1-6

Salmo responsorial: 138

Hechos 13,22-26

Lucas 1,57-66.80

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASÍS





 De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 293, 1-3: PL 38, 1327-1328)


LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él.

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, 
mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo.

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegan hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; 
queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: Dinos quién eres. Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

martes, 23 de junio de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Martes 12 de tiempo ordinario

Año Par

2Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36



REFLEXIÓN 

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: "Decid a Ezequías, rey de Judá: "Que no te engañe tu Dios en quien confíaspensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?"" 

Confiar en el Señor como nos pide a nuestra fe, según las contingencias de la historia, no es una promesa unívoca, de un solo sentido.

Puede ser que hayamos presumido erróneamente sobre el fundamento de la seguridad en el que descansamos, y más que fe, lo que nos mueve es autoengaño.

Puede ser que el ofrecimiento de protección del Señor tenga un tiempo de madurez que no coincide con nuestras ansias. Y debamos vivir la confianza en paciencia, aguardando su libre voluntad y gloria.

Nosotros vamos en pos, no nos adelantamos al Señor. Nuestra estabilidad y paz es la paciencia en nuestro esperar y actuar, depurando nuestra inseguridad, fortaleciendo el vínculo con Aquél de quien nos estamos fiando.

para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios

Persistir creciendo en nuestra fe es la única y auténtica estrategia de lucha frente a las voces internas y externas que claman para que abandonemos todo.

Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: "Así dice el Señor, Dios de Israel: "He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: 'Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! 

La Palabra en boca de Isaías respondió con una promesa abierta. No necesariamente la integridad de la Sión de Ezequías sino del resto. Podría cumplirse con ese rey o más adelante. Y así el creyente debe abrirse a esa potencialidad de la palabra para que el Designio del Señor se cumpla.

Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad -oráculo del Señor-.

Y efectivamente éste era el momento de su protección, pero podía no haber sido y la promesa haberse cumplido después. La protección no significa que no tuviera que negociar, y aceptar quedar como un reino vasallo, pagando tributo.

Salmo responsorial: 47



REFLEXIÓN

Oh Dios, meditamos tu misericordia

Para aprender tus caminos y confiar

Mateo 7,6.12-14



REFLEXIÓN

No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros

Perros y cerdos, como sinónimos de infidelidad e impureza en la mentalidad judía, con la que este evangelista muestra más sintonía o mayor empeño evangelizador.

Que los perros y cerdos para los judeocristianos no se representaran solo en los clásicos gentiles, sino en todos aquellos resistentes a la evangelización, es una posibilidad.

Quien haya tenido algo de celo por compartir el evangelio del reino con otros, ha debido hacer la experiencia de alguien resistente y empedernido, en su rechazo y negación. Incluso con agresión

En algún momento ha debido concluir que continuar sería una pérdida de tiempo. 

Se trata de una conclusión realista y prudente, incluso hoy, cuando existen adversarios que atacan la santidad anunciada por las iglesias, por las señales de corrupción que puedan mostrar, verdaderas o imaginadas.

En el servicio por el reino hay limitaciones, y se precisa seleccionar oportunamente quienes no muestran sujeto. Lo requiere Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales: no los deben hacer los que no muestran tener sujeto. No llenan el perfil.

Es un elitismo espiritual, pero evangélico: implica dar signos de la clase de tierra que se puede ser para que la semilla fecunde.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas

Pero es posible un punto de encuentro para la convivencia pacífica, desde donde abrir espacios para la evangelización.

Es algo en la señal de los tiempos por parte del Espíritu, cuando nos convoca a la solidaridad y la fraternidad.

Más que las palabras santas de la evangelización, el mundo tiene sed de conductas irreprochables, que mantengan la corrupción en descenso.

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos

No hay pues que extrañarse de la poca respuesta, dado el nivel de exigencia.

No es posible sin las mociones del Espíritu.

Nuestro sentido moderno actual de igualdad, el que nos vende la democracia globalizada, no nos permite aceptar la discriminación. Y la vemos en cualquier selección. 

Así la llamada es igualitaria pero el crecimiento es selectivo. Unos dan más y otros menos. Y otros parecen no dar nada.

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Martes 12 de tiempo ordinario

Año Par

2Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36

Salmo responsorial: 47

Mateo 7,6.12-14