miércoles, 22 de julio de 2026

DOCTORES DE LA IGLESIA



 

ERA UNA PERSONA MÁS MADURA QUE EL PROMEDIO DE SU EDAD

De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios
(Homilía 25, 1-2. 4-5: PL 76, 1189-1193)


ARDÍA EN DESEOS DE CRISTO, A QUIEN PENSABA QUE SE LO HABÍAN LLEVADO

María Magdalena, cuando llegó a al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho. Y dice el Evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: María se había quedado fuera, llorando junto al sepulcro.

Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el fin se salvará.

Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba. Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilaciónSi la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Desfallezco de amor; y también: Mi alma se derrite.

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Se le pregunta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.

Jesús dijo: «¡María!» Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera: «Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en especial.» María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama «rabbuní»,es decir: «maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.

martes, 21 de julio de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Martes 16 de tiempo ordinario

Miqueas 7, 14-15. 18-20



REFLEXIÓN

a las que habitan apartadas en la maleza

Por qué esa intensidad de la Palabra con el tema de los descarriados, los pecadores, los pobres, los enfermos, los fuera de la ley?

Tienen en común ser personas a quienes no alcanza la bendición del Señor, su felicidad, su designio.

Muchos de los que han caído en esa situación son responsables de las decisiones que les hicieron postrarse. Es que el Señor ampara la irresponsabilidad?

Mas bien el Señor es amor trascendente, un misterio de amor. Y misteriosamente nos enseña algo sobre el amar, cuando se muestra enfocado en los débiles, los vulnerables, los excluídos, sean o no responsables.

Porque si bien es cierto que en muchas historias de pobreza hay responsabilidades, también hay injusticias, opresión, corrupción, falta de solidaridad de los que permiten que existan esas lacras.

El amor de la Palabra obsesivo con la oveja perdida es un declaración de amor por aquél que necesita un valedor, un defensor, un amparo, un solidario, un prójimo: alguien que se aproxime y haga propia la desdicha del desventurado.

¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia

Porque el amor del Señor está en las antípodas del resentimiento y el señalamiento perpetuo de culpa.

Es interesante que en nuestro mundo lo que abunda en una investigación y en una denuncia es el señalamiento de culpa. Es como si cada uno estuviera más dispuesto a linchar que a reparar.

Pero la realidad que señala la Palabra es otra. Busca la dignificación de todos, en particular de los humillados. Y con ello nos recuerda que el juicio definitivo lo hace Él.

Salmo responsorial: 84



REFLEXIÓN

has frenado el incendio de tu ira.

El Señor nos inspira respeto porque no se deja llevar por su comprensible enojo sino que opta por el perdón y la reconciliación.

Todo un paradigma para nuestra fraternización.

¿No vas a devolvernos la vida, / para que tu pueblo se alegre contigo? /

Y la vida nos devolverá porque es la resurrección y la vida: al modo de Lázaro o al modo de Jesús de Nazareth.

Mientras no sucedió el acontecimiento pascual de Jesús, estábamos en la humanidad a oscuras sobre nuestra mortalidad. En él se inició una iluminación sobre la nueva vida y ya el tránsito no es incierto para el que cree. Por eso fe y vida se relacionan.

Mateo 12, 46-50



REFLEXIÓN

El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre

La familia de la Palabra, que cumple la voluntad del padre, rebasa toda familia humana, de cualquier tipo. 

Se trata de la familia del amor universal desde los débiles.

Jesús es modelo y paradigma de tal novedad.

Tal familiaridad se compone de miembros que llegan desde los cuatro puntos cardinales del Espíritu, y en sus interacciones e interrelaciones tejen una fraternidad nueva.

Jesús es el hombre histórico que apuesta por el reino del Padre cada instante de su existencia y así nos señala la coherencia y densidad de una vida alternativa a la común.

En este relato rompe con sus ataduras familiares no por repudio sino por superación. Jesús expone la supremacía de la Palabra para convocar un nuevo género de familiaridad, de fraternidad.

Es como si dijera: hermanos seremos siempre en el único Padre. Los padres y hermanos de carne y sangre son figura de un mundo que pasa. El vínculo imperecedero como hermanos es nuestra escucha de la Palabra.

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Martes 16 de tiempo ordinario

Miqueas 7, 14-15. 18-20

Salmo responsorial: 84

Mateo 12, 46-50