sábado, 5 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA

 

Sábado 22 de tiempo ordinario Año Par

 

1Corintios 4, 6b-15



REFLEXIÓN

 

tendréis mil tutores en Cristo, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús

Pablo vive la amargura de una comunidad que él se esforzó en formar, pero que prefiere el estilo de otros apóstoles o ministros, olvidando ingratamente el esfuerzo y dolor que él ha invertido. 

Es un reclamo justo, que se podría tomar por una celotipia neurótica o histérica. Pero tiene un fundamento también en Cristo.

El amor de un apóstol en el trabajo del evangelio cuenta, y no debiera quedar ridiculizado o banalizado, para su humillación, ridiculización y molestia.

Pero hay unas gratificaciones, como la cantidad de aves que llegan al alimento que se les ofrece diariamente, y lo devoran, revolotean y trinan.

Es un espectáculo de vida y una visión de las vidas en sus diferentes niveles de complejidad, sirviendo una a la transformación de otra, con el resultado de energía, esplendor y alegría.

La creación tiene un ordenamiento vivificante, y no entiende uno cómo se puede dejar de ver la muestra de Alguien amoroso abrazándonos con sus gestos de cercanía y protección.

Si a estas aves así se les propicia sustento, cómo no pensar que nosotros somos aún más protegidos y amados.

 

Salmo responsorial: 144



REFLEXIÓN

cerca está el Señor de los que lo invocan, / de los que lo invocan sinceramente

No todo invocar es garantía de sinceridad. Incluso esto es don de Dios.

Su Espíritu gime en nosotros, y para ganar esa sinceridad debemos alinearnos y coincidir con Él.

Satisface los deseos de sus fieles, / escucha sus gritos, y los salva

Sucede que ni nos acordamos, cuando somos gratificados en la vida, que pedimos algo así. Quizá pensamos que ha ocurrido porque sí.

todo viviente bendiga su santo nombre

Decir bien, ben-decir, de Dios es inevitable si miramos a través de las contingencias en la existencia cotidiana.

Nos daríamos cuenta que se evoluciona un diálogo amoroso de mutua complacencia.

 

Lucas 6,1-5



REFLEXIÓN


"¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?"

Haciendo ver que está fuera de la ley, porque trabajan en día de descanso.

La ley de Dios, el descanso, pasa por la reglamentación cultural humana, estableciendo los tipos de actividad permitida y no permitida en relación al descanso como memoria del Señor.

Jesús destraba la legislación cultural de la vinculación absoluta a la voluntad de Dios, e introduce una distancia crítica, propiciada por una necesidad humana básica: el hambre de los discípulos.

"¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?

Pero Jesús revela otro enfoque más fundamental: la necesidad de comida en sí es una ley prioritaria.

"El Hijo del hombre es señor del sábado. 

El Hijo del Hombre es Jesús que reordena las prioridades, pero es todo hombre que fundamenta sus decisiones en satisfacer las necesidades fundamentales: pan, salud, casa, educación.

El hijo del hombre que revela al Padre y su voluntad, y el hijo del hombre que pertenece a la nueva humanidad que genera esa filiación.

No es libertad para escapar la ley, que es palabra de Dios, sino para interpretarla mejor, para ir más a fondo, y para cumplir más cabalmente 

Quien la hizo, la sabe leer mejor: Señor del Sábado. 

Puede que nos conforte saber que podemos vivir en pecado según la ley, pero es posible que no estemos violando la Alianza, al en una forma que nos acerca al amor del Padre. Y nos da miedo atrevernos a pensar así porque violar la ley nos hace sentir culpables, y sugiere cosas terribles si se viola.

Sentimos ir en una navecita en medio de un mar tensamente calmo, que a ratos se turba.

