miércoles, 1 de julio de 2026

PALABRA COMENTADA

Miércoles 13 de tiempo ordinario 

Año Par

Amós 5, 14-15. 21-24

Buscad el bien y no el mal, y viviréis

Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal

Defender aunque sean pocos y cansones. Con convicción. Incansablemente. Aun a pesar de las burlas y menosprecios. Sin recibir paga.

Eso significa buscar, eso significa amar.

Una actitud de vida desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Tanto dentro como fuera de casa.

Lograr la congruencia e integridad en la defensa de la justicia, es evitar el soborno de cualquier tipo.

Odiar el mal y amar el bien, es llegar hasta las consecuencias de la propia afectación de los propios intereses.

Todo esto parece por encima de las fuerzas humanas, pero su inspiración y fortaleza viene del Señor.

Como viene de él también la humillación, el perdón y la conversión cuando se da el traspiés en esta misión.

Cuando se es joven esta causa se lleva adelante con todas las hormonas. Cuando se avanza en la edad, sólo la conciencia se mantiene en pie, si el Señor la apoya.

El Señor siempre está, quizás no del mismo modo, porque puede estar bendiciendo una existencia dócil a su proyecto, o puede estar instando a la conversión a la que no lo es. La cosa se complica para nuestra comprensión si aún en una existencia fiel su presencia es dolorosa como una prueba, o como su abajamiento, según nos lo revela la cruz de Jesús.

En el tribunal de la vida, alineándonos con lo que es justo que es más exigitivo, en vez de una causa institucionalizada, la cual nos levanta suspicacias.

Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el juicio, la justicia como arroyo perenne

El Señor es nuestra inspiración por la integridad que muestra en su Palabra, y es nuestro juez ante nuestra prevaricación.

En otros profetas se clama por la misericordia en vez de sacrificios.

En Amós es la justicia.

Nos lleva a enriquecer la experiencia amorosa para que no se desvíe hacia una muestra de debilidad y complacencia permisiva de lo injusto.

El amor auténtico es justo y procura la justicia, pero según el Señor.

Salmo responsorial: 49

"¿Por qué recitas mis preceptos / y tienes siempre en la boca mi alianza, / tú que detestas mi enseñanza / y te echas a la espalda mis mandatos?

Hoy la rebeldía y la desobediencia han sido elevadas al estatuto de Palabra de Dios. La objeción de conciencia es el pan de la mesa diaria. Toda autoridad, incluida la del Señor es debatible, en nombre del Señor.

No es algo nuevo. Desde antiguo vienen las advertencias sobre la rebeldía autojustificada como verdadera obediencia.

Pero se siente hoy una gran resonancia porque estamos en el cielo histórico nitzcheano y dice bien ser contestatario. Además vende bien a los gustos del mercado.

Sin un sentido espiritual, construído en el discernimiento frecuente que nos ayude a desenmascarar el ángel de luz, la confusión como la mala hierba se nos echa encima de los bien sembrado.

No hay salida para una conversión duradera sino se fundamenta en una relación amorosa con el Señor, desde la cual se sienta como propia cualquier ofensa o desvío de su voluntad.

Es la única experiencia de Espíritu que promete la profundidad de un manantial que se proyecta a la vida sin término con Él.

Mateo 8,28-34

Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?"

Jesús puede haber transitado por ese camino sin enterarse que por allí no caminaba nadie por miedo a la agresión de los locos del cementerio.

El evangelista y su comunidad leen en ese gesto de Jesús la misión de curarlos.

Éstos pueden temer que Jesús como otros que han transitado los agredan, porque están confinados en el cementerio por ser energúmenos .

Donde eran relegados para esperar la muerte, porque no les quedaba más. 

El evangelista y su comunidad leen en su rechazo el fondo de su resistencia: tienen miedo que se les atormente y haga sufrir más.

En estos enfermos lo religioso no es un consuelo sino un tormento, por su grado de obsesión y una conciencia cargada de sentimientos de culpa.

