lunes, 13 de julio de 2026

DOCTORES DE LA IGLESIA



 


De las obras de san Buenaventura, obispo
(Opúsculo sobre el itinerario de la mente hacia Dios, 7,1,2,6: Opera omnia 5, 312-313)
La sabiduría misteriosa revelada por el Espíritu Santo
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Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo, él, que es la placa de la expiación colocada sobre el arca de Dios y el misterio escondido desde el principio de los siglos. El que mira plenamente de cara esta placa de expiación y la contempla suspendida en la cruz, con la fe, con esperanza y caridad, con devoción, admiración, alegría, reconocimiento, alabanza y júbilo, este tal realiza con él la Pascua, esto es, el paso, ya que, sirviéndose del bastón de la cruz, atraviesa el mar Rojo, sale de Egipto y penetra en el desierto, donde saborea el maná escondido, y descansa con Cristo en el sepulcro, como muerto en lo exterior, pero sintiendo, en cuanto es posible en el presente estado de viadores, lo que dijo Cristo al ladrón que estaba crucificado a su lado: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Para que este paso sea perfecto, hay que abandonar toda especulación de orden intelectual y concentrar en Dios la totalidad de nuestras aspiraciones. Esto es algo misterioso y secretísimo, que sólo puede conocer aquel que lo recibe, y nadie lo recibe sino el que lo desea, y no lo desea sino aquel a quien inflama en lo más íntimo el fuego del Espíritu Santo, que Cristo envió a la tierra. Por esto, dice el Apóstol que esta sabiduría misteriosa es revelada por el Espíritu Santo.

Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos.

Este fuego es Dios, cuyo horno, como dice el profeta, está en Jerusalén, y Cristo es quien lo enciende con el fervor de su ardentísima pasión, fervor que sólo puede comprender el que es capaz de decir: Preferiría morir asfixiado y la misma muerte. El que de tal modo ama la muerte puede ver a Dios, ya que está fuera de duda aquella afirmación de la Escritura: Nadie puede ver mi rostro y quedar con vida. Muramos, pues, y entremos en la oscuridad, impongamos silencio a nuestras preocupaciones, deseos e imaginaciones; pasemos con Cristo crucificado de este mundo al Padre, y así, una vez que nos haya mostrado al Padre, podremos decir con Felipe: Eso nos basta; oigamos aquellas palabras dirigidas a Pablo: Te basta mi gracia; alegrémonos con David, diciendo: Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi lote perpetuo. Bendito sea el Señor por siempre, y todo el pueblo diga: "¡Amén!"

domingo, 12 de julio de 2026

PALABRA COMENTADA


 

domingo 15 de tiempo ordinario

Isaías 55,10-11



REFLEXIÓN

así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo

La palabra de Dios es hablar y obrar de Jesús en coherencia máxima. Enseñanos con tu Espíritu

Salmo responsorial: 64



REFLEXIÓN

Tú cuidas de la tierra, la riegas / y la enriqueces sin medida;

La tierra: un elemento primario que no cesa de producir, pero también de arruinarse. Una materia en constante proceso-milenario-de aplacar el hambre y el agua la sed. Un proceso inteligente y sabio que muestra generosidad y espera correspondencia en el cuido. Un proceso rebelde y seismico que recuerda tratarla con sabiduría.

Su destino manifiesto es ser para todos y todas. Nuestra mezquindad criminal es el acaparamiento para pocos y muerte para muchos.

Una corrupción del corazón que debemos incesantemente combatir.

Romanos 8,18-23



REFLEXIÓN

los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.

Contrastar el ahora con el día final nos puede contristar de impaciencia y agonía.

Pero no tenemos más que promesa y signos de cumplimiento para entregarnos a creer y esperar.

la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios

ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió

Uno es el que sea, sin importar ahora quién es. Frustrados sometidos somos como creación, y peor, sometiéndonos y frustrándonos unos a otros. Un sistema fatal, envilecedor, corruptor, aniquilador. Sólo redimible por el amarnos los unos a los otros, para restaurar la fraternidad y superar el sometimiento y la frustración.

con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios

El humano no se liberará y glorificará solo sino en conjunto con la creación que lo ha cuidado y asistido en su ascensión. El amor que nos vincula a los animales, las plantas y las cosas que contribuyen a nuestra vida no es egocéntrico para el humano, sino que inclusivo de su cosmos. Microcosmos y macrocosmos unidos en la gloria.

hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Si nosotros sufrimos con el sentido de la purificación amorosa de parte del Padre, todo el cosmos sufre alumbrando una nueva etapa. Estamos en labor, produciendo un ser nuevo, una totalidad emergente, un Cristo Total.

también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Los gemidos que arranca una coyuntura calamitosa e infortunada, no son anécdota ni circunstancia, sino mar de fondo. Eco del gemido de la creación, voz de los sin voz. Llamado desde lo profundo a la conciencia responsable por el cuido amoroso.

Mateo 13,1-23



REFLEXIÓN

Les habló mucho rato en parábolas

Un hablar enigmático que suscita intriga. Suena conocido pero despierta lo desconocido. Invita a trasponer la superficie de lo dicho e ir por un sentido recóndito, como un juego de escondites. Una palabra que arranca una respuesta y participación activa.

El que tenga oídos que oiga

No es una palabra para informarse sino para participar.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta

La tierra productiva no produce toda igual sino en diversidad. La tierra productiva no es la totalidad de la tierra, sino un resto. Su producción ayuda y subsidia a las demás, pero también las exhorta a volverse productivas.

Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

Qué se debe tener: disposición, capacidad?

En la dimensión del Espíritu la buena fe y la buena voluntad cuentan como puerta de entrada.

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domingo 15 de tiempo ordinario

Isaías 55,10-11

El profeta, en una etapa de retorno para reconstruir, alienta al creyente y al desanimado a seguir adherido a la Palabra de Dios, porque tiene un dinamismo de disponbilidad a ser escuchada y conducir a un final feliz, a un sueño realizado. Pero hay que someterse con paciencia y esperanza a sus mediaciones, con las que hay que colaborar libremente.

Salmo responsorial: 64

Pareciera que un dinamismo preparado para funcionar eficaz y eficientemente, como es el de la tierra y el agua que produce para muchos, se ha estropeado y ahora cuesta hacerlo funcionar. Y más tiempo pasamos discutiendo por qué y menos hacemos lo que hay que hacer para mejorarlo. Así es nuestra problemática ecológica actual.

Romanos 8,18-23

Tenemos un testigo interno que se nos manifiesta con gemidos que no atinamos a explicar bien, pero que sentimos. Un pesar, un malestar, porque no acabamos de estar bien siempre. Nuesto gozo dura poco, y nuestro pesar parece instalarse demasiado tiempo. Nuestro compromiso es discernir qué espíritu es: bueno o malo, positivo o negativo, acertado o engañoso. Nadie está exento de este discernir.

Mateo 13,1-23

Alienta nuestra fe saber que hay una productividad variada de la simiente en la tierra . Así que tendríamos que ser más capaces de integrar en la aceptación social las diversidades de cuantía en las cosechas. Aceptar que no todos producen igual , ni exigirlo arbitrariamente. Algo que los sistemas económicos en sus políticas de gestión no parecen ni quieren entender. Es una sabiduría que debemos y podemos cultivar y quizás a eso se refiere la advertencia: el que tenga oidos para oir que escuche.