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Sábado 22 de tiempo ordinario Año Par

 

1Corintios 4, 6b-15

Salmo responsorial: 144

Lucas 6,1-5

DOCTORES DE LA IGLESIA




sábado XXII
Del Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas
(Sermón 95, 4-6: PL 54, 462-464)

FELICIDAD DEL REINO DE CRISTO

Después de haber encomiado el Señor la bienaventuranza de la pobreza, prosiguió diciendo: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. El llanto al que aquí se promete el consuelo eterno nada tiene que ver con la tristeza de este mundo, ni hay que creer que las lágrimas que derraman los hijos de los hombres, cuando en su tristeza lloran, a nadie hagan feliz. Es muy distinta la razón de las lágrimas de las que aquí se habla, muy otra la causa de este llanto de los santos. La tristeza religiosa es la que llora los pecados propios o bien las faltas ajenas; esta tristeza no es ni tan sólo la que se lamenta ante el castigo con que Dios nos amenaza, sino que se duele simplemente ante la iniquidad que los hombres cometen, pues sabe que es mucho más digno de compasión el que hace el mal que quien lo sufre, porque el inicuo, con su pecado, se hace reo de castigo, en cambio, el justo, con su paciencia, merece la gloria.

A continuación el Señor añadió: Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Aquí se promete la posesión de la tierra a los sufridos y mansos, a los humildes y modestos, y a los que están dispuestos a soportar toda clase de injurias. No se debe estimar pequeña o de baja calidad esta herencia, como si fuera algo diverso del reino de los cielos, pues, en realidad, aquí se trata de aquellos que van a entrar en el reino de Dios. En efecto, la tierra prometida a los sufridos, y cuya posesión se dará a los mansos, no es otra sino los propios cuerpos de los santos, los cuales, como premio de su humildad, serán transformados en la resurrección feliz y se verán revestidos de una gloriosa inmortalidad. Esta carne, revestida así de inmortalidad, en nada contrariará ya al espíritu, antes bien, vivirá siempre en unidad perfecta y en consentimiento pleno con el querer del alma. Entonces realmente el hombre exterior será la posesión pacífica e inmutable del hombre interior.

Esta tierra, pues, la poseerán los sufridos con una paz perfecta y sin que nada disminuya nunca el gozo de esta posesión, pues, entonces, esto corruptible se vestirá de incorrupción, y esto mortal se vestirá de inmortalidad; de este modo el castigo se habrá convertido en premio y lo que era carga se habrá tornado honor.

viernes, 4 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA

Viernes 22 de tiempo ordinario Año Par

 

1Corintios 4, 1-5



REFLEXIÓN

 

vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios

Mediante su palabra y acciones, que comunican salvación. 

La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. 

Aun aceptando que la conciencia ética sea una voz del Señor, no por ello nos podemos cerrar en ese veredicto, porque puede ser permisivo y esconder la auténtica responsabilidad. 

La conciencia ha de trabajarse constantemente para ponerla a tono como voz de Dios y menos como resonancia de nuestros intereses egoístas. 

Este trabajo es arduo porque implica la autocrítica permanente como quien no desea ser cómplice del propia crimen y la propia falta.

Nuestro ego brega a defenderse hasta la última gota de sangre y somos para nosotros mismos abogados defensores en vez de fiscales. 

Incluso la conciencia puede ser envilecida y auto-engañada. 

no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón;

Esta Palabra se ofrece como antídoto a la tendencia vehemente del mundo a juzgar y condenar desde el inicio, sin esperar las pruebas y las evidencias. Y aún entonces por ejecutar sentencias desproporcionadas. 

Aun cuando la justicia humana funcione queda flotando la incertidumbre; si fue sana y completa justicia. 

No obstante las propias luces de la conciencia seguimos estando en sus manos misericordiosas.

Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios

Porque el mundo se ufana que todo se ha de saber en esta vida, como un logro de la verdad humana.

Frente al descubrimiento de los engaños humanos que se aspiran a conocer mediáticamente, se da una revelación final de los designios del corazón, de las verdaderas intenciones, que nuestras ciencias no atinan a establecer sólidamente. 

