miércoles, 14 de octubre de 2026

DOCTORES DE LA IGLESIA



 

Miércoles XXVIII

De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

(Carta 130, 12, 22--13, 24: CSEL 44, 65-68)

 

NADA HALLARÁS QUE NO SE ENCUENTRE EN ESTA ORACIÓN DOMINICAL

 

Quien dice, por ejemplo, como mostraste tu santidad a las naciones, muéstranos así tu gloria y que tus profetas sean hallados fieles, ¿qué otra cosa dice sino santificado sea tu nombre?

 

Quien dice: Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve, ¿qué otra cosa dice sino venga tu reino?

 

Quien dice: Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine, ¿qué otra cosa dice sino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo?

 

Quien dice: No me des pobreza ni riqueza, ¿qué otra cosa dice sino danos hoy nuestro pan de cada día?

 

Quien dice: Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes, o bien: Señor, si soy culpable, si hay crímenes en mis manos, si he causado daño a mi amigo, ¿qué otra cosa dice sino perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden?

 

Quien dice: Líbrame de mi enemigo, Dios mío; protégeme de mis agresores, ¿qué otra cosa dice sino líbranos del mal?

 

Y si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical. Por eso, hay libertad de decir estas cosas en la oración con unas u otras palabras, pero no debe haber libertad para decir cosas distintas.

 

Esto es, sin duda alguna, lo que debemos pedir en la oración, tanto para nosotros como para los nuestros, como también para los extraños e incluso para nuestros mismos enemigos, y aunque roguemos por unos y otros de modo distinto, según las diversas necesidades y los diversos grados de familiaridad, procuremos, sin embargo, que en nuestro corazón nazca y crezca el amor hacia todos.

 

Aquí tienes explicado, a mi juicio, no sólo las cualidades que debe tener tu oración, sino también lo que debes pedir en ella, todo lo cual no soy yo quien te lo ha enseñado, sino aquel que se dignó ser maestro de todos.

 

Hemos de buscar la vida dichosa y hemos de pedir a Dios que nos la conceda. En qué consiste esta felicidad son muchos los que lo han discutido y sus sentencias son muy numerosas. Pero nosotros, ¿qué necesidad tenemos de acudir a tantos autores y a tan numerosas opiniones? En las divinas Escrituras se nos dice de modo breve y veraz: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Para que podamos formar parte de este pueblo, llegar a contemplar a Dios y vivir con él eternamente, tenernos aquella exhortación cuyo objetivo no debe ser otro que promover la caridad que proviene de un corazón sincero, de una conciencia recta y de una fe sin fingimiento.

 

Al citar estas tres propiedades se habla de la conciencia recta aludiendo a la esperanza. Por tanto, la fe, la esperanza y la caridad conducen hasta Dios al que ora, es decir, a quien cree, espera y desea, al tiempo que descubre en la oración dominical lo que debe pedir al Señor.

martes, 13 de octubre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Martes 28 de tiempo ordinario

Gálatas 5, 1-6



REFLEXIÓN

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. 

Cuál es el sentido que nuestra fe- en contexto actual -asigna a la libertad, como don del Cristo?

Desde la Palabra parece aportarse ante todo un sentido de don: libertad merecida por Cristo, liberación ganada por Jesús para todos.

Por lo tanto es un don, un carisma del Espíritu de Jesús resucitado.

Pero no es un don asegurado para siempre, exigible siempre, garantizado para nuestro sentido propio de libertad.

Porque Pablo advierte que no caigamos en nueva esclavitud.

Parece darse un choque o confrontación radical de sentidos de libertad y objetivos de liberación.

El mundo de la ley, la estructura de orden humana que llamamos cultura, aspira a salvaguardar una libertad, aunque sea para una élite.

El don de Jesucristo pretende ganar nuestra fe para una libertad radical, absoluta, en la que cualquier otro género de esclavitud es superado y abolido.

Una y otra pudieran estar en relación, en un proceso de liberación de cualquier ley, estructura o cultura, hacia una libertad como don para la fe, que se mantenga libre de cualquier nueva esclavitud.

Por eso todo proceso de liberación no irá muy lejos en el camino del don de Jesucristo, sino es autocrítico de su propia trampa de esclavitud.

Los que buscáis la justificación por la ley habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia

La justificación es un sentido, enfoque y estilo de vida, una cosmovisión, cosmoaudición, cosmorelación cuyo factor vinculante es la creencia Trascendente.

Es vivir con un significado de aprobación, que se vale la pena, una suerte de autoestima integral y holística. 

Como un campo de fuerzas en perfecto equilibrio dinámico.

Ponerlo en La ley como en cualquier estructura es un modo, incluso alternativo para quien no descansa en ello como fundamento. 

Vivirlo en la gratuidad del amor de Cristo (gracia) es superior, como acción de gracias permanente en medio de los altibajos de la existencia.

Salmo responsorial: 118




REFLEXIÓN

Andaré por un camino ancho, / buscando tus decretos

Buscar la voluntad de Otro, aunque sea el Espíritu, es algo estrecho e implica la cruz.

Pero en la obediencia de fe es posible sentirlo como ancho, por la comunión que se da con el Señor.

Lucas 11, 37-41



REFLEXIÓN

"Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades.

El fariseísmo así retratado es el que recoge Pablo más arriba en su ansia de circuncidar a los gentiles.

Trata una conducta universal, no meramente étnica ni de una cultura particular. 

Trata de imponer con sentido de liberar: como si el lavado prescrito con minucia, o la circuncisión de los inscritos en el régimen de ley debieran adquirir su libertad solo y exclusivamente a través de esa normativa.

Puesto en esta forma tendríamos que revisar nuestro propio faiseísmo cultural mediante el que pretendemos aportar libertad a otros mediante la imposición de nuestra perspectiva.

Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo

Compartamos desde lo profundo, desde nuestro núcleo menos contaminado para liberarnos de verdad.

Jesús no guarda las formas con quien lo ha invitado. No se inhibe, ni se siente deudor, sino de la libertad de conciencia y la verdad, no para sí y su afirmación, sino para la deconstrucción de un estilo de vida hipócrita.

Dar caridad desde lo profundo. Buscar un orden más equitativo y justo para los más pobres.

Una forma actual de cumplir con la limosna, término también degradado.

Desde dentro implica con más coherencia y sinceridad.

Si puedo cambiar las cosas no me puedo conformar con una limosna, en sentido peyorativo.

Es lo mismo que preocuparse por lo de fuera pero no por lo profundo.

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Martes 28 de tiempo ordinario

Gálatas 5, 1-6

Salmo responsorial: 118

Lucas 11, 37-41