sábado, 24 de octubre de 2026

SAN CARLO DE JESÚS ACUTIS DE ASIS


 


SÁBADO, XXIX SEMANA

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

(Sermón 117: PL 52, 520-521)

EL VERBO, SABIDURÍA DE DIOS, SE HIZO HOMBRE

El apóstol san Pablo nos dice que dos hombres dieron origen al género humano, a saber, Adán y Cristo. Dos hombres semejantes en su cuerpo, pero muy diversos en su obrar; totalmente iguales por el número y orden de sus miembros, pero totalmente distintos por su respectivo origen. Dice, en efecto, la Escritura: El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo; el último Adán, en espíritu que da vida.

 

Aquel primer Adán fue creado por el segundo, de quien recibió el alma con la cual empezó a vivir; el último Adán, en cambio, se configuró a sí mismo y fue su propio autor, pues no recibió la vida de nadie, sino que fue el único de quien procede la vida de todos. Aquel primer Adán fue plasmado del barro deleznable; el último Adán se formó en las entrañas preciosas de la Virgen. En aquél, la tierra se convierte en carne; en éste, la carne llega a ser Dios.

 

Y ¿qué mas podemos añadir? Éste es aquel Adán que, cuando creó al primer Adán, colocó en él su divina imagen. De aquí que recibiera su naturaleza y adoptara su mismo nombre, para que aquel a quien había formado a su misma imagen no pereciera. El primer Adán es, en realidad, el nuevo Adán; aquel primer Adán tuvo principio, pero este último Adán no tiene fin. Por lo cual, este último es, realmente, también el primero, como él mismo afirma: Yo soy el primero y yo soy el último.

 

«Yo soy el primero, es decir, no tengo principio. Yo soy el último, porque ciertamente no tengo fin. El espíritu no fue lo primero -dice-, primero vino la vida y después el espíritu.» Antes, sin duda, es la tierra que el fruto, pero la tierra no es tan preciosa como el fruto; aquélla exige lágrimas y trabajo, éste, en cambio, nos proporciona alimento y vida. Con razón el profeta se gloría de tal fruto, cuando dice: Nuestra tierra ha dado su fruto. ¿Qué fruto? Aquel del que se afirma en otro lugar: A un fruto de tus entrañas lo pondré sobre tu trono. Y también: El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo es del cielo.

 

Igual que el hombre terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. ¿Cómo, pues, los que no nacieron con tal naturaleza celestial llegaron a ser de esta naturaleza y no permanecieron tal cual habían nacido, sino que perseveraron en la condición en que habían renacido? Esto se debe, hermanos, a la acción misteriosa del Espíritu, el cual fecunda con su luz el seno materno de la fuente virginal, para que aquellos a quienes el origen terreno de su raza da a luz en condición terrena y miserable vuelvan a nacer en condición celestial, y lleguen a ser semejantes a su mismo Creador. Por tanto, renacidos ya, recreados según la imagen de nuestro Creador, realizamos lo que nos dice el Apóstol: Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

 

Renacidos ya, como hemos dicho, a semejanza de nuestro Señor, adoptados como verdaderos hijos de Dios, llevemos íntegra y con plena semejanza la imagen de nuestro Creador: no imitándolo en su soberanía, que sólo a él corresponde, sino siendo su imagen por nuestra inocencia, simplicidad, mansedumbre, paciencia, humildad, misericordia y concordia, virtudes todas por las que el Señor se ha dignado hacerse uno de nosotros y ser semejante a nosotros.

viernes, 23 de octubre de 2026

PALABRA COMENTADA


 

Viernes 29 de tiempo ordinario

Año Par

Efesios 4, 1-6



REFLEXIÓN

andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.

Andar es caminar, conducirse, y pedir es de acuerdo a, lo cual significa un discernir constante de lo pertinente a esa vocación.