Es el Señor quien alabará, no dice: condenará.

Sabrá salvar lo bueno que hay en nosotros.

 

Salmo responsorial: 36



REFLEXIÓN 

Confía en el Señor y haz el bien

confía en él, y él actuará

Apártate del mal y haz el bien

Hacer el bien incansablemente como lo manda la Palabra requiere confiar. Hace el bien quien confía. Quien confía hace el bien. Son dos caras de la misma moneda.

Hacer el bien muestra la calidad de la confianza que tenemos. Si decimos confiar y no hacemos el bien, no confiamos en realidad. 

él te dará lo que pide tu corazón

Aunque ni nosotros sepamos formularlo y descifrarlo es el mejor intérprete.

Lucas 5,33-39



REFLEXIÓN

"Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber". 

Juicios como éstos tienen hoy sus réplicas: cuando se juzga mejor persona a quien se manifiesta como activista de causas sociales de diferentes causas. 

El hecho de ser activista para ciertos sectores es ya la proclamación de una cuasi-santidad. 

O cuando se juzga que los asiduos participantes en liturgias y devociones son ya buenos y merecen el reconocimiento de tales por los demás. 

Por eso el Espíritu en nuestro tiempo ha permitido que se cuartee la fachada de presunta santidad y bondad de personas y grupos etiquetados como tal, por los escándalos que se han conocido. 

Las iglesias incluso, como organizaciones profesionalmente detentoras del bien y la santidad, han filtrado corrupción e iniquidad.

El ayuno es el duelo por su ausencia cuando se siente, y la fiesta es la celebración de su presencia, también cuando se siente.

Es una forma de vivir la presencia y ausencia escatológica, advertida a través sus señales: consolación y desolación. 

¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán

En la existencia hay momentos de celebración de bodas, porque el novio se siente presente. En otros momentos se siente la ausencia. Guardar esos momentos en la memoria, y expresarlos en retiros, en liturgia, ayuda a contrastar y aprender un caminar que conlleva presencia y ausencia, consolación y desolación.

A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: "Está bueno el añejo.""

Si la estrategia aconseja que lo nuevo vaya con lo nuevo, tampoco se descarta que lo viejo tenga su encanto.

No parece que lo añejo sea desacreditado, por ser viejo. Tiene su buen gusto, y es hasta preferible 

Pero no debe impedir que lo nuevo venga como lo nuevo y no como viejo o lo viejo como nuevo. Hoy se habla de que los esquemas han de romperse.

 Sí, a condición que aquello que venga sea nuevo y se reciba como nuevo. 

No así lo que aparenta ser nuevo pero es viejo. Y ni siquiera es añejo: sin buen gusto.

La novedad de Jesús y su evangelio nos conduce a nuevas formas de convivialidad. 

Y así en nuestra época descreída y escéptica ante los símbolos y

signos tradicionales de la santidad, el Espíritu de la Palabra nos urge la sinceridad y la pureza de la intención y la consistencia de la actuación.

Se trata de una nueva relación: escatológica. Es definitiva, es misteriosa.

Pide actitudes nuevas y gestos nuevos e innovadores.

Más allá de la institución eclesial, que puede sentirse retardataria en reconocer la novedad, preocupada como está de fijar límites 

En esta tensión que se crea por la búsqueda de los odres nuevos para el vino nuevo y los odres viejos del vino viejo, llama la atención la posición de algunos que sólo se fijan en las bondades de la creatividad, sin caer en cuenta que re-editan errores antiguos, y que un servicio a la novedad es la vigilancia para no caer en los mismos errores.

Igualmente llama la atención que esta vigilancia, no simpatice y escrute con más benevolencia los intentos por los odres nuevos, y descalifique de partida los intentos realizados.