En un acomodo a las patologías de nuestro tiempo, digamos que eran esquizofrénicos, cuyas crisis los hace furiosos, en muchos casos, de manera que son difíciles de controlar y hasta peligrosos.

Vivían aislados en el cementerio, casi como muertos en vida, sin esperanza social alguna.

"¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?"

Sabemos que todo proceso curativo y sanador, genera sufrimiento o dolor, en alguna de sus fases.

Este evento, elevado por una reflexión teológica del evangelista, concibe la fase dolorosa como un juicio anticipado sobre las fuerzas diabólicas o demoníacas, para desterrarlas de la vida humana.

Se trata de un anticipo del reino que conlleva la salud y el bienestar integral.

Los demonios le rogaron: "Si nos echas, mándanos a la piara".

Demonios, piaras de cerdos y región pagana son un epítome de impureza y alejamiento del verdadero Dios. Una región de temor y sufrimiento sin visos de cambio.

Por lo cual el evangelista refuerza el sentido de la misión de Jesús en el título que cruza su obra: Hijo de Dios.

Jesús como un hijo de Dios, que hace bien a cualquiera, es confesado con mayor compromiso y radicalidad por Marcos.

Como si dijera: este hijo de Dios es verdadero Hijo de Dios.

Cambia el nivel hacia una existencia de los demonios que piden salir y entrar en los cerdos, animales impuros según la época.

Y en este nivel Jesús confirma su existencia, accediendo a su petición.

Luego no sólo hablamos de enfermos esquizofrénicos que sienten estar habitados. Sino de los que los poseen, y a quienes se les adjudica una consistencia existencial.

al verlo, le rogaron que se marchara de su país

En la dieta judía no cabe el cerdo, porque se considera animal impuro. Un lugar a propósito para que residan los demonios.

Pero los pobladores de la otra orilla no eran judíos, y los puercos son el medio de sustento del pueblo.

Jesús parece haber obrado favorablemente para los enfermos, pero no para la economía del pueblo.

Si nos ubicáramos en la búsqueda del bien común, parece que el bien del pueblo estaba por encima del de los enfermos o endemoniados.

Pero hay que detenerse en el énfasis que se da a la liberación que aporta el reino en cuanto a la opresión del maligno, que está por encima de otros bienes materiales.

Eso sucede con frecuencia entre los que no pueden o no quieren ver otra luz que las que conocen, y se niegan a una renovación y un cambio, que afecte otros intereses más apreciados.

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Miércoles 13 de tiempo ordinario 

Año Par

Amós 5, 14-15. 21-24

Salmo responsorial: 49

Mateo 8,28-34

DOCTORES DE LA IGLESIA

                                                                            


el corazón de Carlo

Miércoles 13 de Tiempo Ordinario Par

Del libro de santa Teresa de Ávila sobre el Camino de perfección.
(Cap. 30, 1-5)

                                  VENGA TU REINO


¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no lleva pensado cómo pedirla, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir: «Dadnos, Padre, lo que nos conviene»? Pues a quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más.

¡Oh Sabiduría eterna! Para entre vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo pedisteis en el huerto: mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas os dejasteis en la suya. Mas a nosotros nos conocéis, Señor mío, que no estamos tan rendidos como lo estabais vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque, según somos, si no nos dan lo que queremos (con este libre albedrío que tenemos), no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos.

Pues dice el buen Jesús que digamos estas palabras en que pedimos que venga en nosotros un tal reino:

Santificado sea tu nombre, venga en nosotros tu reino.

Ahora mirad, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio su majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar este nombre santo del Padre eterno, conforme a lo poquito que podemos nosotros (de manera que se hiciese como es razón), si no nos proveía su majestad con darnos acá su reino, por ello lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro. Porque entendamos esto que pedimos, y lo que nos importa importunar por ello, y hacer cuanto pudiéremos para contentar a quien nos lo ha de dar, os quiero decir aquí lo que yo entiendo. El gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en un ser; mas muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le conociésemos