Es una responsabilidad, en la que uno se puede equivocar pero no detenerse.

humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor

Es esto lo más fácil o lo contrario?. Impide esto la defensa de los derechos presuntamente conculcados? Hoy se aprecia más lo contrario, como virtud de la verdad y el coraje de defender lo justo.

esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

No parece ser tan importante, sino mantener a ultranza el derecho supuestamente vulnerado, caiga quien caiga, hasta las últimas consecuencias, aunque sobrevenga la división.

Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende(epi:sobre) todo, y lo penetra(dia:a través)todo, y lo invade(en:dentro) todo

No es un lenguaje filosófico sobre el Padre, sino una experiencia de la Palabra que nos revela al Padre.

Nos esforzamos y debatimos sobre Dios. De tiempo en tiempo aparecen discursos sobre su identidad y su naturaleza, señal de la búsqueda humana.

En la Palabra más que búsqueda se nos narra un encuentro que nace de la libertad y amor del Padre para un único designio que unifique todo.

No son nuestros pujos y competencias los que logran la unificación sino el don de un designio manifestado a todos por igual.

Salmo responsorial: 23



REFLEXIÓN

Del Señor es la tierra y cuanto la llena

El señorío del Señor es el de un Padre que pone a disposición de los hijos el patrimonio para que todos se nutran y prosperen.

Su celo es sobre el designio para que se mantenga en su derrotero original sin alteraciones y se asegure el fin que es la unidad de todos en el todo del Padre.

Visto así el creyente en Jesús esta invitado a participar de una cosmovisión fraternal y amigable en la que se comparte el todo con generosidad y sin acaparamiento.

Los diferentes géneros y clases de miseria en poblaciones humanas son muestra de nuestra mezquindad y el sabotaje al que sometemos el designio del Padre.

Pero también se dan poblaciones de solidarios que son como la esperanza de superación del enemigo y su anti reino, y testimonian que es posible el designio, aun con andar fatigoso.

El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos

Los ídolos son muchos: sexo, dinero, fama, poder. Se puede estar inocente de ellos, y no haber enturbiado el corazón con anhelos.? No parece tan sencillo si se vive y sobrevive en el mundo de hoy.

Lucas 12,54-59



REFLEXIÓN

¡Hipócritas!: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?

Hipócrita es el adjetivo de los evangelios a una clase de seres humanos incongruentes, hábiles y capaces para juzgar de ciertas cosas pero incapaces de llegar hasta las últimas consecuencias de sus juicios, y mucho menos cambiar su conducta.

Un hipócrita es un falto de ética, incluso con bellos discursos sobre ética. Pero pervertido, es decir, que ha cambiado el fin de las cosas.

Un campesino sabe del clima para su oficio: cuándo lloverá y cuándo habrá sequía.

Por qué no se traslada esa orientación y conocimiento de señales e indicios al reino y su cercanía.? Porque nos resistimos al cambio de mente y conducta.

Discernir lo que está claro, es la excusa de la hipocresía.

Sabemos lo que hay que hacer, pero no queremos. 

Estar enfermos de la decisión correcta no es excusa, si acaso un atenuante.

Porque nuestra cultura es permisiva.

¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?

Porque en todo aplicamos el juicio, como parte de nuestro protocolo de acceso a la realidad circundante.

Sin embargo nos cuesta discernir bajo el amparo de la sabiduría, que es la presencia del Absoluto Radical en lo más profundo de nuestro ser, porque rehuimos su dictamen adverso.

con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él mientras vais de camino

Será que la complejidad de las situaciones nos permite la negociación con el Señor?

Aprovechemos el tiempo y la oportunidad que se nos ofrece por señales para el cambio y dejar de ser hipócritas.

no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel.

No obstante tenemos la potencialidad de juzgarnos antes de que nos juzguen desfavorablemente. 

De negociar antes que nos castiguen.

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Viernes 29 de tiempo ordinario

Año Par

Efesios 4, 1-6

Salmo responsorial: 23

Lucas 12,54-59