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Viernes 22 de tiempo ordinario Año Par

 

1Corintios 4, 1-5

Salmo responsorial: 36

Lucas 5,33-39

SAN CARLO ACUTIS DE ASIS


 

VIERNES, XXII SEMANA

Del Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas
(Sermón 95, 2-3: PL 54, 462)

DICHOSOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

No puede dudarse de que los pobres consiguen con más facilidad que los ricos el don de la humildad, ya que los pobres en su indigencia se familiarizan fácilmente con la mansedumbre y, en cambio, los ricos se habitúan fácilmente a la soberbia. Sin embargo, no faltan tampoco ricos adornados de esta humildad y que de tal modo usan de sus riquezas que no se ensoberbecen con ellas, sino que se sirven más bien de ellas para obras de caridad, considerando que su mejor ganancia es emplear los bienes que poseen en aliviar la miseria de sus prójimos.

El don de esta pobreza se da, pues, en toda clase de hombres y en todas las condiciones en las que el hombre puede vivir, pues pueden ser iguales por el deseo incluso aquellos que por la fortuna son desiguales, y poco importan las diferencias en los bienes terrenos si hay igualdad en las riquezas del espíritu. Bienaventurada es, pues, aquella pobreza que no se siente cautivada por el amor de bienes terrenos ni pone su ambición en acrecentar las riquezas de este mundo, sino que desea más bien los bienes del cielo.

Después del Señor, los apóstoles fueron los primeros que nos dieron ejemplo de esta magnánima pobreza, pues, al oír la voz del divino Maestro, dejando absolutamente todas las cosas, en un momento pasaron de pescadores de peces a pescadores de hombres y lograron además que muchos otros, imitando su fe, siguieran esta misma senda. En efecto, muchos de los primeros hijos de la Iglesia al convertirse a la fe, no teniendo más que un solo corazón y una sola alma, dejaron sus bienes y posesiones y, abrazando la pobreza, se enriquecieron con bienes eternos y encontraban su alegría en seguir las enseñanzas de los apóstoles, no poseyendo nada en este mundo y teniéndolo todo en Cristo.

Por eso el bienaventurado apóstol Pedro, cuando al subir al templo se encontró con aquel cojo que le pedía limosna, le dijo: No tengo oro ni plata; pero lo que tengo te lo doy: En el nombre de Jesús Mesías, el Nazareno, camina. ¿Qué cosa más sublime podría encontrarse que esta humildad? ¿Qué más rico que esta pobreza? No tiene la ayuda del dinero, pero posee los dones de la naturaleza. Al que su madre dio a luz deforme, la palabra de Pedro lo hace sano; y el que no pudo dar la imagen del César grabada en una moneda a aquel hombre que le pedía limosna, le dio, en cambio, la imagen de Cristo al devolverle la salud.

Y este tesoro enriqueció no sólo al que recobró la facultad de andar, sino también a aquellos cinco mil hombres que, ante esta curación milagrosa, creyeron en la predicación de Pedro. Así aquel pobre apóstol, que no tenía nada que dar al que le pedía limosna, distribuyó tan abundantemente la gracia de Dios que dio no sólo el vigor a las piernas del cojo, sino también la salud del alma a aquella ingente multitud de creyentes, a los cuales había encontrado sin fuerzas y que ahora podían ya andar ligeros siguiendo a Cristo.

jueves, 3 de septiembre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Jueves 22 de tiempo ordinario Año Par

 

1Corintios 3, 18-23



REFLEXIÓN

 

Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. 

La recomendación de Pablo a los Corintios no los toma totalmente de sorpresa porque su cultura helénica es rica en reflexiones sobre la verdadera sabiduría, que para ellos descansa en la razón. 

Pero la originalidad del mensaje puede fundamentarse en la concepción de sabiduría de la Palabra, que no se se basa exclusivamente en la razón, sino en toda la persona, hasta afectar su conducta en la vida corriente.

Además, la realidad que inspira tal sabiduría es tenida como divina por fe y el compromiso se profundiza en una decisión de la conciencia ética, no solamente en la lógica de un argumento de razón.

Nuestra época prosigue su aventura evolutiva insistiendo en la racionalidad, que busca fundamentar la sabiduría humana en el progreso humano, del cual da testimonio la razón.

Pero los tiempos que vivimos critican ferozmente esa presunción, desde una perspectiva posmoderna o moderna avanzada, toda vez que también la razón encumbrada ha sido responsable de crímenes de lesa humanidad, como los genocidios y los apartheid por ejemplo. 

La necedad a la que alude Pablo más bien es un semitismo que se ubica en las antípodas de una sabiduría engreída y prepotente.

 Con lo cual se ignora y afecta la sabiduría del designio de la Palabra.

la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios

La astucia de los hijos de las tinieblas que aparece en la parábola del administrador despedido que perdonó deudas a otros para contar con apoyo.

La astucia de la codicia, de la lujuria, del poder y su secuela de injusticias y perjuicios contra sus víctimas. 

nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro

Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Si alguien debe ser desmitificador e iconoclasta ése es el creyente del reino porque su todo es Cristo y su nada cualquier anticristo: hombre, animal o cosa.

Se toca aquí el fundamento bíblico de la irreductibilidad de la autonomía libre de la persona individual.

Es la pieza que todo totalitarismo laico o religioso pretende erosionar, derrocar y sepultar.

Así la fe en Jesús de Nazareth, el Cristo, se nos muestra como la garantía y protección del ser hombre como humano y persona.

Salmo responsorial: 23



REFLEXIÓN

¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos

Caminar hacia la dignidad de la persona significa ascender al monte del Señor Dios y Padre de Jesucristo 

Son varios los genios de la espiritualidad que han usado la imagen de la ascensión dificultosa para ubicarse en la trascendencia.

Pero no se puede ascender a las regiones más puras, de plena libertad del Señor, sin irse liberando del peso de los ídolos. Un ejercicios sin fin hasta coronar el monte.

Lucas 5,1-11



REFLEXIÓN

la gente se agolpaba (epikeimai:presionaba ansiosamente, estrujaba) alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios

La palabra de Dios mueve. Eso es bueno, pero no suficiente. 

La gente se agolpa por un hambre distinta a la de pan. La gente también busca la verdad. 

Por eso los sofistas y los populistas son demagogos que engañan una y otra vez a los hambrientos y se aprovechan de ellos para encumbrarse en el poder político y sacar provecho material. Pero éstos también son pobres hambrientos de la verdad. 

Un liderazgo que convoca a un sentido diferente al que se despierta con la imposición violenta, o la sugestión de las promesas.

Un liderazgo basado en una palabra que confrontaba, interpelaba, no engañaba, no adulaba.

Y la cual, sin embargo, se anhela escuchar como gota de agua en el árido desierto.

los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes 

Gente común en sus propias faenas, inmersos en sus propios intereses y preocupaciones.

Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 

En su enseñanza Jesús no procedía como esos políticos engañosos sino que ante todo y sobre todo daba la verdad y por eso era insobornable. 

Debió tener una voz clara y fuerte.

Se ubicaba allí donde la gente vivía, laboraba, pasaba la vida. No los alienaba, ni desarraigaba, ni aculturaba.

por tu palabra, echaré las redes 

De allí la esperanza inagotable del creyente en Jesús de Nazareth. Siempre echando redes, porque no se debe descansar hasta cosechar la verdad que hace libres. 

puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red 

La palabra de Jesús se respalda con un portento, una señal del Espíritu de su misión, que no debe ser distorsionado como si fuera atracción de feria, como espectáculo, ni como culto a la personalidad. 

el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido

Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” 

Un pecador, un idólatra, uno que rehúsa la verdad plena, pero un autocrítico capaz de abrirse a una realidad diferente y transformadora. 

"No temas; desde ahora serás pescador de hombres."

La señal en el relato se le presenta a los que van a seguirlo. Deben vencer el temor que causa un portento, por magia, por el espectáculo y pasar a otro sentido: pescar hombres.

La vocación apostólica tiene mucho que ver con la inclinación a formar conciencias, que son el núcleo de las personas y su dignidad. 

En las signos que nos transmite hemos de buscar: qué sentido revelan sus palabras. 

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron

En pos de ella, de la verdad que nos muestra Jesús, se dan los signos de liberación que dan fe de la seriedad de nuestra esperanza. 

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Jueves 22 de tiempo ordinario Año Par

 

1Corintios 3, 18-23

Salmo responsorial: 23

Lucas 5,1-11

DOCTORES DE LA iGLESIA


 


JUEVES, XXII SEMANA

De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre el profeta Ezequiel
(Libro 1, 11, 4-6: CCL 142, 170-172)

POR AMOR A CRISTO, CUANDO HABLO DE ÉL, NI A Mi MISMO ME PERDONO

Hijo de hombre, te he puesto como atalaya en la casa de Israel. Fijémonos cómo el Señor compara sus predicadores a un atalaya. El atalaya está siempre en un lugar alto para ver desde lejos todo lo que se acerca. Y todo aquel que es puesto como atalaya del pueblo de Dios debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de preverlo todo y ayudar así a los que tiene bajo su custodia.

Estas palabras que os dirijo resultan muy duras para mí, ya que con ellas me ataco a mí mismo, puesto que ni mis palabras ni mi conducta están a la altura de mi misión.

Me confieso culpable, reconozco mi tibieza y mi negligencia. Quizá esta confesión de mi culpabilidad me alcance el perdón del Juez piadoso. Porque, cuando estaba en el monasterio, podía guardar mi lengua de conversaciones ociosas y estar dedicado casi continuamente a la oración. Pero, desde que he cargado sobre mis hombros la responsabilidad pastoral, me es imposible guardar el recogimiento que yo querría, solicitado como estoy por tantos asuntos.

Me veo, en efecto, obligado a dirimir las causas, ora de las diversas Iglesias, ora de los monasterios, y a juzgar con frecuencia de la vida y actuación de los individuos en particular; otras veces tengo que ocuparme de asuntos de orden civil, otras, de lamentarme de los estragos causados por las tropas de los bárbaros y de temer por causa de los lobos que acechan al rebaño que me ha sido confiado. Otras veces debo preocuparme de que no falte la ayuda necesaria a los que viven sometidos a una disciplina regular, a veces tengo que soportar con paciencia a algunos que usan de la violencia, otras, en atención a la misma caridad que les debo, he de salirles al encuentro.

Estando mi espíritu disperso y desgarrado con tan diversas preocupaciones, ¿cómo voy a poder reconcentrarme para dedicarme por entero a la predicación y al ministerio de la palabra? Además, muchas veces, obligado por las circunstancias, tengo que tratar con las personas del mundo, lo que hace que alguna vez se relaje la disciplina impuesta a mi lengua. Porque, si mantengo en esta materia una disciplina rigurosa, sé que ello me aparta de los más débiles, y así nunca podré atraerlos adonde yo quiero. y esto hace que, con frecuencia, escuche pacientemente sus palabras, aunque sean ociosas. Pero, como yo también soy débil, poco a poco me voy sintiendo atraído por aquellas palabras ociosas, y empiezo a hablar con gusto de aquello que había empezado a escuchar con paciencia, y resulta que me encuentro a gusto postrado allí mismo donde antes sentía repugnancia de caer.

¿Qué soy yo, por tanto, o qué clase de atalaya soy, que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de la montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de mi debilidad? Pero el Creador y Redentor del género humano es bastante poderoso para darme a mí, indigno, la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me perdono.